Director: Tamara Jenkins. 2007. EE.UU. Color
Intérpretes: Laura Linney (Wendy Savage), Philip Seymour Hoffman (Jon Savage), Philip Bosco (Lenny Savage), Cara Seymour (Kasia), Peter Friedman (Larry), Gbenga Akinnagbe (Jimmy), Tonye Patano (Srta. Robinson), Guy Boyd (Bill), David Zayas (Eduardo), Debra Monk (Nancy Lachman)
Los hermanos Savage no desean volver atrás, a su difícil historia familiar. Después de haberse liberado del dominio de su padre, ahora se encuentran firmemente anclados a unas vidas propias bastante complicadas. Wendy es una autora de teatro que se esfuerza por salir adelante, una desocupada que pasa sus días solicitando becas, robando suministros de oficina y quedando con su vecino casado. Jon es un neurótico profesor de facultad que escribe libros sobre oscuros temas. Pero entonces llega la llamada que le informa de que el padre al que siempre ha temido y evitado, Lenny Savage, se consume lentamente. Ahora, mientras dejan de lado sus ajetreadas vidas, Wendy y Jon se ven obligados a vivir juntos bajo el mismo techo por primera vez desde su infancia, redescubriendo las excentricidades que les sacaban de quicio. Enfrentados con una agitación total y luchando por la manera en que deben hacerse cargo de los últimos días de su padre, se encuentran confrontados con el significado de la vida adulta, la familia y, lo más sorprendente, lo que significan el uno para el otro
Con un guión consistente, ácido y dos actuaciones memorables, pocas cosas malas iban a salir de esta familia, bastante disfuncional y muy neurótica. No nos equivoquemos, no estamos ante “Los Tenembaums”. Esto no es un drama disfrazado de comedia, “La familia Savages” es un drama que goza en ciertos momentos del guión de un humor muy sutil, bastante negro, algo inglés. Y para ser francos no muchos se reían en la sala, es más, creo que incluso algún espectador suspiraba lleno de ira ante mis risas.
Tanto Philip Seymour Hoffman como Laura Linney muestran una elevada calidad interpretativa al alcance de muy pocos. La propia Laura, ya realizó otra película de similares características por la que también fue nominada al Oscar: The Squid and the Whale (2005, Noah Baumbach). Esta última, producida por el director de The Tenembaums. Queda por tanto todo más o menos relacionado y de aquí las similitudes entre estas tres películas.

Con esta propuesta desaparece el factor sorpresa (originalidad) que tenían las otras dos películas. A veces, tengo la sensación que Tamara Jenkins no quiso dejar constancia de una implicación personal en la historia, como si tuviera miedo o verg√ºenza a dejar reflejado algo más personal. Tampoco me convence la última elipsis, innecesaria para la historia, supuestamente inevitable para aliviar la pesadumbre que recorre toda la película.
Hay dos puntos en la película que consiguieron secuestrar a todos mis sentidos: cuando los tres salen de una visita a una residencia y Hoffman se lanza a decir verdades como puños, y cuando Linney se reencuentra en su casa con su amante y este habla de su perra. Chapó para el guión.
Es una gozada ver a Seymour Hoffman -en cada filme se supera a sí mismo- actuar, y aquí lo vuelve a demostrar; y para picar un poco fuera de tiesto y añadir algo de periodismo rosa, debo decir y digo, que la Linney ha pasado por una sesión de quirófano que la ha dejado mucho más guapa de lo que ya era y, por supuesto, mucho más joven. Me imagino que ahora la disfrutaremos más en pantalla.