Humphrey Bogart

Película estrenada entre Actores


(Nueva York, 25 diciembre 1899 – Los Angeles, 14 enero 1957)


Encendiendo un cigarrillo, o con él en la mano, escena que tiene lugar en todos sus filmes

“Un terrón de sarcasmo en la mirada, una mano de melancolía en el modo de sujetar el arma, un nudo en la garganta de la gabardina y el aire majestuoso de quien está posando para la eternidad: he aquí la imagen que deja Humphrey Bogart en un poster para los siglos venideros. Porque Bogart es uno de los seis o siete pósters que no se han caído de la pared de nuestra cultura, junto al de Jesucristo, al de Marilyn, el Che, Marlon Brando, la lengua de Mike Jagger y poco más. Claro que quien aparece en ese poster no es exactamente Humphrey Bogart: es Humphrey Bogart y Philip Marlowe y Sam Spade y una muestra del tejido que recubre los sueños del hombre…”.

Con estas palabras, Oti Rodríguez Marchante describía lo que es la figura de Bogart y su significado en la cultura popular del siglo XX.

Bogart ejemplifica el tipo duro pero sensible, lleno de cinismo y con un alto grado de melancolía, un cinismo que no es más que una coraza con la que protegerse de este mundo tan incomprensible.

Humphrey Bogart nació el 23 de enero en 1899 en Nueva York en el seno de una familia de clase media. Participó en la I Guerra Mundial donde sufrió un accidente que le semiparalizó su labio superior, lo que le otorgó esa peculiar forma de hablar.

Al acabar la guerra y tras pasar por Broadway sin mucho éxito se trasladó a Hollywood, en donde debutó en el cine en El conquistador (1930). Sin embargo, esto no fue más que el comienzo y hasta llegar a esa imagen de hombre curtido por el crujir de los días, un tipo que ha visto demasiado y que está de vuelta de tantas cosas, intervino la madre de todas las ciencias: el azar.

La primera intervención de la fortuna fue cuando Archie Mayo consideró que Bogart podía repetir en el cine el personaje que ya había encarnado en el teatro en El bosque petrificado. Bogart realiza una interpretación enloquecida de un gánster amargado, con el gesto contraído, los brazos mortecinos y rígidos, con un aire chulesco y desquiciado que llama la atención. Bogart se encasilló en una serie de papeles de gánster de segunda, de villano de mediopelo o similares en películas para la Warner como Calle sin salida (1937, William Wyler), Angeles con caras sucias (1938, Michael Curtiz) o Los violentos años veinte (1939, Raoul Walsh), estas últimas junto a James Cagney.

Su segundo golpe de suerte llega con El último refugio (1941) de Raoul Walsh, cuando Bogart ya tenía más de cuarenta años a punto de diluirse entre tanto cine policiaco. Era su último cartucho, como el personaje de la película, Roy Earle, un gánster en su ocaso, alguien que da sus últimos coletazos en una sociedad que no le acepta, una interpretación memorable que le permitió ese mismo año interpretar la que se considera película fundacional del género negro: El halcón maltés, de John Houston. Fue la aparición de un nuevo Bogart, con todas las características que le acompañarían en los personajes que interpretaría desde entonces y que le convirtieron en mito y en la imagen que hoy tenemos de él. Era un personaje duro pero a la vez que soñador y romántico, con un código ético muy personal y único.

Al año siguiente, Casablanca (1942, Michael Curtiz) haría de él un ídolo y un mito para todas las generaciones cinéfilas. Los títulos en los años 40 (además de los citados) son sobrecogedores: Sahara (1943, Zoltan Korda), Tener y no tener (1944, Howard Hawks) -otro título clave ya que conocería al amor de su vida, Lauren Bacall- y El sueño eterno (1946, Howard Hawks), donde se convierte para siempre en Philip Marlowe, un personaje que escupe unos diálogos impregnados de un sentido del humor agrio, hiriente, que revelan su desconfianza en el género humano, a la par que muestra su enorme atractivo hacia las mujeres; es este un filme de atmosfera, de ambiente, donde predomina la oscuridad, las calles húmedas, los tonos sombríos como si todo fuera una metáfora del ambiente de corrupción y decadencia generalizada del que emerge la integridad de Marlowe. Siguió su trayectoria con La senda tenebrosa (1947, Delmer Daves), Callejón sin salida (1947, John Cromwell), Cayo Largo (1948, John Huston), El tesoro de Sierra Madre (1948) de nuevo con Huston, con quien tenía una gran relación de amistad y afición a la bebida o Llamad a cualquier puerta (1949, Nicholas Ray).

