
(Broolkyn, Nueva York, 17 octubre 1918 – New York, 14 mayo 1987)

Hija del bailarín Eduardo Cansino natural de Castilleja de la Cuesta (Sevilla, España) y de Volga Hayworth, de origen irlandés. Rita empezó su carrera como bailarina junto a su padre, Eduardo, y con su nombre real, a la temprana edad de 13 años. Trabajó en muchos escenarios, sobre todo en México, y esta experiencia la convirtió en una muy buena bailarina, sobre todo de baile latino.
Llegó a Hollywood en 1933, pero no la querían porque decían que estaba demasiado gorda y que su frente era muy corta. Comenzó como actriz en papeles muy secundarios, desde 1935, como una breve intervención en La nave de Satán, y en alguna otra película de serie B.
Cuando fue creada la 20th Century Fox, fue elegida para protagonizar Ramona en sustitución a Loretta Young, por lo que empezó a ser conocida por su sensualidad y voluptuosidad.
Fue su marido por aquel entonces, Edward Judson, quien decidió cambiarla de imagen y de nombre, gracias a lo cual consiguió un contrato con la Columbia, aunque en películas todavía de serie B.
Su primer papel importante fue como secundaria en Solo los ángeles tienen alas (1939), de Howard Hawks, lo que hizo que la crítica también se empezara a fijar en ella.

Sólo los ángeles tienen alas (1939) con Cary Grant
Después de una serie de trabajos como secundaria pero en películas de calidad, su oportunidad de llegar al gran público llegó con La pelirroja, y este trabajo vino de la mano de Sangre y arena (1941), que hizo que su rostro empezara a aparecer en revistas y medios. Interpretó varios musicales junto a Fred Astaire, aunque nunca cantó en estas películas, porque su voz no era muy buena y usaron a una doble. Con Las modelos (1944), junto a Gene Kelly, consiguió el mayor éxito de su carrera hasta entonces
Gilda
No obstante, su fama como mito erótico no empezó a gestarse hasta su actuación en Gilda (1948, Carles Vidor), una de las grandes películas del cine negro, donde recibía una de las bofetadas más conocidas de la historia del cine, por parte del coprotagonista Glenn Ford, es respuesta a la que ella le propinó anteriormente en el filme, y con la que, en el rodaje real parece ser que le rompió dos dientes.
La película fue un escándalo, y en países como España, fue considerada como “Gravemente peligrosa” por la Iglesia Católica, debido a su striptease de brazo, en la famosa escena donde se quita un guante. Esta película la hizo inmensamente famosa, hasta el punto de que se usó su imagen en la bomba atómica tirada por Estados Unidos sobre las islas Bikini, y fue ella la elegida para animar a las tropas desplazadas durante la Guerra de Corea.
Repitió su pareja de reparto con Glenn Ford en La dama de Trinidad, otro filme policíaco en el que se consolidó como una buena actriz dramática. Pero durante ese período fue cuando rodó una de sus mejores películas La dama de Shangai (1948), obra maestra de Orson Welles, con quien estaba casada por aquel entonces.
La película no tuvo mucho éxito, por ser una película de Welles, y porque él le cortó el pelo y la tiñó de rubia platino, cosa que no gustó mucho a los fans. Gilda, el papel más importante de su carrera, fue también el que marcó el inicio de su declive como estrella de Hollywood, aunque en los años cincuenta interpretó algunos papeles destacados en Los amores de Carmen (1948), Salomé (1953), La bella del Pacífico (1953), Pal Joey (1957) y Mesas separadas (1958), junto a Burt Lancaster y David Niven. Durante los años 1960 y principios de los años 1970 trabajó en coproduciones europeas sobre todo.

Pal Joey (1957)
Se llegó a casar 5 veces: las dos ya mencionadas, con Edward Judson y Orson Welles, pero también se casó con el príncipe indio Ali Khan, con el que tuvo una hija, con el actor Dick Haymes, y con el director de cine James Hill. Se hizo adicta al alcohol y su personalidad empezó a demostrar signos de demencia senil.
