John Wayne

Película estrenada entre Actores

(Winterset, Iowa, 26 mayo 1907 – Los Angeles, 11 junio 1979)


Marion Mitchell Morrison era un chico pálido y muy alto que iba acompañado siempre por un perro llamado Duque.Estaba muy bien dotado para el deporte, por lo que logró una beca para el equipo de rugby de la Universidad del Sur de California. Allí conoció a Tom Mix, siendo él el que le introdujo al mundo del cine, primero en el departamento de atrezzo de la Fox y después como extra, donde conoció a su gran amigo John Ford.
En 1963, se le detectó un cáncer de pulmón, siendo en 1978 cuando sufre una operación a corazón abierto. En el verano de 1979, cuando John Wayne agonizaba, sus compañeras Maureen O¬¥Hara y Elizabeth Taylor realizaron todas las gestiones para que se le concediera la Medalla de Honor del Congreso.
Durante éste año luchó como sólo él sabía contra la muerte, pero todo sería inútil. El 11 de Junio de 1979 a las 5.23 h. John Wayne fallecía. Su cuerpo reposa en el Pacific View Memorial Park de Newport, con el epitafio en castellano: “Feo, fuerte y formal”.

Su relación con John Ford

Ford proporcionó pequeños papeles a Wayne en varias de sus películas y le recomendó a Raoul Walsh como protagonista de La gran jornada.Esta fue la primera película como protagonista para Wayne, y fue cuando cambió su verdadero nombre por el de John Wayne. La película no tuvo el éxito esperado y Wayne se vio relegado a interpretar westerns de “clase B” para diversas productoras. Ford le sacó otra vez de esa lamentable situación para ofrecerle que protagonizara el ya mítico largometraje La diligencia, que proporcionó a Wayne el espaldarazo definitivo que necesitaba.

John Wayne vende cara su vida

A los 57 años, rehúsa rendirse a la enfermedad. En cama, pero acompañado de un vaso de whisky y cigarrillos, Wayne, el viejo león, el vencedor de innumerables peleas cinematográficas, está dispuesto a vender cara su vida.

Wayne descansa y se prepara para continuar su vida normal de actor. Tiene en perspectiva el filme Los cuatro hijos de Katie Elder, con Dean Martin y está seguro de que no tendrá problemas para comenzar el rodaje en enero.
No todos están tan seguros como él. Pasa los días sin leer ni responder a las cartas y sus pensamientos son un secreto hasta para los más íntimos. Un absceso cerca del pulmón ha sido el enemigo oculto capaz de derrotar, por primera vez al “Duke”. Y ese absceso, dicen algunos, puede ser con toda probabilidad cáncer.
Pero el “Duke” no abandona la pelea, como no la abandonó el día en que salió del hospital, después de haber permanecido en tratamiento. Después de haber visto por la ventana de su dormitorio la nube de fotógrafos y de reporteros que esperaban su salida, John rehusó dejar el hospital del Buen Samaritano en una silla de ruedas. “Tengo una reputación que sostener”, dijo fogosamente al médico y enfermaras que lo rodeaban.
Caminó por la larga avenida que llevaba justo a la reja del hospital, sostenido nada más que por el poderoso apoyo de su voluntad, en tanto que se le contraía el rostro y gotas de transpiración perlaban su frente. Bajo los flashes sonreía, aunque estaba visiblemente fatigado cuando se sentó frente al volante de su automóvil, y volviéndose hacia los periodistas les dijo: “Ustedes ven, mis amigos, que aún estoy en buen pie. No tengo infarto ni tumor maligno, nada más que un pequeño absceso cerca del pulmón”.
Después se dirigió a su rancho, donde las flores y telegramas de bienvenida se amontonaban. Toda la tarde recibió visitantes que querían saber de su estado. Le saludaban jovialmente: “!Bravo! ¡Viejo león! ¡Te las has arreglado bien!”. “Sí
-respondía John Wayne- todo va bien por ahora”.
Con la llegada de la tarde, ya no se jactaba más. Quizá un poco de miedo. Tenía ganas de fumar un cigarro y beber un vaso de whisky…, como antes… Como antes de ese día de septiembre, cuando llegó al hospital por un tobillo.
John Wayne, inmovilizado en su cama se aburría y mataba el tiempo fumando y bebiendo whisky. Creía salir la próxima semana…, pero esa semana volvió al hospital, no por el tobillo, sino por el tórax. Los exámenes habían revelado que ocurría algo grave en las cercanías del tórax…Quizás un comienzo de infarto, quizás un absceso… Los médicos permanecían en la duda.
La noticia alarmó a Hollywood, y Patrick, el tercer hijo de John, aplazó su matrimonio.
Cuando se supo que John Wayne estaba quizás atacado de un cáncer, a los 57 años; años repartidos en fumar, beber y trabajar, se pensó que estaba acabado, sin remedio. Y como a “Duke muerto, Duke puesto”, empezó a barajarse el nombre de Steve Mc Queen entre los sucesores de John, pero McQueen murió joven
Sin embargo, después de unos días, John salió del hospital aparentemente recuperado, o por lo menos eso es lo que él quería hacer creer.
A este hombre invencible de cien grescas tabaco, pero él bebe un vaso de whisky o enciende un cigarrillo…, dos gestos que son parte, al hombre de los puños de acero, la muerte no lo sorprenderá, traicioneramente, por la espalda.
John Wayne y los Oscars