Si los cuarenta fueron buenos los cincuenta serían también por el mismo estilo en su primera mitad ya que el fatal desenlace de su enfermedad nos privaría del gran Bogey para siempre. En un lugar solitario (1950) de Ray, donde la imagen de Bogart caminando por una calle húmeda al amanecer queda para la posteridad, La reina de África (1951, John Houston), quintaesencia de las ganas de vivir, El cuarto poder (1952), una historia sobre el periodismo de Richard Brooks, La condesa descalza (1954, John L. Mankiewicz), con un Bogart inolvidable recordando a Ava Gardner en un cementerio mientras la lluvia se desliza por su clásica gabardina, La burla del diablo (1954, John Huston), El motín del Caine (1954, Edward Dmytryk), Sabrina (1954, Billy Wilder), Horas desesperadas (1955, William Wyler) y su último filme, ambientado en el boxeo, Más dura será la caída (1956, Mark Robson suponen los últimos títulos de una filmografía intachable en la que se podrían citar todos los títulos porque la presencia de este hombre en la pantalla es el cine mismo.

Su madre era fotógrafa e ilustradora y anticipó el futuro de su hijo enviando un dibujo del bebé para una campaña de publicidad de productos infantiles. Fracasó en los estudios y cuando lo expulsaron de la academia preuniversitaria se alistó en la Marina. Un accidente en su buque producido por un submarino le provocó una herida en el labio que le dejó como secuela una cicatriz que le hacía cecear y ese rictus desdeñoso. En 1918 fue contratado como gerente por un productor teatral que le animó a probar suerte como actor.

Aunque hizo algún papel secundario fue en 1935 cuando realmente comienza su carrera en el cine. Y en ese mismo año fue cuando la Warner le contrató. Durante cinco años secundó a actores tan ilustres como James Cagney o Edward G. Robinson en películas de cine negro y normalmente recreando tipos malvados, una imagen que parecía inamovible hasta que en 1941 Raoul Walsh le diera el papel protagonista de El último refugio, donde interpretaba a un gánster redimido.

En 1949 ya tenía su propia productora “Santana Pictures” con la que produjo cuatro películas de las que habría que destacar Sin conciencia en 1951.

En 1951 obtuvo por primera y única vez el Oscar al mejor actor por su actuación como un alcohólico aventurero redimido en la película La Reina de África (1951, John Huston). Además de ese Oscar, fue finalista como mejor actor en otras dos ocasiones: en 1943 por su interpretación como Rick Blaine en Casablanca y en 1954 por su trabajo en la película El motín del Caine.

Hubo cuatro directores que influenciaron la carrera de Bogart: John Huston que le dirigió en 7 películas, Michael Curtiz, que lo hizo en 6, Raoul Walsh en 4 y Howard Hawks en 2.

Participó en cerca de 80 títulos. Con Lauren Bacall protagonizó cuatro películas: Tener y no tener (1945); El sueño eterno (1946); La senda tenebrosa (1947) y Cayo Largo (1948). Su última película fue Más dura será la caída (1956).

Se casó cuatro veces, la última de ellas con Lauren Bacall. Una semana antes de cumplir los 58 años moría de cáncer. Bogart hasta entonces realizó todo tipo de interpretaciones, convirtiéndose con el tiempo en uno de los mitos más sólidos de la historia del cine. Junto a la urna de sus cenizas hay un silbato de oro en recuerdo de su boda.

En Mala hermana (1931)

En El bosque petrificado (1936)

En The Black Legion (1937)


Calle sin salida (1937)

El regreso del Doctor X (1939)

En La pasión ciega (1940)

En El último refugio (1941)

Con Mary Astor y Peter Lorre en El halcón maltés (1941)

Con Mary Astor en A través del Pacífico (1942)

Con Dooley Wilson en Casablanca (1942)

Con Claude Rains, Paul Henreid e Ingrid Bergman en Casablanca (1942)

Con Lauren Bacall en Tener y no tener (1944)

Con Lauren Bacall en El sueño eterno (1946)

Con Clifton Young y con Lauren Bacall en Senda tenebrosa (1947)

Con Lionel Barrymore y Lauren Bacall en Cayo Largo (1948)

En El tesoro de Sierra Madre (1948)

En Secuestro (1949)

Con Katharine Hepburn en La Reina de África (1951)

En Sin conciencia (1951)

En El motín del Caine 1954)

Con Audrey Hepburn en Sabrina (1954)

En Horas desesperadas (1955)


En Más dura será la caída (1956) (foto sensiblemente retocada; fue su último filme)

Humphrey Bogart fue un actor de cine y de teatro estadounidense. Nació en Nueva York con el nombre de Humphrey DeForest Bogart.

