Romy Schneider

Película estrenada entre Actrices


(Viena, 23 septiembre 1938 – Parí­s, 29 mayo 1982)



 


Su nombre completo fue Rose-Marie Albach. Su veta artí­stica la heredó, ya que procedí­a de una familia de importantes actores. Su madre, una mujer de origen alemán llamada Magda Schneider, era conocida mundialmente por su trabajo en Liebelei del autor Max Ophüls. Su padre, el actor de teatro Wolf Albach-Rhetty, era hijo de la actriz Rosa Rhetty, quien fue conocida con el sobrenombre de la “Sarah Bernhard austriaca”.

Magda y Wolf se casaron en 1936 en pleno apogeo de sus carreras. Luego, en 1938, nació la pequeña Romy, como la llamaban en su casa, pero pronto el matrimonio de sus padres fue desgastándose. Pese al malestar de la vida conyugal, nace en 1941 Wolf, el segundo hijo de la pareja. La situación era insostenible, la separación se aproximaba y Wolf padre decide irse tras los pasos de la actriz alemana Trude Marlen.

A los diez años Romy se encontraba en un internado de monjas en Austria. Allí­ se recreaba con obras de teatro esta pequeña niña, solitaria por las pocas visitas de sus padres. Emprende viajes ficticios a través de los caminos de los sueños, soñando algún dí­a actuar con su actor favorito: Orson Welles.

A los quince años regresa a su casa materna y descubre que su madre se ha vuelto a casar con un hombre de negocios. Ella decide estudiar en la Academia de Bellas Artes, para dedicarse al dibujo y al diseño de prendas de vestir. Magda pronto comienza a rodar la pelí­cula Cuando florezcan las lilas blancas (1953, Hans Deppe) con un Papel para Romy. Y no solamente se vio bien en la pantalla sino que también cantó el tema musical del filme.

Enseguida se le abre un aluvión de ofertas de trabajo. Su madre por ese entonces empezaba a seleccionar cuáles debí­a interpretar la niña. Comenzaron sus papeles de protagonista en Sueños de circo (1954, Kurt Hoffman), junto a Lilli Palmer, y Los jóvenes años de una reina (1954, Ernst Marischka), quien ayudó a convertir a Romy en una verdadera actriz relatando la historia de la reina Victoria y su amor por el prí­ncipe Alberto de Sajonia-Coburgo.

Años más tarde, el mismo director convoca nuevamente a madre e hija para una pelí­cula sobre la vida de la emperatriz Elizabeth de Austria. Romy comienza a darle luz y magia a este personaje, con la ayuda de un espectacular vestuario de época. Filma La panadera y el emperador (1955, Ernst Marischka), Sissí­ (1955, Ernst Marischka) y Sissí­ emperatriz (1956, Ernst Marischka).

En 1956, acompañada de su madre, viaja a Hollywood, donde recibe de manos de Walt Disney el premio a “La muchacha más bonita del mundo”. Aunque estaba cansada de interpretar a Sissí­, su madre logra convencerla de filmar otra pelí­cula. Así­ filma El destino de Sissi (1957, Ernst Marischka), que se convirtió en otro éxito.

En 1958, Romy conoció a Alain Delon en Parí­s. Con él compartió cartel en Christine (1958). Ella viajaba constantemente a Parí­s y vivieron un apasionado romance. Romy querí­a ir a vivir con Delon y la madre lo único que le pidió fue que se comprometiera. Así­, el 22 de marzo de 1959, se realizó el compromiso en su residencia frente a muchos periodistas. Ella decí­a: “Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias. Me entrego y amo con todo mi corazón”. Contó a la prensa cómo fue el primer encuentro con Alain Delon en el aeropuerto de Orly. Allí­ la esperaba el joven casi desconocido que serí­a compañero en el filme Christine. El actor estaba al pie de la escalera. Ella miró con interés al joven perfectamente vestido, con corbata, bien peinado, atractivo, serio y con un ramo de rosas rojas. Ella todaví­a no hablaba francés y él tampoco inglés… Pero un sentimiento los uní­a.

