LA GUERRA DE CHARLIE WILSON (Charlie Wilson’s War)


Director: Mike Nichols. 2007. EE.UU. Color

Intérpretes: Tom Hanks (Charlie Wilson), Julia Roberts (Joanne Herring), Philip Seymour Hoffman (Gust Avrakotos), Amy Adams (Bonnie Bach), Ned Beatty (Doc Long), Emily Blunt (Jane Liddle), Om Puri (presidente Zia Ul-Haq), Ken Stott (Zvi Rafiah), Jud Tylor (Crysta Lee)

Charlie Wilson era un congresista de Texas cuya personalidad de buen vividor escondía una mente política muy astuta, un profundo sentido del patriotismo y una gran compasión por los más débiles. A principios de los años ochenta, con la amenaza de la invasión soviética, el más débil era Afganistán. La gran amiga de Charlie, su mecenas habitual y amante ocasional, era Joanne Herring, una de las mujeres más ricas de Texas y virulenta anticomunista. En su opinión, la respuesta estadounidense a la invasión soviética dejaba mucho que desear, y convenció a Charlie para que ayudara a los muyahidines –los guerreros afganos– consiguiendo fondos y armas para echar al agresor soviético. El compañero de lucha de Charlie en esta dura batalla fue el agente de la CIA Gust Avrakotos. Charlie, Joanne y Gust recorrieron el mundo para formar una alianza casi imposible entre paquistaníes, israelíes, egipcios, abogados y una bailarina de la danza del vientre. Su éxito fue notable. Durante los nueve años que duró la ocupación de Afganistán, los fondos que el gobierno de Estados Unidos destinaba para operaciones clandestinas contra la Unión Soviética pasó de cinco millones de dólares a mil millones anuales –la mitad de Arabia Saudita-, y el Ejército Rojo se retiró de Afganistán.


Filme basado en el libro homónimo de George Crile. Podría parecer la típica película americana de ensalzamiento de sus valores a través de la intriga política, pero no lo es. Pese al discurso inicial y alguna que otra ”perla” suelta, La guerra de Charlie Wilson es toda una sátira hacia el mundo de la alta política, las intrigas internacionales y el papel que pueden llegar a jugar ciertas personas (Joanne) ajenas a la política pero bien situadas socialmente. El cinismo, la hipocresía, la manipulación y las corruptelas políticas quedan plasmadas en cada uno de los personajes, repletos de carisma.

Mención especial habría que hacer del papel de Seymour Hoffman como el agente de la CIA en horas bajas que todavía es capaz de mover hilos, justamente nominado al Oscar por su brillante actuación. No es el caso de Julia Roberts, a la que no acabé de situar bien en su papel –de extraña rubia–, pese a interpretar a una fría millonaria texana, ultraconservadora, inteligente y manipuladora.

En definitiva es un buen filme de intriga política, con humor y una crítica de las guerras que, aparentemente frías, están totalmente alejadas de este calificativo.(El resto de la crítica puede contar partes de la película)

El mayor acierto de la película es la frase final, dicha por Charlie Wilson a raíz del fin de la guerra que viene a expresar mediante el símil futbolístico (”hicimos todo bien, pero jodimos la jugada final”) el futuro que le esperaba a los Estados Unidos, que poco más de una década después se veía en la situación de invadir y aplastar al mismo movimiento muyahidin que años atrás había armado y entrenado para combatir a los soviéticos en Afganistán.

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Si nos fijamos en su filmografía más reciente (sería imposible obviar El graduado) Mike Nichols es interesante no sólo por el duro análisis sobre las relaciones de pareja que llevó a cabo en Closer, sino también por la miniserie de la “HBO Ángeles en América”, donde retrataba el drama del sida en la década de los ochenta. Ahora regresa con una nueva cinta donde se aleja de los temas tratados anteriormente y se mete de lleno en la política internacional, concretamente en la invasión soviética a Afganistán que se dio durante los años ochenta, y cómo Estados Unidos medió para acabar con el conflicto.
La historia cuenta la lucha de un congresista tejano, su mecenas y amante y un agente de la CIA para lograr que los fondos destinados a operaciones contra la URSS se incrementen de forma clandestina y lograr de nuevo cierta estabilidad en la zona en conflicto.

El hecho de estar basada en hechos y personajes reales no hace sino incrementar la necesidad de ciertas licencias narrativas, y en este caso Nichols apuesta por el tono burlón que ya le funcionó en anteriores trabajos. Charlie Wilson (Tom Hanks) es un hombre bonachón y vividor, y en cierto modo políticamente incorrecto como congresista estadounidense. Esto queda claro desde la primera escena. El guión va al grano a la hora de presentar a los personajes: muestra su personalidad mediante la forma de hablar, los gestos y el propio entorno que rodea a cada uno. Así pues, posteriormente encontramos a Philip Seymour Hoffman en el papel de un agente de la CIA tan caracterizado que puede resultar algo caricaturesco, pero funciona. Repite con Nichols, después de su último trabajo, Julia Roberts en un papel tan cómodo que le sienta como un guante, el de mujer de poder e influencia embutida en una atmósfera de glamur.

Poco a poco se va tejiendo la relación entre los tres personajes hacia un mismo objetivo, la lucha contra las fuerzas comunistas que oprimen en Afganistán. Tanto la historia como el tono son un arma de doble filo. La primera, porque tomada con la gravedad de cualquier cinta bélica podría pasar por aburrida a pesar del guión de Aaron Sorkin. El tono, porque ciertos temas no aceptan más que una perspectiva para no caer en la payasada. No obstante, La guerra de Charlie Wilson consigue conciliar una historia donde lo más relevante es el diálogo con el tono golfo de las comedias clásicas, cosa que en gran medida se logra gracias a un Tom Hanks que se mueve como pez en el agua; parece Tom Hanks haciendo de Tom Hanks haciendo de Charlie Wilson. No destaca ninguna interpretación, los tres principales se encuentran cómodos en sus papeles, como si actuaran por una suerte de inercia. A pesar de ello se nota la química cuando dos de ellos aparecen en pantalla, ya sean Hoffman-Roberts (su breve conversación en el bar), Hanks-Roberts o Hoffman-Hanks.

Por su parte, destacable el empleo de material documental que enlaza con la recreación del conflicto afgano, las escenas ambientadas en dicho emplazamiento y los distintos cambios de escenario que otorgan cierta agilidad a un film que, sin llegar a ser sobresaliente, logra el objetivo de entretener.

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