BATMAN BEGINS

Película estrenada entre 2005

Director: Christopher Nolan. 2005. EE.UU. Color
Intérpretes: Christian Bale (Bruce Wayne/Batman), Michael Caine (Alfred), Liam Neeson (Henri Ducard), Katie Holmes (Rachel Dawes), Gary Oldman (Jim Gordon), Cillian Murphy (Dr. Jonathan Crane), Tom Wilkinson (Carmine Falcone), Rutger Hauer (Earle), Ken Katanabe (Ra’s Al Ghul), Linus Roache (Thomas Wayne), Morgan Freeman (Lucius Fox)

¿Cómo cambia un hombre el mundo? Es una pregunta que obsesiona a Bruce Wayne (Christian Bale) al igual que el fantasma de sus padres, muertos a tiros ante sus ojos en las calles de Gotham una noche que cambió su vida para siempre. Atormentado por la culpa y la ira, luchando contra los demonios que alimentan su deseo de venganza y su necesidad de honrar el altruista legado de sus padres, el desilusionado heredero industrial desaparece de Gotham y viaja en secreto por el mundo, buscando los medios de luchar contra la injusticia y utilizar el miedo contra los que se aprovechan de los que tienen miedo. En su búsqueda por aprender los entresijos de la mente criminal, Bruce es adiestrado por un misterioso hombre llamado Ducard (Liam Neeson) en el dominio de las disciplinas físicas y mentales que le otorgarán el poder para combatir el mal que ha jurado destruir. Pronto se ve convertido en el objetivo de los intentos de reclutamiento de la Liga de las Sombras, un poderoso y subversivo grupo de vigilantes dirigido por el enigmático líder Ra’s al Ghul (Ken Watanabe). Cuando Bruce vuelve a Gotham encuentra la ciudad devorada por una delincuencia y una corrupción desenfrenadas. Wayne Enterprises, el antiguo bastión de ideales comerciales filantrópicos de su familia, ahora está en manos del presidente Richard Earle (Rutger Hauer), un hombre más preocupado por conseguir que la compañía cotice en Bolsa que por servir al bien público. Entretanto, la íntima amiga de la infancia de Bruce, Rachel Dawes (Katie Holmes), ahora ayudante del fiscal del distrito, no puede lograr que se condene a los delincuentes más conocidos de la ciudad porque el sistema judicial ha sido profundamente contaminado por escoria como el capo Carmine Falcone (Tom Wilkinson). No facilita las cosas el hecho de que el prestigioso psiquiatra de Gotham, el doctor Jonathan Crane (Cillian Murphy) justifique la defensa por locura para los matones de Falcone a cambio de infames favores que sirven a sus propios y poco limpios asuntos. Con la ayuda de su leal mayordomo Alfred (Michael Caine), el detective Jim Gordon (Gary Oldman) -uno de los pocos buenos policías de las fuerzas del orden público de Gotham- y Lucius Fox (Morgan Freeman), su aliado en la división de Ciencias Aplicadas de Wayne Enterprises, Bruce Wayne libera a su imponente alter ego: Batman, un justiciero enmascarado que utiliza la fuerza, la inteligencia y un despliegue de artefactos de alta tecnología para combatir las fuerzas siniestras que amenazan con destruir la ciudad.

