LOS PADRES DE ÉL (Meet the Fockers)

Director: Jay Roach. 2004. EE.UU. Color

Intérpretes: Robert De Niro (Jack Byrnes), Ben Stiller (Greg Focker), Dustin Hoffman (Bernie Focker), Barbra Streisand (Roz Focker), Blythe Danner (Dina Byrnes), Teri Polo (Pam Byrnes), Owen Wilson (Kevin Rawley), Alanna Ubach (Isabel), Tim Blake Nelson (Oficial LeFlore), Shelley Berman (Juez Ira), Max Hoffman (Woody Focker)


Hace cuatro años, el público tuvo la oportunidad de acompañar al enfermero Greg (alias Gaylord) Focker durante un fin de semana en el que se las arregló para perder el equipaje, prender fuego un patio, pasarse en un partido de voleibol acuático y pintar a un gato, todo en casa de Jack Byrne, el padre de su novia. Por cierto, este no era un horticultor, sino un ex agente de la CIA que no estaba muy de acuerdo con dejar entrar a Greg en el Círculo de Confianza de la familia Byrnes. Todo aquello sucedió en la taquillera comedia Los padres de ella (2000). Ahora el tiempo ha pasado y Greg ha conseguido entrar en el Círculo de Confianza. Todo va sobre ruedas. Pam y él ya están planeando la boda con mucho entusiasmo. Sólo queda un pequeño escollo que superar: los futuros consuegros deben pasar un fin de semana juntos. Está decidido. Es la oportunidad perfecta para que se conozcan mejor y, sobre todo, para que Jack pueda estudiar a los padres de Greg. Todo parece ir viento en popa hasta que Jack descubre que el padre abogado y la madre doctora de Greg son en realidad un padre liberal que cuida de la casa y una terapeuta sexual para la tercera edad. Y muchas otras cosas. Ya puedes estar preparados. Ha llegado el momento de conocer a Los padres de él. Sólo es un fin de semana… ¿Qué puede ir mal en tan poco tiempo?


Siguiendo la lógica que impera actualmente en Hollywood, lugar en el que el dinero es el primer valor a tener en cuenta a la hora de rodar cualquier producción cinematográfica, dudo que alguien se sorprendiera el día en el que los responsables de Los padres de ella anunciaron que iban a sacar adelante la secuela de una de las comedias más exitosas de los últimos años. Aquel filme de Jay Roach
presentaba una premisa escasamente original y tan sólo introducía en su sencillo guión algún que otro “gag” bastante aceptable (desde luego, Spencer Tracy nos divirtió mucho más con El padre de la novia (1950) y El padre es abuelo (1951) cintas a partir de las cuales se harían mucho más tarde unos prescindibles “remakes” protagonizados por Steve Martin).

Lo que nadie se podía esperar es que esta continuación, cuya trama principal ya se adelantaba en los minutos finales de su predecesora, fuera a recaudar, tan sólo en los EE.UU., alrededor de trescientos millones de dólares. Y es que a Los padres de él no le ha pasado en la taquilla lo mismo que a aquella aburridísima secuela de Una terapia peligrosa, una película cuyo principal intérprete también era, qué casualidad, Robert De Niro, un actor que últimamente vive de las rentas y que incluso no duda en exhibir sin pudor sus acostumbrados tics hasta en largometrajes de corte dramático (Hombres de honor, por ejemplo).

Al comienzo de Los padres de él observamos una serie de guiños que sirven para que recordemos tanto a los personajes principales de la primera entrega como las diversas situaciones en las que se vieron envueltos algunos de ellos. Hasta ahí todo parece ir bien, a pesar de que uno enseguida piensa que los guionistas tan sólo han optado por repetir el mismo esquema que ya utilizaron cuando Greg conoció al temible Jack. Por desgracia, todo cambia cuando los Byrne se encuentran con los Folien, desarrollándose una serie de escenas sin cohesión alguna y en las que se pretende introducir un buen número de equívocos que, sinceramente, no es que posean excesivo gracejo.

Todo, absolutamente todo, se basa en el barullo, como si fuera jocoso contemplar a una serie de individuos gritando, diciendo sandeces o comportándose de una manera irracional. ¿Humor inteligente? Ni pizca. No, desde luego eso no es lo que encontraremos en Los padres de él, que cae en inusitadas contradicciones cuando mezcla el mal gusto con gracias que podríamos calificar como infantiles (¿a qué viene la incomprensible presencia del niño o la del dichoso perrito que no cesa de acosar al gato de Jack?). Si con los Byrne se caricaturizaba a una familia excesivamente conservadora y formalista, la exageración llega a su punto culminante con la aparición de los Folien, tan liberales y desinhibidos que el delirio y el absurdo alcanzan su máxima expresión.

En definitiva, una completa decepción de la que ni siquiera se libran los actores, que por supuesto parece que se lo han pasado estupendamente durante la filmación de Los padres de él, pero que deberían sentirse avergonzados por aceptar que su nombre aparezca asociado a un producto en el que se desaprovecha su comprobado talento (pienso especialmente en Dustin Hoffman). Que la realización de Roach sea simplona no sorprende a nadie, pues a fin de cuentas este hombre es el responsable de todas las entregas de ese deleznable personaje llamado Austin Powers, pero su escasa agudeza parece habérsela contagiado a los intérpretes e incluso al compositor, un discreto Randy Newman que se limita a enfatizar los elementos cómicos más ingenuos de la cinta.

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