Murió en el año 1987, a los 68 años, víctima de la enfermedad de alzheimer, que padecía desde los años 1960, pero que no le fue diagnosticada hasta el año 1980.
Según las enciclopedias, Rita Hayworth murió el 13 de mayo de 1987, pero se equivocan. Ese soleado día de primavera sólo falleció Margarita Carmen Cansino, una mujer desgraciada que luchó sin éxito toda su vida por ser feliz. Rita Hayworth, “la diosa del amor” del Hollywood de los 40, había muerto años antes. Lo certificó una foto patética tomada en Londres en 1976, en la que bajo su nombre se veía la imagen irreconocible de una mujer envejecida, desaliñada, ausente y muy asustada.
Aquella foto, sólo comparable al rostro deformado del cadáver de Marilyn Monroe, fue la prueba más cruel de la destrucción de un mito. Aún faltaban unos años para que le diagnosticasen, en 1981, que padecía el devastador mal de Alzheimer, enfermedad degenerativa que afecta al cerebro. Su madre, la ex bailarina Volga Hayworth, había muerto como consecuencia de la bebida, así que el deterioro físico y psíquico de la diva se atribuyó entonces, exclusivamente, a su alcoholismo.
Sus días de gloria estaban casi olvidados y la generación de espectadores más jóvenes, que ya sólo veían sus películas por televisión, no acababan de comprender la desolación de sus padres. No imaginaban que la anciana de la foto había sido no sólo una de las bellezas más deslumbrantes de la pantalla, la Gilda que inflamó los deseos de millones de hombres, sino la primera estrella del Hollywood dorado que se convirtió en una princesa de carne y hueso. Siete años antes que Grace Kelly.
Su boda con el príncipe Ali Kahn el 27 de mayo de 1949 fue como un cuento de hadas. A la ceremonia, que se celebró en Vallauris, en la costa azul francesa, cerca de Mónaco, asistieron siete príncipes, cuatro princesas, un maharajá, un emir y el gaikovar de Baroda. Era un sueño hecho realidad, el de la plebeya, nacida en un hogar humilde del barrio neoyorkino de Brooklyn, el 17 de octubre de 1918, que se casaba con el príncipe azul.
No un príncipe cualquiera sino un descendiente directo de Fátima, la hija de Mahoma, el profeta del Islam. Su padre, el Aga Kahn III, suegro de Rita, era el líder religioso de unos 15 millones de creyentes de Asia y África, a quien cada año le regalaban su peso en joyas. El novio extendió bajo los pies de su amor 30.000 rosas y no faltó una piscina llena con mil litros de agua de colonia, sobre la que flotaba un ramo de flores que componían las iniciales de los contrayentes.
Los ismaelitas, devotos del príncipe, llegados de todo el mundo, obsequiaron marfil, oro y perlas a Rita. Le mostraron, además, su respeto postrándose ante ella y besándole los pies, lo que la acobardó, porque como norteamericana -ni siquiera hablaba francés-, llevaba mal el protocolo; como le pasó a Grace Kelly en Mónaco. Para los musulmanes fue “el matrimonio del siglo” pero el Vaticano advirtió a la actriz, católica, que su unión era nula y sus hijos nacerían del pecado.
Rita Hayworth estaba exultante a pesar de eso y del enorme escándalo que había acompañado su noviazgo con Ali Kahn, iniciado cuando él estaba aún casado con Barbara Joan Yarde-Buller.
Había alcanzado la cima de su carrera cinematográfica y de la popularidad y, además, esperaba una hija, concebida antes de la boda, la futura princesa Yasmine, nacida en diciembre de 1949. Pero, sobre todo, quería creer que había formado la familia que siempre deseó y que ya no tendría que volver a hacer cine.
“Alí hizo posible su huida de Hollywood”, explicó Orson Welles. “Su verdadero atractivo residía en que, gracias a él, Rita dejó de ser Rita Hayworth para convertirse en princesa consorte”. Welles, con el que había estado casada cuatro años, de 1943 a 1947, fue su gran amor y sabía de lo que hablaba, porque le había confiado sus dos grandes secretos: su padre había abusado de ella de niña y aborrecía ser actriz.