No son pocos los años que lleva la Warner intentando resucitar las dos franquicias más importantes de DC Comics. El regreso de Superman le ha supuesto no pocos quebraderos de cabeza a este estudio, algo que se ha repetido, aunque en menor medida, con el hombre murciélago, que cuenta con una pega que no posee el último hijo de Krypton: el público todavía guarda en sus retinas las imágenes de las anteriores aventuras de Bruce Wayne, tornándose ese conocimiento en la pérdida de una frescura que sí encontrábamos, por ejemplo, en SpiderMan. Como hiciera en su día la Fox con la Patrulla X, la Warner ha optado por encargarle a Christopher Nolan la tarea de renovar, al menos desde un punto de vista cinematográfico, la mitología de Batman; este cineasta obtuvo cierto prestigio con una curiosa obra de carácter independiente (Memento), de ahí que existiera curiosidad por conocer cómo habría sido capaz de rodar un largometraje en el que se nos detallara el nacimiento de este singular superhéroe, conjugando calidad con comercialidad.
Reconozco que Batman, la versión de 1989, es una buena película, pero no por su libreto, sino gracias a la presencia de Jack Nicholson, a la peculiar ambientación que le otorgó Tim Burton y a la soberbia banda sonora de Danny Elfman. Su continuación, muy alabada por cierto sector de la crítica y por algunos aficionados, personalmente me gustó, quizá porque los villanos de la función, el Ping√ºino, Catwoman y Max Shreck, fagocitaban la historia de siempre con su imponente presencia. Luego llegaron aquellos dos despropósitos llamados Batman forever y Batman & Robin, unos baldíos espectáculos de luces y colores con argumentos infantiloides que supusieron todo un descrédito para su director, Joel Schumacher. Por suerte, la serie de animación que durante los años 90 se realizó para la pequeña pantalla satisfizo a todos los que teníamos cierto respeto por la figura del hombre murciélago y lo que representaba.
Christopher Nolan nos reconcilia ahora con este individuo enmascarado creado por Bob Kane, ofreciéndonos la que es, junto a Superman, la mejor adaptación cinematográfica que se haya hecho nunca de un superhéroe. Aunque su ritmo es irregular, Nolan construye un prólogo brillante que, durante tres cuartos de hora, nos deja asombrados, presentando a los principales personajes de la historia al tiempo que los envuelve con una mezcla de variadas situaciones emocionales y una sorprendente profundización en sus psicologías. La agilidad de este tramo de la narración es encomiable, todo un ejemplo de cómo resolver uno de los puntos más complicados de una película de estas características: su introducción.
Durante esta parte del metraje se produce una habilidosa descripción de lo que pueden ser los miedos de una persona, tal y como acontece cuando se combinan de manera magistral, y por medio de varios “flashbacks”, los traumas del pequeño Bruce y la instrucción que lleva a cabo Ducard con el heredero del legado de los Wayne, pero asistimos también a esos instantes que definen al que pronto será conocido como Batman, empleándose para ello breves, pero intensos pasajes en los que el protagonista deberá enfrentarse a sus demonios internos, como el sentimiento de venganza hacia el asesino de sus padres o la culpabilidad que aflige su corazón al tener el convencimiento de que él podría haber evitado su muerte.
Por supuesto, si Nolan mantuviera esta cadencia y calidad a lo largo de las dos horas y cuarto que dura la película… nos hallaríamos ante una verdadera obra maestra. Sin embargo, eso no sucede, deviniendo luego la trama en algo bastante trivial, si bien la cinta no pierde en ningún momento su condición de eficaz y recomendable entretenimiento. Por otro lado, esto nos permite diferenciar con claridad cuáles han sido las aportaciones de Nolan al guión, siendo el responsable de su ligero argumento David S. Goyer, quien seguramente es también el causante de que a lo largo de la segunda mitad de Batman begins nos topemos con un buen número de esas socorridas frases que, supuestamente graciosas, luego casi siempre se incluyen en el tráiler de un Aunque el director no abandona la noche como la mejor aliada de Bruce, existen algunas escenas en las que observamos a Gotham de día y en todo su esplendor, tal y como sucede cuando el pequeño Wayne viaja con sus padres en el tren de la ciudad. El uso que se hace a lo largo de toda la película de decorados, maquetas y efectos generados por ordenador es fantástico, una combinación perfecta que debería ser tenida en consideración por otros directores. Más discreta es la labor de Nolan en lo que respecta a las escenas de acción, pues la cámara se mueve confusa, especialmente durante los combates cuerpo a cuerpo, lo que a veces nos impide enterarnos muy bien de qué es lo que está pasando en la pantalla.
Otro gran acierto por parte de Nolan es el reparto y el equilibrio que existe entre los distintos personajes que aparecen en la narración. Bruce Wayne es la estrella del relato, y aunque la importancia de uno de los villanos en el mismo es crucial, su presencia se ha dosificado de tal manera que en esta ocasión Christian Bale nunca se queda relegado a un segundo puesto. Liam Neeson lleva a cabo una interpretación fabulosa, siendo Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman unos secundarios de auténtico lujo. En ninguno de ellos aparece una pizca de histrionismo; de hecho, ni siquiera Cillian Murphy recurre a la sobreactuación cuando se transforma en “El Espantapájaros”. A todo ello cabe sumar la corrección de Katie Holmes, quien tiene la suerte de que esta vez se pone en la piel de una mujer que es algo más que un mero asunto amoroso para Batman. Tom Wilkinson, Rutger Hauer y un desaprovechado Ken Watanabe completan un lustroso plantel difícilmente superable.
Por último, no serán pocos los que sientan algo de perplejidad al comprobar el nombre de los compositores de la banda sonora de Batman Begins, pues se trata de dos de los autores más importantes de la industria del cine. Su música es perfecta para el tramo inicial de la cinta, especialmente cuando se fusiona con los contenidos más afectivos de la historia, pero no ofrece nada nuevo cuando escuchamos las sonoridades que sirven de acompañamiento a las secuencias de acción, algo que en parte decepciona al espectador. No obstante, se trata de un elemento negativo menor dentro de un largometraje que, desde luego, se convierte en un notable riesgo para su productora si tenemos en cuenta los estándares por los que se mueve últimamente Hollywood.

