Director: Eli Roth. 2007. EE.UU. Color
Intérpretes: Lauren German (Beth), Bijou Phillips (Whitney), Roger Bart (Stuart), Richard Burgi (Todd), Vera Jordanova (Axelle), Heather Matarazzo (Lorna), Stanislav Ianevski (Miroslav), Milan Knazko (Sasha)

Hostel 2 sigue el fatídico viaje de Beth (Lauren German), Whitney (Bijou Phillips) y Lorna (Heather Matarazzo), tres mujeres americanas que viajan por Italia. Pero son atraídas a un rincón remoto de Eslovaquia por una hermosa modelo que conocen en el camino, y descubren que su idílica aventura se convierte en una lucha por sobrevivir.



Que Eli Roth es un poco bruto no es algo que vayamos a descubrir ahora. Ya con Cabin Fever hizo de las vomitonas de sangre todo un arte y más tarde con Hostel nos dio toda una lección acerca del cine de carnicería, vísceras y sangre…
Nadie dudaba que Hostel tuviera una secuela. El éxito y taquillazo de la primera entrega fue tan asombroso que sólo era cuestión de tiempo que llegase esta continuación que toma la acción justo donde lo dejó Hostel: Con Paxton (Jay Hernandez) llegando a Roma tras fugarse del hostal eslovaco dejando tras de sí un reguero de asesinatos.
Y Eli Roth, que es muy listo, vuelve a repetir el esquema sustituyendo a los hombres por mujeres y usando Roma como cebo en lugar de Amsterdam. ¿Es más de lo mismo? Sí y No. Si lo que buscáis son de nuevo escenas salvajes, gores y brutales Hostel 2 las tiene. Aunque sean únicamente tres momentos puntuales… ¡Qué momentos! Las mujeres lo pasarán mal y los hombres… un poquito peor.
Sin embargo, a pesar de no tener el factor sorpresa, tendremos respuestas a preguntas que quedaron sin contestar como ¿Quiénes son los verdugos? ¿Cuántos pagan por sus víctimas? ¿Cómo las escogen? ¿Quién está detrás de la empresa?
Por supuesto el toque sexual está presente en toda la película (con rollo-bollo incluido). Tanto Heather Matarazzo (sin su casa de las muñecas), Bijou Philips como Lauren German son las víctimas perfectas para Roger Bart y Richard Burgi, sin duda las estrellas de las película y quienes curiosamente protagonizaban juntos la serie televisiva Mujeres Desesperadas.
Tal vez la película es muy previsible: Esa “vuelta a la tortilla” de los personajes, la “utilidad” de la riqueza de la protagonista o quién vivirá y quién morirá es bastante fácil de intúir. No obstante, esto no empaña una secuela tan buena (o mejor) que su original y que tiene la virtud de hacer disfrutar tanto a los que gusto (y a los que no) la primera parte.
En definitiva, Hostel 2 es cine de Roth en estado puro: Violencia y sangre no apta para estómagos delicados. Y me atrevería a decir que a veces casi es insoportable, fruto de una mente enfermiza. No obstante, el filme ha “gustado” considerablemente, lo que me produce cierta inquietud








Con Hostel, el escritor y director Eli Roth presentó el espeluznante cuento de suspense de un albergue eslovaco que es también un sádico terreno de juego para clientes adinerados de todo el mundo. Una historia descarnada y que pone los pelos de punta de mochileros americanos que son vendidos sin ellos saberlo a patrones sedientos de sangre que los torturan y los matan por el degenerado placer de hacerlo. La película se convirtió en un éxito internacional, llegando al número uno en las taquillas estadounidenses en su fin de semana de apertura con 20 millones de dólares. Roth vuelve a la escena con Hostel 2 revelando el siguiente capítulo de la terrible odisea.