Oscar por Valor de Ley (1970)
John Wayne fue finalista por primera vez al Oscar al mejor actor en 1949, por su interpretación como el sargento Stryker en la película Arenas Sangrientas (1949, Allan Dwan).
La noche de la ceremonia, “Duke” estaba muy nervioso, y se sentía como derrotado, según Pilar Wayne en su libro: “Duke: Mi vida con John Wayne”.
En 1969 fue finalista por Valor de Ley (1969, Henry Hathaway. La mayoría de los críticos tenían a Wayne como favorito, pero también era cierto que Richard Burton y Peter O’Toole habían sido injustificadamente pasados por alto tantas veces que quizás la Academia podría querer corregir su fallo premiándoles. Entonces, cuando Barbra Streisand subió al escenario, ella anunció lo que se esperaba: “…and the winner is… ¡John Wayne!”. Duke recibió una estruendosa ovación, besó a Streisand, se quitó una lágrima y pronunció en siguiente discurso:
“Wow! Si hubiera sabido esto me hubiera puesto el parche en el ojo 35 años antes. Señoras y señores, no soy extraño en este escenario. He subido y recogido esos maravillosos hombres dorados antes, pero siempre para amigos. Una noche subí dos veces: una para el Almirante John Ford y otra para nuestro querido Gary Cooper. Estuve muy diestro e ingenioso esa noche, pero esta noche no me siento muy hábil, muy ingenioso. Me siento muy agradecido, muy humilde y debo dar las gracias a mucha, mucha gente. Quiero dar las gracias a los miembros de la Academia, a todos ustedes que nos están viendo por televisión, gracias por seguirnos con tanto interés en nuestra gloriosa industria. Buenas noches”.
La satisfacción que le produjo a John Wayne este galardón fue enorme, como lo prueba el hecho de que, al regresar de Los Angeles con la estatuilla, encargó una reproducción de la misma para todo el equipo técnico y artístico que había realizado la película. Reproducciones que tenían la particularidad de llevar un ojo tapado con un parche negro. “Durante años los críticos dijeron que yo no era un gran actor. Bueno, no hay que preocuparse. A la gente le gustan mis películas y eso es todo lo que cuenta”.
En 1979 el cáncer había ya invadido el estómago e intestino de John Wayne. Era el principio del fin. Aún así el actor acude a la entrega de los Oscars de dicho año, recibiendo una enorme ovación. Fue su última aparición en público, a pesar de sus palabras, que fueron estas: “Los Oscars y yo tenemos algo en común. Ambos llagamos a Hollywood en 1928. Los dos estamos algo zarandeados por la vida, pero seguimos aquí y pensamos hacerlo durante bastante tiempo”.

