ALEXANDER

Película estrenada entre 2004

Director: Oliver Stone. 2004. EE.UU. Color

Intérpretes: Colin Farrell (Alejandro), Angelina Jolie (Olimpia), Val Kilmer (Filipo), Anthony Hopkins (Ptolomeo), Rosario Dawson (Roxana), Jared Leto (Hefestión), Christopher Plummer (Aristóteles), Gary Stretch (Cleitus), Jonathan Rhys Meyers (Cassander), Joseph Morgan (Philotas)

La película se basa en la vida de uno de los líderes más brillantes e influyentes de la historia: Alejandro Magno (Colin Farrell), un hombre que a la edad de 25 años había conquistado el 90% del mundo conocido. Alejandro llevó a su ejército de soldados griegos, macedonios y posteriormente orientales a lo largo de 35.000 kilómetros de asedios y conquistas en sólo ocho años y cuando murió a los 32 años había forjado un imperio sin igual en la historia. Ambientada en el mundo precristiano de costumbres sociales y morales muy distintas de las de hoy, la película explora una época de una belleza inigualable, de una brutalidad increíble, con grandes ideales y terribles traiciones. Examina de forma honesta y atrevida la vida de Alejandro y su relación con su madre Olimpia (Angelina Jolie), su padre Filipo (Val Kilmer), su gran amigo y comandante Hefestión (Jared Leto), su ambiciosa y hermosa mujer Roxana (Rosario Dawson) y su confidente y leal general Tolomeo (Anthony Hopkins). El extraordinario viaje comienza cuando Alejandro lanza la invasión desde Macedonia, llevando a su ejército a arrancar el control del Asia Occidental de las manos de los persas y después a una victoria imposible sobre las mismas y poderosas fuerzas persas. Alejandro ampliará su imperio a las desconocidas tierras de la actual Asia Central hasta el Hindu Kush -llegando más lejos que cualquier otro occidental- y después continuará sus conquistas en el mundo exótico de la India. Aunque parezca increíble, Alejandro nunca fue derrotado y es quizás un caso único en la historia militar mundial. Obligó a sus soldados a cruzar desiertos, sierras y selvas, adentrándose en misteriosos países donde conquistó a todos los que osaban enfrentarse a él y superó incluso un intento de motín entre sus propios hombres. El filme sigue el progreso de Alejandro hasta convertirse en leyenda viva, desde una juventud alimentada por sueños de gloria, mitos y aventuras, pasando por los fuertes lazos con sus compañeros más cercanos, hasta su misteriosa y solitaria muerte como soberano de un inmenso imperio. Alejandro Magno es la asombrosa historia de una vida que unificó el mundo conocido y demostró que la fortuna favorece a los atrevidos.

Para conocer algo sobre la vida de una figura histórica tan importante como Alejandro Magno no hay nada mejor que echarle un vistazo a la ingente cantidad de libros que se han escrito sobre él, bien sean estos textos de autores clásicos o modernos. Incluso Internet puede resultar un recurso ideal para saciar el interés de aquellos que, por supuesto, saben que una película jamás podrá resumir la vida de un personaje que, a pesar de fallecer a temprana edad, llevó a cabo tales gestas que marcaron de alguna manera el devenir de varios pueblos. Es obvio que juzgar desde el siglo XXI los comportamientos de personas que vivieron en épocas muy lejanas a la nuestra resulta un acto estéril, de igual modo que me parece ridículo intentar llamar la atención del espectador con innecesarias polémicas, en este caso la ambig√ºedad sexual de Alejandro, quien contrajo matrimonio con varias mujeres pero que seguramente tuvo amantes masculinos (no obstante, existen dudas de que Hefestión fuera uno de ellos, tratándose más bien de un gran amigo de la infancia cuya pérdida le afectó considerablemente).

En anteriores ocasiones el cine ya ha trasladado en imágenes la vida del hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpia, si bien la más conocida de todas estas películas, Alejandro Magno (1956) no brilla precisamente por su calidad, ya que la realización de Robert Rossen no tiene fuerza y tampoco posee la espectacularidad propia de las producciones de la década de los cincuenta (lo más destacable es, sin duda, su reparto: Richard Burton, Fredric March, Claire Bloom o Peter Cushing, entre otros). Lo que ahora ha intentado hacer Oliver Stone no es una recreación de las grandes batallas que libró este personaje y que sirvieron para unificar de alguna forma la cultura occidental con la oriental, sino centrarse en sus aspectos más humanos, en especular acerca de sus comportamientos y de la influencia que pudieran haber tenido en su proceder todos aquellos que le rodearon durante su existencia.

El director utiliza la ampulosidad de la cinematografía actual para crear un fastuoso envoltorio que, si bien nos brinda pasajes dignos de ser contemplados por el simple hecho de intentar profundizar en la psicología de los protagonistas, se ofusca en representar otros que no hacen que el relato avance y que incluso lo vuelven excesivamente irregular, provocando con ello que las casi tres horas que dura el filme se hagan un tanto tediosas. A pesar de todo, Stone nos muestra escenas bastante aceptables, como cuando el joven Alejandro consigue montar a Bucéfalo, obteniendo así el respeto de su padre, o esa peculiar rivalidad existente entre Filipo y Olimpia por hacerse con el control de su hijo. En principio esto nos hace pensar que la película nos explicará la lenta, pero plausible evolución vital de este conquistador, mas se utiliza a Ptolomeo para narrarnos la llegada al trono de Alejandro o las primeras guerras que libra, algo que puede confundir al espectador, pues de Quien espere encontrarse ante un gran espectáculo de Hollywood repleto de lides se quedará completamente decepcionado, puesto que la primera de ellas se produce una vez han transcurrido cuarenta y cinco minutos del largometraje, con un prolegómeno en el que Alejandro se dirige a sus hombres para transmitirles coraje al tiempo que la cámara se eleva y sigue el vuelo de un águila que se alza sobre el enemigo persa. Durante estas escenas los efectos especiales no aportan nada que no hayamos visto ya en otros filmes, sobre todo después del estreno de Troya (2004,) como tampoco lo hacen el uso de las masas o la visualización de las grandes ciudades que caen en manos del forjador de este vasto imperio.