El director de Ciudadano Kane se había enamorado al verla en la portada de la revista Life en 1941. Rodaba por entonces una película en Brasil y proclamó a los cuatro vientos que al volver a Estados Unidos se iba a casar con ella, a la que ni siquiera conocía en persona. Rita se asustó al enterarse y creyó que querían gastarle una broma, ya que Welles tenía fama de genio y la actriz, en cambio, apenas había ido al colegio.
Rita confesó dos secretos a Orson Welles: que su padre abusó de ella y que aborrecía ser actriz.
No pudo porque comenzó a bailar a los 4 años y a los 13 debutó como pareja de su padre, Eduardo Cansino, que era analfabeto y no le veía la utilidad a estudiar. Eduardo era un bailarín de origen sevillano sefardí, miembro de una estirpe de artistas, que emigró a Norteamérica junto a una hermana, con la que formó el grupo The Dancing Casinos. Triunfaron en Nueva York pero se separaron cuando Eduardo se trasladó con su mujer y sus hijos a California, para trabajar en el cine.
La gran depresión provocada por el hundimiento de la Bolsa de Nueva York en 1929 acabó con sus ilusiones. No tenía una actividad laboral continuada en los estudios de cine y su academia de baile no iba bien. Reparó entonces en lo crecida que estaba su pequeña Margarita y resucitó a The Dancing Casinos con ella. “No me hacía mucha gracia”, confesó ella más tarde, “pero no tuve el coraje de decírselo a mi padre y empecé a recibir clases. Ensayar, ensayar y ensayar, esa fue mi adolescencia”.
No era lo único que le disgustaba a Rita de su padre, que la prohibía referirse a él de este modo delante del público, que siempre los tomaba por matrimonio. Eduardo, que cuando bebía -cosa que hacía con frecuencia-, pegaba a Rita, aunque procurando no dejarle marcas, pasaba por ser un progenitor español celoso de la virtud de su hija, a la que encerraba en su camerino en los descansos entre actuaciones. La protegía de los hombres porque la quería sólo para él.
Actuaban sobre todo en locales de Tijuana, en México, frecuentados por productores de Hollywood, los únicos con los que Cansino permitía ir a su hija e incluso ser complaciente con ellos, con la esperanza de que la ofrecieran un contrato. El milagro ocurrió y un jefe de la Fox trató de lanzarla como la nueva belleza hispana, sucesora de la mexicana Dolores del Río, siempre en papelitos raciales, de belleza morena.
Su suerte cambió cuando la Fox fue absorbida por la Twentieth Century. El nuevo magnate, el legendario Darryl Zanuck, pretendió ejercer su derecho de pernada sobre su actriz, algo usual y aceptado en el Hollywood clásico, y al negarse ésta, la despidió. Todo parecía perdido cuando hizo su oportuna aparición Edward Judson, personaje habitual de la vida nocturna de la ciudad, del que nadie sabía apenas nada pero que tomó a Rita bajo su protección, casándose con ella en 1937. Judson transformó a la hispana Margarita Cansino en la anglosajona Rita Hayworth. La hizo adelgazar, tiñó su melena castaña de pelirrojo e hizo retroceder, con electrólisis, el nacimiento de su pelo, próximo a las cejas, para despejarle la frente y resaltar sus ojos. Cambió su apellido por el de su madre, Hayworth, añadiendo una “y” para distinguirla de su tío, también actor. Elegía su ropa, hablaba por ella, iban a los locales de moda y siempre estaban disponibles para un reportaje de prensa.
El esfuerzo dio fruto y Rita fichó por la Columbia, el estudio con menos estrellas propias y con el magnate -Harry Cohn- más intratable y mezquino de todos. Allí demostró su clase como bailarina con Fred Astaire, en Desde aquel beso y Bailando nace el amor, y con Gene Kelly, en Las modelos. Se lanzó como símbolo sexual, como la doña Sol de Sangre y arena, a partir del relato de Vicente Blasco Ibáñez, y se convirtió en “la diosa del amor” de los años cuarenta con Gilda.