Batman Begins se puede considerar como una de las propuestas más valiosas que, dentro de este subgénero, se han venido ofreciendo en los últimos años -más que nada por el corto valor cinematográfico que generalmente poseen-. Es más, revela una mirada bastante divergente con respecto a los referentes filmados por Tim Burton, suponiendo además una recuperación considerable tras las mediocridades filmadas por el impresentable Joel Schumacher.
Por encima de cualquier otra consideración, Batman Begins resulta una propuesta bastante seria, que paradójicamente cuando menos funciona es a la hora de expresarse como “filme espectáculo”. El producto de Nolan sí resulta muy interesante en cambio, cuando plasma cinematográficamente el tormento interior de Bruce Wayne (un impecable Christian Bale), que le llevará casi como expiación trasladar su sentido de la justicia en el personaje de Batman. Todo este proceso tiene lugar en los primeros cuarenta minutos de película, que se revelan francamente brillantes y prenden enseguida el interés del espectador. En sus imágenes -en las que no faltan la alternancia de tiempos en el proceso de crecimiento de Wayne-, alcanzaremos a comprender las razones que le llevaron a elegir el conocido traje de murciélago gigante -quiere superarcon ello sus miedos infantiles a este tipo de animales, la ambivalencia de sus reacciones. En ellas se establece un conflicto interior entre venganza y justicia que vendrá motivado por el asesinato de sus padres.
La acción se sitúa en Gotham con el regreso de Bruce y la compañía que le proporciona el fiel Alfred (un Michael Caine espléndido, como siempre). A partir de ahí la película perderá ese interés inicial, y se desplegará en las habituales audacias del héroe, deteniéndose en el matiz psicológico y no siendo muy proclive a mostrar al protagonista en acción -la primera demostración enfundado en la indumentaria de superhéroe en su ciudad, se define fundamentalmente por una presencia elíptica-. En todo este largo conjunto de imágenes, creo que la vertiente de propuesta de acción espectacular no resulta muy estimulante, en la medida que las secuencias que se pueden englobar en esta vertiente están resueltas con planos cortos, buscando deliberadamente no encontrar en ellos ni un instante de fascinación. Sinceramente, creo que es un rasgo intencionado que resulta fallido, puesto que su definición visual no denota más que torpeza.

En Batman Begins se aprecia un esfuerzo por intentar huir de una escenografía excesivamente aparatosa de producción -los planos generales que describen Gotham no son excesivos, aunque resaltan lo suficiente un cuidado diseño escenográfico, que por otra parte se distancia del aportado por el ya mencionado díptico de Tim Burton. En todo caso y pese a un resultado no todo lo redondo que permiten intuir el largo y atractivo fragmento inicial, lo cierto es que la película de Nolan resulta atractiva y se observa en ella un intento -sobre todo a nivel argumental-, por salirse de una serie de estereotipos, aunque su expresión visual y narrativa en ocasiones no esté en consonancia, y muchos de sus instantes resulten claramente despersonalizados. Una de sus mayores virtudes estriba en haber logrado conjuntar un magnífico plantel de actores, que al margen de los ya citados aglutina nombres como Tom Wilkinson y Gary Oldman, y en donde sólo chirría un Cilliam Murphy -estupendo actor por otra parte- absolutamente flojo en su cometido de doctor malvado. Y una advertencia para “fans” del superhéroe; la continuidad de la franquicia está asegurada.


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