Hedy Lamarr

Película estrenada entre Actrices



(Viena, -Austria-Hungría-, hoy Austria, 9 noviembre 1913 – Orlando, Florida, 19 enero 2000 )


Considerada como la más bella estrella del cine de su tiempo, Hedy Lamarr debe su fama a un solo filme que recorrió el mundo: √âxtasis (1933, Gustav Machat√≠¬Ω) -en la que por espacio de diez minutos aparece completamente desnuda, primero al borde de un lago y luego corriendo por la campiña checa- y que conmovió profundamente a la moral de la época. Su punto de destino, 34 años después, sería la publicación de un libro que dejaba en mantillas el escándalo del filme. Se tituló ese libro “Ecstasy and Me” (1967) y puede definirse sencillamente como una autobiografía erótica que cayó como una bomba en Hollywood.
Porque lo cierto es que muchos se preguntan si la única contribución al cine de esta bellísima actriz fue el hecho de ser la primera mujer que atravesó desnuda una pantalla. Claro que también hay quienes opinan que, aunque no tenía talento, sí poseía una presencia que trascendía la maldad de los guiones que le cayeron en suerte.
Solamente Cecil B. DeMille tuvo fe en sus posibilidades, brindándole, aunque algo tardíamente, la posibilidad de desplegar sus innegables dotes de “femme fatale” en el que sería el personaje más característico y popular de su efímero pero memorable reinado: la veleidosa y frágil Dalila. Pero fue suficiente en una época en que, más que el talento, lo que el público reclamaba a sus estrellas era la hermosura y el carisma personal. Y en eso nadie pudo competir con Lamarr.
La primera etapa de su carrera corrió paralela al auge del cine alemán y austriaco de los años 30, una década en la que trabajó con directores como Georg Jacoby, Karl Boese y Alexis Granowsky. Luego, su primer marido, Fritz Mandl -miembro del partido nazi-, intentó comprar todas las copias existentes de √âxtasis, pero ella se divorció antes de que pudiera cumplir su misión y la película se distribuyó en todos los rincones del planeta. Internacionalmente famosa por sus escandalosos desnudos acuáticos, la Metro la contrató en exclusiva y se la llevó a Hollywood con miras a hacerla tomar el relevo de Greta Garbo.
No fue, efectivamente, su talento, sino su perfección física -delicioso rostro de gatita, labios delicadamente protuberantes, melena negra, figura gloriosa- lo que le valió su contrato con Louis B. Mayer. Al llegar a los EE.UU. alcanzó las más altas cimas de la sofisticación y la belleza -no es casual que, en su artificio prodigioso, sea uno de los rostros preferidos por los homosexuales nostálgicos-. Fue una joya que llegaba del escándalo y terminó volviendo a él.
Sin embargo, tras el sensacional éxito de su debut americano en Argel (1938, John Cromwell), donde ofreció una imagen mucho más pulida que en sus anteriores trabajos, con un papel bomba: el de la joven de buena sociedad por cuyo amor fatal abandona el refugio de la Casbah aquel romántico Pepe le Moko -un incomparable Charles Boyer-, la carrera de Hedy fue diluyéndose en la mediocridad víctima de las películas que el Estudio fue ofreciéndole. Quedó encasillada como mujer fatal o misteriosa y su trabajo junto a los actores más famosos del momento la obligó a sacar talento de donde no lo había. Quizá se podría aducir en su descargo que nunca se le permitió dar rienda suelta a esa sensualidad que podría haberle abierto las puertas de la inmortalidad cinematográfica. Pese a ello, su tremenda popularidad apenas se vio afectada y durante la II Guerra Mundial pudo presumir de ser una de las más disputadas “cover girls” de Hollywood y una de las “pin-up” favoritas de los combatientes.
Aunque no causara estragos en taquilla, por lo menos obtuvo buenas críticas por interpretaciones como las de Camarada X (1940, King Vidor), Fruto dorado (1940, Jack Conway) y Cenizas de amor (1941, King Vidor). Desligada definitivamente de la Metro en 1945, Lamarr intentó enderezar su rumbo y formó una productora propia. Pero su olfato cinematográfico resultó aún menos agudo que el de los responsables del Estudio que la lanzó a la fama, y sus trabajos posteriores no aportaron nada a su gloria ni a las taquillas. En medio de esta debacle surgiría milagrosamente su mejor película y su más característica e imperecedera creación cinematográfica: en Sansón y Dalila (1949, Cecil B. DeMille) con Victor Mature como Sansón.