Bogart fue el mayor de los tres hijos del matrimonio formado por Belmont De Forest, médico cirujano, y Maude Humphrey, artista gráfica. Estudió en la Escuela Trinity, y más tarde en la Academia Philips de Massachusetts, donde conoció a su amigo William Brady, hijo del productor de teatro William A. Brady, quien le estimuló a cultivar sus cualidades para la interpretación teatral. En un principio Bogart tenía pensado estudiar medicina en la Universidad de Yale, sin embargo, estos planes se vieron truncados al ser expulsado por su comportamiento rebelde.

A continuación se alistó en la Marina para combatir en la Primera Guerra Mundial, y fue destinado como marinero al buque S.S. Leviathan. En 1918 el barco fue atacado por submarinos y un torpedo lo alcanzó sin lograr hundirlo. Un fragmento astillado de madera saltó y le rasgo la boca, afectando para siempre su forma de hablar.

De regreso a su vida civil fue contratado como administrador en la compañía cinematográfica y de teatro World Film Corporation, de William A. Brady, el padre de su amigo.

Su manera de hablar y su aspecto físico, que no se correspondía con el del clásico galán de la época, dificultaron sus inicios en su carrera como actor. Desde 1922, cuando hizo su primera aparición en el escenario en la obra “The Ruined Lady” de la compañía World Film Corporation, hasta 1935, sólo hizo pequeñas intervenciones en escenarios y en algunas películas.

El actor Leslie Howard, cabeza de reparto en El bosque petrificado, exigió a la Warner Brothers la participación de Bogart en el papel de Duke Mantee. Así, en 1936, el enorme éxito que tuvo El bosque petrificado supuso el comienzo de una carrera sólida para el actor. Su consagración llegó en 1941 con El último refugio, dirigida por Raoul Walsh. Su trabajo fue reconocido por la Academia de Cine americana cuando en 1952 Bogart obtuvo el Oscar al mejor actor por su interpretación en La Reina de África, coprotagonizada por Katharine Hepburn.

Bogart estuvo casado cuatro veces. Su primera esposa fue la veterana actriz Helen Menken, con quien se casó en 1926, y de la que se divorció tan sólo un año y medio después. En 1928 se casó de nuevo con otra actriz, Mary Phillips, divorciándose en 1938. Apenas cinco días más tarde volvió a casarse, esta vez con Mayo Methot, también actriz, con la que estuvo casado durante siete años. Sin embargo, todavía contraería matrimonio una cuarta vez, el 21 de mayo de 1945, con su compañera de reparto en Tener y no tener, Lauren Bacall. Con ella protagonizaría varias destacadas películas de su filmografía, como El sueño eterno, La senda tenebrosa o Cayo Largo y con la que tuvo dos hijos: Stephen en 1949 y Leslie en 1952. Hasta la muerte de Bogart la pareja permaneció muy unida, y constituyó uno de los matrimonios más carismáticos del mundo del cine.

Bogart murió en 1957 en Hollywood (California), víctima de un cáncer de esófago.

1938

1940

1941

1942

1943

1944

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1947

1952

1954

1955

El mito Bogart

Humphrey Bogart era y es un mito. Pero ¿Qué es un mito? Si miramos a nuestro alrededor podemos observar diariamente a cientos, quizá miles, de personas, todas corrientes, sin grandes alardes o características que las alejen de lo común. Bogart era también un tipo corriente. Su físico era común, su estilo normal, su habla cotidiana… nadie podría reconocer en él a un mito a simple vista.

Pese a todo ello, Humphrey Bogart es uno de los grandes iconos del siglo pasado y aún del presente. Las causas pueden ser varias: sus papeles, caracterizados por la insensibilidad, la dureza, la aspereza, el machismo, el cinismo, la crueldad, pero que muy en el fondo traslucían nobleza y aflicción, como si todas sus malas cualidades tuvieran una causa, un punto en que surgieron provocando una lucha interior en el hombre.

