Director: Mel Gibson. 2006. EE.UU. Color
Intérpretes: Rudy Youngblood, Dalia Hernández, Jonathan Brewer, Morris Birdyellowhead, Carlos Emilio Báez, Amílcar Ramírez, Israel Contreras, Israel Ríos

Historia ambientada en tiempos remotos del imperio maya. Cuando la idílica existencia de unos miembros de la civilización maya es brutalmente interrumpida por el ataque de una fuerza invasora, un hombre emprende un arriesgado viaje a un mundo regido por el miedo y la opresión en el que le espera un incierto final. Debido a un giro del destino y espoleado por el amor a su esposa y su familia, emprenderá el regreso a su hogar en un desesperado esfuerzo por preservar su forma de vida…

La caída del imperio maya
Con
Apocalypto (2006) Mel Gibson se la jugaba. Tras las controversias desatadas por la excelente La Pasión de Cristo (2004) su siguiente película no podía ser cualquier cosa; en ella debía de apostar por una personalidad cinematográfica construida desde su debut en El hombre sin rostro (1993), continuada en Braveheart (1995) y plasmada con todas sus consecuencias en su retrato de la Pasión de Cristo. Con Apocalypto debía demostrar que era un director consecuente y con un mundo personal como director diametralmente opuesto a casi todos sus papeles como actor a pesar de las diferentes temáticas tratadas en su corta carrera como cineasta y la diversidad de sus propuestas. No es de extrañar, entonces, que su nueva película se presente como una mezcolanza de sus dos anteriores películas (dejando de lado su interesante debut), como si quisiera indagar algo más en su propio estilo, encontrar un lugar que, aún transitado con anterioridad, aún parece oscilar.
De ahí que Apocalypto opte por la espectacularidad presente en Braveheart a través de unas imágenes que constatan la excelente producción existente así como la capacidad de Gibson de moverse por los terrenos de la superproducción, sabiendo en todo momento modificar las secuencias de tono espectacular (en todo su amplio sentido) con aquellas más íntimas, más personales, buscando en el conjunto al individuo y aquel en éste. Pero se acoge también a lo tratado en La Pasión de Cristo, donde la reconstrucción de los decorados buscaba más la plasticidad de la imagen que la grandilocuencia, creando unos encuadres muy cercanos a tableaux vivants, anulando, en muchos sentidos, toda idea de espectacularidad y optando por la emoción de cada imagen, buscando dentro de ella y dejando que los personajes se humanizaran a través de esa fisicidad.

Mel Gibson parece tener claro que la reconstrucción de cualquier pasado pasa tanto por su aspecto físico como por aquello que emocionalmente éste proyecta; sobre todo cuando su visión de la vida se rige por unos parámetros muy concretos donde apenas se encuentran variaciones de unas películas a otras, algo que no se convierte en un lastre gracias a su capacidad para modelar cada historia acorde con su contexto. Todos sus personajes principales son hombres que luchan contra una adversidad personalizada en un grupo represor contra el que se debe de rebelar; grupos que vienen a romper una comunidad pequeña y de costumbres alejadas de los parámetros de poder instaurados. A este respecto, Gibson posee sin duda alguna una gran admiración por unas formas de vida de aspecto primitivo pero cuya pureza gusta resaltar. Siempre existe en sus películas una clara desconfianza por el poder impuesto, sobre todo cuando supone un lastre para el desarrollo individual. Junto a esto, por ejemplo, las mujeres suelen poseer un papel mucho más tangencial y prototípico, con apenas matizaciones a no ser los personajes femeninos de La Pasión de Cristo, que, quizá, por el peso bíblico de sus caracteres están más perfilados aunque nunca de una manera tan compleja como los masculinos. Hay en todo esto algo que responde a la imagen del mundo que Mel Gibson tiene, del mismo modo que su idea de la religión, todo ello expresado sin tapujos en sus entrevistas, obedece a unas liturgias antiguas, siempre creyendo en la posibilidad de unas ceremonias más personales y menos sometidas a los designios de cualquier grupo; también, la idea de la religión como creencia antes que como credo, de ahí que sea capaz de tratar del mismo modo tanto las liturgias celtas y las mayas como plasmar el ideario cristiano.