En Sansón y Dalila (1949)
Tras el impacto de esta película, su carrera sufrió un rápido declive, debido a sus esporádicas y poco afortunadas intervenciones en filmes cada vez peores y a los escándalos provocados por sus frecuentes divorcios -y también su negativa a participar con apariciones personales en el lanzamiento de sus filmes-. Entre el escándalo de las revelaciones de una autobiografía que publicó, la decadencia, cinco matrimonios y una filmografía edificada sobre la improvisación total, pues Lamarr cometió muchos y muy sonados errores, no fueron los menores rechazar tres filmes que se convertirían en otros tantos éxitos de Ingrid Bergman: Casablanca, Luz que agoniza y La exótica.
Hedy había nacido en el seno de una familia de un banquero y una pianista de origen judío. Estudió en la prestigiosa academia de arte dramático de Max Reinhardt (Berlín) -aspecto éste que no se le llegó a notar nunca- y en una escuela de interpretación de Viena. Su primera película, fue con el nombre de Hedy Kiesler. Interpretó varias obras de teatro en Viena.
En 1933 se casó con Fritz Mandl, uno de los cuatro mayores comerciantes de armas del mundo., y dejó el cine durante cinco años. En 1937, ante la amenaza nazi se trasladó a Inglaterra y más tarde a los EE.UU. En 1938 firmó un contrato con la Metro. En 1951 se declaró en bancarrota y sus bienes fueron vendidos en pública subasta. En 1953 adquirió la nacionalidad estadounidense. En 1957 trabajó en TV. En 1965 fue detenida por robar en unos grandes almacenes -aunque luego se supo que era cleptómana-. En 1966 publicó su autobiografía. Matrimonios: Friedrich (Fritz) Mandl (1933-1937). Gene Markey (1939-1941); un hijo adoptivo, James Lamarr. John Loder (1943-1947); dos hijos, Denise Hedwing (1945) y Anthony John (1947). Ernest “Ted” Stauffer (1951-1952). Howard Lee (1953-1960). Lewis J. Boies (1963-1965).
Hedy Lamarr, la vampiresa de porcelana


El mundo supo de ella cuando apareció corriendo desnuda por el campo en √âxtasis, de Gustav Machaty, cinta de la que se habla mucho menos de lo que parece, y se la conoce mucho menos de lo que se cree, en esta época de conferencias, encuentros, homenajes, seminarios y talleres, tan abundantes en todos los países.
Tenía cuerpo de ninfa, cabellera negra y grandes ojos asustados. Vienesa de nacimiento, se llamaba Hedwig Kiesler y contaba apenas 17 años. Antes había sido discípula de Max Reinhardt, en Berlín, y trabajado algo en el cine checo y alemán.
√âxtasis trajo a la pantalla el concepto del erotismo como pasión, en todo su linaje, en toda su alta pureza. Aquí está adscrito el amor como suprema pasión e ideal humanos.
Es el amor erótico, pero amor.
Años después, el erotismo será considerado independiente del amor, sin su pasión y sin su máscara protectora, y nacerá ese moderno cine de lo sexual por sí mismo, con escándalo semejante al que este filme ocasionó entonces (1933) al descubrir y abordar el tema.
Hoy día, √âxtasis y Gustav Machaty son apenas unos nombres cada vez con menos significados, que se borran lentamente como una vieja lápida. Y sin embargo, aquella fue una gran cinta y el fue un gran realizador que hizo aportaciones valiosas al desarrollo del séptimo arte.
La historia de la jovencita Kiesler es otra. Instalada en Hollywood por Louis B. Mayer, uno de los jerarcas de la Metro, se le puso el nombre artístico de Hedy Lamarr, y en 1938 debutó en Argel, versión californiana del Pepé le Moko francés, dirigido por Julien Duvivier, dos años antes, y ahora bajo la responsabilidad del magnífico John Cromwell.

