LOS INCREÍBLES (The Incredibles)

Director: Brad Bird. Dibujos 3D. 2004. EE.UU.


Los Increíbles narra las aventuras de una familia de antiguos superhéroes que descubren que la auténtica fuente de sus poderes está… en los demás. Para uno de los mejores superhéroes enmascarados del mundo, Bob Parr (apodado Mr. Increíble), luchar contra el mal y salvar vidas era algo cotidiano. Pero ahora, quince años después, Bob y su mujer (una antigua superheroína por méritos propios) han adoptado identidades civiles y llevan una vida retirada y apacible junto a sus tres hijos en las afueras de la ciudad. Viven como los demás mortales y llevan una vida demasiado normal con sus hijos, que se alejan de ellos para parecer “normales”. Bob trabaja en una compañía de seguros donde ficha puntualmente todas las mañanas y lo único que intenta combatir es el aburrimiento y los michelines que se van acumulando alrededor de su cintura. Este superhéroe pluriempleado está deseando volver a la acción. Y por fin se le presenta una oportunidad cuando recibe un misterioso comunicado que le ordena dirigirse a una isla perdida para cumplir con una misión de alto secreto. Ahora que el futuro de la humanidad pende de un hilo, la familia debe unirse de nuevo y volver a descubrir el encanto de la vida familiar.


Los Increíbles es la mejor cinta de animación 3D mejor realizada −hasta la fecha−; la mejor cinta y aventura de Pixar (a la fecha) y una joya tremenda, una súper película, una increíble y envidiable muestra de talento…

¡Ahh!… ¡Vaya cinta! ¡Vaya logro y méritos técnicos y fílmicos, ¡Vaya experiencia!… Con una animación “increíble” −tanto en lo estrictamente tecnológico como en los principios de animación como arte− y con unos visuales que dejan boquiabierto, la cinta no sólo es una joya de imágenes sino una vivencia completa, una historia maravillosa y una aventura plena de sonrisas.

El director Brad Bird ya había mostrado al mundo su talento en la reconocida −aunque sin mucho éxito económico) El gigante de hierro (1999), y ese trabajo le permitió un traslado a Pixar con condiciones sorprendentes que incluyeron libertad absoluta y vía libre para continuar con el proyecto que ya tenía entre manos al salir de la Warner Bros.: una familia de superhéroes.

El resultado: La habilidad del director, el equipo y logros del mejor estudio de animación actual, un sólido respaldo gracias al contrato (a punto de terminar) con la Disney, y todo la gracia, talento y fuerza a la que el estudio de animación nos tiene ya acostumbrados se conjugan en una obra maestra, un clásico.

La cinta es una delicia por donde se mire. En términos visuales, la calidad de la imagen sintética es espléndida, la cámara virtual nos lleva por trayectorias y tomas sorprendentes, y todo es impecable: los colores, las texturas, los materiales (agua, fuego, lava, grasa abdominal), la luz (un trabajo tremendo de iluminación), los cabellos, ¡hasta la comida!… Todo en apoyo de la historia, y sin fallos, sin un solo objeto fuera de sitio.

El diseño de personajes es tremendo: la concepción de atributos ante un amplio abanico de superpoderes posibles se tradujo en una familia “típica” de los suburbios… con cualidades excepcionales, presentadas con un humor brillante y una serie de momentos cargados de magia. Desde los incidentes caseros (la pelea de los hermanos bajo la mesa es una joya, por dar un ejemplo) hasta las persecuciones en agua y selva, pasando por el sorprendente uso corporal de Elastigirl, todo está hecho con un talento tremendo, brutal. El refuerzo de un impecable trabajo de voces es una más de las virtudes de la película, destacando el habitual uso de actores conocidos combinados con otros de menos (o nulo) nombre. Las voces originales que incluyen a Craig T. Nelson (Mr. Incredible), Samuel L. Jackson (Frozone), Holly Hunter (Elastigirl), Jason Lee (Syndrome) y hasta al mismo director Bird dando voz a Edna, un personaje entrañable, divertido y fantástico.

El diseño de producción es espectacular y no necesita de recursos externos a la cinta (ni siquiera para homenajear); las únicas alusiones son a nivel de género (escenarios de tipo James Bond, superhéroes, extraterrestres), y se trata de escenarios y locaciones tremendos: la isla, los pasajes, los sistemas de vigilancia, los vehículos, el mismo robot peligroso, todo, todo es una maravilla.

