Terence Hill & Bud Spencer

Película estrenada entre Actores

Terence Hill (Mario Girotti)
(Venecia, 1939)
&
Bud Spencer (Carlo Pedersoli)
(Nápoles, 1929)

TERENCE HILL

Mario Girotti nació el 29 de marzo de 1939 en Venecia, Veneto (Italia).
Su madre era alemana y por esta razón su familia se trasladó a Saxonny (Alemania), donde llegaron a sobrevivir a un bombardeo en la II Guerra Mundial. Tras regresar a Italia, el director Dino Risi lo eligió a los doce años para intervenir en Vacanze col gangster (1951). Años más tarde estudió literatura clásica en la Universidad Roma y decidió retomar su carrera como actor siendo destacable su papel del conde Cavriaghi en el célebre melodrama El gatopardo (1963, de Luchino Visconti). Luego participó en varias producciones italianas de calidad dispar.
Sin embargo, su carrera tomó otros derroteros cuando fue escogido para aparecer en spaghetti-westerns, ya que debido a su aspecto físico, podía pasar por anglosajón. A partir de ese momento comenzó a usar el seudónimo de Terence Hill. En 1967 se casó con la actriz Lori Hill, siendo padres de dos hijos (uno de ellos fallecido).

BUD SPENCER

Carlo Pedersoli nació el 31 de octubre de 1929 en Nápoles, Campania (Italia).
Desde joven fue un excelente deportista, participando dentro de la modalidad de natación en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952.
Compaginó esta disciplina con sus primeros trabajos como extra en películas norteamericanas rodadas en Italia como Quo Vadis? (1951) o Adiós a las armas (1957).
Tras abandonar la natación, en 1960 se casó con Maria Amato, siendo padres de tres hijos.
A finales de los años 60 prosiguió su carrera como actor, acreditándose como Bud Spencer. Por su aspecto rudo y corpulento, fue elegido para papeles secundarios en varios spaghetti-westerns de baja calidad y en un ya papel importante en la delirante Un ejército de 5 hombres (1969).
En 1968 Terence Hill participó en uno de estos spaghetti-westerns: Tú perdonas, yo no, en el que conoció a Bud Spencer. Ambos intérpretes pronto se hicieron amigos y comenzaron a aparecer en varias películas, formando una exitosa y longeva pareja artística.
Primero fue en otro spaghetti-western titulado La colina de las botas (1969), sin embargo su gran lanzamiento llegó con Le llamaban Trinidad (1971), un filme en el que se autoparodiaba al western tradicional, introduciendo elementos de humor y las tradicionales peleas de puñetazos, que se convirtieron en “marca de la casa”.
Durante los años 70 y principios de los 80, protagonizaron numerosos filmes italianos como Le seguían llamando Trinidad (1972), secuela de su gran éxito, así como una serie de comedias de acción contemporáneas cortadas siempre por el mismo patrón, entre las que destacan: y si no, nos enfadamos (1973), Dos misioneros (1974), Dos super policías (1976), Par Impar (1978), Estoy con los hipopótamos (1979), Quien tiene un amigo, tiene un tesoro (1981) o Dos super super esbirros (1983), todas estas películas tuvieron una larga vida, gracias a su posterior explotación en vídeo y TV.
Con vistas a rentabilizar aún más su fama, ambos actores protagonizaron sus propias películas, vehículos de lucimiento, por separado.
Bud Spencer siguió repartiendo tortazos en la tetralogía del detective “Zapatones”: El super poli (1973), Pies grandes (1975), Puños fuera (1977) y Zapatones (1979), así como El sheriff y el pequeño extraterrestre (1979) o la secuela de ésta, El super sheriff (1980). Sin olvidar Dos granujas en el oeste (1981), Banana Joe (1982) o Bombardero (1982).
Por otro lado, Terence Hill rodó un spaghetti-western a la antigua usanza, titulado Mi nombre es Ninguno (1973). Trató de hacerse un hueco en el cine norteamericano protagonizando El heredero de un billón de dólares (1977) y Marchar o morir (1977). Sin embargo, a pesar de estar acompañado de repartos de categoría, el intento fue en balde y regresó a Italia para participar en la comedia de acción El super poderoso (1980) y en Don Camilo (1983) un “remake” -dirigido por él mismo- de un clásico de la comedia italiana estrenado en 1952.
En 1985 la pareja protagonizó Dos superpolicías en Miami, un filme que significó el canto del cisne de este subgénero.
A finales de los años 80, sus carreras comenzaron a declinar.
Bud Spencer rodó la comedia Aladino (1986). Entre 1988 y 1989 participó en la miniserie policiaca de TV “Big Man” y a principios de los años 90 intervino en la miniserie de acción titulada “El maxipolicía”, de la que se grabaron varios episodios entre 1990 y 1993, primero acompañado por Philip Michael Thomas y luego por Michael Winslow.
Terence Hill interpretó y escribió la comedia de acción Renegado Jim (1987). Tras varios años de inactividad, en 1991 protagonizó y dirigió un mediocre telefilme basado en el célebre personaje de cómic, Lucky Luke, que dio pie a una desafortunada serie televisiva de una sola temporada.
En 1994 los actores volvieron a colaborar juntos en Y en Nochebuena se armó el belén, un western en la línea de los trabajos que los habían hecho célebres antaño, pero los gustos del público ya habían cambiado y el filme no acabó de funcionar.
En los últimos años sus carreras han proseguido siendo discretas:
En 1997 Bud Spencer protagonizó otra miniserie de TV junto a Philip Michael Thomas, titulada “We Are Angels”, luego participó como secundario en dos filmes españoles, el thriller Al límite (1997) y la producción histórica Hijos del viento (2000). Su último trabajo hasta la fecha -para la pantalla grande- ha sido en la película italiana Cantando dietro i paraventi (2003). En 2005 interpretó para la TV italiana “Padre Speranza”
Terence Hill dirigió e interpretó -con su amigo Bud Spencer- la comedia-western En Nochebuena se armó el belén (1994) y participó en la comedia de suspense Cyberflic (1997), su última película. Tras unos años de inactividad, en 2006 ha rodado la serie de TV “Don Matteo” y acaba de terminar el telefilme “L’Uomo che sognava con le aquile”.
Terence Hill & Bud Spencer