Al contrario que la mayoría de las secuelas, Hostel 2 se distingue por el regreso del equipo completo de cineastas de la primera entrega, que incluye a Roth y a los productores Mike Fleiss, Chriss Briggs, Boaz Yakin, Scott Spiegel y Quentin Tarantino. Aunque el inesperado éxito de Hostel garantizaba a Roth la oportunidad de poder llevar a cabo una secuela, también ejerció una tremenda presión en el director para desarrollar una continuación que estuviera a la altura -o incluso superase- la intensidad electrizante de la original. “Sabía que tenía que subir la apuesta esta segunda vez”, dice Roth. “Una de las formas de hacerlo fue que las tres protagonistas fueran chicas jóvenes”.
Hostel 2 sigue el fatídico viaje de Beth, Whitney y Lorna, tres mujeres americanas con relativamente poca experiencia que viajan por Italia. Cuando deciden hacer un viaje de fin de semana, son atraídas a un rincón remoto de Eslovaquia por una hermosa modelo que conocen en el camino, y descubren que su idílica aventura se convierte en una lucha por sobrevivir.
“Las mujeres en peligro y/o las mujeres aterrorizadas son una especie de elemento básico del género”, dice el director. “En este escenario en particular, las chicas viajando por Europa parecen más vulnerables que los chicos que hicieron la primera película. Esto sube las apuestas para el público”.

Para el papel de Beth, una chica rica, aunque no lo asuma, completamente americana, Roth se dirigió a Lauren German, una actriz que lo impresionó en un pequeño, aunque emocionalmente intenso, papel en el remake de La matanza de Texas. “Lauren tiene sentido del humor, pero también sabe manejarse en estos momentos aterradores e intensos”, explica Roth. “Necesitaba una actriz que fuera muy vulnerable y muy adorable, pero que fuera fuerte cuando tenía que serlo. Aunque Lauren probablemente pesa 45 Kg. puesta en remojo y parece una princesa, sientes que es capaz de ser muy dura”.
Como la animada amiga de Beth, Whitney, una niña pija que parece más interesada en conocer chicos que en ver Europa, aparece Bijou Phillips. “Bijou entró en la audición y llenó la habitación”, recuerda Roth. “Era muy divertida y muy inteligente y valiente y dura, y pensé, ‘Esto es exactamente lo que estoy buscando’. Es una de las chicas más elegantes que he conocido nunca, y ha sido divertidísimo trabajar con ella”.
Mientras consideraba el papel de Lorna, la chica torpe de la puerta de al lado que anhela un romance y emociones en su vida, Roth sabía desde el principio que quería a Heather Matarazzo, que interpretó hace años a la desafortunada pre-adolescente Dawn Wiener en el éxito de culto de Todd Slondz, Bienvenidos a la casa de muñecas. Emocionada por el guión de Roth, Matarazzo voló a Los Ángeles para leer el guión -aún no sabía que el papel ya era suyo-.
Como su predecesora, Hostel 2 comienza como una encantadora visión de unas vacaciones de ensueño de una joven ‚Äì‚Äùque parece muy lejos de la pesadilla que finalmente se avecina. “El principio parece una comedia divertida sobre unas chicas que se lo pasan bien. Estamos todas juntas y nos divertimos”, explica Phillips.
La atmósfera cambia sutilmente cuando las chicas visitan una feria medieval en el pintoresco pueblo de Cesky Krumlov, cerca de Praga. “El pueblo de Cesky Krumlov es tan bonito que cuando entras en él, no te puedes creer que sea real”, dice Roth. “Esa localización contribuyó realmente a darle a la película ese aura de cuento de hadas. Si Beth es nuestra Blancanieves, entonces este pueblo de Cesky Krumlov es su País de la Fantasía. Casi parece destinado a que algo perturbe este lugar idílico. Es demasiado perfecto”.
Las inevitables escenas de tortura, que se rodaron una detrás de otra, fueron un trabajo extenuante y perturbador para las tres actrices. El de Phillips fue el último episodio de tortura de las tres. Una escena en esa secuencia, por lo que estimaron, precisó de unos cuarenta y cinco montajes. La intensidad emocional de la experiencia dejó una huella indeleble. “No creo que pueda hacer algo así otra vez”, confiesa Phillips. “Estoy encantada de haber pasado por esta experiencia, y me encanta mi trabajo, pero fuimos a lugares que no sabía que existieran, y no necesito hacer eso otra vez”.
