EL LABERINTO DEL FAUNO

Película estrenada entre 2006

Director: Guillermo del Toro. 2006. México-España-EE.UU. Color
Intérpretes: Ariadna Gil, Sergi López, Ivana Baquero, Maribel Verdú, Doug Jones, Álex Angulo, Roger Casamajor

Año 1944, tras la victoria de Franco. La niña Ofelia (Ivana Baquero) y su madre, Carmen (Ariadna Gil), convaleciente a causa de un avanzado estado de gestación, se trasladan hasta un pequeño pueblo en el que se encuentra destacado el nuevo marido de ésta, Vidal (Sergi López), un cruel capitán del ejército franquista por el que la niña no siente ningún afecto. La misión de Vidal es acabar con los últimos vestigios de la resistencia republicana que permanecen escondidos en los montes de la zona. También allí se encuentra Mercedes (Maribel Verdú) -una joven que se encuentra a cargo de los demás miembros del servicio- y el doctor (Álex Angulo) que se hará cargo del delicado estado de salud de Carmen. Una noche, Ofelia descubre las ruinas de un laberinto y allí se encuentra con un fauno (Doug Jones), una extraña criatura que le hace una increíble revelación: Ofelia es en realidad una princesa, ultima de su estirpe, a la que los suyos llevan mucho tiempo esperando. Para poder regresar a su mágico reino, la niña deberá enfrentarse a tres pruebas que poco a poco irá superando

Con El laberinto del fauno, Guillermo del Toro se consagra como un buen autor del cine contemporáneo. Cuando uno ve un filme como éste puede salir del cine con una sonrisa de arrobo en los labios y un estado de excitación en el alma. La única (e importante) pega es la oscuridad que rodea toda la cinta. Algunas escenas, rodadas en la noche resultan un tanto confusas.
El laberinto del fauno podría haber sido dos películas. Desarrollada en plena posguerra española (1944) su protagonista es Ofelia, una niña que viaja en compañía de su madre embarazada para reunirse a su padrastro, el capitán Vidal, un militar destacado en un caserío entre las montañas que dirige a un comando de soldados en su lucha contra los maquis que continúan haciendo la guerra por su cuenta contra el franquismo. La fecunda sensibilidad y fantasía de Ofelia chocará brutalmente con el entorno agreste y hostil y la sádica naturaleza de Vidal. Cuando en el fondo de un laberinto descubra a un fauno que le revela que ella es, en realidad, la reencarnación de la princesa heredera de un reino mágico, Ofelia comenzará a luchar en dos frentes distintos: el de la supervivencia en el mundo real y cruel donde Vidal dicta las normas, y en el mundo mágico cuyas puertas se le han abierto de repente y exigen de ella la entrega y sacrificio que se le exige a todos los héroes de leyenda.

Repito, tenemos una película que podría haber sido dos (la historia de Ofelia y el fauno, y la lucha contra los maquis), pero la astucia de Del Toro consiste en enhebrar a la perfección las dos historias por medio de un guión bien estructurado donde todos los elementos acaban por ensamblar al final. Del Toro nos propone una lectura mitológica de la guerra civil española contada a través de los ojos de los más débiles: una niña y su madre (excepcional Ivana Vaquero y muy efectiva Ariadna Gil). Con ello, del Toro nos recuerda que los verdaderos demonios no habitan en forma de seres mágicos en el interior de árboles o laberintos, sino en la propia realidad de la vida, esa realidad ruin y sucia que condujo a un país entero a una contienda cuya ignominia real hemos intuido siempre, pero nunca nos han dejado conocer del todo. Personajes como el capitán Vidal (buena interpretación de un Sergi López) representan el retrato de un determinado estereotipo de malvado, no por estereotipado menos real, que muchos tuvimos la desgracia de conocer durante la infancia, y otros la desgracia mayor de verse a su merced en tiempos aciagos.

No todo el mundo entra “en la magia de la película”. Si no es así, la cinta no pasa de ser una cinta más -muy oscura- sobre la posguerra de la Guerra Civil Española.
Fábula de la inocencia: El laberinto del fauno

A lo largo de la historia del cine, diversas películas han reflexionado sobre la fantasía y la manera en que ella, sea verídica o no, puede afectar lo cotidiano, lo previsible, lo rutinario. La propia realidad. Cintas tan distintas como Céline y Julie van en barco (1974) de Jacques Rivette o El gran pez (2003) de Tim Burton, para citar un caso más reciente, son ejemplos representativos. Es en esa vertiente que aparece en nuestra cartelera El laberinto del fauno (2006), un filme bello y emocionante, que termina de convertir a su director, el mexicano Guillermo del Toro, en uno de los mejores directores del género fantástico de la actualidad.
La película se ambienta en la España de 1944, en plena dictadura de Franco. Tiene como protagonista a Ofelia (Ivana Banquero), una niña de 13 años amante de los cuentos de hadas que acompaña a su madre gestante, quien se dirige a vivir al lado de un militar, que busca desaparecer con mano dura los remanentes de la ya finalizada guerra civil. Así, Ofelia comienza a vivir entre dos mundos: uno real, cruel y persecutorio, dirigido por el gobierno de facto; y otro imaginario y escapista, al que accede gracias al fauno, un ser que le cuenta que ella es la princesa Moanna y que debe pasar tres pruebas para poder ser inmortal y formar parte de un reino mágico.
Una de las grandes virtudes de El laberinto del fauno es cómo logra armonizar esos dos mundos antagónicos, hasta el punto de convertirlos en espejos que se reflejan a sí mismos. La dimensión real es descarnada y violenta, con un villano de antología: el capitán Vidal, que parece uno de esos personajes nazi de historieta a los que se enfrentaba el protagonista del anterior filme de Del Toro, Hellboy (2004). Sin embargo, la dimensión imaginaria es igual de visceral y truculenta, con ese fauno de apariencia de macho cabrío y ruidosos temblores que emerge en la noche, a través de un laberinto de prolongaciones góticas, de piedra; llevando a Ofelia hacia esas criaturas igual de aterradoras que Vidal; como ese monstruo de pieles colgantes y manos con ojos que, como la bruja de Hansel y Gretel, atrae a niños para asesinarlos.
En ambos mundos, Ofelia se enfrenta al mismo mal. Tanto Vidal como ese monstruo atentan contra la niñez (el capitán quiere que su futuro hijo sea la continuación de su visión fascista de la vida); y ahí, en ese punto, es que Del Toro hace de El laberinto del fauno una fábula moderna sobre el valor de la inocencia en los tiempos de conflicto. La cinta del mexicano está hilvanada a través de innumerables rasgos mitológicos: la lucha entre el bien y el mal, la llegada de un ser “elegido”, la búsqueda de la vida eterna; pero todo ello le sirve para reivindicar esa ingenuidad infantil que lleva a creer en lo imposible. En la visión del director, no hay diferencias entre la fantasía de un infante y el idealismo de alguien que quiere desaparecer el estado de horror que impera en su mundo. Ambos actos revelan un amor por lo improbable; no obstante, la cinta las hace ver, a contracorriente del escepticismo de la posmodernidad, como las únicas vías para preservar la condición humana. Por ello, salvar sangre inocente hace a Ofelia tan inmortal como un personaje de cuento, viajando con zapatos rojos, como la Dorothy de El Mago de Oz, hacia un reino encantado para siempre.
El buen pulso con la que Del Toro narra El laberinto del fauno hechiza y conmueve, dejando esa sensación de que la película (para mí no superior a su formidable El espinazo del diablo (2001), es más que notable.


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