Luego hace teatro, y en 1961, encarna el personaje de Pupé, en Bocaccio ’70. También protagonizó Le combat dans l’í®í­le (1962) junto a Jean-Louis Trintignant, con quien se le adjudicó un secreto romance.

En esos años, paseando en la finca con Delon recibe un telegrama de Orson Welles que le cambiará su destino. Orson le propone filmar El Proceso (1962). Romy, sin pensarlo, viaja a los Estados Unidos a encontrarse con el actor que tanto admiraba. Hollywood la esperaba para filmar otras pelí­culas como Los vencedores (1963, Carl Foreman), El cardenal (1963, Otto Preminger) y Préstame tu marido (1964, David Swift) con Jack Lemmon.

Trasde tantas filmaciones vuelve a Parí­s, pero Delon ya no la estaba esperando en su mansión. Sólo la esperaba un ramo de rosas y una carta de despedida. Alain Delon viaja a España y conoce a Nathalie, con quien tendrá un hijo. Ésta noticia hace cambiar a Romy y acepta amigarse con la madre, cosa que no podí­a antes, debido a que estaba en contra de su relación con Delon. Finalmente busca consuelo en su mamá, que la ayuda a pasar ese triste momento que estaba viviendo.

En 1965, filma la comedia ¿Qué tal Pussycat? (1965) junto a Woody Allen, Ursula Andrés y Peter Sellers. De nuevo en Francia, aparece en La ladrona (1966, Jean Chapot).
Trabaja con Alain Delon, en La piscina (1969, Jacques Deray).

El 15 de julio de 1966 se casó con el actor Harry Meyen en el Cap Ferrat, en la Costa Azul, y se mudaron a Berlí­n. De este matrimonio nace David Christopher; Romy deja de trabajar dos años para criar al bebé. Es este tiempo también fallece su padrastro y descubre que las finanzas que le administraban no le dejan un peso. El matrimonio enseguida empieza a desvanecerse. Harry sufrí­a grandes dolores de cabeza y lo poní­an “demasiado nervioso”. Se divorciaron en 1975. Luego conoce a Claude Sautet, que la dirigió en Las cosas de la vida (1970, Claude Sautet), mientras mantení­an una relación secreta.


Más tarde en Parí­s, junto a su ex-amante por tercera vez, protagoniza con Delon otra pelí­cula, El asesinato de Trotsky (1972, Joseph Losey). Después aparece nuevamente el personaje de Sissí­ que lo reencarna de la mano de Luchino Visconti en Luis II de Baviera (1972, Luchino Visconti).

En 1972, después de larga disputa judicial, Romy obtuvo la custodia de David a cambio de ceder la mitad de su fortuna a su antiguo compañero. El actor Harry Meyen siguió con sus dolores de cabeza y su fracaso sentimental, y se dedicó a beber y a tomar demasiados analgésicos. Romy realizó otro filme con mucho éxito: Ella, yo… y el otro (1972, Claude Sautet). Siguió el éxito con Lo importante es amar (1975, Andrzej Zulawski), que le dio la oportunidad de ganar el premio César francés a la mejor actriz. El segundo lo obtuvo por El viejo fusil (1975, Roberto Enrico). Durante el rodaje de esta pelí­cula conoce a Daniel Biasini, con quien se casó en diciembre de 1975 en Berlí­n. Su matrimonio duró hasta junio de 1981. Pierde un embarazo, pero al poco tiempo lo intenta nuevamente y el 21 de julio de 1977 nace Sarah Magdalena en Saint Tropez.

En 1979, Harry Meyen fue encontrado ahorcado en una de sus habitaciones de su castillo de Hamburgo. Ella viaja rápidamente desde México, donde se encontraba trabajando. El suicidio de su ex-marido la afectó terriblemente y a su hijo lo mandó con los abuelos paternos, pese a que el niño se habí­a encariñado de vivir con su marido Daniel. Romy no podí­a dormir y bebí­a para conciliar el sueño. Unos meses más tarde muere la abuela paterna Rosa Rhetty, en Viena, a los 106 años.

