Director: José Luis Cuerda. 2008. España. Color
Intérpretes: Maribel Verdú (Elena), Javier Cámara (Ricardo), Raúl Arévalo (Salvador), Roger Princep (Lorenzo), Irene Escolar (Elenita), Martín Rivas (Lalo), José Ángel Egido (rector)

Orense, 1940. Cada vez que Elena cierra la puerta de casa, echa la llave a sus secretos. Su marido, Ricardo, amenazado por una despiadada persecución, lleva años escondido en el piso donde conviven con sus hijos, Elenita y Lorenzo. Salvador, un diácono desorientado tras su lucha en el frente, vuelve al seminario de Orense. Las dudas en la vocación del joven llevan al Rector a retrasar su acceso al sacerdocio durante un año. Mientras, Salvador dará clases en el colegio donde estudia Lorenzo el hijo de Elena, a quien Salvador cree viuda. El diácono se obsesiona con ella y la acosa. La frágil realidad de la familia se tambalea. Heridos y zarandeados por las circunstancias, los protagonistas de Los girasoles ciegos se golpean contra un muro de represión, amores imposibles y derrotas emocionales, mientras buscan un resquicio para volver a la vida.

Alberto Méndez vivió a hurtadillas su afición a la escritura alcanzando la recompensa con su única obra publicada: “Los girasoles ciegos”. Su intención, la que guardó durante toda una existencia, fue recuperar la dignidad de los vencidos escondida durante los años de la posguerra franquista y que incluso a muchos aun hoy parece molestar que se recupere. Tras su fallecimiento, alcanzó el reconocimiento póstumo recibiendo el premio de la crítica, el nacional de literatura y cosechando el éxito siendo traducida a diversas lenguas y publicada internacionalmente.

La historia original en que se basa la película es poderosa y aborda en un lenguaje literario rico cuatro hilos paralelos relacionados con el sentido de la derrota: un capitán franquista que renuncia a la victoria, un joven que huyó con su pareja embarazada, un preso que lucha por dejar claro quién es víctima y quién verdugo, y un hombre que sobrevive escondido tras un armario. Sin alcanzar ni mucho menos las cotas de la obra literaria, Rafael Azcona -en su último legado- y José Luis Cuerda toman diversas pinceladas del relato intentando recoger la esencia del mismo y dejando un resultado en definitiva digno.
En toda la cuidada y bien ambientada puesta en escena, no deja de maravillar Maribel Verdú, a la que la ironía ha puesto a las órdenes del director que la rechazara de jovencita en un casting alegando que era demasiado guapa, y a punto estuvo de rechazarla ahora por demasiado flaca. Así que ella, aun con caderas postizas incluidas para ser lo voluptuosa que requiere su personaje, nos obsequia con su interpretación, dando réplicas a dos actores que no le desmerecen y resuelven óptimamente sus papeles: Javier Cámara y Raúl Arévalo.

Especial atención por el trasfondo de sus palabras y la escritura de los diálogos requieren las escenas entre Arévalo (el diácono lascivo que encarna las hipocresías del nacionalcatolicismo) y José Ángel Egido (el rector del seminario). También, poco antes del desenlace, nos deja Azcona de despedida en boca de Cámara, unos emotivos versos de Antonio Machado que no escribiré ahora, pues prefiero terminar con esta otra cita: “Seré uno más en el rebaño, porque en el futuro viviré como uno más entre los girasoles ciegos.”
Curiosamente, en la película de producen algunos deslices históricos. Por ejemplo, el hecho de que los guardinhas portugueses maten a tiros al personaje interpretado por Martín Rivas. Por muy mala -que lo era- que fuese la dictadura de Oliveira Salazar, no se comportaban de ese modo.
Igualmente, si se dice que el personaje de Raúl Arévalo obtuvo el grado de alférez… ¿a qué viene que lleve una estrella de comandante en la bocamanga?
¿Cómo es posible que ese mismo personaje al mismo tiempo esté traumatizado por lo que vivió e hizo él mismo en la guerra, sea un putero -algo que le recuerda el gobernador civil o el cargo que sea, cuando lo visita para pedir informes acerca de los familiares del personaje que encarna Maribel Verdú- y, de repente, se enamore de una mujer casada como un simple colegial?
A pesar de esto, la película se deja ver muy bien casi todo el tiempo, si bien cae en los clásicos clichés habituales del cine español cuando refleja estos episodios de guerra, preguerra o posguerra, y así vemos cosas como: republicano = intelectual, o cura fanático y sin matices, o el maniqueísmo general en el retrato de unos personajes sobre otros, etc.