Insaciables glotones y poco “finos”
Hablar de Terence Hill y Bud Spencer suele ser un ejercicio que se queda en la superficie de su talento y su aportación al mundo del cine. Renovadores absolutos de la comedia en un momento, los años 70, en que el género parecía anquilosado, Bud Spencer y Terence Hill se inscriben en la lista de nombres que, junto con Blake Edwards y Jerry Lewis, consiguieron, durante esos años, darle nuevos aires.

Terence Hill -Mario Girotti hasta 1967- tiene, por su parte, una biografía más ajetreada y un tanto marcada por la tragedia, lo que se trasladaría a la pantalla. Pensemos en el carácter más reflexivo e intelectual de Hill, que no se pega de buenas a primeras; utiliza más la cabeza y arrastra, en definitiva, un sentimiento más existencial de la vida en las películas del dúo. Terence (Venecia, 1939), con un desarrollo intelectual inferior al de Bud -sólo estudió Literatura Clásica Latina en la Universidad de Roma durante tres años-, pero con una conciencia mayor del sentido último de la existencia -uno de sus hijos murió en accidente de coche-, tras algunas apariciones en películas como El gatopardo (1963, Luchino Visconti), decidió hacer cine de verdad y aterrizó también en Tú perdonasyo no (1968) plantando la semilla, junto con Bud Spencer, de lo que sería una de las páginas más populares del Séptimo Arte.

