Director: Christopher Nolan. 2008. EE.UU.
Intérpretes: Christian Bale (Bruce Wayne / Batman), Heath Ledger (el Joker), Aaron Eckhart (fiscal Harvey Dent / Two-Face [Dos Caras]), Michael Caine (Alfred), Maggie Gyllenhaal (Rachel Dawes), Gary Oldman (Gordon), Morgan Freeman (Lucius Fox), Monique Curnen (Detective Ramirez), Ron Dean (Detective Wuertz), Cillian Murphy (Scarecrow [Espantapájaros]), Chin Han (Lau), Nestor Carbonell (alcalde Anthony Garcia), Eric Roberts (Salvatore Maroni), Ritchie Coster (The Chechen), Anthony Michael Hall (Mike Engel), Keith Szarabajka (Detective Stephens), Colin McFarlane (comisario Gillian B. Loeb), Joshua Harto (Coleman Reese), Melinda McGraw (Barbara Gordon), Nathan Gamble (James Gordon Jr.)

Batman regresa para continuar su guerra contra el crimen. Con la ayuda del teniente Jim Gordon (Gary Oldman) y el Fiscal del Distrito Harvey Dent (Aaron Eckhart), Batman tiene como objetivo destruir el crimen organizado en la ciudad de Gotham. El triunvirato demuestra ser eficaz, pero pronto termina siendo presa del caos desencadenado por una nueva mente criminal que los aterrados ciudadanos conocen como Joker,

La definición que mejor cuadra a El caballero oscuro es neurótica. No por su compulsiva dirección o por un abigarrado guión que acumula peripecias en dos horas y media que parecen mucho mas dada la cantidad de cosas que ocurren, sino por la tensión que la recorre desde que empieza hasta que acaba, que llega a ser agotadora. También es neurótica por que capta el espíritu de una época asustada y confusa. Y es que la nueva entrega del renovado Batman de Christopher Nolan y Christian Bale es una de las mejores películas post 11-S-.
La presente película, sin abandonar el concepto de cine-espectáculo, así como el de cine de género, es también un filme psicológico que explora los traumas de distintos personajes, casi todos los principales, diríase, salvo Alfred, cuya experiencia vital parece situar en otro ámbito. Aprovechando la presencia del personaje de Harvey Dent, que se convertirá en “Dos Caras”, se hace un constante juego con el concepto de la dualidad, con la contraposición Batman-Joker en primera línea, algo que ya estaba en los comics desde la magistral Killing Joke, y que los Nolan, muy inteligentemente, han reaprovechado. Son fascinantes las escenas de los largos diálogos entre ambos, con el Joker “psicoanalizando” a Batman.
Esa dualidad se dará también en la relación establecida con Rachel, que se debate entre su jefe Dent y su antiguo amor Wayne; cada uno representa un tipo diferente de pasión, y la mujer dirimirá entre ambos a lo largo de la cinta. Prosiguiendo con el concepto de dualidad, tendremos también dos formas de delincuencia: la mafia, cuyo único incentivo es el dinero, y el Joker, movido por motivos más abstrusos, como se encarga en señalar Alfred.

Todo ello es servido por una estructura de thriller. Nolan ha declarado como inspiración Heat (1995, Michael Mann) y, de hecho, el actor William Fichtner incorpora un personaje muy similar al que hizo allí. Sin embargo, el tan subrayado parecido con la película citada diríase que está presente sólo en el tono, la textura, las luces y sombras que le confiere esa atribución genérica; por suerte, el cine de Nolan es mucho más profundo y espeso (en el buen sentido de la expresión) que el retórico y vacuo de Mann. A partir de personajes de “tebeo”, arquetipos funcionales establecidos hace décadas, Nolan les confiere tridimensionalidad, busca en los resquicios de su psique para crear seres humanos de carne y hueso y, sobre todo, alma. Sin abandonar las exageraciones propias de este tipo de cine, ha dispensado un tono de realidad a los personajes y las relaciones que se establecen entre ellos.
Otro de los defectos que empañaban la película previa era su gradación: comenzaba con unas magníficas escenas en las nevadas cumbres de Oriente, para concluir con un clímax algo desabrido que no terminaba de condensar el conjunto en un algo uniforme. En este caso, el ritmo es más parejo, salvo un final algo excesivo quizás, con la trama dividiéndose en tres o cuatro situaciones paralelas. Hubiera sido deseable algo más de calma, no esa división constante de las situaciones para conferir un ritmo que no era preciso.

En todo caso, aún con ello, eso no invalida para que el resultado sea una magnífica película de acción y superhéroes con un tono amargo, casi desesperado. El éxito de la misma, pudiera servir para que los productores, al fin, piensen que el cine de superhéroes no es una tontería infantil que sólo puede ser enfocada con un humor distanciador, y prosiga por esa senda, explorando en las interioridades de unos personajes que no son blancos ni negros, sino que tienen las texturas, pliegues e interioridades de cualquier ser humano.