El filme fue un gran éxito. Y como sucedía en semejantes ocasiones, la productora no sólo le dio un nuevo nombre, sino también le confeccionó un rígido personaje de mujer aventurera, elegante y fría, tal como el interpretado en Argel. Quedó marcada. Fue convertida rápidamente en una Venus de oropel. En una vampiresa de porcelana.
Un bello objeto de regalo
De esta manera desaparecía la vital muchacha que había actuado en la cinta europea y se daba paso a un maniquí que sólo alcanzaba a sonreír. Se daba entrada a una bella muñeca envuelta en encajes y tules, con magníficos y selectos vestidos o con el breve y simple atuendo negro que luciría en tantas y tantas películas.
Eso no impidió que durante 20 años rodara numerosos filmes que aportaron sumas colosales a las compañías y se hiciera acompañar siempre por los galanes mejor cotizados, como Gable, Tracy, Young o Taylor.
En 1958 hizo La otra mujer, su última cinta. Y después su nombre se asomó a las noticias en contadas ocasiones. Primero, a raíz de su sexto matrimonio. Luego, cuando fue acusada y llevada a juicio por robar en unos almacenes. Más tarde, por ser protagonista de una batalla judicial incitada por la publicación de una indiscreta autobiografía titulada El éxtasis y yo.
Después, al correr el rumor de que sus famosos ojos de color verde esmeralda no veían ya. Y finalmente, tras afirmarse que, además de semiciega, arruinada y sola, “la mujer más hermosa de este siglo”, como se le llamaba, había solicitado ayuda de la Seguridad Social.
El episodio del robo fue un acontecimiento bien triste. En esa ocasión fue sorprendida cuando hurtaba mercancías por valor de 86 dólares. Entre lo ocupado figuraban un vestido, una cartera, un collar de cuentas, dos bikinis de playa, ocho tarjetas de felicitación, y una cajita de sombra para los ojos, todo lo cual ocultó en un gran bolso propio muy adecuado para contener buen número de cosas.
El hecho dio lugar a un proceso que, durante semanas, dividió a la opinión pública, antes de que la otrora luminaria de la pantalla cayese para siempre en el anonimato. Amargo declive para quien llenó los sueños de millones de personas entre los años 30 y 50.
Por esa época actuó en filmes que aportaron cifras millonarias a las casas productoras, gozó de una enorme popularidad y era sin duda una de las más exquisitas flores del vasto invernadero de la industria. Pero con el tiempo, su gran belleza, tan radiante en los años de su juventud, se convirtió en una hermosura refrigerada y ya nada hubo que hacer.
Lógico final, sin embargo. Como ha ocurrido con otras tantas actrices europeas trasplantadas a la Meca del cine, Hedy Lamarr comenzó con la sencillez y terminó en el amaneramiento.
Basta recordar lo sucedido hace años a una joven actriz italiana. Había algo mágico en ella cuando tomó la forma de una frágil adolescente y abrió sus ojos, donde cabía toda la ternura del mundo, en Mañana es demasiado tarde.
Entonces se llamaba Ana María Pier Angeli y usaba tacones bajos y sonrisa amplia. La suya era una belleza pura, diáfana, con el encanto de la gota de agua que ensaya a ser diamante.
Pero después la llevaron frente a los rascacielos y fue Pier Angeli a secas, por mandato de Hollywood. Y junto con su nombre, Ana María, desapareció todo su encanto: era el poema frente a la geometría, la espontaneidad frente al cálculo.
Hedy Lamarr siempre fue la estatua de sí misma. Un bello pez ornamental incapaz de nadar en un mar verdadero. Su mundo era el de una pecera

LA “OTRA” HEDY LAMARR
Hedy Lamarr alimentaba un profundo rencor por el régimen nazi, por lo que había ofrecido al gobierno americano toda la información confidencial que disponía gracias a los contactos de su ex-marido. Pero, además, Hedy consideraba que su inteligencia podía contribuir a la victoria aliada. Así que se puso a trabajar para la consecución de nuevas tecnologías militares.
Sistema de comunicaciones secreto
Hedy sabía que los gobiernos se resistían a la fabricación de un misil teledirigido por miedo a que las señales de control fueran fácilmente interceptadas o interferidas por el enemigo, inutilizando el invento o incluso volviéndolo en su contra.
Hedy Lamarr y su compositor George Antheil recibieron el número de patente 2.292.387 por su sistema de comunicaciones secreto. Esta versión temprana del salto en frecuencia (una técnica de modulación de señales en espectro expandido) usaba un par de tambores perforados y sincronizados (a modo de pianola) para cambiar entre 88 frecuencias y se diseñó para construir torpedos teledirigidos por radio que fueran imposibles de detectar por los enemigos.
En la patente del 11 de agosto de 1942 puede leerse la inscripción H.K Markey et al. Las iniciales H.K. son las de Hedwig Kiesler (Hedy Lamarr), siendo Markey su apellido de casada de la época.
El hecho de que sus patentes fueran concedidas con el nombre de casada y no por el nombre artístico impidió que la actriz fuera reconocida hasta hace bien poco.
Poco tiempo después, el 1 de octubre de ese mismo año, aparecía en el New York Times la primera mención pública del invento, a pesar de lo cual, las autoridades de la época no consideraron la posibilidad de su realización práctica inmediata.
El primer uso conocido de dicha patente se tiene en la crisis de los misiles de Cuba.
El motivo de la tardanza era el necesario paso de un sistema mecánico a uno electrónico. Dicho paso fue realizado en 1957 por Sylvania Electronics y es de agradecer que el equipo de ingenieros reconoció en su totalidad la patente de Lamarr y Antheil.
Durante la crisis de Cuba de 1962 se usó con este sistema el control remoto de boyas rastreadoras. Después de Cuba la misma técnica fue incorporada en alguno de los ingenios utilizados en la guerra del Vietnam y, más adelante, en el sistema norteamericano de defensa por satélite (Milstar) hasta que en los años ochenta el sistema de espectro expandido vio sus primeras aportaciones en ingeniería civil. Así, con la irrupción masiva de la tecnología digital a comienzos de los años ochenta, la conmutación de frecuencias pudo implantarse en la comunicación de datos WIFI.
En su cumpleaños, el 9 de noviembre en su honor se celebra el Día del Inventor.

Con Robert Taylor en Lady of the Tropics (1939, Jack Conway)


Con John Garfield en La vida es así (1942, Victor Fleming)


Con William Powell en The Heavenly Body (1944, Alexander Hall)



Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina