CONTRA LA PARED (Gegen Die Wand) (Head-On)

Película estrenada entre 2004

Director: Fatih Akin. 2004. Alemania. Color
Intérpretes: Birol √≠≈ìnel (Cahit), Sibel Kekilli (Sibel), Catrin Striebeck (Maren), G√ºven Kiraç (Seref), Meltem Cumbul (Selma), Cem Akin (Yilmaz G√ºner), Aysel Iscan (Birsen G√ºner), Demir G√∂kg√∂l (Yunus G√ºner), Stefan Gebelhoff (Nico), Hermann Lause (Dr. Schiller)

“Puedes acabar con tu vida sin matarte”, le sugiere el médico a Cahit (Birol √≠≈ìnel), con casi 40 años, temporalmente ingresado en una clínica psiquiátrica por haber intentado suicidarse. Entiende el consejo: tiene que volver a empezar. Pero está atormentado por la desdicha -la muerte de su esposa- y no puede evitar a ahogar su dolor destrozándose con el alcohol y las drogas. Sibel (Sibel Kekilli), bonita, joven y turco-alemana -como Cahit-, le gusta demasiado vivir y divertirse como para ser una musulmana tradicional. Desesperada por escapar de la cárcel de su conservadora familia, finge suicidarse. Pero no consigue la libertad, sino la deshonra. Sólo un matrimonio de conveniencia puede salvarla. Ruega a Cahit que se case con ella. Cahit se esfuerza por mandarla al demonio y librarse de ella, no quiere su misma vida y aún menos andar cargando con la de alguien más, hasta que ella le demuestra y convence de que intentaría suicidarse de nuevo si no accede a su petición, que sólo quiere su ayuda para salvar su vida y felicidad y que él es el indicado sólo por ser también turco, no por nada más, porque su familia aceptaría sólo a alguien así; que no interferirá para nada en su vida y sólo serán compañeros de apartamento. √âl acepta muy a pesar suyo. Quizá por compasión, porque quiere salvarla o quizá porque quiere hacer algo por una vez en su vida. Comparten el piso y poco más. Ella disfruta de la libertad. √âl ve esporádicamente a una medio novia. Pero el amor entra en su vida de puntillas. A medida que se enamora de Sibel, descubre la alegría, reúne fuerzas para seguir adelante. Ella sigue saliendo con otros hasta que, de pronto, también se da cuenta de que está enamorada de Cahit. Pero es demasiado tarde. Provocan a Cahit y un ataque de celos acaba en un homicidio. Encarcelado Cahit, y Sibel a punto de morir por las drogas, el alcohol y provocando a unos turcos para que la maten, finalmente se salva y marcha a Turquía; a Estambul. Allí rehace su vida y tiene una hija. Pero su corazón y su mente siguen con Cahit






Quizá lo contrario de la muerte no sea la vida, sino el amor.

√âl (Cahit), autoexiliado de la vida -destrozado por la muerte de su esposa-, a diario se emborracha, se droga, bebe, fuma casi tan rápido como su idea de morir estrellando su coche contra un muro.

Al mismo tiempo ella (Sibel) ha agotado todas las vías para evadir a su conservadora familia, que la amenaza de muerte y/o deshonra por no ser una mujer tradicional. Así que toma un cuchillo y se desquita con sus venas.

Ambos, fracasan. Terminan en el mismo hospital psiquiátrico, y escapan juntos. Y ella ve en él la última carta bajo su manga; si se casan, podría matar varios pájaros de un tiro: alejarse de su familia, desacatarse más donde no la conozcan y, de paso, seguir viva. √âl la rechaza (hay que cortarse las venas hacia arriba ). Pero estando algo sobrio, la ve como una última molestia que podría divertirlo hasta su siguiente intento de matarse. ¿O es por pena? ¿O es por evitar que Ella se mate?

Y se casan, con el pacto de no ser marido y mujer más que para la sociedad, y usar el mismo techo sólo para dormir. En un principio funciona, pero ella no puede evitar comportarse como dueña de la casa, y reacomoda los muebles, limpia -a fondo- el apartamento y desempolva todo… incluyendo, quizá sin desearlo, el corazón de su “esposo”.

El hongo del enamoramiento crece poco a poco y sólo en los rincones oscuros, pero termina por penetrar en ambos, que no quieren reconocerlo hasta el día en que él mata un tanto accidentalmente a un conocido que le provoca hablando mal de lla.

Es encarcelado, y ambos hacen una promesa. √âl no se matará en la cárcel y ella no buscará su destrucción afuera, hasta el día en que termine la condena y puedan intentar amarse, en serio ésta vez.
Pero eso puede ser -y es- muy difícilLa vida da muchas vueltas. Para todos.

