LOS PERROS DORMIDOS MIENTEN (Stay)

Película estrenada entre 2006

Director: Bobcat Goldthwait. 206. EE.UU. Color

Intérpretes: Melinda Page Hilton, Bryce Johnson, Brian Posehn, Geoffrey Pierson, Colby French

Amy, una chica joven de apariencia formal, adorada por sus padres y su perfecto prometido, parece tenerlo todo de cara, hasta que su prometido le sugiere que se cuenten sus más í­ntimos secretos Cuando Amy accede y cuenta su secreto todo se desmorona.






El dicho de que la verdad nos hará libres es una verdad como un templo, valga la redundancia. En Los Perros Dormidos Mienten se le da la vuelta a dicha frase de una forma un tanto original, y fresca, algo casi inaudito en los tiempos que corren. La pelí­cula ha obtenido buenas crí­ticas, pero también ha sido mal recibida en algunos sectores, quizá demasiados, llegando incluso a cambiar su tí­tulo original, Sleeping Dogs Lie, por el de Stay. Craso error, porque habrá muchos que la confundan con la pelí­cula que dirigió Marc Forster en su momento.

Como siempre, y en este tipo de pelí­culas pequeñas, por así­ llamarlas, nos llega con dos años de retraso. Da la sensación de que a este tipo de pelí­culas, que sólo parecen tener su lugar en los festivales, en nuestro paí­s las tratan siempre igual (aunque me pregunto qué narices está pasando con una pelí­cula como 3:10 to Yuma, éxito en la cartelera estadounidense con dos actorazos estrella al frente, y que ya lleva seis meses de retraso). Pero qué le vamos a hacer, ya estamos acostumbrados, así­ que, que se acostumbren los señores distribuidores mononeuronales a nuestras quejas.

‘Los Perros Dormidos Mienten’ comienza con una confesión al espectador. Su protagonista, una chica llamada Amy nos relata como en sus años mozos, en un dí­a de aburrimiento, le hizo una felación a su perro. Nunca supo explicar el porqué de aquella acción, y durante años, se lo ocultó, evidentemente, a todo el mundo. Ahora, con un futuro prometedor por delante, y con un novio, que parece ser la pareja perfecta, decide que tal vez para que todo sea ideal en su relación con él, tenga que contarle su pequeño secreto. A partir de ese momento, todo se desmorona.

El que el espectador conozca el secreto de la protagonista desde el mismo comienzo del film, es un notable acierto por parte del guionista, que también es el director, Bob Goldthwait. Éste se las ingenia para que el personaje central nos caiga lo suficientemente bien, que sintamos la más grande de las empatí­as, dejando a un lado que su secreto nos pueda parecer repugnante o no. De este modo, y por todo lo que viene a continuación, uno desea en todo momento que ella jamás cuente su secreto, porque en cierto modo, es también nuestro secreto. La pelí­cula, que tiene una muy ajustada duración de hora y media, avanza a un buen ritmo, siendo en todo momento interesante. Poco a poco se van introduciendo los demás personajes del relato, formados por la peculiar familia de Amy, los cuales siempre aportan algo con miga a la historia. Incluso el dibujo de uno de ellos (su hermano), muy tí­pico en este estilo de pelí­culas, no desentona en el conjunto.

Respecto a los actores, el premio se lo lleva por supuesto la actriz principal, Melinda Page Hamilton, conocida por haber trabajado en un sinfí­n de series de televisión, quien le concede a su rol una frescura algo atí­pica, y que le queda muy bien. A su lado, el resto del elenco parece empalidecer un poco, sin llegar a niveles preocupantes, salvo el caso de Geoffrey Pierson (algunos le conoceréis por interpretar al padre de Dexter), quien da vida al padre de Amy, reflejando muy bien sus dudas. Un personaje que por otro lado, parece ser el más normal de todos, el único que no tiene nada que ocultar.

Lo peor de todo es el lado técnico de la pelí­cula. Es enormemente cutre en su puesta en escena, con un trabajo de fotografí­a verdaderamente lamentable, tanto que parece que no hay trabajo de fotografí­a. Es algo lógico si teneos en cuenta que la pelí­cula parece ser que tardó en rodarse unos quince dí­as. Pero también es una pena que estos detalles no estén más cuidados, pues de esta forma habrá mucha gente que rechace la pelí­cula porque pensarán que están viendo un subproducto destinado al DVD. Aún así­, no llega para acabar con una pelí­cula, como ya he dicho varias veces, fresca, en ocasiones divertida, y sobre todo con una buena capacidad para tratar algo que parece sacado de la tí­pica comedia escatológica como algo dramático, sin llegar a cargar las tintas en ello, que también se agradece. De esta forma, nos encontramos con una pelí­cula que nos habla, partiendo de un hecho más o menos gracioso (aunque mirándolo bien no tiene nada de gracia), sobre la necesidad de la gente de saberlo todo sobre los demás, de las verdades que nunca deben desvelarse y de lo buenas que son las mentiras piadosas para algunos. Pues si algo nos demuestra esta pelí­cula es que no todos están preparados para conocer ciertas verdades.

Los perros dormidos mienten es una buena pelí­cula que trae algo de dignidad a nuestra actual cartelera, un tanto alicaí­da con blockbusters más que penosos. Lamentablemente su penosa distribución hará que sean pocas las ciudades en las que se pueda disfrutar de esta simpática cinta. Lo de siempre.


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