A pesar de las dificultades de Phillips, la experiencia no se compara de ninguna manera con las incomodidades que soportó Matarazzo. Como Lorna, Matarazzo, tenía que trabajar completamente desnuda en una secuencia que duró dos noches de rodaje. Se pasó cada momento de la escena yendo arriba y abajo, con sus manos atadas a la espalda durante hasta cinco minutos cada vez. Su resistencia fue fantástica, pero fue su interpretación lo que impresionó al equipo. “Heather Matarazzo estuvo tan bien en ese papel, que nos dejó a todos un poco helados”, recuerda el supervisor de efectos especiales Mike McCarty.
Ninguna película de terror que se precie puede funcionar sin un buen malo o dos -o en el caso de Hostel 2, cuatro malos potenciales: la escultural y asombrosamente bella Axelle, el frío y calculador Sasha, y los colegas americanos Todd y Stuart-.
Vera Jordanova, una modelo nacida en Bulgaria y criada en Finlandia, interpreta a Axelle, la tentadora que aleja a las chicas de su destino original de Praga y las dirige hacia cierta carnicería de Eslovaquia. Con su impresionante aspecto y su trasfondo multinacional, Jordanova aportó un aire exótico y culturalmente indeterminado que hace a su personaje el más escurridizo. “Axelle parece muy inocente, pero hay un lado misterioso en ella donde no puedes realmente decir de dónde viene o por lo que ha pasado”, dice Jordanova.
El mentor de Axelle, Sasha, es la principal figura de la nefaria organización llamada Caza de √âlite. Interpretado por el actor de teatro y televisión eslovaco Milan Knazko, Sasha tiene el aire gélido de un asesino despiadado y el atractivo implacable de un agente de bolsa de Wall Street. Ex Ministro de Cultura de Eslovaquia, Knazko saltó ante la oportunidad de interpretar al implacable ruso ‚Äì‚Äùle ofrecía una pequeña y divertida venganza por la invasión soviética durante la Primavera de Praga de 1968. “El hecho de que Sasha fuera ruso fue una de las razones por las que acepté este papel”, dice Knazko con una sonrisa. “Nosotros, los eslovacos, todavía estamos un poco enfadados por la ocupación de Checoslovaquia del Ejército Ruso”.
Al revés que en la película original, que se ciñe estrechamente a las víctimas, Hostel 2 ofrece más información sobre los propios torturadores, en este caso Stuart y Todd, dos americanos de barrio residencial de movilidad social ascendente que han viajado miles de kilómetros para tener la oportunidad de mutilar y matar con impunidad. Interpretados por Roger Bart y Richard Burgi, Stuart y Todd son emblemas de los extremos más brutales de la naturaleza humana… y la sombra oscura del materialismo del Primer Mundo.
Roth explica: “Todd y Stuart sólo se preocupan por alcanzar el siguiente nivel. Al igual que mucha gente, ninguno de ellos está feliz con lo que tiene. Stuart es un miserable en su vida. Todd compra cosas. Tiene todo el dinero que necesita, pero no es feliz. Todo el mundo busca ese siguiente nivel de excitación”.
Bart pensó que era importante representar a Stuart todo lo auténtico que fuera posible. “Hay una gran cantidad de furia dentro de Stuart, pero creo que debe parecer bastante normal”, dice el actor. “Uno de los puntos que creo que Eli trata de reflejar es que el mal puede habitar en aquellos que están en la mesa de al lado en un restaurante o que se sientan a dos cubículos de distancia. Nunca se sabe”.
Burgi ve la película como un cuento que recomienda cautela. Dice, “Me gustaría que el público salga con una sensación de introspección sobre su propia oscuridad, su lado reprimido -y, esperemos, busquen en sí mismos para conseguir algún tipo de cambio-”.