Las refriegas cuerpo a cuerpo no están bien resueltas, siendo en ocasiones muy confusas, pero he de insistir nuevamente en que a Oliver Stone sólo le interesan los personajes, bien sean sus anhelos, sus miedos, sus proezas, sus pasiones, sus debilidades o sus placeres. Lástima que no consiga una historia compacta o, más importante aún, que las emociones de los protagonistas alcancen al público, quien a fin de cuentas también ha de ser el receptor de las mismas. La siguiente confrontación no se produce hasta que transcurren alrededor de ochenta minutos con respecto a la primera, estando filmada con un montaje demasiado confuso que, desde luego, provoca que no resulte efectista, si bien siempre se puede rescatar alguna brillante escena de ella, como cuando vemos a Alejandro enfrentándose con su montura a un elefante.

En cuanto al reparto, me quedaría con la brillante interpretación de Anthony Hopkins, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad que entraña el recitar un monólogo al comienzo de una película y conseguir con su declamación que aquél no se haga demasiado aburrido. Respecto a los actores principales, se puede decir que todos están correctos (Colin Farrell, Jared Leto, Val Kilmer, Jonathan Rhys-Meyers, Rosario Dawson), si bien es llamativo que Angelina Jolie interprete a la madre de Alejandro y que Christopher Plummer (Aristóteles) aparezca tan poco en la cinta. La composición de Vangelis no alcanza el esplendor de otras obras que este músico ha realizado para el cine, siendo en ocasiones demasiado intrusiva, sobre todo durante la primera batalla, a la que no consigue otorgar esas tonalidades épicas que tanto necesita. Las mejores piezas son las intimistas, como cuando Olimpia habla con Alejandro siendo éste un niño, o aquellas en las que se utilizan los coros durante la refriega en la que participan los elefantes. Como no podía ser de otra manera, tampoco faltan los sones étnicos, casi imprescindibles cuando se relatan este tipo de epopeyas.

El fracaso del año

Todos los años surge en Hollywood lo que podríamos denominar “el gran batacazo”. Ese producto hecho para el éxito que finalmente provoca un mayoritario rechazo de público y crítica. Evidentemente no todo es llegar a los niveles del reciente Gigli perpetrado por el difunto tándem Ben Affleck & Jennifer López -considerada uno de los horrores de los últimos tiempos-. Pero bien cercana está otra de las “perlas” en las que ha intervenido Mr. Affleck ¿Se acuerdan de Pearl Harbor (2001, Michael Bay)? Lanzada a bombo y platillo posteriormente fue atacada por la crítica y recibida tibiamente por el público.

Pues bien, ya tenemos el ganador de este año. Se trata de Alexander, la épica superproducción que Oliver Stone ha estado preparando en los últimos tiempos y que en diversas ocasiones retrasó su estreno por incidencias varias. Finalmente lo hizo en EE.UU. fundamentalmente de cara a obtener el interés de los miembros de la academia en la próxima edición de los Oscars.


Alexander ha sido prácticamente vapuleada por la crítica y recibido tibiamente por el público.

¿Qué cabe esperar pues, de la última realización del desprestigiadísimo Oliver Stone? En primer lugar olvidarse por completo ya de la carrera de los Oscar y, fundamentalmente, intentar salvar los trastos en cuanto a su carrera comercial. Evidentemente llegar a los cien millones de dólares no será algo difícil -aunque veremos enseguida como su recaudación desciende velozmente en su segunda semana-, pero ya podemos atisbar en España los intentos de polemización ficticia en la forma de ofrecer la bisexualidad de Alejandro Magno ¿Puede ello ser motivo de escándalo? En definitiva, banalidades propias de reportajes de dominical -una de las mayores plagas que tiene la prensa escrita en los últimos tiempos, capaces de vender los caminos de la alienación y el consumismo más feroz- que intentarán restregarnos por los ojos la susodicha peliculita para los más incautos caigan en la trampa de ir a la taquilla.

Y como última consecuencia, pienso sinceramente que un fracaso de estas proporciones puede contribuir en gran medida al definitivo hundimiento de la carrera de ese macarra llamado Colin Farrell. Pocas veces se ha comprobado la sorprendente dualidad de intentar hacerse ver como el último ejemplo de “rebelde sin causa” -que todo se reduce a una serie de actitudes ridículamente provocadoras (peinados, tatuajes, profusión de tacos, pasado revoltoso (incluso los rumores sobre sus tratos con Joel Schumacher para que este lo lanzara en sus inefables películas)- ha protagonizado algunas de las películas más lamentables, puramente comerciales y reaccionarias de los últimos años.

Una carrera ciertamente deplorable que ha enterrado sus reales capacidades interpretativas -las tiene, solo hay que ver Minority Report (2002, Steven Spielberg) para comprobarlo-, y para la cual no hay más que contemplar su caracterización con “faldita” y ese pelo ridículamente teñido de rubio para intuir el fracaso que se ha producido. En ocasiones y con cierta distancia perder unas horas en tu vida para estos menesteres resulta divertido. Lo que sí tengo muy claro es que no pederé ni un euro para engrosar la taquilla española del filme -máxime cuando no lo he hecho con Troya (2004, Wolfgang Petersen) que al parecer tiene un sesgo de dignidad-. Ambas las he visto no en el cine, no en TV; en el otro sistema ¿comprenden?


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