Su segundo matrimonio empieza a decaer. Sigue trabajando y rueda Una mujer en la ventana (1976, Pierre Granier-Deferre), Una vida de mujer (1978, Claude Sautet) y en los EE.UU., Lazos de sangre (1979, Terence Young). Vuelve a Europa a rodar Una mujer singular (1979, Costa-Gavras) y la magní­fica La muerte en directo (1980, Bertrand Tavernier).

Rueda en Italia Fantasma del amor (1981, Dino Risi) junto a Marcello Mastroianni. Conoce entonces a un joven productor, Laurent Petin, quien se encargó de cuidarla de las borracheras y la acompañaba en sus noches de insomnio. De vuelta se mudaron juntos en Parí­s.


A los 43 años, si bien parecí­a que habí­a encontrado a un buen compañero, parece no encontrar sus sueños como en aquellas noches. Encontró en la actividad diaria el cese de sus depresiones continuas. Empezó a rodar Testimonio de mujer (1982) y poco a poco comenzó a deteriorarse su salud: se quebró un pie y la operaron de urgencia del riñón, con un principio de cáncer. Pero parece que la desgracia no llega a su fin. Faltaba el golpe final: su hijo David, trepando las rejas de su casa, resbaló y quedó atravesado por una de ellas. El encargado de darle la noticia fue Alain Delon. Romy corrió hacia al hospital, pero ya era tarde: su hijo de catorce años acababa de morir en la sala de operaciones. En medio del dolor la madre confiesa que era su único amigo. A causa del dolor se encerró en un hotel y no querí­a salir para nada. Entonces Alain la busca y la lleva a su finca lejos de los periodistas para que esté más tranquila. Finalmente el año siguiente 1982, termina de filmar Testimonio de mujer (1982) y Romy exigió que al final de la pelí­cula aparezca la dedicatoria “Para David y su padre”.

Un 29 de mayo de 1982, después de una velada en casa de la hermana de Laurent, la pareja llegó a las dos de la madrugada a su departamento. Romy no quiso acostarse enseguida. Tení­a algunas cartas que escribir. Laurent se fue a la cama. Al despertarse por la mañana la encontró sentada sobre el sillón, en la misma posición que la noche anterior. Sobre la mesa habí­a una carta apenas comenzada y algunas escrituras sobre las actividades que debí­a realizar durante del dí­a. El dolor de la pérdida de su hijo la llevó a sobrevivir diez meses más. Su vida se fue apagando lentamente; apenas comí­a y sólo escribí­a cartas a los amigos, hablando de su hijo como si estuviera vivo.

Fue enterrada en el cementerio de Boissy Sans Avoir, a 50 kilómetros de Parí­s. Lugar del que ella afirmaba: “En Parí­s soy la mujer más feliz del mundo. No existe una ciudad como ésta para vivir la vida”. Dos meses después del entierro su tumba fue profanada y su diario í­ntimo desapareció. Algunos sostuvieron que los escritos eran muy comprometedores para los traficantes de drogas y podí­an esclarecer el asesinato de Stefan Markovic, el secretario personal de Alain Delon, asesinado en 1968.

El primero que acudió después de su muerte fue Alain, que no quiso asistir a su multitudinario entierro… y todaví­a hoy, al cabo de los años, recuerda a Romy como el único amor de su vida. Cuando Romy Schneider murió, Alain Delon confesó a un periodista que ella representaba veinticuatro años de su vida y los momentos más felices de su existencia. Así­ se fue una grande con una belleza natural inconfundible.

Ilustraba sus coloreadas escenas, junto a su suntuosos vestuarios, como si fuesen robados de un cuento de hadas. Su tristeza y su soledad no tení­an refugio en ella y poco a poco fueron adueñándose y copando su vida cada vez más. La dulce sonrisa de la inigualable Romy Schneider se fue borrando en su rostro y en su mente; sus explicaciones, sus sentimientos necesitaban ser escuchados y no guardados en interminables notas sin un destinatario. Nadie la supo comprender; la soledad la acompañaba y le jugó una mala pasada. Este mundo trágico que le tocó vivir le cortó un ala para poder volar.