Esta película era una producción modesta pero la fotografía de Rita, recortada de las revistas, había acompañado a las tropas americanas en todos los frentes durante la Segunda Guerra Mundial y, al volver a casa, los soldados llenaron las salas de cine para ver a su ídolo en movimiento. Era tan famosa que el avión que lanzó la bomba nuclear experimental sobre las islas Bikini llevaba su imagen pintada en el morro; algo que molestó mucho a la actriz.
Se impuso la moda Gilda, de escote sin hombros y zapatos de tiras cruzadas en el tobillo, como los que lucía en la pantalla. La bofetada que le daba Glenn Ford hizo historia y el striptease sugerido, en el que Rita se quita un guante mientras interpreta “Put the Blame on Mame” -cantada en realidad por Anita Ellis- provocó el escándalo. Sobre todo en España, donde el público creyó que había un desnudo de la actriz -impensable en la época- pero que lo había cortado la censura franquista.
“Nunca hubo una mujer como Gilda”, sostenía la publicidad del filme. Lo malo es que Margarita Cansino no se parecía en nada a Rita Hayworth y, menos aún, a sus personajes. “Era mucho más guapa sin maquillaje”, reveló Welles, con el que se había casado, por fin, en 1943. En Hollywood les apodaban La bella y el cerebro. Tuvieron una hija, Rebecca, que él no deseaba, y las infidelidades del célebre director acabaron con el matrimonio.
Rita, una mujer tímida, había aprendido a callar y a practicar la resistencia pasiva ante la adversidad durante la niñez, cuando su padre abusaba de ella y la obligó a aceptar un modo de vida que aborrecía. Los hombres que conoció no se portaron mejor con ella. Edward Judson, su primer marido, que por edad podía ser su padre, se obsesionó tanto con hacerla triunfar que la incitó a acostarse con cualquiera que pudiera ayudarla en su objetivo.
La deseada Gilda fue la primera actriz que se convertía en princesa, siete años antes que Grace Kelly
Harry Cohn, tiránico jefe de la Columbia que controló toda su carrera, la acosó durante años, obsesionado porque no accedía a sus pretensiones sexuales. En revancha, el magnate, que ganó millones con sus películas, la sometió a las mayores vejaciones. Por ejemplo, cuando ella entraba en su despacho, él iba al baño adjunto y orinaba sin molestarse en cerrar la puerta. Además, la obligaba a fichar todos los días, instaló micrófonos en su camerino y la hacía espiar todo el tiempo. No es extraño que Cohn fuera uno de los invitados de honor que excusó su presencia en la boda de Rita con Ali Kahn, el tercer matrimonio de la actriz, la más importante que tuvo jamás la Columbia. El productor no quiso pasar por el trago de tener que llamarla alteza, título que correspondía a su nuevo estado. La ilusión de la recién casada de no volver a ver al hombre que la acosaba ni pisar un estudio de cine duró poco.
La vida de casado no cambió al mujeriego Ali Kahn, que abandonaba en casa a su esposa, la mujer más deseada del mundo, para hacer nuevas conquistas. Su fuerte eran las artes amatorias y podía prolongar a placer su erección sin eyacular. Una técnica que, según la crónica canalla, aprendió de joven en los burdeles egipcios, por iniciativa de su padre.
Tras su divorcio, en 1953, Rita Hayworth entró en una espiral de destrucción, que incluyó dos matrimonios más, con hombres -Dick Haymes y James Hill- que, de nuevo, abusaron de ella, obligándola a seguir trabajando, para vivir a su costa. Hubo también muchos amantes, algunos con acento español, en sus escapadas a nuestro país; como el conde de Villapadierna y, según se dijo, con Paco Gento, el jugador del Real Madrid. El mito Rita Hayworth se extinguió una fría mañana de invierno de 1976 en el aeropuerto londinense de Heathrow, cuando el mundo esperaba a la diosa del amor de los 40 y del avión sólo descendió una mujer irreconocible, envejecida, desaliñada, ausente y muy asustada. A Margarita Cansino le aguardaba aún un calvario de 11 años más, destruida por el mal de Alzheimer, antes de alcanzar la paz.
Se llamaba Margarita Carmen Cansino y sus padres eran descendientes de irlandeses y mexicanos. Había sido bailarina y un día la llevaron a una ciudad espectacular, Hollywood. Esto ocurrió cerca de 1935, en los viejos estudios de la Fox.
Rita fue el símbolo de una belleza particular. Su rostro estaba dibujado en cada avión de combate de la segunda guerra mundial. Fue amada por su marido Orson Welles, y el príncipe Alí Khan, de quien tuvo hijos. Rita hizo con Welles La dama de Shangai, en 1948, una de las películas más originales y discutidas del realizador. Ya se habían separado y tenían el mejor derecho a no seguirse viendo, pero en los pasillos de Hollywood se supo que, si no fuera por Rita, Welles no habría convencido a la empresa Columbia de que se le permitiera volver a dirigir.
En ese momento Rita tenía en el cine norteamericano la importancia que después alcanzó Marilyn Monroe. Fue la mujer más deseada en su tiempo: fue la novia de Hollywood. Ella nunca sintió tener límites. Ni en su carrera, ni en su vida. Su límite fue siempre la secreta y pública admiración de los hombres.
El padre le enseñaba a bailar y ella lo adoraba. En el cine llegó a lograrlo de la mano de dos genios en la materia: Gene Kelly y Fred Astaire. Protagonizó un pequeño papel en El infierno del Dante, otro en Charlie Chan en Egipto y otras dos docenas de títulos condujeron a Rita Hayworth hasta Sólo los ángeles tienen alas en 1939, Ay qué rubia, Sangre y arena, Seis destinos, Las modelos y sobre todo Gilda, que la consagró como una gran estrella de Hollywood; película por la cual se inmortaliza la tremenda bofetada a Glenn Ford, que todavía se recuerda como una de las secuencias más impresionantes del cine de todos los tiempos.
En 1946 protagonizó su película más legendaria y la que haría de Rita Hayworth el objeto de deseo del público masculino, Gilda, un filme histórico dirigido por Charles Vidor y co-protagonizado por Glenn Ford, quien le propinaba una famosa bofetada.
Rita interpretaba sensualmente temas clásicos como “Put the blame on mame” o “Amado mío”. Sin embargo, la voz que sonaba no era la de Rita, sino la de Anita Ellis.
A raíz de Gilda Rita Hayworth se convirtió en el gran sex symbol de los años 40 (“Los hombres se enamoran y se acuestan con Gilda y se levantan conmigo”, decía la propia actriz), una sex symbol que en esos momento se encontraba casada con Orson Welles, con quien había contraído matrimonio en 1943.
Ambos coincidirían en una de las magistrales cintas del fenomenal director, La Dama de Shangai (1948). Welles, en pleno trámite de divorcio de Rita, tiño su cabello de rubio y le cortó su famosa melena rojiza.
Ese mismo año el trío Vidor/Ford y Hayworth intentaron repetir el éxito de Gilda con Los amores de Carmen (1948), pero no lograron conseguir su objetivo debido a la mediocre calidad de la cinta que adaptaba la obra clásica de Prosper Merimee.
Por esa época Rita comenzó a relacionarse con el Príncipe Ali Khan, un multimillonario árabe con el que terminaría casándose en 1949.
Durante el tiempo que duró este matrimonio Rita Hayworth se mantendría alejada del cine para retornar tras su divorció en el año 1951.El regreso sería de nuevo con Glenn Ford como co-protagonista en la película “La dama de trinidad” (1952), un film dirigido por Vincent Sherman. Tras “La bella del pacífico” (1953) de Curtis Bernhardt y “Salomé” (1953) de William Dieterle, Rita regresó a la inactividad cinematográfica para casarse por cuarta vez, ahora con el cantante Dick Haymes.
El enlace matrimonial tampoco funcionó bien y terminaron divorciándose en 1955. Fuego escondido (1957), un film de Robet Parrish en el cual aparecían Robert Mitchum y Jack Lemmon, significó su vuelta a la pantalla grande.
Pal Joey (1957), película de George Sidney co-protagonizada por Frank Sinatra y Kim Novak, Mesas separadas (1958) de Delbert Mann, o Sangre en primera página (1959) de Clifford Odets, fueron otras importantes películas que Rita interpretó a finales de los años 50.
