LA VIDA ES UN MILAGRO (Zivot je cudo) (La vie est un miracle)

Película estrenada entre 2004

Director: Emir Kusturica. 2004. FranciaSerbiaMontenegro. Color

Intérpretes: Slavko Stimac (Luka), Natasa Solak (Sabaha), Vesna Trivalic (Jadranka), Vuk Kostic (Milos), Aleksandar Bercek (Veljo), Stribor Kusturica (Capitán Aleksic), Nikola Kojo (Filipovic), Mirjana Karanovic (Nada), Branislav Lalevic (Presidente), Davor Janjic (Tomo), Adnan Omerovic (Eso)

Bosnia, 1992. Luka (Slavko Stimac), un ingeniero serbio de Belgrado, se ha instalado en un pueblo en medio de ninguna parte con su mujer cantante de ópera, Jadranka (Vesna Trivalic), y el hijo de ambos, Milos (Vuk Kostic). Luka está preparando la construcción del ferrocarril que va a transformar la región en un paraíso turístico. Completamente absorto en su trabajo y cegado por su optimismo natural, está sordo al cada vez más persistente rumor de la guerra. Cuando el conflicto estalla, la vida de Luka se ve alterada: su mujer, Jadranka, desaparece del brazo de un músico mientras que su hijo, Milos, es llamado al frente. Siempre optimista, Luka aguarda el regreso de su familia, pero Jadranka no vuelve. Milos es hecho prisionero y el ejército serbio nombra a Luka guardián de Sabaha (Natasa Solak), una joven musulmana que ha sido tomada como rehén. Al poco tiempo, Luka se ha enamorado de Sabaha, pero la joven está destinada a ser intercambiada por un prisionero serbio: su hijo Milos.



El milagro de la vida

Dirigida, coescrita y coproducida por Kusturica, codirector de la música, obtuvo el César a la mejor película de la UE. Fue nominada a la Palma de Oro (Cannes) y a la Espiga de Oro (Valladolid). Se rodó en Serbia, durante más de un año.

La acción se sitúa en Bosnia, en un lugar próximo a la frontera con Serbia, en 1992, poco antes y después del estallido de la guerra. Narra la historia del ingeniero Lukas, que llegó de Belgrado dos meses antes para la construcción de un ferrocarril que convertirá el lugar en un paraíso turístico. Le acompañan su mujer Jadranka, soprano y lectora de Ana Karenina, y el hijo de ambos, Milos. El inicio de la guerra cambiará muchas cosas. La acción se ambienta en un contexto bélico que no se ve: se oyen disparos, cañonazos, explosiones y se ven heridos, muertos, destrozos. La guerra se inserta en la cotidianeidad, forma parte de la normalidad diaria y, por ello, provoca mayor desazón. La narración adquiere un tono desmesurado: comen, beben, aman, odian, juegan al ajedrez y al fútbol, cantan y bailan exageradamente. El espectador es receptor de una cascada de palabras, golpes, colores, imágenes, detonaciones, explosiones y música, que le sumen en un caos sensorial. Se añaden elementos surrealistas, absurdos y excéntricos, que subrayan la sinrazón de la guerra, justifican la locura, invitan al suicidio e impulsan a huir de la realidad. La obra cuenta, con una rotundidad inusual, el drama de la vida que se abre camino entre el miedo, la brutalidad, el dolor y la muerte. La exaltación de la vida justifica la presencia de muchos animales -perros, gansos, gallinas, gatos, palomas, caballo blanco, la burra Melissa- y la mirada cariñosa dirigida al polluelo salido del huevo, las crías de la oca, el niño recién nacido de los Petrovitch. El rechazo de la guerra se personifica, también, en animales: los osos que “matan a todo ser viviente”, los buitres carroñeros. El humor recurre a “gags” blancos, surrealistas, negros y marrones. Los elementos dispersos del rompecabezas tienen en las vías del tren el eje que los amalgama. No se habla de culpables, sólo de víctimas. En la segunda parte del filme se desarrolla una hermosa historia de amor, que trasmite ternura, bienestar y gozo, y endurece la crueldad de la guerra.

La música es parte fundamental de la obra. Mezcla ritmos gitanos, con influencias de Oriente y Occidente, a cargo de “The No Smoking Orchestra”. La fotografía ofrece escenas magníficas como la camilla que se desliza sin final, el baño junto a una cascada que inunda la pantalla de blanco, la caminata con la chica en brazos a través de la desolación de un campo nevado. La interpretación del protagonista Slavo Stimac (Lukas) y las de Natasa Solak (Sabaha) y Vesna Trivalic (Jadranka) son convincentes. La dirección otorga al filme su reconocido estilo propio.

Combina comedia, drama y romance. Apela a la razón, sentimientos, imaginación y sentido del humor. Es un potente alegato contra el belicismo y por la paz.

Kusturica tiene un lenguaje propio. Si lo entiendes bien, si no, es lógico que provoque rechazo. Pero a mí me parece una película sugerente, con toques de humor surrealista, de un costumbrismo lúdico/festivo, con unos diálogos estupendos, me encanta el papel de los animales en la trama, como si tuvieran su propio discurso y fueran un personaje más. La guerra es el telón de fondo que transforma la vida de los protagonistas, que sin embargo siguen amando, llorando, riendo y jugando al ajedrez. Creo que es una película inteligente, entrañable y divertida. Y en efecto, la vida -sobre todo en tiempos de guerra- es un milagro.


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