La historia, llena de momentos divertidos, con el obvio sitio para la moraleja y la lección familiar, es redonda y fluida, impecable en forma y fondo, y narrada con soltura. Desde el inicio, esa breve introducción donde se nos adentra en lo ocurrido con los héroes y la causa por la que ahora deben acogerse a programas de protección gubernamental, las pautas se muestran y, a partir de ahí, el ritmo va en un intenso crecimiento que nos lleva a una serie maravillosa de sucesos, donde cada uno de los siguientes sube el ritmo y supera al anterior, y donde el humor reina (Edna, las capas, los incidentes de la fuerza de Mr. Increíble), llevándonos en un viaje que conjuga drama, comedia, aventura, acción, y todo con el marco de un guión magistral.

La música, un trabajo excelso de Michael Giacchino, brinda de una fuerza espectacular a las imágenes, reforzando, complementando, cediendo el paso a los visuales sin perder su carácter, y nos permite disfrutar de un gran película que −afortunadamente− no incluye ninguna canción bajo el pretexto de ser cinta para los pequeños.

Pixar lo hizo otra vez, demostrando que su capacidad de sorprendernos es simplemente imparable; tras el éxito en todos los sentidos de Buscando a Nemo, y viendo los últimos logros de sus competidores, parece que la empresa no tiene rivales a la altura. Tras esta cinta, las diferencias son abismales. Como se llega a mencionar en la cinta, y al igual que con el personaje Dash, parece que el estudio deberá ocultar un poco sus superpoderes si quiere mezclarse con el resto y llevar una vida normal.

Resulta imposible no querer más episodios, continuaciones, reinvenciones o cualquier cosa que nos permita volver a vivir esta increíble aventura y gozar con estos súperpersonajes.








Decir que Los Increíbles es la mejor película animada por computadora de la historia sería bastante arriesgado, pero quizá se acerca mucho a ese título. Desde la llegada intempestiva de Pixar a mediados de los 90 con Toy Story y el fenomenal éxito de la misma, la lucha de los estudios por la supremacía en el género no se ha hecho esperar, como lo demuestran cintas como Shrek o incluso hasta la menospreciada La Era de Hielo.

A pesar de cintas como éstas últimas, el gran vencedor sigue siendo, por un buen margen, Pixar. ¿Su secreto? Las extraordinarias historias de que están hechas sus trabajos. No solamente son divertidas para los niños, sino que también capturan y cautivan la imaginación de los papás de estos e incluso del siempre difícil público adolescente.

Independientemente de la estética y el atractivo visual de los filmes de Pixar, sus historias cautivan por ser profundamente humanas. Con Los Increíbles, Pixar no sólo se ha superado a sí misma, sino que ha puesto un estándar demasiado alto de calidad que difícilmente podrá ser superado por otra cinta del género.

Aquí los protagonistas no son peces, ni insectos, ni juguetes, ni monstruos, sino seres humanos con los que todos nos podemos identificar. El Sr. Increíble (voz en inglés de Craig T. Nelson, en español de Víctor Trujillo) era, en sus días de gloria, uno de los súper héroes más reconocidos del mundo, prácticamente invencible y un modelo a seguir por todo mundo, particularmente por un pequeño niño fan a quien suele llamar despectivamente “Bobby”. Pero al igual que la vida misma, las cosas se complican para el fortachón héroe, pues llega un momento en que la sociedad se harta de su presencia y es demandado, lo que lo obliga a retirarse para formar parte de un programa de recolocación de súper héroes y llevar una vida como cualquier civil.


Quince años pasan y ahora Mr. Increíble está casado con Elastigirl (voz en inglés de Holly Hunter, en español de Consuelo Duval), tiene tres hijos (Violeta, Dash y Jack Jack) y trabaja como oficinista en una compañía de seguros. Aunque de repente se escapa con su amigo Frozono (voz en inglés de Samuel L. Jackson, en español de Martín Hernández) a tratar de revivir las viejas épocas – por ejemplo, rescatando víctimas de incendios y situaciones similares – lo cierto es que su vida está marcada por una enorme frustración, la cual se acrecienta tras ser despedido por un conflicto laboral. Él es un súper héroe y como tal necesita la acción que le haga correr la adrenalina que lo hace sentirse vivo.

El momento llega cuando una misteriosa chica que sirve de contacto para un desconocido jefe – lo contrata para que se haga cargo de diversas actividades en las que tendrá que revivir al héroe que lleva dentro. Rejuvenecido por el sentimiento de utilidad que lo embarga, Mr. Increíble miente a su esposa y familia acerca de su nueva actividad hasta que hace su aparición un nuevo villano con una enorme sed de venganza. Lo que no sabe es que todo esto provocará que su propia familia, con todo y súper poderes, terminará involucrada.

