Director: Jaume Balagueró y Paco Plaza. 2007. España. Color
Intérpretes: Manuela Velasco. Ferran Terraza, Jorge Serrano, Pablo Rosso

Cada noche, Ángela (Manuela Velasco), una joven reportera de una TV local, sigue con su cámara a un colectivo distinto. Esta noche les toca a los bomberos, con la secreta esperanza de poder vivir en directo un impactante incendio. Pero la noche trascurre extremadamente tranquila. Y cuando por fin reciben la llamada de una anciana que se ha quedado encerrada en su casa, no les queda otro remedio que seguir a un grupo de bomberos durante su “misión” de rescate. En el edificio donde vive la anciana, los vecinos están muy asustados. Demasiado. La mujer, encerrada en su piso, lanza unos gritos desgarradores… Los bomberos destrozan la puerta y, seguidos por Ángela y el cámara, encuentran a la anciana como ida. De pronto, la mujer se lanza sobre un policía, mordiéndole salvajemente, delante de los incrédulos compañeros y del objetivo de la cámara. Es solo el inicio de una larga pesadilla y de un dramático reportaje TV único en el mundo: cuando los bomberos se llevan al herido, descubren que la única salida del edificio está bloqueada por las autoridades. El edificio ha sido puesto en cuarentena. Parece que un extraño virus se ha propagado en el interior…

Sé que voy a ir contracorriente, pues REC ha obtenido buenas críticas, pero personalmente, no estoy de acuerdo.
No son los vecinos putrefactos, es la película en sí que desprende un tufillo a cutrez por todos los costados.
El estilo de grabación: arriesgado el hacer toda una película cámara en mano, pero a mí me daba la sensación de que faltaba algo, la imagen me parecía siempre cochambrosa, sucia (sólo entendible en la parte final cuando esta al limite el pobre cámara).
Son los actores, que no se creen el personaje ni ellos, la naturalidad brilla por su ausencia, sobre todo algunos de ellos (la madre histérica, el policía pesado, el practicante…).
Sólo algunos se libran un poco, en mi opinión, como la niña (a lo mejor es porque casi no habla…) o la pareja de abuelos (quizá porque son unos breves minutos en que la cámara está quieta y se ven las escenas con nitidez decente)
Son las situaciones en la película, que con dos dedos de frente ni se te pasan por la cabeza.
El efecto videos de primera, rebobinando la película para volver a ver el momento “vieja loca”está ya muy visto.
La película me cansó, me aburrí (todo lo mismo, todo previsible ), pocos minutos de tensión auténticaSustos que hicieran gritar (como he leído) nada de nada (he visto mucho cine), una sola situación de verdadera angustia, y, amigos, por acumulación, es inexistente el miedo psicológico, que es el auténtico miedo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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¿Por qué se pone el policía a hablar con la niña, después de saber todo sobre el virus y de ver como atacaba incluso a su propia madre?
No hay mejor sitio para ponerse a hablar que delante de una puerta de cristal que tiene detrás a un hombre que en cero coma se va a convertir en zombi.
¿Por qué no rebobinan la cinta otra vez hasta el momento en que está REC pasando lista el bombero para saber donde vive el presidente en lugar de bajar a verlo a los buzones? Total, ya nos han hecho pasar por eso una vez.
¿Cómo se supone que ha entrado el niño de la azotea, si esa habitación era impenetrable y encima para subir ahí arriba que no había ni escalera? Debe ser que tiene los mismos superpoderes que la niña Medeiros para arrastrar a velocidad de vértigo a la reportera por el pasillo. ¿Por qué no se la come in situ?…
Ciertamente si Balagueró pretendía hacer una película experimental, lo que ha conseguido es un pastiche de varias películas anteriores (los que han visto alguna cantidad de cine saben de cuáles hablo) y provocar más de un dolor de cabeza que al final del la película, cuando salen los créditos, uno tenga que salir corriendo, porque coloca un tema deno sé¿rock duro? a gran volumen (nada original, ya muy visto) que resulta un ruido más a añadir a lo desagradable de la “película”, compendio de gritos y palabras soeces en exceso. En la sesión que yo fui, noche, gente de mediana edad, al terminar la película el cine se vació rápidamentey los comentarios que pude oír eran muy negativos.
Los “experimentos” con la gaseosa, listillo señor Balagueró.
Sólo puedo explicarme el éxito de la película por los espectadores jóvenes, que (con referencias cinematográficas casi inexistentes, con un bagaje mínimo de haber visto filmes del género) serían los que gritarían (con algo de cachondeo, supongo) durante la película en varias ocasiones y pasarían mucho miedoy hasta les gustaría la “modernez” del movimiento insufrible de la cámara. Seguro que son los mismos jóvenes que disfrutaron con esa basura (indefendible) de El proyecto de la Bruja de Blair (la primera, la mala), porque la secuela, más parecida a lo que puede ser una película común, seria, de terror, fue un fracaso totalEsto es lo que hay. Y ya hay secuela, “naturalmente”

De vez en cuando surge una película, libro o disco del que todo el mundo te habla maravillas y que no puedes perderte. Puede ser El Código Da Vinci, o en este caso, REC.
Y es que claro, es difícil escapar de la telaraña de publicidad que rodea a estos grandes estrenos. Tras ver en internet los vídeos de la presentación, y tras la cuanto menos buena reputación de Balagueró como director (bueno, olvidando que es el director de OT, la película), no cabe más remedio que estar expectante ante el estreno de la película.
Me gusta mucho el cine de terror, así que me senté esperando ver lo que todo el mundo catalogaba como la obra maestra del cine de terror, algo sublime que la gente no podía ni siquiera soportar. Estaba empezando a estar ya asustado, y eso que la película aún no había ni empezado.
Sin embargo, desde el principio la película empieza bastante floja, parece de principiante, con un inicio muy lento, y empiezas a sentirte incómodo esperando a que pase algo. Cuando empieza la situación, te das cuenta de que todo lo que está pasando está más que visto, surgiendo una película mezcla de La noche de los muertos vivientes, 28 días después, El Proyecto de la Bruja de Blair y La Comunidad.
Personajes insulsos, una historia casi inexistente, apenas sustos ni situaciones que te hagan sentir incómodo… Lo único que queda para que la película no sea un documental (un impresentable documental) es la continua vibración de la cámara (mareante) y los fastidiosos grititos de la protagonista (y de todos, que no hablan, gritan), que se hacen realmente insufribles.
Me temo que nos encontramos ante una de las promesas lamentablemente fallidas del cine español. Una película previsible (tuve la sensación de “ya haberla visto antes”), hueca y absolutamente light (no se ve nada bien), que gustará a los chavales que vayan acompañados de sus novias para que se les agarren del brazo.
¿Cómo puede ser que esta tremenda basura en cambio tenga tantísimos comentarios favorables?
Simplemente marketing. ¡Cómo nos hace “picar” la publicidad! Y qué poco exigentes somosen ocasiones.