Su quinto y último marido fue el productor James Hill, con el que se casó en 1958 y se separó en 1961.
A partir de los años 60 su carrera como actriz se mostró irregular, principalmente por que comenzó a sentir los efectos de la enfermedad de Alzheimer.
Sus títulos fueron escasos y de exigua valía, entre ellos La trampa del dinero (1966), una película dirigida por Burt Kennedy con Glenn Ford de nuevo como compañero de reparto, o La ira de Dios (1972), un western realizado por Ralph Nelson que protagonizaba Robert Mitchum.
Rita Hayworth vivió apresuradamente hasta el final, por el gran temperamento que la caracterizaba. Pese a que filmó más de 60 películas, nunca ganó un Oscar, pero no por eso dejaba de ser una gran actriz. La carrera de Rita descendió lentamente en 1972 y después se fue oscureciendo lentamente como en un ocaso tibio que no dejaba rastro en el pasado.
En 1976 visitó Argentina pero ya la enfermedad se adueñaba de su ser. Esta heroica mujer creía enfrentar su enfermedad: el mal de Alzheimer, enfermedad que afecta los centros nerviosos, la mente. Esto provocó que se hablara muchas cosas de ella, que estaba alcoholizada o drogada. Lejos de una realidad tan triste y tan trágica que ella no podía afrontar. La enfermedad le iba devorando su capacidad de inteligencia. La enfermedad la llevó a que todo lo suyo se adormeciera lejos de la realidad.
Lo cierto es que falleció a los 68 años de edad. Uno de sus amigos, Glenn Ford, contaba al conocer su muerte: “Estoy triste, una querida amiga me ha dejado sólo. Ver sus imágenes, sentir el halo que desprenden, hace más terrible pensar en su lento deterioro. Pocas como ella lograron hacer brillar tanto la magia del cine. Y ninguna pudo brillar tan alto y con tanta alegría de vivir”.
Rita es parte de una leyenda que hoy cuesta llegar a entender, todo lo maravilloso de aquel momento donde ni siquiera ella misma puede reconocer la que fue ayer. Hoy podemos construir sólo una vaga fantasía de aquella mujer inmortal por la que nuestros tíos y abuelos quedaron marcados en una época lejos de ésta.
Tuvo dos hijos, Rebecca con Orson Welles y Yasmin con Ali Khan.
FOTOGRAFíAS


Orson era en la primavera de 1947, marido de Rita, cuando protagonizó La Dama de Shangai, vehículo opuesto a lo que se había ofrecido de ella en la pantalla, pero Welles, conocedor de su esposa, de la mujer, de la estrella y sobre todo de la escondida actriz que había dentro, dirigió la película y escribió los diálogos y nadie que conociese al matrimonio en profundidad, le sorprendió aquel hermoso papel para el lucimiento de una mujer cuyas interioridades eran para él un libro abierto en el campo de batalla del matrimonio que vivieron.
La Dama de Shangai
La Dama de Shangai es un fresco enorme, un ejercicio de cine total que desvela el enigmático choque entre dicha y desdicha ocurrido en el reencuentro ante las cámaras de dos leyendas del cine y que quedó secretamente impreso en los destellos de la hermosa penumbra de las imágenes de Rudolph Maté. Decir que estamos hablando de uno de los monumentos más intrincados de la historia del thriller es decir poco, porque con él recuperamos también el lado confortador de una historia verídica de infortunio, y en cierto modo la intimidad nada convencional de dos seres nacidos para la genialidad, la leyenda y el amor, mas allá de lo que la propia palabra indica……Me siento incapaz de verbalizar lo que Rita representó para mi en esa formidable película, lo que en imágenes el film arroja, y lo que condujo más tarde a Rita y a Orson a expresar en cierto modo su vida privada, con destellos discordantes….. Destacaría de La Dama de Shangai, el encuentro del acuario, la metáfora de los tiburones y la lucha en la sala de los espejos, donde Welles, con tiranía, pero mucho amor, convirtió a la estrella en actriz, haciendo añicos los moldes en que la habían encerrado los fabricantes de muñecas….Siempre quise ver esta película, los motivos entonces los ignoré, ahora los entiendo perfectamente…” no hay nada mas erótico que dejarse moldear por las manos de la persona que amamos”.