El director y escritor del filme, Brad Bird, es el “nuevo chico de la cuadra” en cuanto a animación se refiere, pues no forma parte del equipo original de Pixar sino que llegó de fuera con ideas frescas y divertidas. A Bird se le debe esa menospreciada maravilla de animación tradicional que es El
Gigante de Hierro, así como el convertir las neurosis y problemas de una familia común y corriente en súper poderes para cada uno de sus integrantes.

Y es que la familia Parr (nombre secreto de los Increíbles) es como cualquier otra: el padre está frustrado con su trabajo y vida actuales; la madre se las tiene que arreglar y multiplicarse tanto para lidiar con la depresión de su marido como con las labores cotidianas del hogar; la hija adolescente es insegura de sí misma; el hijo de en medio es hiperactivo y el más pequeño es un enigma.

En el fondo, sus propias frustraciones y problemas son su fortaleza, pues por un lado Mr. Increíble tiene el poder de la fuerza extrema (en clara alusión a la figura paterna que debe proteger a la familia); Elastigirl se puede estirar como hule a todo lo que quiera y adoptar diversas formas (como cualquier madre y ama de casa que se tiene que multiplicar para poder hacer varias cosas al mismo tiempo); Violeta puede hacerse invisible a voluntad y crear campos de energía que la protegen de los ataques externos (la típica actitud de la adolescente en pleno desarrollo que quiere atención pero al mismo tiempo le gustaría ser invisible para no recibir el daño emocional de los demás); Dash tiene súper velocidad (símbolo de la hiperactividad de un niño que parece tener energía de sobra) y JackJack… bueno, él es un enigma como todo niño recién nacido del que no se sabe que va a ser en la vida.

Si bien la misión original de la familia es la de tratar de vivir como personas “normales”, el tiempo termina por convertirlos en lo que en realidad son. No importa si los hijos se pelean en la mesa, o si el papá lee el periódico durante la cena, o si la mamá se preocupa del tamaño de sus caderas después de años de matrimonio y tres embarazos. Están destinados a cosas grandes que tarde que temprano tienen que afrontar.

Ese es el éxito de la historia, el poder vernos reflejados en alguno de los personajes que, a final de cuentas, no son otra cosa más que la manifestación de nuestros deseos y temores. Todos podemos ser los Increíbles. Eso es lo que llevó al guión de Bird a ser nominado al Oscar, pues jamás se había realizado una cinta ‘para niños’ tan emocionalmente real en la que una familia como cualquiera tiene que salvar al mundo.

Incluso va más allá de lo que aparenta, pues cuando Mr. Increíble comienza a trabajar de nuevo como héroe, la relación con su esposa se anima incluso en el aspecto sexual, como lo revela la divertida y entrañable secuencia del entrenamiento en la que bien el fortachón esposo busca el contacto físico con su mujer y ésta, en respuesta, no lo deja ir a trabajar pues tiene toda la intención de tener un poco más de ese contacto físico que los ha rejuvenecido a ambos.

Por otra parte, también se aborda el aspecto de la obsesión actual que se vive para con las estrellas o las personalidades importantes, pues el fanatismo de un jovencito que admira a Mr. Increíble lo lleva a convertirse, años más tarde, en su peor enemigo. Una muestra de cómo la enajenación puede causar estragos en la vida de alguien aparentemente normal. Como se puede apreciar, Los Increíbles tiene diferentes lecturas que la convierten en una verdadera maravilla del género.

Si a todo lo anterior le agregamos una animación de altísimo calibre en la que las expresiones humanas con mostradas con suma exactitud, un trabajo de doblaje casi perfecto en inglés (en español deja un poco que desear tanto por la “mexicanización” de ciertas expresiones como por el pobre trabajo de Duval, quien nunca parece entender la naturaleza de su personaje y se limita a repetir el tono y timbre de alguno de sus personajes televisivos) y claras referencias a cintas como Parque Jurásico, Star Wars y, sobretodo, a las cintas sesenteras de James Bond (la banda sonora es un claro homenaje a los filmes de espías de antaño y a varias de las mejores partituras escritas por John Barry para las aventuras del 007), el resultado es una cinta que, como lo dice su título, es simple y sencillamente increíble. Aunque es animada por computadora, tiene más vida y corazón que muchas cintas ‘normales’ con grandes estrellas en el reparto.





Divertida, honesta y extremadamente inteligente, Los Increíbles es una experiencia que por nada del mundo puedes dejar de ver, así como un claro ejemplo del nivel de arte que puede llegar a alcanzar el cine. Inolvidable.

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