The Big Trail (1930)

Three Girls Lost
(1931)

The Hurricane Express
(1932)

Retorno al abismo (1936)


Born to the West


(1937)



La diligencia (1939)

La diligencia fue, en 1939, la mejor película de John Ford, junto a El delator, y supuso el renacimiento del western como género digno, además del gran trampolín para la carrera de John Wayne. Ford impuso a Wayne en el reparto y el actor nunca olvidó el gesto, al que debe el comienzo firme de su carrera hacia la gloria. El personaje de Ringo Kid le viene a la perfección a Wayne, no obstante trabajó duro y se dejó modelar por Ford, que concibió la película no como un western, sino como un retrato de la naturaleza humana.
La diligencia encierra toda la magia del western, tanto Ford como Wayne harían después tal vez películas mejores, no obstante en ella ambos demuestran que el cine, en sus manos, adquiría la condición de arte máximo.



Siete


pecadores (1940)



Piratas


del Mar Caribe (1942)


Nosotros
fuimos los sacrificados
(1945)

Hombre de presa
(1947)

Ángel y el pistolero (1947)

Tres padrinos
(1948)

Fort Apache (1948)

Río Rojo (1948)

Arenas sangrientas (1949)

Arenas sangrientas es una película decisiva en la carrera de John Wayne, no sólo por el gran éxito comercial o por su extraordinaria calidad, sino porque su trabajo iba a recibir la primera nominación al Oscar de su vida.
Era el espaldarazo de Hollywood después de veinte años y más de cien películas a sus espaldas.
Con el trasfondo histórico de la célebre batalla de Iwo Jima se plasma el heroísmo, la dureza y el valor de un puñado de hombres que se enfrenta a la muerte cara a cara y día a día.
Se mezclan impresionantes escenas bélicas con inclusión de secuencias documentales con momentos de hondo sentimiento dramático.
Wayne encarna perfectamente al héroe americano, pero su heroísmo es doloroso y lleno de renuncias.
El director Allan Dwan nos dice: “No es un hombre perfecto pero si un hombre entero, y con esto basta”.

Río Grande (1950)


Infierno en las nubes (1951)


Intriga en Honolulu (1952)


El hombre tranquilo (1952)


El infierno blanco (1953)


Hondo (1953)


Centauros del desierto (1956)

Escrito bajo el sol (1957)


Río Bravo (1959)

Misión de audaces (1959)


John Wayne dirige e interpreta El Alamo (1960)

“Estoy orgulloso de haber puesto en imágenes y para todo el mundo esta historia. Confío en que las nuevas generaciones recuerden lo caro que a veces resulta mantener la libertad” (John Wayne).
El Alamo, es una película que John Wayne deseó llevar a la pantalla desde 1949 como expresión de la idea que él tenía del mundo, de sus ideas personales y de su John Wayne retrata perfectamente los caracteres de los tres protagonistas, David Crockett (John Wayne), Jim Bowie (Richard Widmark), Coronel Travis (Laurance Harvey), hombres diferentes, opuestos pero que tienen que unirse para defender una causa común.
Escenas de ésta película son ya denominadas como épicas, y por supuesto inolvidables como la aparición de los voluntarios de Tennessee o la última noche de los sitiados.

Wayne exalta los valores humanos de manera valiente y honesta. Es digna de admiración la interpretación de los actores, la banda sonora de Dimitri Tiomkin, la fotografía de William H. Clothier, el paisaje, los diálogos y resaltando por encima de todo las secuencias finales que contienen la batalla más espectacular jamás rodada en la historia del cine, que acaban por ponerte un nudo en la garganta.
Esta película, por la que John Wayne puede sentirse ciertamente orgulloso, ha vencido al tiempo llegando a ser un clásico incontestable, una lección de patriotismo y dignidad, un ejemplo de las inmensas posibilidades que el cine posee.
“En El Alamo, se mezclan los géneros del western y el cine épico, es, en definitiva, una impresionante obra cinematográfica y el más importante y personal legado que ha dejado a la posteridad su protagonista, productor y director: John Wayne; para todas las familias, para todas las gentes, en cualquier tiempo y lugar. El Alamo es la más grandiosa película que jamás he visto”. (John Ford).

