EL DESPERTAR DEL MIEDO (Haute Tension)

Película estrenada entre 2003

Director: Alexandre Aja. 2003. Francia. Color

Intérpretes: Cécile De France (Marie), Ma√≠¬Øwenn Le Besco (Alex), Franck Khalfoun (Jimmy), Andrei Finti (Padre de Alex), Oana Pellea (Madre de Alex), Philippe Nahon (El asesino)



Alex (Ma√≠¬Øwenn Le Besco) y Marie (Cécile De France) son dos muchachas en camino a la granja de los padres de Alex, donde planean pasar unos días estudiando y descansando. Pero en la noche de su primer día ahí, un feroz asesino ataca, matando a la familia de Alex. Marie logra ocultarse, y cuando el criminal escapa con Alex como prisionera, la joven comienza a perseguirlo para liberar a su amiga… y tal vez para cobrar venganza.

Bautizo de sangre. El despertar del miedo

Brutal

Dicho adjetivo se le ha adjudicado a una cantidad ingente de películas, y ahora, con la moda del cine asiático extremo, es nuestro pan de cada día escuchar que tal o cual cinta de rasgados ojos es la más brutal de la historia, para convertirse en decepción al contener a lo sumo dos escenas violentamente explícitas y el resto ser diálogo incomprensible y, eso sí, brutalmente somnífero.

La película brutal por antonomasia es, sin duda alguna, la maldita Saló o los 120 días de Sodoma, última película y razón por la que su autor, Pier Paolo Pasolini, fue brutalmente asesinado, o eso es lo que dicen las malas lenguas. Dicha cinta es un festín, en forma de bufete, de sangre, sexo y mierda. Las imágenes que nos proyecta son las más violentas jamás filmadas y todo aquel que desee repetirlas debe saber que podrá homenajearlas pero jamás soñar en igualarlas.

Dicho adjetivo también se aplica a acciones de escasa inteligencia y a muestras de una incapacidad cerebral máxima. Por ejemplo, dentro del mundo del cine, mutilar una película en aras de hacerla más accesible comercialmente es una muestra de la más asombrosa estupidez. Un escalón más arriba (o abajo, como quiera verse) está el ponerle un título de lo más idiota cuando el nombre original lo dice todo.

La brutalmente titulada El despertar del miedo es en realidad una película francesa originalmente llamada Haute tension, o Alta tensión, y es una cinta que merece ser llamada brutal por lo duras que son sus escenas, sus efectos especiales, su historia y porque el título lo dice todo. Estamos frente una película cuya atmósfera es tan tensa que el resultado de verla por completo es en severo dolor de estómago por la ansiedad y angustia que provoca.

Después de que el cine gore decayó en un marasmo de autoparodia y homenajes basura a los grandes clásicos, ya estamos en el momento de que empiecen a surgir las películas que deconstruyan el género y lo lleven a terrenos poco o nada explorados. Películas como Saw o Cabin Fever se han olvidado de la fantasía y han explotado el miedo fundamentándolo en horrores reales, creando nuevos clásicos de la violencia.

Si en Saw vivimos el horror de ser peones en un juego sin salida, ratas de laboratorio de un científico social, situación a la que los gringos se están acostumbrando y en Cabin Fever fuimos testigos de la posibilidad de una pandemia fulminante, en El despertar del miedo podemos observar el resultado extremo de la presión sobre el ciudadano común.

Son esta tres películas las que están abriendo una ventana dentro del gastado cine de sangre y vísceras, y lo que tienen en común es un guión sólido, pulido e inteligente, sin caer nunca en excesos argumentales o en vueltas de tuerca
adecuadas, además de utilizar la sangre como un medio de expresión y no como fuerza de choque para generar morbo.

Alexandre Aja, director y escritor, nos entrega una película excesivamente sangrienta y cruda, nunca permite un descanso ni alivio cómico a lo largo de toda la cinta y su principal mérito es el aumento “in crescendo” de la tensión a la que alude el título. Cuando uno piensa que el clímax ha llegado, Aja sorprende y logra aumentar el nivel de terror y angustia, coronándolo con un final sorpresivamente aterrador, que ha decir de algunos no es nada original pero pocos directores lo hacen bien. Aja logra la sorpresa gracias un guión excesivamente trabajado y muy cuidado, algo pocas veces visto en el cine de “slashers”.