En la vida de mi sueño de satén negro, ella supo situar en el tiempo su cuerpo, bebió de golpe los gozos del cuerpo y sucumbió al fracaso que siguió a sus matrimonios, pero Rita se situó por encima del desastre personal, saliendo en ocasiones victoriosa……Lo único que la venció fue el paso inexorable de los días, la crueldad de las horas, el incesante martirio del tiempo que se consume….y creo, y esto es a titulo personal que siempre tuvo que arrastrar la sombra esquizoide de un padre vagando en paraísos perdidos, de aterradora magnitud de infelicidad, donde desgraciadamente estuvo atrapada durante toda su vida. Hay algo que no pudo olvidar; el trato que recibió de él…. Eduardo Cansino le pegaba duramente, procurando no dejarle marcas, y la tenía siempre encerrada en su camerino cuando iban de gira….Ponía como pretexto que era para protegerla de los hombres, pero en realidad, y esto es un dato que Orson Welles confirmó, la verdad era que la quería solo para él. Las relaciones que tuvo con su padre fueron innumerables y a la conclusión que Welles llegó, era que Eduardo Cansino fue, aunque era doloroso reconocerlo, el hombre que más contacto sexual tuvo con ella. Durante aquella época actuaban en los locales de Tijuana, frecuentados por productores de Hollywood, y éstos eran los únicos con los que Cansino permitía ir a su hija e incluso mantener relaciones con ellos, con la esperanza de que la ofrecieran un contrato.
Todo parecía caótico, perfecto guión para una obra de Tennessee Williams, hasta que hizo su oportuna aparición Edward Judson, personaje habitual de la vida nocturna de la ciudad, del que nadie sabía apenas nada pero que tomó a Rita bajo su protección, casándose con ella en 1937. Judson transformó a Margarita en la anglosajona Rita. La hizo adelgazar, tiñó su melena castaña de pelirrojo e hizo retroceder, con electrólisis, el nacimiento de su pelo, próximo a las cejas, para despejarle la frente y resaltar sus ojos.
Al mismo tiempo, Harry Cohn, tiránico jefe de la Columbia, controlaba su carrera, la acosaba, obsesionado porque no accedía a sus pretensiones sexuales. En revancha, el magnate, que ganó millones con sus películas, la sometió a las mayores vejaciones. Por ejemplo, cuando ella entraba en su despacho, él iba al baño y orinaba, enseñándole el pene sin molestarse en cerrar la puerta. Además, la obligaba a fichar todos los días, instaló micrófonos en su camerino y la hacía espiar todo el tiempo. No es extraño que más tarde Harry Cohn fuera uno de los invitados que excusó su presencia en la boda de Rita con Ali Kahn. El productor no quiso pasar por el trago de tener que llamarla alteza, título que correspondía a su nuevo estado.
Serian muchos los nombres importantes, tanto políticos, magnates del cine, etc. que la utilizaron; Sinatra, por poner un ejemplo, cuando rodaron juntos en 1957 “Pal Joey”, hizo con ella igual que con Marilyn Monroe, aprovechó la dependencia al alcohol y drogas, y la ofreció en bandeja de plata a los jefes de la mafia……Es increíble que este pésimo actor, pero brillante cantante, pudiera tener entre sus manchados dedos, dos diamantes de semejante calibre.
Hace años, antes de morir, Orson Welles concedió una larga entrevista, de ella he sacado unos apuntes que me parecen de enorme interés.
“Alí Kahn tuvo en sus manos el milagro, hizo posible su huida de Hollywood, su verdadero atractivo residía en que, gracias a él, dejó de ser Rita Hayworth para convertirse en princesa consorte, estuvimos casados cuatro hermosos años, y nunca amé a ninguna mujer como la amé a ella. Me confió dos de sus más íntimos secretos, y ahora que ya no está con nosotros puedo lanzarlo a los cuatro vientos, tal vez al saberse, se pueda conocer mejor su personalidad: su padre había abusado de ella de niña y aborrecía ser actriz. Me enamoré como un colegial cuando la vi en la portada de la revista Life en 1941, y grité a toda la prensa que cuando volviera a Estados Unidos me iba a casar con ella.”
