Director: Nigel Cole. 2005. EE.UU. Color
Intérpretes: Amanda Peet (Emily Friehl), Ashton Kutcher (Oliver Martin), Taryn Manning (Ellen
Martin), Aimee Garcia (Nicole), Lee Garlington (Stewardess), James Read (Brent Fiehl)

Todo comienza cuando dos jóvenes se conocen durante un vuelo de un extremo del país al otro. Oliver (Ashton Kutcher) está recién graduado de la universidad y se ha impuesto a sí mismo un muy estrecho plan para lograr sus sueños de éxito en los negocios y para encontrar el amor verdadero. Emily (Amanda Peet) es un alma audaz y libre a quien le atrae la espontaneidad y los desenfrenados extremos. Dos alternativas diferentes, dos formas de ver la vida incompatibles. Puede que hayan estado juntos un corto tiempo, pero Oliver y Emily evidentemente no son el uno para el otro. ¿O sí? A pesar de que ambos continúan con sus vidas, Oliver y Emily no obstante parecen no poder olvidar del todo. Mientras que se vuelven a encontrar, año tras año, en ciudad tras ciudad, cuando cambian de carrera y relaciones, siempre parece haber mucho que los separe. Y aún así, también existe algo totalmente inexplicable que los une. Hay algo en la forma en que ríen juntos, la forma en que conversan, la forma en que siempre parecen apoyarse el uno al otro cuando las cosas se están desmoronando. De modo que, ¿qué es lo que se interpone siempre en lo que podría ser un destino romántico?

Dentro del poco estimulante panorama que plantea actualmente la comedia romántica estadounidense, creo que El amor es lo que tiene supone una relativa sorpresa, en la medida que se plantea una propuesta que demuestra cierta frescura, logra sortear buena parte de los tópicos y lugares comunes que definen el género en los últimos años, destaca en su capacidad de observación, despliega una indudable destreza en la dirección de actores y, sobre todo, logra trasladar intermitentemente esa cierta sensación de efímera felicidad o profundo dolor que rodea una relación amorosa.
Es así como la película describía, por medio de sucesivos “flashbacks” progresivamente cercanos en el tiempo, la relación que se inicia entre Oliver (Ashton Kutcher) y Emily (Amanda Peet) desde un casual encuentro en el aeropuerto de Los Angeles, esperando ambos un vuelo que los llevará a Nueva York y en el que incluso tendrán su primer contacto sexual. Pronto nos daremos cuenta de la eficaz descripción de ambos personajes, donde Oliver revelará un carácter soñador, desea alcanzar el triunfo profesional y afectivo en su vida, al tiempo que pasivo e ingenuo; mientras que Emily demostrará ser una joven emprendedora y tener un cierto gramo de locura en su personalidad. Esa oposición de caracteres, finalmente complementaria, será la que a lo largo de varios años definirá unos encuentros casuales o buscados, en los que pese a todo el destino tendrá un peso considerable, y que muchas veces se verán rodeados de detalles y decisiones que impedirán que el sentimiento que desde el primer momento los unió, pueda desarrollar el estado de una insólita amistad. A partir de estas características se describe esta crónica agridulce, mostrada un tono impresionista y siempre rodeada de un adecuado envoltorio musical. En él nuestros protagonistas vivirán momentos e instantes llenos de felicidad, y conocerán el dolor del rechazo de un sentimiento sincero. Realmente, lo que se plantea es algo que se ha venido representando en la andadura de la comedia romántica, y que en este caso toma ciertas reminiscencias de Antes del amanecer (1994, Richard Linklaker), una película mítica para muchos, aunque inferior -en mi opinión- a Antes del atardecer (2005, Richard Linklaker).

El poco conocido Migel Cole se guía en su labor en la apuesta por un tono sobrio y sincero, con un especial cuidado para equilibrar los ingredientes de comedia con los de índole melodramático, y en la combinación de una narrativa ligera, que no obstante jamás incurre en excesos y resultados en conjunto bastante atractivos a la hora de transmitir su capacidad emocional. Es cierto que la misma no es lo incisiva y penetrante que sus indicios pueden dar a entender, pero estimo que El amor es lo que tiene desea expresar ese estado de ánimo contradictorio que rodea la expresión de los sentimientos a la hora de intentar trasladarlos a esa persona que ha merecido nuestra atención, y que por diferentes circunstancias o bien no nos atrevemos a exteriorizar, o quizá la confluencia de factores externos impiden llevar a buen término. En este sentido, creo que el recorrido temporal que plantea la película, sabe trasladar esos estados emocionales variables en su receptividad. Y entre ellos, hay dos secuencias que destacan -en su oposición-. Al describir los extremos de felicidad e infelicidad en cuyos márgenes se puede expresar en dos espléndidas secuencias que, a mi entender, se erigen como los momentos más sensibles de la función. El primero de ellos describe el sentimiento de dicha compartida de Emily y Oliver mientras viajan en coche, exteriorizando sus sentimientos mutuos con sus miradas y al cantar al unísono la letra de una canción que refleja de forma certera su estado de ánimo.
su contraprestación cuando más adelante Oliver acuda a la puerta del apartamento de Emily, expresando con su horrible canción guitarra en mano, el fracaso de su ambición vital y el deseo de consolidar de una vez por todas su relación con la mujer de sus sueños. La alegría y sinceridad del momento se tornará en infelicidad cuando ella le revele que ya está comprometida -se trata del instante más intenso y doloroso de la película-. Creo que todos estaremos de acuerdo en destacar la talla como actriz de Amanda Peet y las escasas cualidades como intérprete de Asthon Kutcher. Sin embargo, es mérito del director potenciar la expresividad y sensibilidad de la actriz, y sacar partido de la ingenuidad como estrella juvenil que define la personalidad cinematográfica de Kutcher. Es por ello que entre ambos se establece una magnífica química que permitirá otorgar credibilidad a sus personajes. Y es que pese a su conclusión un tanto artificiosa en su vertiente complaciente, El amor es lo que tiene es una propuesta imperfecta y sensible a partes iguales, que en voz baja nos habla de los meandros que existen y delimitan el discurrir de la amistad al amor.