Como toda película europea, El despertar del miedo se nutre con escenas perspectivas de los personajes, habrá a quien le parezcan largas y aburridas, en realidad son la calma antes de la tormenta de sangre que sigue a continuación, porque la película es un derroche de tomas violentas, terroríficamente “splatter” y cada escena es más explícita que la anterior. Esta debió ser la razón por la que los censores gringos decidieron cortarle algunos minutos, incluyendo la única escena que puede causar algo de gracia, si uno tiene alguna psicopatía sexual.

Las actuaciones son estupendas y los dos personajes principales, ambos mujeres -elemento imprescindible en el cine de terror moderno-, están realizados de tal manera que uno sufre cuando ellas sufren y uno se apacigua al verlas a punto de salvarse, situación que afortunadamente no llega porque, al ser esta una producción europea, no tiene un final feliz.

El despertar del miedo es una verdadera opción en este año que, cinematográficamente hablando, ha estado bastante flojo. No duden que en un par de años se haga el refrito gringo, disminuyendo, por supuesto, las dosis de violencia gore que contiene. Antes de que eso suceda véanla aunque sea en su versión mutilada (que ironía, mutilar una película de mutilaciones) puesto que la versión sin cortes sólo es posible conseguirla por Internet y sin subtítulos en español.

Mientras tanto, estamos a la expectativa de la siguiente película de Alexandre Aja: el remake del clásico de Wes Craven Las colinas tienen ojos. Sabemos que hay películas intocables pero con la mano de Aja estoy seguro que será el verdadero renacimiento del cine “gore”, un reencuentro por demás esperado.

El joven realizador galo Alexandre Aja nos entrega El despertar del miedo, una película “ultra-gore” en la que la sangre y las emociones fuertes abundan, así como la auto-parodia.

El inicio es de lo más común, dos amigas Marie (Cécile De France) y Alex (una convincente Ma√≠¬Øwenn Le Besco) van a la casa de la primera en pleno bosque a preparar sus exámenes de fin de curso.

Todo parece apacible, hasta que en la primera noche comienzan a escucharse ruidos extraños, y un desconocido llega a alterar el equilibrio; es entonces cuando comienza la angustia, los sobresaltos, la pesadilla coloreada por la sangre y el sadismo de un asesino parco en palabras, pero ávido de cobrar nuevas víctimas.

El despertar del miedo, muy cuidada a nivel artístico por el co-guionista Grégory Levasseur, invita al espectador a desconfiar de los parajes tranquilos y de las casas aisladas. Es un juego de los miedos primarios, el temor a lo desconocido, el miedo a la oscuridad, la claustrofobia y la importancia de la muerte, que acecha de manera continua.

Un ambiente opresivo y amenazante preside a esta película francesa que tiene en vilo al espectador, abundan las escenas violentas y, en ciertos momentos, puede ser comparable a Juegos divertidos (1997, Michael Haneke), aunque ésta segunda cuenta con un guión más sólido.

El despertar del Miedo es una cinta que reivindica los géneros del horror y el gore, sobre todo éste último, que lleva tiempo de pasar por una crisis creativa. Estamos ante un largo flashback apto para quienes gusten realmente de las emociones fuertes.


Con El despertar del miedo he recobrado la fe en el cine fantástico francés, pero si bien la película es muy entretenida y emocionante, también cae en algunos tropiezos narrativos que indudablemente dividirán a las audiencias que tengan la suerte de ver esta inusual obra.

Bueno, no tan inusual. Al igual que muchas otras cintas de terror (de cualquier país), El despertar del miedo es un pastiche de conceptos y fórmulas que hemos visto abundantemente en otras películas. Sin embargo, el director Alexandre Aja y su hábil equipo técnico (por no mencionar al perfecto elenco) consiguen un resultado bastante bueno, carente de originalidad, pero desbordante de energía y belleza visual. Y para auténticos fanáticos del horror fílmico (como yo), siempre resulta estimulante ver una película que no se disculpa por su género y que se regodea en los excesos de sangre y violencia que últimamente han estado ausentes en el cine fantástico.