Esta película, producción modesta, de argumento convencional, de amores y desamores, es donde el satén negro brilla con luz cegadora, en un blanco y negro perfecto. La fotografía del film dio la vuelta al mundo y es recortada todavía hoy en día, viajando en los sueños prohibidos de miles de fans. En aquellos años y recortada de las revistas, acompañó a las tropas americanas en los frentes durante la Segunda Guerra Mundial y, al volver a casa, los soldados llenaron las salas de cine para ver a su ídolo en movimiento. Era tan famosa que el avión que lanzó la bomba nuclear sobre las islas Bikini llevaba su imagen pintada; algo que molestó mucho a la misma actriz, como dijo en repetidas entrevistas que concedió años después. Se impuso la moda Gilda, de escote sin hombros, zapatos de tiras cruzadas en el tobillo, el mil veces mencionado satén negro, todo, tal y como ella lo lució en pantalla. La bofetada que le dio Glenn Ford hizo historia y el espléndido, irrepetible e increíble striptease sugerido, en el que se quita un guante mientras interpreta “Put the Blame on Mame” provocó un escándalo como no se recuerda….”Nunca hubo una mujer como Gilda”-.
No hay ahora en el panorama cinematográfico actual, salvo quizá Nicole Kidman (cuyo nombre merece punto y aparte), una mujer que devore pantalla, lenta, progresivamente… moviendo una hermosa melena, al ritmo desenfrenado de una mítica melodía y pueda hacernos sentir al mismo tiempo la libido alcanzar cuotas nada despreciables, sucumbiendo como principiantes ante el primer contacto carnal. Rita era Gilda y nadie como ella para enfundarse en aquella piel, dejándonos atónitos para el resto de nuestra existencia….
Ahí está el film, adquirirlo en formato DVD, no busquéis en él su mejor interpretación, pero en cambio os encontrareis con el mito mejor presentado de toda la historia de este cine nuestro.
En el año 1972 su hija Jasmin se hizo cargo de ella…. no recordaba su época, sus amores, su fama, el alcohol…….los hombres, todo se traducía en olvido, el cruel e inexorable paso del tiempo, y un ventanal hacia la nada, pero siempre envuelta en las lujosas paredes del apartamento de Central Park West de Manhattan. Nadie consiguió fotografiarla en aquellos momentos, ningún periodista pudo entrar en aquel lugar, ni siquiera entrevistar la que fue unos años antes la belleza más potente del cine, y un mito de culto a todos niveles. Solo existe esta imagen que sigue a continuación, donde su deterioro físico es considerable.
Yasmin Aga Khan la resguardó con uñas y dientes de un mundo cargado de morbo, consiguiendo darle esa paz que en su vida privada apenas pudo disfrutar.
Ahora, sentada en el sillón de aquel amanecer de un 14 de Mayo, tras quince años de lucha contra la enfermedad, la hija de Rita Hayworth, notaba como una lágrima resbalaba de sus ojos, trayéndole imagen tras imagen, el amor, la ternura y el calor de una madre que acababa de despojarse de su último guante de seda negro.
“Su sino trágico de diosa, le impidió retener el amor de los hombres, respetó sin embargo al amor más grande, el de su hija la princesa Yasmin, quien después de su muerte, creó la fundación Alzheimer Disease International, que realiza la gala anual Rita Hayworth para ayuda a otros seres aquejados por el terrible mal “.
FOTOGRAFíAS

Con Glenn Ford en La Dama de Trinidad (1952)










Con sus hijas


Los amores de Carmen (1948)

Los amores de Carmen (1948)

La Dama de Shangai (1947)

Con Orson Welles en La Dama de Shangai (1947)

La Dama de Shangai

Salomé (1953)


Pal Joey (1957)







Gilda (1946)
Gilda
(1946) con Glenn Ford