Alaska, tierra de oro (1960)

El día más largo
(1962)

Hatari!
(1962)

El Dorado
(1967):

Boinas verdes (1968), filme de apoyo a los americanos en la guerra del Vietnam. Dirigida e interpretada por John Wayne

Los
indestructibles
(1969)

Valor de ley (1969)

Chisum
(1970)


Río Lobo (1970)

El Gran Jack (1971)

John Wayne y los cowboys (1972)

La soga de la horca (1973)

McQ
(1974)

Brannigan
(1975)

El rifle y la Biblia (1975)

El último pistolero
(1976)
Ringo Kid, El Capitán York, Tom Dunson, Nathan Brittles, Tom Doniphon, Ethan Edwards, Rooster Cogburn… Todos ellos son inolvidables. Todos ellos son John Wayne, un gigante del cine.
Su nombre Marion Robert Morrison. Poco después, al nacer su hermano pequeño Robert, sus padres le cambiaron el nombre a Marion Michael.
Cuando contaba todavía con pocos años, la familia se traslado al sur de California. Iba todos los días a la escuela en una yegua algo desmejorada. Su yegua se hizo algo popular y a él comenzaron a llamarle Skinny, el flaco. Pero es cuando la familia se traslada a Glendale, un suburbio de Los Angeles, cuando le apodan el Duque -Duke- en este caso porque así llamaba el perro que le acompañaba todos los días a la escuela. Corría el año 1918.
Con tan solo 11 años era ya todo un trabajador. Se levantaba a las 4 de la mañana para repartir “Los Angeles Examiner”. Luego iba a la escuela. Seguidamente, entrenaba en el equipo de fútbol americano. Y finalmente al llegar a casa repartía los pedidos de su padre. Además, los sábados trabajaba en uno de los cines del pueblo repartiendo octavillas a cambio de un pase ilimitado para entrar a la sala gratis. Fue allí donde cogió gran afición por las películas. La lectura era de sus grandes aficiones, en especial los libros de aventuras como El último mohicano, Ivanhoe o Robinson Crusoe.
En el año 1921 comienza a estudiar en la escuela secundaria. Y allí comienza a llamar la atención como jugador de fútbol americano. Y es que en su último año en la escuela el joven Morrison pesa 80 kilos y mide 1,90 metros de altura. El deseo de su padre es que ingresara en el ejército, de forma que Marion solicita el ingreso en la Academia Militar de Annapolis, pero su solicitud es rechazada. Finalmente, recibe una beca de fútbol y se matricula en Derecho en la Universidad del Sur de California (USC). Allí en el equipo de fútbol se encontrara con uno de sus inseparables, o Ward Bond, que le acompañaría en el futuro en 19 películas. Pero el destino hizo que al segundo año se lesionara el hombro haciendo surf, con lo que consecuentemente perdió su beca y su carrera para la abogacía, al no contar con dinero. Era el año 1926.
Comenzó a trabajar como ayudante en la Fox donde tuvo oportunidad de aparecer por primera vez delante de una cámara al debutar como extra. Y después de unos años, le llegó la oportunidad. Raoul Walsh buscaba a un actor principal para La gran jornada (1930). De modo que John Ford que había conocido poco antes al joven Morrison le recomendó. La película resulto ser un fracaso en taquilla, y le relegó a películas de “clase B” para los próximos anos. Sin embargo, supuso un hito en vida del joven Morrison. Y es que a Walsh no le gustaba el nombre de Morrison y por motivos comerciales le bautizaron como John Wayne. Un nombre ya mítico, pero que el mundo aún desconocía.
Durante los años treinta rodó innumerables películas de bajo presupuesto, trabajando en diferentes estudios. También en esos años conoce a Enos Canutt, que en el futuro sería su doble en numerosas películas del oeste. En el mundo del cine conocido como Yakima Canutt, ya que era de Yakima, estado de Washington.