La trama es aparentemente simple, pero el inherente suspenso de la situación está bien llevado y la “alta tensión” que promete el título original se cumple con bastante eficiencia, aunque ocasionalmente se estire un poco la lógica y se atente contra el sentido común. Sin embargo, cerca del final de la película hay una revelación que replantea la película entera, y aunque mucha gente se sentirá traicionada por este aparente truco barato, hay que admitir que, dentro de todo, la conclusión es… aceptable.

Al igual que sus colegas franceses, Alexandre Aja cuida mucho la fotografía, y con la ayuda de Maxime Alexandre, su cinematógrafo, entrega una película repleta de gran belleza visual, incluso cuando se trata de escenas de sangre y violencia. Igualmente el director ha elegido copiar íntegramente escenas de famosas cintas de terror pasadas (como la original la matanza de Texas y Maniac), pero en vez de calificarlo de plagiador, prefiero pensar que se trata de homenajes que el cineasta hace a las cintas que obviamente inspiraron El despertar del miedo. Y no es coincidencia que Aja esté al frente del “remake” norteamericano de la clásica cinta de terror la última casa a la izquierda (1972, Wes Craven) el argumento de esa clásica obra setentera es casi igual al de El despertar del miedo. Parecería que algún ciclo cósmico se repite…

Es ciertamente difícil de lograr, pero El despertar del miedo. consigue superar su falta de originalidad con amplias dosis de violencia, sangre y estilo visual, amén de contar con un competente elenco que entrega con gran pasión las grotescas escenas de la película. La dirección de Alexandre Aja y la irritante (lo digo como cumplido) música de François Eudes se complementan para lograr una intensa experiencia de terror y suspenso, pero lo que definitivamente afectará más al público es el inesperado giro que la cinta toma un poco antes del final. Y aunque quizás esta es una de esas películas que se aprecia más la segunda vez, creo que sería injusto exigir al público entero que repitiera la experiencia para aclarar sus dudas. Quien no lo haga así, podría sentirse defraudado… pero quien acepte el reto, encontrará la película mucho mejor de lo que parece a primera vista. Si eso cuenta como recomendación, que así sea. Yo disfruté bastante con El despertar del miedo, aunque estoy muy consciente de sus posibles fallas. Sólo espero que su público sea igualmente comprensivo.

Marie (Cécile De France), una joven de 20 años, es invitada a pasar unos días de vacaciones en la casa de los padres de su mejor amiga. Allí, en una granja aislada, rodeada de campos de maíz, Marie piensa encontrar la tranquilidad necesaria para estudiar. Pero no será más que una ilusión; desde la primera noche un ruido extraño invade la casa. Alguien masacra uno por uno a los miembros de la familia. Marie decide actuar para salvar a su amiga. Empieza un trepidante duelo entre ella y el asesino. Cuando cae la noche, sólo hay una norma: sobrevivir.

Actualizando fórmulas sin aburrir

En el 2001, el director y guionista Victor Salva presentaba una interesante cinta de terror titulada Jeepers Creepers, cuyo éxito facilitó la consecución de una secuela bastante digna dos años después. Ese notable filme no escondía en ningún momento sus claras influencias, sin embargo Salva logró aunar míticos elementos de antaño bajo un barniz renovador consiguiendo un producto fresco, entretenido y ciertamente competente, alejado de los cansinos refritos y de las fotocopias poco imaginativas que tan a menudo nos ofrece Hollywood para poca gloria y mayor desgaste de un género sobreexplotado.

Algo muy similar le ocurre a este El despertar del miedo largometraje del ignoto realizador francés Alexandre Aja, asimismo coautor del libreto junto a Grégory Levasseur. Su película se alimenta de un puñado de clásicos del terror y del “gore”, desde La matanza de Texas hasta Posesión infernal, pasando por La noche de Halloween o Psicosis, pero en esta grata puesta al día se entrevé no sólo un honesto homenaje sino también la considerada voluntad de levantar una idea bien labrada regresando a esos orígenes que tan bien rinden, precisamente -y valga o no valga la redundancia- porque rinden bien. Así, esa coletilla del “otra vez más de lo mismo” que nos atormenta con frecuencia, se transforma en este caso en un complacido “qué bien, de nuevo eso que tanto me gusta”.