Película que no es fácil de ver; sus imágenes son crudas, desgarradoras y pesimistas; buscan un choque visual y al auditivo. Es una interesante credencial cinematográfica del alemán de origen turco Faith Akin, desconocido su anterior trabajo en España.
La originalidad y sensibilidad del guión son notables, hasta la banda sonora, que incluyen buen rock y música típica turca, maravillosamente seleccionada; frecuentemente se hacen cortes -imitando a las tragedias clásicas, donde cada acto nos resume lo que ha pasado con una espléndida música turca que invita aún más a meterte de lleno en la historia- mostrando un ensamble musical turco al borde del mar en Estambul, con la catedral de Santa Sofía al fondo y tocando y cantando de acuerdo al desenvolvimiento de la trama.
La iluminación, tenue, a veces oscura nos reproduce el drama por el que pasan ambos personajes y lo macabro (en ciertas ocasiones) de algunas escenas.
El director optó por un rodaje cronológico que permite ver como los personajes van desarrollándose. Ambos se van conociendo mejor con lo que la compenetración cada vez es mejor. Eso se hace notar en la cinta.
A mi criterio es muy acertado en todo el desarrollo del guión, del rodaje, la historia que cuenta y la significación que ella tiene momentáneamente en Alemania y en el resto de Europa. Comprendo que la película haya sido muy galardonada.

Contra la pared, del cineasta turco-alemán Fatih Akin, desconocido hasta ahora en nuestro país y laureado alrededor del mundo por su anterior película Im Juli -que lamentablemente no hemos tenido la oportunidad de ver en España-. Akin se dedica a explotar la rabias de sus protagonistas, jugar con los cuerpos, con las sensualidades, con la cotidianeidad destructiva de un par de inmigrantes (o hijos de inmigrantes) tan alemanes como turcos: una hibridación cultural que cruza el relato oblicuamente.

Una banda de músicos a orillas del Bósforo, sobre un escenario hecho de alfombras y con Estambul como telón de fondo, abre la película y luego reaparece para separar capítulos y dar respiros. Treguas que apagan la ebullición de un relato intenso, a ratos excesivo. Esta es una historia de amor que se va formando a partir de escombros, del aseo que se hace a la mañana siguiente de una noche de juerga. El argumento es el siguiente: Sibil y Cahit se conocen en una clínica. Ambos han tratado de suicidarse. √âl está básicamente solo -un par de amigos- ella ha deshonrado a su familia con este intento de suicidio. Sibil ve a Cahit como un medio para escapar de su familia, y le pide que se casen, no para formar una nueva, sino para acceder a una libertad que desconoce. Quiere salir por las noches, bailar, hacerse un tatuaje, ir a un parque de diversiones sola escuchando música a través de audífonos. Obsesiones que se instalan como consecuencia de una estricta educación musulmana.

Como sus personajes, el relato de Akin es obsesivo y la velocidad de la narración va dependiendo de su frenetismo. “I feel you” de Depeche Mode satura los parlantes -de un coche, de un bar, de la sala de cine- en los momentos en que se inserta algún quiebro en la historia. La música que le da forma al montaje, que construye sentido, sensaciones, que acentúa estados de ánimo.

Hay una suciedad, una oscuridad que inunda la pantalla -excepto por la banda, que aparece de tanto en tanto, como una postal, a orillas del río- una estética que a ratos se vuelve orgánica, como si todo fuera color piel. Un monocromatismo de la desnudez que se rompe sólo con el rojo intenso de la sangre que aparece cuando, en momentos de locura y autodestrucción, los personajes se cortan, en un extravío muy bien retratado: personajes que se mueven siempre al borde de la locura, sin necesariamente estar locos, sino más bien como una suerte de condena que de antemano los lleva al fracaso. Una lucidez mal enfocada que se desahoga con baile, con drogas, con música a toda su potencia. En esa coherencia truculenta Akin va soltando de poco a sus personajes al caos, un poco como Fassbinder y sus protagonistas decadentes y antisociales. Antihéroes que quieren, si no vencer la angustia, al menos olvidarla por un momento. Y eso acá se logra, empatizamos con Cahit, nos subimos a su auto, nos estrellamos contra el muro.

La luminosidad de Sibil cuando alcanza la libertad peligrosa y de doble filo -una felicidad que se desborda mientras descubre el mundo-, choca con la oscuridad constante de Cahit. El director Akin logra mantenerse alejado de sus personajes, de su historia, lo que ayuda a que este melodrama no nos manipule, como ocurre casi siempre con argumentos como éste La factura, las tomas que a veces se congelan, los planos fijos, o los pacíficos paseos por Estambul en la segunda parte de la cinta, actúan como refuerzo a la historia que se cuenta, en una arritmia coherente con el orden de los acontecimientos. Es el orden de una tristeza ahogada en veinte, treinta latas de cerveza. Estupendo filme.


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