Bud Spencer es el seudónimo de Carlo Pedersoli (Nápoles, 1929) y, como todo gran actor que se precie, aterrizó en el cine sin querer. Porque Carlo tiene estudios de Químicas en la Universidad de Roma y es licenciado en Derecho, amén de realizar viajes a EE.UU. y Sudamérica en los que amplía sus inquietudes culturales. Además, fue en su juventud un gran nadador. Consiguió ser durante diez años campeón de Italia en los 100 metros libres y representó a su país en los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952) y Melbourne (1956) en natación y waterpolo. Vamos, un auténtico hombre del Renacimiento. Una personalidad de este talento -habla seis idiomas- no podía pasar inadvertida en el mundo del cine. Tras hacer algunos cameos poco serios en los que Carlo se fijaba detalladamente en los matices interpretativos de los actores del celuloide, en 1968, el director Giuseppe Colizzi le ofreció protagonizar su película Tú perdonasyo no.
Desde que Griffith descubriera a Lillian Gish, el mundo del cine no había asistido al descubrimiento de un talento similar. Carlo tuvo que cambiar su nombre y se puso Bud -que en inglés significa “capullo de flor”, una palabra que definía su aspecto físico- Spencer -por Spencer Tracy-. Bud Spencer es mucho más inteligente de lo que pudiera parecer, y con ese alias, consiguió su sueño de rendir homenaje haciendo aún más internacional a su admirado Spencer Tracy.

Como se observa, dos personas preparadas; con un talento enorme; dos diamantes en bruto a los que sólo hacía falta pulir. Tras limar esta riqueza en películas de importancia únicamente testimonial e historiográfica, su reconocimiento tanto artístico como comercial les llegaría con Le llamaban Trinidad (1971, E.B. Clucher -Enzo Barboni-).
Western complejo donde los haya, con un dibujo de personajes que huye del maniqueísmo -ambos representan el papel de dos hermanos que tan pronto están a favor como en contra de la ley, según sus intereses personales y egoístas-, y un montaje que no esconde los aspectos de la vida cotidiana de los protagonistas, Le llamaban Trinidad es uno de los más claros exponentes del llamado “spaghetti western”. La película tuvo un éxito arrollador y sentó las bases de una fórmula que repetirían en un sinfín de interesantes películas, sin caer -y aquí radica la grandeza del dúo- en la monotonía ni la redundancia.
Mucho se ha hablado de los puñetazos de Terence Hill y Bud Spencer. Si bien ambos tienen estilos definidos y diferenciados -el primero más visceral e inmune a los golpes recibidos, el segundo más vulnerable, pero también más inteligente-, pocas veces se ha reparado en esta circunstancia, de la misma manera que, incomprensiblemente, poquísimo se ha hablado de sus influencias.
El golpe constituye, desde los orígenes del cine cómico, un elemento primordial de trasgresión. Desde las películas de Chaplin, Keaton, y Laurel y Hardy hasta las de Terence Hill y Bud Spencer se desarrolla toda una línea de cómicos en todas las manifestaciones de la cultura popular del siglo XX que utilizan el golpe como expresión de descontento del orden social impuesto.
Terence Hill y Bud Spencer -al igual que Astérix y Obélix- no dan mamporros de forma gratuita. No. Siempre golpean a malvados sin escrúpulos, gangsters corruptos o, simplemente, desaprensivos que intentan abusar de los más desfavorecidos y de los débiles.
La orgía de tortazos en que suelen acabar las películas de Terence Hill y Bud Spencer simbolizan la catarsis en la que se refleja todo espectador sensible a la realidad social que nos circunda. Muchas veces se ha frivolizado con estas películas considerando que eran un burdo entretenimiento carente de fondo. No es del todo cierto. Los filmes de esta pareja son auténticas bombas de relojería cargadas de mensajes subversivos y revolucionarios.
A Le llamaban Trinidad (1970) y Le seguían llamando Trinidad (1971), le siguieron una serie de películas en que el humor de ambos se iba haciendo más complejo y, también, ciertamente más melancólico y desesperado. Una obra significativa es también y si no, nos enfadamos (1974), otra de las cimas de su filmografía. Terence y Bud se enfrentan a un peligroso clan de mafiosos por haberles destrozado el coche. Bajo este leve pretexto narrativo, la película desarrolla una serie de valores como el triunfo del trabajo y la voluntad -los protagonistas no se rinden en reivindicar lo que es suyo-, la camaradería y la amistad -ayudan a su amigo el mecánico-, o la necesidad de que se imponga la justicia -puesto que al final “los malos” tienen que ceder a sus exigencias-. Todo esto sazonado con algunas secuencias antológicas de humor -la apuesta de las salchichas y las cervezas, los ensayos del coro o la pelea en el gimnasio- y con la presencia de un secundario de lujo como Donald Pleasance. Sin olvidar hilarantes líneas de diálogo como la de “Devuélvenos nuestro cochecito” que actúan de contrapunto cómico en la gravedad de las situaciones.
Tras realizar Dos misioneros (1974) y Dos superpolicías en Miami (1976, E.B. Clucher -Enzo Barboni-) en las que abordan con humor dos temas tan delicados como el de la religión y la seguridad ciudadana, se embarcan en Par impar (1978). Esta película, disecciona con la sutileza de un bisturí la corrupción en el mundo del juego y, por extensión, la naturaleza corrupta del ser humano. Es un filme cargado de muy “mala leche”, en la que no salvan a nadie de la quema -ambos hacen el papel de hermanos que tienen un padre que se hace pasar por ciego para huir de unos matones a los que les debe dinero–; la estructura sigue una progresión “in crescendo” que permite al espectador zambullirse en ese mundo de degradación moral: desde la secuencia inicial de Terence jugando en un bar a una máquina de pin-ball, hasta los juegos más desarrollados de los casinos y los deportes amañados, asistimos a un duro retrato de la crudeza de los tiempos modernos. Para la antología del mejor cine cómico quedan secuencias como la del carrito y el helado de pistacho, un sutil homenaje a Sopa de ganso, de los Hermanos Marx.

