ASUNTOS PRIVADOS EN LUGARES PÚBLICOS (Coeurs)

Película estrenada entre 2006

Director: Alain Resnais. 2006. Francia/Italia. Color

Intérpretes: Sabine Azéma (Charlotte), Pierre Arditi (Lionel), Lambert Wilson (Dan), André Dussolier (Thierry), Laura Morante (Nicole)


Dan es un soldado que ha sido apartado del ejército recientemente. Para escapar de su propia vida y de sus amigos se refugia en el alcohol. Su novia Nicole, sin darse cuenta del estado de degradación de su relación, no encuentra el camino correcto para acercarse a Dan. Al mismo tiempo, Gaelle busca de manera desesperada y sin éxito el amor. Su hermano Thierry, un agente inmobiliario, se siente muy atraí­do por su compañera de trabajo, Charlotte. Ésta juega con los sentimientos de Thierry de manera perversa. Al igual que todos ellos, Lionel, que reparte su vida entre su enfermo padre y un trabajo como barman, intenta combatir su soledad. Bajo la nieve en Parí­s se suceden las vidas de seis personajes, cada uno de ellos con su propia historia y sentimientos, vidas en búsqueda del amor que siempre escapa. Son historias de personajes que se encuentran y desencuentran, que se cruzan y no se ven.


Todaví­a tenemos pendiente de estreno en España Pas sur la bouche, el anterior filme de Alain Resnais, pero es probable que Asuntos privados en lugares públicos (‘Coeurs’) llegue antes a nuestras salas, teniendo en cuenta que le supuso al director el León de Plata en la pasada edición del Festival de Venecia, y ha sido elegida la mejor pelí­cula nacional del 2006, según los crí­ticos franceses.

El tráiler internacional ha aparecido con motivo del estreno del filme en Estados Unidos el próximo viernes 13 de abril, y en él podemos disfrutar ya de su impresionante reparto.

Arditi y Azéma ya habí­an actuado juntos en las dos últimas pelí­culas que nos han llegado de Resnais, como protagonistas absolutos en la sorprendente Smoking/No Smoking (298 min para disfrutar y alucinar al mismo tiempo) y como parte de la deliciosa On connaí®t la chanson, donde el feeling volvió a repetirse.

Coeurs es una comedia agridulce inspirada en la obra teatral de Alan Ayckbourn titulada “Private Fears in Public Places“, que muestra seis personas de diferentes edades y condiciones, que en su búsqueda del amor y la felicidad compartirán encuentros, malentendidos y situaciones embarazosas bajo la nieve del barrio parisino de Bercy.


Mejor el tí­tulo original francés “Coeurs” en su empeño por presentarnos a unos corazones solitarios que buscan el amor y que encuentran la frialdad de una sociedad falsa o hipócrita. Al final, por mucho que los personajes entren en relación y sientan la necesidad de afecto, la frontera de lo público y lo privado será tan alta como infranqueable, y su interior no se habrá caldeado en esos frí­os dí­as parisinos. Porque aunque Parí­s sea la ciudad del amor, allí­ también nieva y Resnais se sirve de ello para ir y venir de sus vidas, con planos de transición en los que copos de nieve caen lenta y continuamente sobre la ciudad: es la rutina de la vida diaria que parece quitar la alegrí­a a nuestros personajes, necesitados de alicientes y personas al lado a los que agarrarse. Dan y Nicole son una pareja que busca piso para casarse, pero él es un ex militar sin trabajo que mata el tiempo entre el alcohol y la siesta, y ella no soporta esa situación. Charlotte es una mujer religiosa de moral puritana que trabaja en una inmobiliaria junto a Thierry, y que también cuida a Arthur, el procaz y senil padre de Lionel. Éste es un barman de trato formal e impecable, sin vida personal en su necesidad de purgar un pasado de culpa. Y Thierry está secretamente enamorado de su compañera de trabajo, pero ahoga sus sentimientos en ví­deos porno y jugando al parchí­s con su hija Gaí«lle, joven que acude a citas por internet para encontrar afecto. Personajes sin desperdicio en su apatí­a vital, en su incapacidad para dar cauce a sus sentimientos, en su soledad. En realidad, Resnais dibuja caricaturas de personajes sin disimulo y entre lo patético y lo ridí­culo: quiere el director francés poner en escena a marionetas de nuestro tiempo, sin vida propia ni felicidad posible. Triste es la historia de cada uno y desalentador también su final, porque estamos en una sociedad falsa y vací­a, en unos lugares públicos donde no tiene cabida lo estrictamente personal y donde esto queda constreñido a uno mismo: sólo el alcohol, la pornografí­a o la religión pasan a ser “lugares” para lo “privado”, sucedáneos de la felicidad a los que el individuo puede aferrarse y donde encontrar algo de consuelo o satisfacción en su huida de la cruda realidad. Por eso, su puesta en escena es deliberadamente teatral y artificiosa, pura representación de lo real, vaciada de contenido y de sentimiento. Son escenas frí­as e impersonales, intelectualizadas y desdramatizadas, donde no se intenta esconder la falsedad de una nieve que llevan en sus abrigos cuando llegan de la calle —incluso inserta un momento mágico en el que nieva en el interior de la casa—, ni tampoco la mentira de unos pisos sin techo que la cámara se encarga de desnudar y mostrar como meros decorados.


Las interpretaciones tienen ese mismo carácter teatral y un tanto expresionista en su voluntad de escenificar lo arquetí­pico, algo que no quita nada al buen trabajo de unos actores de calidad sobradamente demostrada. A su equipo habitual —Sabine Azéma, Pierre Arditi y André Dussollier— se les suma la italiana Laura Morante, Isabelle Carré o Lambert Wilson para un reparto de una pieza de cámara con el que trenzar historias (im)personales en unos cuantos escenarios de diseño. Todos están muy bien para esta pelí­cula de miradas y gestos esquivos, de rostros inexpresivos y tristes —magní­fico Arditi—, de situaciones y vací­os emocionales. Una visión muy pesimista para una triste historia a varias bandas, cómica y tenue en apariencia por el tono sarcástico y ligero de algunas situaciones esperpénticas —sobre todo con el viejo Arthur y Charlotte de protagonistas—, pero que mete su bisturí­ amargo y doloroso hasta el fondo y lanza sus dardos envenenados contra una sociedad enferma en su individualismo y preocupación por las apariencias, contra un capitalismo que narcotiza y una caricatura de religión superficial.

Una pelí­cula de Alain Resnais de cabo a rabo, muy en la lí­nea de On connaí®t la chanson en cuanto a su puesta en escena teatral, a su preocupación por el paso del tiempo y la repetición cotidiana, y a la recreación de ambientes irreales y fantasmales. Es el retrato de unas vidas insulsas de corazón congelado que no han logrado momentos privados en los lugares públicos de la sociedad. Es la crónica de una soledad que lo invade todo y que penetra en el alma hasta dejarla helada. Gustará a los amantes del cine francés y a quienes prefieran filmes de situaciones y de personajes.


Obra mayor que no parece consciente de serlo, Alain Resnais conserva la energí­a, el brillo formal y la capacidad de sorprender del debutante. Magní­fica.


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