A través de un “flashback” que prácticamente ocupa su hora y veinte minutos de extensión, El despertar del miedo explica la llegada de dos jóvenes amigas, Marie (Cécile De France) y Alex (Ma√≠¬Øwenn Le Besco), a la casa de los padres de la segunda, una granja apartada situada en medio de vastos campos de maíz. Lo que promete ser una estancia tranquila dedicada al estudio, ya se tuerce la primera noche después de irse a la cama, cuando un ruido alerta al perro de la familia y un desconocido llama a la puerta. La interminable pesadilla está a punto de comenzar.

El despertar del miedo cumple con aquello a lo que incita su título; regala una experiencia dilatada e intensa, llena de angustia, sobresaltos, agitación y sangría, que mantiene en vilo al espectador. Incluso si tienen el estómago avezado en el campo del susto -hablo por experiencia propia- lo pasarán felizmente mal. Creo que, en ese sentido, será del disfrute del público en general y, muy en especial, de los fans del cóctel miedo-vísceras-hemoglobina. Cuenta, además, con dos personajes con encanto: una peleona heroína y un villano memorable -sádico, parco en palabras y al que nunca vemos con claridad, cuya presencia, construida a base de pequeños detalles, hiela el aliento-. Pero El despertar del miedo es también, y sobre todo, un producto excelentemente confeccionado, de un alto perfil, tanto en lo técnico como en lo artístico, poco acostumbrado, más cercano a un cine de autor que a un mercader de la gran industria. El joven Alexandre Aja se revela como un narrador intuitivo y eficaz que acierta en las decisiones que toma para adaptar su lenguaje a cada circunstancia, garantizando el ambiente opresivo y amenazante tanto en el interior de la vivienda protagonista como en aquellos otros puntos a los que se desplaza la acción. Del mismo modo, Aja domina los tiempos y administra bien la información que exhibe, así como ejerce un buen control sobre actores y escenarios.

Igual cuidado y solvencia se trasladan al resto de los apartados. La fotografía de Maxime Alexandre se adecua perfectamente a los diferentes requisitos de la luz y dota a El despertar del miedo de una hermosa plasticidad, más evidente en los exteriores diurnos. Destacable es también su edición de sonido, que saca provecho de la situación para que el más cotidiano de los ruidos erice el vello.

De esta forma, El despertar del miedo es una película que sobresale de lo ordinario, logrando que uno olvide, hasta agradezca, el hecho de que repita una vieja fórmula, porque lejos de arruinarla, le da esplendor, incluso en esos breves instantes en que se autoparodia.

Tal vez los únicos reproches recaigan sobre una trama que funciona a la perfección hasta que se da a conocer su resolución final. Esta sorpresa postrera, que obliga a replantearse lo visto desde una nueva perspectiva -maravillosa por perturbadora-, ayuda a explicar mejor algunos aspectos pero también deja al descubierto unas cuantas brechas para las cuales el guión no parece contar con respuesta. Aun así, las costuras que pudieran reventar a tenor de este giro inesperado, se disculpan por el entusiasmo que despierta cuanto precede y prosigue, y no logran empañar el estupendo resultado global.

Otra de las grandes bazas que atesora este filme es su nivel interpretativo. La prometedora Cécile De France (Una casa de locos), en la piel de Marie, ya se perfila desde el comienzo como la protagonista indiscutible que cargará sobre sus hombros todo el peso dramático y de acción. Y realmente, es esta De France, entregada en cuerpo y alma, quien, delante de las cámaras, consigue llevar hasta buen puerto las intenciones del director. La secundan, las competentes actuaciones de Ma√≠¬Øwenn Le Besco -vista en El quinto elemento de Luc Besson, el padre de su hija-, encarnando a su compañera Alex; los padres de esta última en la ficción, Andrei Finti (Amen) y la rumana Oana Pellea; y un Philippe Nahon -secundario habitual en producciones francesas de primera línea, caso de Irreversible, El pacto de los lobos y Los ríos de color púrpura-, se erige como uno de esos espeluznantes asesinos que merecen pasar a la historia.

Lamentablemente, largometrajes talentosos y amenos como éste, que responden con buen gusto y generosidad a las exigencias de un público ávido de emociones fuertes, pasan desapercibidos entre otros intentos convencionales que finalizan sin ni siquiera haber cumplido con su cometido. No puedo dejar de recomendarles El despertar del miedo, porque tanto los aficionados como los consumidores ocasionales de terror encontrarán justo aquello que andaban buscando, y además servido en bandeja de plata.


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