Pocas películas de los últimos años han sido tan amadas y defenestradas como Hostel
(2006), la segunda cinta del protegido de Tarantino, Eli Roth. Los más benévolos la calificaron como burdamente explotativa, misógina y xenófoba, cosa que sorprende mucho en estos tiempos en los que tan fácilmente se entroniza la caspa de los años setenta (quizás es que solamente queremos este tipo de cintas como algo ya pasado pero no tenemos el valor de aceptar su existencia hoy en día). Sin embargo, no fuimos pocos los que pensamos que Hostel fue una de las mejores apuestas del cine de terror del año pasado, una en la que lo esencial no era la cantidad de vísceras y hemoglobina liberada en pantalla, sino lo que quería decir con esa violencia particular, la exposición de un sub-mundo de abandono y depredaciones que se escondía tras la apariencia de lo más refinado de la “civilización” occidental, además de un negro descojono realizado con mucha mala uva. Ese hostal eslovaco donde los ricachones pagaban para torturar jovencitos secuestrados es, al menos temáticamente, el equivalente de nuestra época a lo que fue en su momento el slasher rural setentero, puteado hoy en día hasta el hartazgo.
Pero incluso muchos de los amamos la película estábamos de acuerdo en que si algo no necesitaba era una segunda parte. Dadas las condiciones particulares de la historia, parecía imposible que Eli Roth pudiese sacarse de la manga una secuela digna. Con esta idea entré en la sala de cine, y francamente no podía estar más equivocado. Hostel 2 (2007) no solamente satisface las expectativas de todos aquellos que disfrutaron con la primera parte, sino que reúne méritos propios para agradar incluso a los que la crucificaron.
No hay muchas sorpresas en cuanto al argumento, ya que el esquema se repite en gran medida: en vez de un trío de chicos, esta vez las víctimas del hostal eslovaco son tres chicas americanas estudiantes de arte que se ven arrastradas a un supuesto balneario donde serán las piezas de diversión para un grupo de millonarios ansiosos de torturas. La diferencia radica en que, en esta oportunidad, la historia también nos será mostrada desde el punto de visto de los sádicos participantes del “Elite Hunting”, especialmente dos millonarios americanos que viajan a Europa del Este dispuesto a pasar al “siguiente nivel”. Es este giro argumental el que otorga a la película una mirada de la que su predecesora carecía, y que aparte de hondar en ese decadente mundo de sadismo de armario, lleva a la cinta a terrenos completamente nuevos. El homenaje al cine europeo de terror no podía ser más evidente, no sólo en cuanto a determinadas secuencias que reproducen la obra del género explotativo del Viejo Mundo, sino a través de la presencia de antiguas estrellas de la caspoteca europea como Luc Merenda y la diva Edwige Fenech, además de la aparición sorpresiva y nada disimulada de Ruggero Deodato (director de Holocausto caníbal (1980), otra de esas películas amadas/odiadas) en el que probablemente sea el mejor cameo de este año.
Todos los demás elementos de la primera parte están ahí, desde los cada vez más estrambóticos métodos de tortura (atención al homenaje a la condesa Elizabeth Bathory) hasta esa pandilla de niños chungos con los que nadie desearía encontrarse. Pero sobre todo lo que sigue estando presente es ese desparpajo ante la violencia que Eli Roth ya había mostrado en sus anteriores películas. A diferencia de lo que estamos acostumbrados a ver, la charcutería en esta historia es entrañable por el constante juego que se hace de ella. Además (y eso es algo definitivamente no tan común) es bueno ver que la violencia en una película no es un adorno metido con calzador y destinado al disfrute del sector menos privilegiado (intelectualmente al menos) de la sala sino que es parte integral de la historia y del estilo de aquello que se desea
contar. Quizás sea eso lo que diferencie a Hostel y a su secuela de las cientos de cintas de tortura/psicópatas que hemos tenido que soportar en los últimos años. Mi única conclusión es que aquellos que hayan disfrutado con la primera parte tienen mil razones para no dejar escapar esta cinta, pero por otro lado, aquellos que la hayan odiado deberían también acercarse y comprobar que con Roth tenemos a un tipo que sabe lo que hace y que, más pronto de lo que creemos, podría hacer.