(Ceeron, Nueva York, 6 agosto 1911 – Los Angeles, 26 abril 1989)
Hace un tiempo, cuando las cadenas autonómicas españolas, sumidas en su primera etapa de desarrollo, acudieron a la serie “I love Lucy” (titulada aquí “El show de Lucy Ball”) para cubrir su programación de sobremesa, un recurso que paradójicamente había sido considerado en su primera etapa como entretenimiento de la TV norteamericana como producto para el horario de mayor audiencia, en el debut en la pequeña pantalla como distracción familiar capaz de hacerle la competencia al cine.
La programación “I love Lucy” nos trajo a la Lucille Ball de los años cuarenta, que aparcó su carrera en el cine para centrarse en la TV junto a su marido, el actor y músico cubano Desi Arnaz (1940-1960).
Los primeros pasos de Lucille Ball por el mundo del espectáculo no los dio ante las cámaras, sino en las pasarelas. Secretaria y camarera,entre las ocupaciones que tuvo en ese primer período destaca su trabajo como modelo, luciendo un aire sofisticado y elegante que se convertiría en característica de su primera etapa como actriz, pero contrasta paradójicamente con su momento de mayor éxito como cómica.
Mientra paseaba por las pasarelas, tomó clases de canto y baile y tuvo la oportunidad de lucirse como chica del coro en los montajes de Ziegfeld en Broadway. Eran los primeros años 30, tiempos en que el cine sonoro estaba apunto de poner el musical entre sus géneros más apreciados en las taquillas. Lucille se presentó a una prueba del productor Samuel Goldwin y fue aceptada.
Ya en Hollywood, Lucille consiguió primero un contrato por semanas en películas clase B durante meses. Sus primeras apariciones fueron en cine policíaco, pero el verdadero éxito de su carrera fue su voz, que le garantizó un lugar privilegiado en el papel de chica guapa y divertida en una serie de musicales y comedias con Eddie Cantor o los Hermanos Marx.
Finalmente su carrera cinematográfica fue eclipsada por su éxito en la TV.
Curiosamente en la última etapa de su filmografía la actriz pudo permitirse el lujo de mantener algunas esporádicas apariciones en el cine, que llegaban apoyadas por sus éxitos en TV, haciendo el recorrido inverso que muchas estrellas de cine que habían compartido sus primeros tiempos en el cine, y en el ocaso de sus carreras buscaron en la TV una prolongación de las mismas por motivos económicos..
Lucille Ball fue un ejemplo desde el punto de vista más industrial, trabajó como un primer puente tendido entre el cine y la TV, dos medios que empezaron a aliarse cuando algunas estrellas del primero decidieron seguir a Lucille Ball y probaron suerte en el segundo.