 


 


 


 


Veinticinco años sin Romy Schneider


Este martes se cumplen 25 años de la muerte de Romy Schneider, la inolvidable actriz austrí­aca que se dio a conocer como la “Sissí­” de la gran pantalla. Schneider, una mujer de gran belleza y de vida desgraciada, fue encontrada muerta el 29 de mayo de 1982 en su domicilio de Parí­s, cuando sólo contaba 43 años de edad.

Nacida en Viena el 23 de septiembre de 1938, en pleno auge del nazismo, Rosemarie Albach-Retty Schneider vivió en el seno de una familia de actores de cine y teatro.

Descubierta por el director de cine Hans Depper a través de una fotografí­a que llevaba su madre -Magda Schneider- cuanto ésta rodaba Cuando florezcan las lilas blancas (1953) Romy fue entonces contratada y trabajó junto a su progenitora en la misma pelí­cula.

En 1953, su carrera ya estaba en progresión y rondó dos pelí­culas, Sueños de circo y Los jóvenes años de una reina.

Más tarde llegaron a las pantallas “Sissí­”, con la que lograrí­a sus mayores éxitos, varias pelí­culas rodadas entre 1955 y 1957. Todas ellas estaban basadas en la vida de la princesa Elisabeth de Baviera y su marido, el emperador Francisco José de Austria.

Con “Sissí­”, Romy Schneider se convirtió en una de las actrices europeas más famosas de los 50.

 

Éxitos tras la emperatriz


Se suceden, posteriormente, Kitty (1956, Alfred Heidenman) y Llévame contigo (1957, Helmut Kautner), hasta que comenzó a rodar pelí­culas dramáticas de la mano del italiano Luchino Visconti.

Otras de sus actuaciones más destacadas fueron El proceso, de Orson Welles, El cardenal, de Otto Preminger y La piscina, de Jacques Deray, teniendo como pareja a Alain Delon, con quien mantuvo una relación sentimental.

Con Lo importante es amar, de Zulawski, obtuvo en 1974 el César a la mejor interpretación. En 1978 recibirí­a una segunda estatuilla francesa por Una vida de mujer, del director Claude Sautet.

La actriz austriaca tuvo también importantes papeles en el teatro. En la escena interpretó, entre otras obras, “La gaviota”, de Anton Chejov, o “El abanico de Lady Windermere”, de Oscar Wilde, que fueron éxitos en Berlí­n.

Estuvo casada en dos ocasiones. La primera con el actor alemán Harry Meyen, con quien tuvo un hijo, David, el cual murió accidentalmente en julio de 1981, al intentar saltar una verja, sumiéndola en una grave crisis. En 1974 se divorció de Meyen y contrajo matrimonio con Daniel Biasini. De esta unión nació su hija Sarah.


Hace dos años, Sarah Biasini, la única hija viva de Schneider, debutó como actriz en el teatro parisiense de Marigny, dirigida por Steve Suissa, en el papel de una joven y feliz recién casada que descubre la vida de pareja.

La pieza elegida para este debut fue “Descalzos por el parque”, de Neil Simon, uno de los dramaturgos de éxito en EE.UU., paí­s donde Sarah Biasini siguió los cursos del método Strasberg, en Los Ángeles, cuando en 2003 decidió convertirse en actriz.

Biasini habí­a debutado anteriormente con cierto éxito en la televisión, gracias a la serie “Julie, chevalier de Maupin”, telenovela de capa y espada inspirada por un personaje de una novela de Théophile Gautier.

Con estas actuaciones, Sarah Biasini proseguí­a la tradición familiar de los Schneider, pues la inolvidable “Sissí­” cinematográfica que fue su madre habí­a nacido en Viena, en una familia de actores.

 


 


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