Entonces de la mano de John Ford en La diligencia (1939), John Wayne se convirtió en estrella de Hollywood. Como Ringo Kid encarnó un personaje sincero, callado, incorruptible y galante. Fue entonces como comenzó su particular sociedad con el maestro John Ford, sin duda el hombre más influyente en su carrera. Probablemente los otros dos nombres a mencionar serian Howard Hawks y Henry Hathaway.
Poco después llegó Pearl Harbor y la entrada de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Sin embargo, John Wayne técnicamente quedaba fuera del servicio. Durante los años 40 fue forjando su estilo incomparable y convirtiéndose en uno de los actores más famosos en la pantalla. Películas memorables de estos años son Río Rojo (1948) de Howard Hawks y la trilogía de la caballería de Ford: Fort Apache (1948), La legión invencible (1949) y Río Grande (1950). En estos años la reputación de John Wayne aumento enormemente, y un éxito de taquilla asegurado.
Pero fue en los 50 cuando John Wayne realizó sus mejores filmes. Algunos son inmortales. Es el caso de El hombre tranquilo (1952), Centauros del Desierto (1956) o Río Bravo (1959), entre otros muchos. En 1960, pudo por fin llevar a cabo uno de sus grandes proyectos, dirigir una película sobre la lucha por la independencia de Texas en los tiempos del dominio mejicano. El resultado fue El Álamo (1960), una superproducción que le valió una cierta ruina económica al propio Wayne.
En 1964, comenzó su batalla contra el cáncer. Le diagnosticaron uno maligno en un pulmón. Se sometió de una severa operación, en la que le extirparon un pulmón y parte del otro. John ganó esta primera batalla contra lo que sería su peor enemigo. Durante los 60 rodó El hombre que mató a Liberty Valance (1962), El Dorado (1967)
y Valor de Ley (1969). Esta última le valió el único Oscar de su carrera cinematográfica, por la soberbia interpretación de Rooster Cogburn.
Durante los años 70 el incombustible Duke siguió rodando filmes. En 1978, le diagnosticaron un segundo cáncer y por segunda vez tuvo que pasar por el quirófano. Su salud estaba ya muy mermada, pero aun así el incombustible Wayne, salió adelante. Su última aparición pública fue en la entrega de los Oscars ese mismo año en la que recibió una tremenda ovación. A principios del año 1979, a petición de las actrices Maureen O’Hara y Elizabeth Taylor le fue concedida la medalla de oro del Congreso de los Estados Unidos de América. En la medalla se podía leer una inscripción: “John Wayne, americano”.
Finalmente, se le diagnosticó un tercer cáncer en el intestino. Cuando ya se debatía entre la vida y la muerte, John solicitó la asistencia espiritual de un sacerdote católico. Le atendió el capellán del hospital, el padre Francis Curtis. Poco después recibía el bautismo y era acogido en el seno de la Iglesia Católica. Murió con 72 años el día 11 de junio de 1979. En su epitafio se pueden leer en castellano unas breves palabras, “feo, fuerte y formal”.
John Wayne fue un gigante del cine. Un icono americano. Un mito y una leyenda. Siempre estará entre los más grandes.
El “Duke” se casó en tres ocasiones: con Joshephine Saenz, Esperanza Baur (“la chata”) y finalmente con la peruana Pilar Palette. Todas ellas de ascendencia latina. Tuvo 7 hijos: Michael, Antonia, Patrick, Melinda, Aissa, John Ethan y Marissa.

