Edward G. Robinson

Película estrenada entre Actores


(Bucarest, 12 diciembre 1893 – Los Angeles,
26 febrero 1973)


Debutó en el teatro en 1913 y pronto adquirió fama como actor y como escritor gracias a su obra “The Kibitzer” concebida junto a Jo Swerling. Probó suerte en el cine mudo en varias ocasiones pero no alcanzará cierta afirmación hasta que trabaje en películas sonoras. Realizó varias películas en los años 20 (Su primer rodaje fue “The birght Shawl”, (1923) y en 1931 encontró la consagración con Hampa dorada (1931).


Hampa dorada (1931)

Hampa dorada (1931)
Sus primeros papeles le llevaron a hacer películas de gánsteres para la Warner en la década de los años 30 y desde aquí, poco a poco, fue entrando en la industria cinematográfica hollywoodiense y formándose como una de las figuras carismáticas del ámbito norteamericano.
Sus interpretaciones están cargadas de fuerza, agresividad…, de una contundencia dada por su fealdad que le hacían alcanzar altas cotas de versatilidad y perfección en sus papeles. No despertaba admiración entre el público sino más bien atracción morbosa por esos personajes turbios y odiosos a los que dio vida. Periódicamente volvía a su papel de gángster totalmente malvado, a veces de manera rutinaria, si bien su impresionante carrera regresaba a los niveles de calidad que le correspondían.
Destacan sus trabajos para Wilder, Makiewicz, Robson o Fleisher entre otros, en películas como Perdición (1944), El premio (1963) o El rey del juego (1985). Aunque no todos fueron personajes crueles, hemos de recordar a aquel más humano de Odio entre hermanos (1949) donde encarnaba a un padre autoritario y respetado, pero cargado de bondad y dulzura.

El rey del juego (1995)
Halló el éxito en Hampa dorada (1931, Mervyn LeRoy). Ciertamente no fue el primer “feo” de la historia de Hollywood. Antes, Lon Channey y, al mismo tiempo que él, Wallace Beery, se habían impuesto por la atracción/repulsión que ejercían sobre el espectador. Pero en su caso no se encuentra ni la búsqueda plástica de Lon Channey ni el tierno calor que emanaba del rostro de Wallace Beery. Robinson impone con fuerza su fealdad, su agresividad, sin pretensiones ni coartadas. Su creación de Hampa dorada, que perfeccionó al filo de los años, es la de un ser grosero, brutal y estúpido, sin rasgo alguno que llegue a suavizar al personaje. Surgido de entre los rostros lisos y delicados heredados del cine mudo, fue tal vez el primer actor engendrado por la crisis de Wall Street en 1929 y la cara más fuerte y más desnuda de la gran depresión económica que siguió. Ofrecía, si no la admiración del público, la atracción por un personaje turbio, odioso y al mismo tiempo cercano a él. Por muy anticuada que parezca hoy en día su creación de Rico Bandello en la película de LeRoy, guarda una importancia sociológica que no puede ser subestimada. Correspondería a James Cagney afinar el personaje para crear el mito ambiguo del gángster, el que eligiera aquella América en crisis.
Robinson no era un mito, sino un actor de composición, uno de los más grandes, que desarrolló su arte en una serie de papeles muy variados. En los años 30 fue el duro de palabra crepitante y mueca de sapo de muchas películas llenas de encanto e inventiva. Periódicamente vuelve a su papel de gángster totalmente malvado, a veces de manera brillante, que le lleva incluso a la perfección: Cayo Largo (1948, John Huston). En esta obra su primera aparición, sudando en un baño caliente, con el puro en la boca, tiene un impacto sin igual. Suaviza su imagen en buen número de películas interpretando a representantes de la ley y el orden. Parece haberse deleitado con sus papeles de hombre corriente cuyo destino trastorna la vida, composiciones atentas, realzadas con pequeños toques realistas deliciosos. Sus creaciones más destacables de los años 50 y 60 son composiciones llenas de calor humano. El fin de su carrera lo llevó a cabo en Italia o en España para producciones sin interés, destinadas sin duda a alimentar su magnífica colección de pintores impresionistas.

Cayo Largo (1948)
Su última película le valió una de las más bellas “retiradas” cinematográficas que puedan concebirse: en Soylent Green/Cuando el destino nos alcance (1973, Richard Fleischer) es un viejo humanista perdido en una sociedad del futuro sin humanidad, que se deja “suicidar” haciendo proyectar imágenes de la naturaleza al son de la Sinfonía Pastoral de Beethoven. Murió durante el rodaje de la película, sin poder terminar la pos-sincronización: la voz que se oye es, pues, una imitación de la suya, áspera, tan característica.

Solyent Green/Cuando el destino nos alcance (1973) con Chartlon Heston

Smart money (1931)

Hacha justiciera (1932)

El último Gángster (1937)

Blackmail (1939)

El vengador (1940) con Humhrey Bogart

Manpower (1941)

Manpower (1941) con Marlene Dietrich

Lobo de mar (1941)

Al margen de la vida (1943)

Perdición (1944) con Fred MacMurray

La mujer del cuadro (1944) con Joan Bennett

La mujer del cuadro (1944) con Joan Bennett

La mujer del cuadro (1944) con Joan Bennett

La mujer del cuadro (1944) con Joan Bennett

Perversidad (1945) con Joan Bennett

Perversidad (1945) con Joan Bennett

Perversidad (1945) con Joan Bennett

Cayo Largo (1948)

Cayo Largo (1948) con Humphrey Bogart



Cayo Largo (1948

Mil ojos tiene la noche (1948) con Gail Russell
En 1950

Ensayo dramático (1953) con John Forsythe

La bahía infernal (1955) con Fay Wray


Los Diez Mandamientos (1956)

En 1959


Sammy, huida hacia el sur
(1963)
En 1966

Edward G. Robinson con su mujer Jane en 1967 (1958-1973)
En 1973


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