Apocalypto plantea el inicio del derrumbe de la civilización Maya y, grosso modo, se sirve en muchos momentos de la imaginería fantástica, algo que en La Pasión de Cristo estaba ya presente, aunque no desarrollado, del mismo modo que en Apocalypto; esto hace pensar que a Gibson le gusta jugar con la sugerencia sin llegar a asentarse en un punto concreto, de ahí que Apocalypto sepa oscilar entre diferentes momentos de distinta intensidad emocional e intención, creando un conjunto de gran riqueza visual. Los ritos mayas, la situación enfermiza extendida por su sociedad que les lleva a realizar sacrificios humanos en aras de contentar a su dios para acabar con la plaga que los asola (el momento del eclipse solar es magnífico), los augurios, las propias imágenes de los enfermos que se van encontrando, todo ello, crea una idea de un mundo a caballo entre varias esferas de realidad, donde algo más se esconde tras ellos. Esa idea fantástica no está enfatizada, porque Gibson prefiere mostrarlo antes que explicarlo, dejas que las imágenes adquieren un sentido más ambiguo y estimulante y, sobre todo, transmitir una sociedad en declive, quizá, por la terrible manipulación de unos líderes que usan los ritos como manera de contentar a una masa que se siente enferma.
A través de los ojos de Garra de Jaguar (Rudy Youngblood) descubrimos como su pequeña comunidad es destruida por el poder para llevarles a su templo con el fin de someterles a sacrificio; en todo el camino, el joven irá tomando conciencia de un mundo que se derrumba, donde apenas hay esperanza para sobrevivir si no es a través de la violencia. Como todos los personajes de Gibson, toma conciencia de lo que realmente sucede a su alrededor para, después, rebelarse y luchar contra ello. Sin embargo, en el caso de Apocalypto, la visión de un mundo que se sucumbe (enfatizado con la gran secuencia final en la playa, que prefiero no comentar para aquel que no la haya visto aún, donde queda más que claro que el mundo que el joven ha conocido está a punto de pasar a la historia) adopta un punto amargo, puesto que supone el fin de una pureza vital que se ha perdido. Una postura que en muchos aspectos puede considerarse, como suele hacerse, reaccionaria por parte de Gibson, pero que en realidad esconde un deseo profundo por abrazar una forma de vida diferente, más humana, donde las comunidades sociales sean algo más que un conjunto de personas regidas por un poder (político o religioso, tanto da), si no una sociedad basada en una hermandad donde las reglas las dicten ellos mismos y la armonía sea el principio organizativo.

Parece ser que todo largometraje tocado por la mano del antes actor y ahora director Mel Gibson viene acompañado de una gran polémica. Ya ocurrió con la controvertida Pasión de Cristo y ahora regresa a nuestras pantallas con Apocalypto, de la que algunos intentan tildar de racista.
La cuestión principal es que la película es, ante todo, una historia de acción y, en ningún caso, creo que intente presentarnos un ensayo sobre las principales causas del declive del gran imperio maya (y no la desaparición de la civilización maya como he leído en algunos artículos).
Dicho esto, ya que lo creía necesario, Apocalypto (que en griego significa “yo revelo”) es una estupenda película de acción, eso sí, con un alto contenido en violencia (no en vano, nos habla del secuestro de una aldea, su posterior tortura y humillación y, ante todo, del coraje de un hombre por salvar a su familia de la muerte). Al igual que en La pasión de Cristo los diálogos se producirán en la lengua nativa acorde a la situación geográfica e histórica, en este caso, el maya yucateco; no obstante, la imagen cobrará mucho más fuerza que la palabra siendo esta última usada con discreción pero con intensidad.
Se han cuidado con detalle los escenarios naturales así como la adaptación física de los actores dentro del ambiente geográfico (de hecho, muchos de ellos son nativos de Méjico); si a esto le sumamos que las caras de los actores no son muy conocidas, la suma integración de los elementos nos hará sentir la historia con más realismo.
En resumen, cuando una película te hace olvidar que estás en una sala de cine y casi te da la sensación de que eres tú el que estás huyendo para salvar la vida, es que esa película es buena, muy buena, polémicas aparte.
Para los que buscan un documental recurran a National Geographic.
Así y todo, los datos que muestra la narración no son falsos, a saber; los mayas practicaban sacrificios humanos (extirpaciones y decapitaciones) e incluso los autosacrificios (perforación de algunas partes del cuerpo para así sangrar). De esta forma, creían alimentar a los dioses, algo que era necesario para que el hombre se alimentase, a su vez, de los productos creados por los dioses. También es cierto que en el último periodo del imperio la población estaba dividida en provincias independientes y, por lo tanto, con distintos órganos políticos, administrativos y militares. De lo que se deriva que las luchas entre distintas provincias era algo factible. Tampoco se anda muy despistado cuando se nos indica que había escasez de recursos naturales y la población estaba enfermando (es una de las teorías más aceptadas por los antropólogos para explicar el ocaso de este gran imperio).
¿Qué no se habla de los adelantos que demostraron los mayas en materias como las Matemáticas o la Astronomía? Pues no porque no aportaría nada a la narración, simplemente no era necesario. Vuelvo a decir que esto es una película y no un documental del Matinal Geographic. ¿Qué muestra una imagen sangrienta de los mayas? Pues ni más ni menos sangrienta que la mayoría de las civilizaciones en el siglo XV. ¿Piensan ustedes, acaso, que todos los españoles se dedicaban a colonizar islas y asesinar a nativos? ¿Comp español debo escandalizarme cada vez que veo una película sobre Hernán Cortés? (y más cuando los ingleses masacraron aún más pero de ellos nada se dice).
Dicho esto, ya que lo creía necesario, Apocalypto (que en griego significa “yo revelo”) es una estupenda película de acción, eso sí, con un alto contenido en violencia (no en vano, nos habla del secuestro de una aldea, su posterior tortura y humillación y, ante todo, del coraje de un hombre por salvar a su familia de la muerte). Al igual que en La pasión de Cristo los diálogos se producirán en la lengua nativa acorde a la situación geográfica e histórica, en este caso, el maya yucateco; no obstante, la imagen cobrará mucho más fuerza que la palabra siendo esta última usada con discreción, pero con intensidad.