Rondando los años 80, Terence Hill y Bud Spencer ahondan en sus temas favoritos: el valor de la amistad por encima de todo: Quien tiene un amigo, tiene un tesoro (1981); las reivindicaciones ecologistas: Estoy con los hipopótamos (1979); o la denuncia social Dos superpolicías en Miami (1985).
Con la llegada de los años 90, el peso de la edad no perdona, Terence Hill y Bud Spencer se ven obligados a abandonar, a pesar de alguna última incursión de poco éxito comercial. Empujados por las nuevas hordas de comedias tontas de adolescentes ambientadas en universidades americanas, el nuevo público prefiere las frivolidades de Hollywood frente al inteligente humor del cine europeo -que no renuncia a sus influencias americanas en un saludable ejercicio de mestizaje cultural- que proponen Terence Hill y Bud Spencer.
Los últimos años 80 y los primeros 90, con la ola de neoconservadurismo que se vive en los EE.UU. -los Rambos de Stallone dan fe de ello- hacen que el humor corrosivo, cínico y destructivo de Terence Hill y Bud Spencer -lamentablemente- deje de tener una buena acogida.
Con todo, realmente no se les ha brindado a Terence y Bud un reconocimiento como merecen. La historia de siempre vuelve a repetirse y parece ser que, de nuevo, tendrán que esperar a que sean ancianos, para que algún festival europeo ofrezca una retrospectiva de sus trabajos. El homenaje final aún no ha llegado, y cabe confiar en la sensibilidad de alguna filmoteca para evitar el olvido de estos grandes cómicos. Las aportaciones a la comedia moderna han sido tantas por parte de Terence Hill y Bud Spencer, que sería una pena que tuviésemos que lamentarnos, todos los amantes del cine, con homenajes póstumos. Esperemos que eso no ocurra.
Terence Hill dirigió tres películas -una de ellas, En Nochebuena se armó el belén (1994) además fue actor junto a Bud Spencer- y algunos capítulos de la serie de italo-americana de TV Lucky Luke en 1991 y 1993.
Terence Hill y Bud Spencer actuaron juntos en 19 títulos (una cinta en 1951, Vacanze col gangster -con sus nombres italianos-; otra en 1960, Annibale -con nombres italianos-; y el resto desde 1967 a 1994 -definitivamente como Terence Hill y Bud Spencer, fuese o la cinta italiana o americana-).
Terence Hill interpretó su última película en 1997 y, tras un tiempo inactivo, en 2006 interviene -con el principal papel- en la serie de la TV italiana “Don Matteo”.
Bud Spencer está muy activo en TV desde finales de los años 80; puntualmente -a fecha de hoy ha intervenido en cinco o seis películas para la gran pantalla-.


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