LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA (Le scaphandre et le papillon.)

Película estrenada entre 2007

Director: Julian Schnabel. 2007. Francia. Color
Intérpretes: Mathieu Amalric (Jean-Dominique Bauby), Emmanuelle Seigner (Céline Desmoulin), Marie-Josée Croze (Henriette Durand), Anne Consigny (Claude), Patrick Chesnais (doctor Lepage), Niels Arestrup (Roussin), Olatz Lopez Garmendia (Marie
Lopez), Jean-Pierre Cassel (Lucien), Marina Hands (Joséphine), Max Von Sydow (Papinou), Isaach de Bankolé (Laurent)

Inspirado en la novela La escafandra y la mariposa escrita por Jean Dominique Bauby como consecuencia de un accidente en diciembre del 1995 que lo proyectará en el universo del Locked in Syndrom (encerrado en sí mismo). Totalmente paralizado, no pudiendo moverse, comer, hablar, ni respirar sin asistencia, el antiguo redactor en jefe de la revista Elle dicta entonces letra por letra parpadeando con su párpado izquierdo una especie de carné de viaje inmóvil.

Agradable sorpresa ver este filme. Que es, sobre todo, la obra de un artista (como es bien sabido,
Julian Schnabel, antes que director, es un cotizado pintor) que comprende la potente carga metafórica (presente en el mismo texto de Bauby) para atreverse con el reto casi imposible de ensayar una visión subjetiva, un tímido atisbo de lo que debía de ser el cautiverio físico, anímico y psicológico del protagonista. Así, y especialmente en la primera parte de la película, el punto de vista elegido es el del propio Bauby, lo que ha llevado a Schnabel y a su director de fotografía, el prestigioso Janusz Kaminski, a poner toda su creatividad a la hora de simular el movimiento del ojo, el desenfoque, las vacilaciones de quien ni siquiera puede ladear la cabeza para ver mejor. Y esto, que sobre el papel puede parecer demasiado artificial o poco creíble, sorprendentemente sobre la pantalla funciona a la perfección, a pesar de que, según avanza el metraje, y en parte por facilitar las cosas al espectador y en parte para conocer mejor el paisaje humano que rodea a Bauby, el campo se abre para abarcar a los personajes que le acompañarán en su dolorosa y absolutamente solitaria travesía.
Una soledad que se ve acompañada por la inserción de imágenes, algunas claustrofóbicas, otras hermosas, pero nunca gratuitas, en las que el Schnabel pintor consigue una fusión perfecta con el Schnabel cineasta. Y es en esos momentos en los que la película se eleva hasta convertirse en la excepcional pieza que es, y que logra dotar de vida, incluso, a escenas que podrían despeñarse hacia lo manido, como la maravillosa secuencia en que los amigos de Bauby se turnan para leerle a Balzac o Graham Greene. Y sólo quien ha logrado tejer la red de verdad que sujeta esta cinta puede lograr, como lo hace su director, que no haya nada de impostado y la emoción, una verdadera emoción, fluya libre hacia el espectador.

Habrá que apostar a Julian Schnabel la próxima vez que se inspire en algún relato autobiográfico para contar la vida (o un episodio de vida) de un escritor. Como prueba de confianza, basta con constatar la evolución que este cineasta neoyorkino protagonizó en siete años, entre la adaptación cinematográfica de Antes que anochezca y la reciente recreación de La escafandra y la mariposa. De hecho, la segunda película se distingue de la primera por un mayor nivel de compromiso y por un halo poético que supera la intención de fábula con moraleja


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