
(Nueva York, 29 julio 1905 – Los Angeles, 27 septiembre 1965)


La pelirroja Clara Bow representó a la mujer moderna estadounidense, desenvuelta y liberada de los frívolos años 20.
Su película más característica fue Ello (1927, Clarence Badge). La propia Clara definía el “ello” que titulaba su película como “una cualidad que algunos poseen para atraer a los demás con fuerza magnética”. Ella estaba segura de tener “ello”. No lo tuvo fácil como hija de un alcohólico que la había violado y una perturbada mental que había intentado asesinarla de niña, y le había dejado un insomnio crónico.
Siguió triunfando con Alas (1930), Una de tantas (1928), La loca orgía (1928) o Curvas peligrosas (1929).
Era divertida, juerguista y se metió en su cama a casi todos los guapos de la pantalla, desde Gary Cooper, que la utilizó para escalar en su carrera de galán al principio, hasta Bela Lugosi, después de verle haciendo “Drácula” en un teatro.
Estaba convencida de que su primer deber de “star” la obligaba a mantenerse en el estilo de vida que el público asociaba con su puesto. Y con determinación se agarró a él. Se rodeó del máximo en lujos, pieles de última moda, joyas deslumbrantes y un guardarropa de modelos fabulosos que se renovaban para evitar cualquier repetición.
Como para muchos de sus amigos, la “Gran Depresión” de 1929 en EE.UU. fue el comienzo de la caída.
Sus idilios eran valorados por la prensa del cotilleo como “material de primera”, pero un síntoma de que la situación había cambiado fue que cuando montó un gran escándalo en 1930, con una batalla campal protagonizada en los tribunales, la sala del juicio estuvo medio vacía. Al año siguiente Clara era víctima de su primera depresión nerviosa, mientras la mayoría de sus antiguos admiradores buscaban trabajo por las calles.
Se recuperó ligeramente en un manicomio, y su regreso al cine sonoro al año siguiente fue brillante, con Sangre rebelde (1932). Pero fue un final porque las cosas empeoraron muy deprisa.
Durante este período nació el concepto de “bas been”, que viene de “Has been” (ha sido), para aplicarlo a las grandes estrellas caídas en el descrédito pero que aún son reconocidas fácilmente por sus antiguos admiradores. El dolor que le produjo convertirse en una reliquia desembocó en la locura. Se recluyó en un sanatorio, donde la envolvían en sábanas heladas para superar las crisis. Su carrera terminó a los 28 años.
Clara Bow (1925)
Era la pelirroja estrella más pizpireta de todo Hollywood. llamada la más ardiente hija del jazz. Sus deudas en el juego o sus romances con señores casados eran tan conocidos como sus películas.
Una noche conoció a Bela Lugosi en un teatro en el que interpretaba -cómo no- a “Drácula”, y mantuvo con él un breve romance. Pero el escándalo estalló en 1930 cuando su secretaria privada vendió toda la intimidad de la actriz a una revista. La secretaria había ido anotando todos los hombres que habían entrado en su casa durante los 4 años que trabajó parea ella. Entre ellos Rex Bell, Edie Cantor, Gary Cooper o un equipo completo de fútbol americano entre los que se encontraba Marion Morrison, luego conocido como John Wayne. Clara llevó a los tribunales a su ex-empleada. Tras intercambiarse acusaciones la secretaria fue acusada y declarada culpable de apropiación indebida de grandes cantidades de dinero de la actriz. Su carrera se derrumbó ya que no se le perdonó el escándalo. Los estudios no le renovaron el contrato y cayó víctima de graves depresiones nerviosas y del insomnio. Tras ingresar en una clínica se retiró de Hollywood y se asentó en Nevada. El dolor que le supuso el final de su carrera -tampoco logró adaptarse al sonoro- y el final de todo aquello que hasta ahora era su vida desembocó en la locura. Su última película la había rodado en 1933.



















