AMANECER DE LOS MUERTOS (Dawn of the dead)

Película estrenada entre 2004

Director: Zack Snyder. 2004. EE.UU. Color

Intérpretes: Sarah Polley (Ana), Ving Rhames (Kenneth), Jake Weber (Michael), Mekhi Phifer (Andre), Ty Burrell (Steve Markus), Michael Kelly (C.J.), Kim Poirier (Monica), Lindy Booth (Nicole), Kevin Zegers (Terry), Matt Austin (Doug), Boyd Banks (Tucker)


Dónde y por qué empezó… nadie lo sabe. Pasara lo que pasara y empezara como empezara, el caso es que de repente el mundo se ha convertido en una pesadilla viviente: la población del planeta ha sido golpeada por una plaga inexplicable, irremediable y fatal… y los muertos no se quedan muertos. Los pocos supervivientes que quedan se ven acosados por cadáveres hambrientos que buscan saciarse con la carne de los seres vivos. Tras conseguir escapar de su casa de Wisconsin a la mañana siguiente de la tragedia, Ana Clark (Sarah Polley) se encuentra con un pequeño grupo de supervivientes: el estoico oficial de policí­a Kenneth (Ving Rhames), el vendedor de equipos electrónicos Michael (Jake Weber), y el duro chico de la calle Andre (Mekhi Phifer) y su embarazada esposa. El grupo busca refugio en una fortaleza tí­pica del final del siglo XX, un centro comercial abandonado. El mundo exterior se hace cada vez más apocalí­ptico. Un creciente ejército de zombis en descomposición intenta una y otra vez penetrar en el centro comercial, encontrándose con la resistencia de los supervivientes. A su vez, cada uno de estos alberga sus propios temores y sospechas. Aislados de lo que solí­a ser el mundo, los ocupantes del centro comercial -casi el último bastión de la humanidad- deben aprender a coexistir entre sí­ y a utilizar todos los recursos a su alcance para permanecer vivos y, sobre todo, para conservar su humanidad.








El mejor “gore”

El debutante Zack Snyder recupera la pureza más genérica del “gore” en un remake que supera, con mucho, al original de George A. Romero

Cuando en 1968 George A. Romero se sirvió de la obra literaria “Soy leyenda” de Richard Matheson y de la desconocidí­sima obra de culto de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona The last man on Earth (1964) para crear la obra maestra La noche de los muertos vivientes nadie podí­a imaginar que aquella cinta se convertirí­a en una de las pelí­culas más influyentes del cine contemporáneo. Y más teniendo en cuenta que originó un género tan difí­cil como postergado: el “gore”, el terror sangriento, el “splatter” basado en los efectos de carnicerí­a y en el exceso de ví­sceras. Su planteamiento estético y formal, supuso la destrucción de los expirantes cánones del cine de terror de la época. Una obra maestra que trocó las estructuras vigentes del terror y le dio una nueva perspectiva a este subgénero, haciendo que el propio arte no volviera a ser jamás el mismo. George A. Romero afianzó su propia leyenda cerrando una irregular, pero sugestiva trilogí­a al ofrecer dos pelí­culas más como Zombi (1978) y El dí­a de los muertos (1985).


Cuando el “splatter” actual se habí­a diezmado a producciones de terror adolescente, compuestas por una laxa propensión al esteticismo del nuevo “body count gore” resucitado por Wes Craven y Kevin Williamson en sus sagas Scream y Sé lo que hicisteis el último verano o por el reajuste “blando” de fórmulas funcionales como en las recientes Jeepers Creepers, Km. 666 o La casa de los 1.000 cadáveres, la revisitación del cine de zombis de Danny Boyle en la excelente 28 dí­as después
(con la que Amanecer de los muertos comparte unos zombis que corren, son ágiles y atacan con gran ferocidad) ha permitido descubrir un evento casi imposible de encontrar en el Séptimo Arte: que un “remake” supere con creces la versión original. La segunda parte de la trilogí­a de Romero, Zombi, es el fundamento sobre el que se basa esta nueva versión titulada Amanecer de los muertos que, mucho más allá de la simple clonación, ofrece una de las mejores muestras de cine “gore de los últimos años, superando a su predecesora y acopiando las mejores virtudes de la primera cinta de la saga de los zombis fusionándola con la apuesta del mejor cine de acción y terror que se pueda esperar en una pelí­cula como ésta.


Zack Snyder realiza un excelente y prometedor debut que narra cómo una inexplicable plaga ha diezmado la población del planeta, convirtiendo a los muertos en zombis que buscan carne y sangre humana para sobrevivir. En Wisconsin, un grupo de supervivientes compuesto por una enfermera, un estoico policí­a, un vendedor de equipos electrónicos y un chico duro de la calle con su embarazada esposa busca refugio en una fortaleza tí­pica del final del siglo XX, un centro comercial abandonado donde deberán aprender no sólo a protegerse de las horas de zombis sino también a coexistir como el último reducto de la humanidad. Partiendo de esta premisa, dos cosas tiene en común esta Amanecer de los muertos con la original: la invasión de zombis y la presencia de un gran centro comercial como un alcázar de los protagonistas que sigue metaforizando el consumismo y el centro de recreo vacuo e intrascendente de la sociedad moderna. Por lo demás, esta nueva versión del clásico de Romero promueve una situación totalmente infrecuente en el cine comercial de Hollywood, que es su etiqueta de cinta comercial atí­pica como ofrenda al mejor cine “gore”, sin excusas ni engaños, brindando una diletante pelí­cula de género donde prima el suspense, el terror en estado puro y una abundante dosis de violencia en la que no se escamita la profusión de mutilaciones, ví­sceras y mucha hemoglobina realizada con potente estilo visual y sobresaliente capacidad narrativa. La gran virtud que convierte esta versión en una “rara avis” dentro del cine de terror actual es su alto componente radical, disoluto y respetuoso con los dispositivos genéricos ricos en lecturas y camuflados en la sangre fácil y la acción de infrenable ritmo que arranca con uno de los más feroces y enérgicos prólogos vistos en muchos años y que concluye con uno de esos epí­logos que dejan al espectador anclado en la butaca.


Bajo esa aparente inocuidad, Snyder dignifica su propuesta con una nueva visión del discurso del cine de “muertos vivientes”. Si las antecesoras se centraban en una sociedad descompuesta representada en la alienación y deshumanización de un grupo de personas que, bajo presión (las hordas amenazantes), se contagiaban de odio entre ellos convirtiéndolos en su propia amenaza, en esta más que estupenda Amanecer de los muertos la amenaza real está fuera, como un simbolismo del miedo y terror actual norteamericano. Por eso, no es extraño que las primeras imágenes que ofrece en formato televisivo sean musulmanes rezando o las guerras que asolan nuestra conciencia colectiva. Los protagonistas de esta nueva visión de Zombi son héroes que intentan sobrevivir, manteniéndose unidos ante la amenaza exterior. Los tiempos han cambiado y por eso la calidad de esta nueva “cult movie” reside en haber sabido subvertir el género a su propio estilo, dejando que la ilusoria pelí­cula vital y optimista que se desarrolla no pueda tener un final más inesperado, apocalí­ptico y descorazonador como el que tiene. Además, la autocrí­tica sigue siendo la mejor herramienta de este tipo de cine sabiendo reflejar en todo momento la estupidez yanqui, significada en el egoí­sta encargado de seguridad que acaba dando su vida por el grupo, en la amante de los animales que pone en peligro a sus compañeros por un estúpido perrito o en la obsesión familiar del cabeza de una nueva familia interracial. Pero si por algo destaca este aspecto cí­nico de la sociedad de masas es la malévola secuencia en la que, bajo las notas del “Down with the sickness” de Richard Cheese, se sustituye la felicidad por todo aquello que encuentra el grupo en el centro comercial (sexo, amor, comida, diversión, diálogo y un humorí­stico e inhumano juego de tiro al blanco), que ejemplifica el vací­o de la actual cultura moderna. El centro comercial se convierte así­ en el máximo representante de la decadencia capitalista. Por ello, no deja de ser irónico que los zombis se encaminen en masa hacia este recinto por “un recuerdo, ya que este lugar era muy importante en sus vidas”, como dice uno de los protagonistas.


El guionista James Gunn apuesta por inventar más personajes que en la original, algo que dificulta el desarrollo de cada uno de los protagonistas. Y esto, que podrí­a verse como un error que impide esa transformación de los papeles, se transforma aquí­ en acierto al ceñirse exclusivamente a la acción sin pausa, a la frenética cadencia de las situaciones que se encadenan en un ambiente claustrofóbico donde la desesperación y la locura son paliadas con unos personajes que siempre toman decisiones con sentido común. Algo inusual en el cine de terror. Aquí­ no hay bondad, ni maldad. Hay miedo. Un elemento clave para entender Amanecer de los muertos. La infección de los zombis no es la deshumanización, sino el pánico que ahonda en nuestras conciencias en esta época de desconfianza y maldad, de guerras y de desatención por parte de gobiernos infieles y autocráticos que reinan el mundo. Para ello, basta destacar el momento en el que se aleja el helicóptero de las fuerzas armadas cuando ven a los desolados protagonistas en lo alto de la azotea del centro comercial, dejándolos solos y al amparo de su suerte.

Por todo lo demás, Amanecer de los muertos es un conjunto de habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables en un género que ha resucitado con este “remake” no exento de momentos de humor bastante cí­nicos y divertidos. Así­, se pueden contemplar escenas de ví­sceras y destrucción de zombis con lujo de detalle y con una gama cromática en la sangre que cambia gradualmente con el avance de la pelí­cula (roja y fluida para la primera fase, seca y marrón para la segunda y negra y aceitosa para su final). La capacidad de Snyder como cineasta hace que su debut tras las cámaras sea celebrado como todo un hallazgo que retoma, homenajea y hasta supera aquellas monstruosas producciones de hace décadas. La acertada elección de actores (donde hay que subrayar a la estupenda Sarah Polley), el impresionante y detallado uso de unos efectos especiales espectaculares, el equilibrio formal y la brillante puesta en escena están soberbiamente ensambladas para componer una sinfoní­a de sangre y ví­sceras convertidas en una de las pelí­culas más interesantes del año. Y no sólo para el más exquisito degustador de
“gore”.


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