Con su hijo Ethan (1970)

Con su hija Marissa (1970)

Con su mujer, Pilar Palette (1972)

1978

John Wayne “El Duke”
Decía Jean-Luc Godard que odiaba a John Wayne cuando éste manifestaba sus opiniones políticas sobre la guerra de Vietnam, pero que lo amaba cuando al final de Centauros del Desierto (1956, John Ford) eleva al cielo con sus manos a la pequeña Natalie Wood.
Wayne vivió la era dorada del cine de Hollywood, y trabajó ininterrumpidamente desde sus comienzos en algunos western mudos de mediados los años 20, hasta muy poco antes de su muerte, cuando rodó en 1976 su última película, El último pistolero, de Donald Siegel. O dicho de otro modo, fue uno de los actores protagonistas masculinos que tuvo la enorme fortuna de trabajar en ese momento de esplendor de la industria cinematográfica norteamericana, la de los grandes estudios, que va, por ejemplo, desde La diligencia (1939, John Ford), hasta el mismo comienzo de los años 60: El hombre que mató a Liberty Balance (1962, John Ford), momento en el que la industria televisiva, entre otros muchos factores, destruyó definitivamente el sistema construido en torno a los estudios.
A lo largo de este amplio periodo, Wayne tuvo la oportunidad de trabajar con muchos de los grandes directores de la industria, muchos especializados en western o en cine de aventuras, por ejemplo, con Raoul Walsh, Cecil B. DeMille, Edward Dmytryk, John Huston, Michael Curtiz, Nicholas Ray, William Wellman, Josef Von Sternberg, Henry Hathaway, John Sturges, Mervyn LeRoy, Otto Preminger…, aunque son sus colaboraciones con John Ford y Howard Hawks las que realmente lo colocan en el lugar de privilegio que tiene en la historia del cine.
Es muy conocida la anécdota según la cual, Ford asistía al rodaje de Río rojo de su amigo Hawks, y viendo algunas de las escenas, le dijo a su amigo director refiriéndose a John Wayne:¡”pero si el cabrón sabe actuar”!
Con Howard Hawks protagonizó todos sus western: Río rojo (1948), Río Bravo (1959), El Dorado (1967) y Río Lobo (1970), además de la estupenda película de aventuras Hatari! (1962), todas, salvo quizá la ya tardía Río Lobo, magníficas, y con los dos primeros ríos como definitivas obras maestras.
Con John Ford, para muchos críticos el más grande director de la historia del cine, protagonizó muchas más películas, más de una docena. Mencionarlas todos no tendría, quizá, mucho sentido, pero aquí queda apuntada una muestra que, habla por sí sola, de la gran cantidad de obras maestras y magníficas películas protagonizadas por John Wayne a lo largo de su carrera: La diligencia (1939), Hombres intrépidos (1940), Fort Apache (1948), La legión invencible (1949), Río Grande (1950), El hombre tranquilo (1952), Centauros del desierto (1956), Escrito bajo el sol (1957), Misión de audaces (1959), El hombre que mató a Liberty Valance (1962), La taberna del irlandés (1963).
Para corroborar la inmensa calidad como actor de cine de John Wayne, siempre y cuando estuviera bien dirigido claro, como todos, basta con hacer mención sólo de algunos planos o de algunas secuencias, en las que casi siempre sin palabras, sólo con la mirada, la rotunda presencia física y el elocuente pero sencillo gesto, Wayne contaba mucho más que muchas de las actuales estrellas de cine, muchos de ellos grandilocuentes histriones verborreicos.
Sólo hace falta ver a Wayne, por ejemplo, en Río Bravo, para tener una idea de su talla: es imposible estar mejor en una película, parece no actuar, simplemente está ahí, pasándoselo bien, como si toda su existencia hubiera consistido en deambular junto a los inconmensurables Walter Brennan y Dean Martin por las calles del pueblucho en el que transcurre la acción. Y qué me dicen del momento en el que abraza sin mirarla a Maureen O’Hara y la besa en la frente en el romántico y lejano cementerio que aparece en El hombre tranquilo: no se puede expresar mejor la dulce y recatada ternura por la mujer amada y a la vez el loco deseo sexual por ella.
Y en Centauros del desierto, qué opinan de ese primer plano (los primeros planos, claro, son la prueba de fuego de los grandes actores de cine) tremendo y emocionante en el que el personaje de Wayne sabe que ha perdido al amor de su vida a manos de los indios, y le quita la silla de montar a su caballo, como si tal cosa, como un profesional, aunque debe apoyarse en el lomo para no desfallecer de dolor. ¿O qué me dicen del final de la película, probablemente uno de los más hermosos, emocionantes y devastadores de la historia del cine, cuando Wayne queda en el centro del plano, fuera del hogar familiar al que van accediendo todos los demás personajes menos él, y consciente de la soledad abrumadora que lo envuelve y le espera para siempre, él mismo se acaricia levemente el brazo mientras se da la vuelta y se pierde borrado del plano por el polvo que levanta el viento de la historia?

¿Y qué decir de la escena de El hombre que mató a Liberty Valance, cuando sabe que el amor de su vida prefiere a James Stewart, y borracho y loco de dolor destruye el hogar que había construido para ella? Inolvidable.


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