La mayoría de los personajes interpretados por Humphrey Bogart eran políticamente incorrectos, es decir, cualquier persona que conociéramos con esas actitudes causaría en nosotros repugnancia, y sin embargo estos personajes nos provocan admiración, deseos de imitación y siempre una especie de nostalgia y morriña al volver a contemplarlos en cada proyección, como si todos quisiéramos ser Bogart. Sus personajes dividían a las mujeres en dos clases: las malas y las tontas y, pese a ello, es un mito para millones de mujeres en el mundo.

Su mito es fruto de sus profundas contradicciones, de sus enigmas y oscuridad. ¿Qué hay de verdad en él? Ya nunca lo sabremos pero nos basta con revisar cualquiera de sus cintas para seguir aplaudiendo cada una de sus intervenciones, esas que le han llevado a ser el actor más admirado de la historia del cine, mientras que otros más dotados han pasado la barrera del olvido y el ostracismo con la misma facilidad que Bogart superó la de la gloria.

Con Mayo Methot (1941), su tercera mujer

Con su mujer, Mayo Methot en 1944

Con Lauren Bacall (1945) su cuarta (y última esposa)

Con Lauren Bacall (1947)

Con Lauren Bacall y su hijo (1949)

Con Lauren Bacall y su hijo (1952)

Por lo que se puede desprender de varios testigos, biógrafos, amigos, su mujer y su hijo, Humphrey Bogart no era un mujeriego. Esto no quiere decir que no le gustaran las mujeres y que no tuviera ningún lío de faldas a lo largo de su vida. Con recordar que a dos de sus mujeres las conoció estando aún casado con su anterior mujer, se desmonta esta idea. Lo que realmente se quiere decir es que no era el típico actor que se liaba con las actrices que trabajaba o que tenía aventuras con las estrellitas que circulaban por los estudios. Bogart era un hombre frío, y por esto sabía estar lejos de este tipo de comportamiento y de los problemas que implicaban.

Estuvo casado cuatro veces, las cuatro con actrices. Ninguno de ellas era la típica ama de casa. La primera fue Helen Menken, los dos tenían 26 años. Ella era una importante actriz de teatro a Broadway, él un actor que empezaba. Bogart no estaba convencido de quererla como esposa, pero cedió a la tentación. Los resultados eran previsibles: el matrimonio fue un absoluto desastre. “Nos peleábamos por las cosas más absurdas”, explicaba el actor. Duró un año y medio. Su amistad con Helen no se perdió nunca. Más tarde, cuando estaba casado con Mayo Methot incluso con Lauren Bacall, Bogart iba de vez en cuando a encontrar consuelo y a charlar con Helen.

Bogart conoció a Mayo en 1936, en una fiesta. Los dos estaban casados pero empezaron a salir. A Mayo le encantaba el mar y la bebida. Aunque Bogart la quería, sabía que aquello no iba a salir bien. Su boda acabó en una gran pelea. Su vida con Mayo era una continua pelea, con gritos, golpes e incluso una puñalada, que sin embargo todo acababa en reconciliación. En Hollywood se les empezó a conocer como Los Bogart en pie de guerra. Mayo abandonó su carrera, sólo hacía seguir a Bogart y morirse de celos de cualquier mujer que pasara por su lado. Llegó un momento en que Bogart ya no pudo más. Ese momento coincidió con la entrada en su vida de una jovencita de ojos verdes, largas piernas y 19 años. Aunque esto es otra historia. Bogart se divorció de Mayo en 1944 y perdió el contacto con ella hasta que en 1951, cuando estaba rodando en África, le llego la noticia de su muerte. Ese día Bogart se emborracho solo.

Además de sus esposas, también hubo algunas mujeres importantes en su vida. Una de ellas fue Verita Thompson, la cual quiso ser actriz y acabó siendo la peluquera personal de Bogart: ella cuidaba los peluquines que el actor tuvo que usar buena parte de su vida. Se conocieron en 1042 en un plató y parece que tuvieron una bonita aventura sin consecuencias. Hubo una mujer con la que Bogart no tuvo ninguna relación sentimental ni sexual, pero que significo mucho para él a lo largo de su vida. Se trata de Mary Baker, amiga primero y representante después.


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