Director: Marcelo Pyñeiro. 2005. España/Argentina/Italia
Intérpretes: Eduardo Noriega (Carlos), Najwa Nimri (Nieves), Eduard Fernández (Fernando), Pablo Echarri (Ricardo), Ernesto Alterio (Enrique), Carmelo Gómez (Julio), Adriana Ozores (Ana), Natalia Verbeke (Montse)

Madrid. Paseo de la Castellana. Manifestación de miles de personas. Fuerzas de seguridad antidisturbios en las calles. Siete aspirantes a un alto puesto ejecutivo se presentan a una prueba de selección de personal para una empresa multinacional en un rascacielos de oficinas del complejo Azca. Entre ellos, las personalidades más dispares: el triunfador, el agresivo, la mujer insegura, el crítico, el indeciso… Tras un laberinto de formularios, acreditaciones y demás burocracia empresarial, los siete participantes se encuentran juntos en una fría sala a la que les ha conducido una secretaria, esperando a que dé comienzo el proceso de selección… Desde ese instante, y en un clima de tensa competitividad, la inseguridad de los participantes se convertirá en miedo y dudas y estos a su vez en un estado de paranoia general. Tras presentarse con recelo los unos a los otros, se preguntarán si están siendo observados por cámaras o por qué la Compañía ha infiltrado un psicólogo entre ellos que les está ya examinando. Uno de los aspirantes hace alusión a un método de pruebas, similar al que sugieren, que se lleva en práctica en Estados Unidos. A partir de ese momento, los siete aspirantes al puesto serán sometidos a una serie de pruebas psicológicas con las que se pretende deducir cuál de ellos posee el perfil que mejor encaja con los requisitos del voraz mundo empresarial. A lo largo de un día, los aspirantes pasarán de las bromas y el juego inocente a las agitadas discusiones y las supuestas hipótesis y situaciones, donde se pondrá a prueba la personalidad de cada uno y la manera en que se relacionan con los demás. En este claustrofóbico clima de máxima desconfianza y absoluta falta de escrúpulos, se crearán alianzas, se producirán disputas, se revelarán secretos, se destaparán pasados… Y así, poco a poco, se irán eliminando participantes en lo que pasará a ser una mera y fría lucha por la supervivencia, nítido espejo del desalmado panorama laboral fuera de esas paredes de cristal y hormigón, en cualquier país capitalista partícipe en esta, nuestra economía global.

El método es la nueva película del director argentino Marcelo Piñeyro, que salta las fronteras de su país tras títulos como Cenizas del paraíso (1997), Plata quemada (2000) o Kamchatka (2002), para hacer su debut en el cine español.
La película se basa en la obra teatral “El método Gr√∂nholm” de Jordi Galcerán, de gran éxito en los escenarios y que ha sido parcialmente reformada en su adaptación a la gran pantalla, cambiando el tono de comedia de la obra original por uno más dramático y aumentando el número de personajes de la trama.
Lo que se ha mantenido es la idea de crítica feroz al mundo empresarial, la globalización y la alienación social.
Y es que la película nos narra las diferentes pruebas que deberán pasar los aspirantes al puesto de trabajo para poder llegar a ser elegidos.
A través de diferentes arquetipos sociales: el pijo triunfador, el inseguro pelota, el cínico, la mujer calculadorase van mostrando diversas conductas, cómo cada uno de ellos recurre a sus particulares métodos para salir airoso y continuar adelante, para obtener un supuesto buen trabajo, aunque ello suponga perjudicar a otro.
Todo ello implicará que los participantes, quien más y quien menos, se hallen constantemente en un juego de “deber ser”, en el que lo que más importa es la apariencia y el quedar por encima del compañero y/o rival.
De cualquier modo, la verdadera personalidad siempre acabará aflorando, quizá con un mayor descontrol, sin dejar resquicio a los sentimentalismos.
Hay que reseñar que, como se puede suponer, este es un filme donde el diálogo es acción y la acción diálogo, con un argumento que se desarrolla casi por completo en un solo escenario.
Sin embargo las diferentes conversaciones que tienen lugar son lo suficientemente interesantes para mantener la atención en casi todo momento.
La cinta recoge referencias a otros filmes sobre temática laboral como Glengarry Glen Ross (1992, James Foley) o Smoking room (2002, Roger Gual-Julio D. Wallovits), así como Doce hombres sin piedad (1957, Sidney Lumet) a la hora de recoger las diferentes formas de pensar de un grupo de personas encerradas en una sala.
Resulta encomiable el trabajo de Piñeyro tras la cámara, sabiendo dotar de ritmo a la trama, manteniendo siempre un aire de suspense que transmite al público la misma incertidumbre que sufren los personajes.
En lo que respecta al trabajo interpretativo, clave en este tipo de películas “de actores” hay que resaltar que todas las interpretaciones son ajustadas, pero destacaría la del siempre magnífico Eduard Fernández, en su papel de cínico sin escrúpulos.
En el capítulo de fallos, aparte de algunos momentos de menor interés (como la secuencia de los baños), hay que mencionar la deficiente manera de hacer notar los cambios de luz que tienen lugar para expresar el paso del día, demasiado bruscos y evidentes.
Con todo ello, nos queda una película interesante, que critica algunas claves de la ley de la selva que es el mundo de las empresas y de lo que son capaces de hacer las personas para entrar en ese juego, aún a costa de alienarse y pisotear al prójimo.

Marcelo Piñeyro adapta libremente la obra teatral “El método Gr√∂nholm” de Jordi Galcerán para construir una metáfora sobre la sociedad contemporánea y sus tensiones sociales, a la vez que nos muestra la pelea salvaje y sin escrúpulos que invade el mercado laboral. Ambos aspectos los aborda partiendo de un atractivo y sugerente planteamiento: encerrar en una sala a los siete candidatos para un puesto de trabajo en una multinacional. No habrá representante de la empresa que los entreviste y seleccione, y serán ellos mismos quienes se estudien, se sometan a sibilinas pruebas y enredos, y quienes se acaben excluyendo en una lucha sin cuartel. El caldo de cultivo está preparado para las mayores humillaciones y deslealtades, porque la desconfianza y una competitividad mal entendida dejan al descubierto todas las miserias y bajezas humanas, a la vez que queda patente el afán de poder de unos individuos cualificados, inconformistas e insatisfechos con la vida que llevan.
El éxito de la película debería residir en unas interpretaciones que supiesen plasmar tipos humanos bien dibujados previamente en el guión, y en saber crear un ambiente claustrofóbico que se transmitiese al espectador. Ambas cosas están conseguidas gracias a una buena selección de actores nacionales, bien dirigidos y que encarnan variados modos de entender la vida, aunque todos ellos inmersos en la órbita de insolidaridad y la ambición.
Aunque Marcelo Piñeyro ha manifestado su esperanza en que el propio hombre encuentre una salida a tan lastimoso panorama, su propuesta es pesimista y en ningún momento plantea alternativas o soluciones. Es posible que le falte compromiso social o que no haya querido caer en moralismos, pero lo cierto es que el espectador puede salir desazonado, quizá algo escandalizado por la deshumanización y las prácticas mostradas. Además, una mirada antropológica más profunda ayudaría a descubrir el origen de ese vacío, y ofrecer salidas más airosas a sus personajes y al público. Por otro lado, la escena de sexo entre Nimri y Eduard Fernández resulta un tanto forzada en quienes acaban de conocerse y se repugnan personalmente, aunque se entienda su intención de mostrarlo como otra forma de poder y abuso.

El director busca con la película hacer “una instantánea del mundo contemporáneo”, una radiografía de una sociedad ciega que camina sin rumbo ni ideas propias, llena de tensiones y paradojas entre modelos de globalización y protestas estériles, que se ha olvidado de las más elementales normas para encontrar la felicidad. Para lograrlo, hace coincidir la prueba de selección de personal que se desarrolla en esa sofisticada sala de reuniones con la manifestación antiglobalización que recorre las calles madrileñas: busca relacionar ambos eventos para resaltar los contrastes del mundo actual, que conduciría a la propia destrucción del individuo, algo que queda bien reflejado en el plano final, auténtica síntesis de la película. Sin embargo, ese intento de sacar conclusiones sociológicas más allá de la competitividad laboral desenfrenada no queda claro al espectador, que fácilmente se tendrá que conformar con la historia personal de los aspirantes al trabajo.
Filme muy entretenido, lo apreciarán especialmente ueln público joven y con preparación académica que pueda vivir o haber vivido situaciones semejantes y, por tanto, se sentirán identificados con los personajes.