Chucky, la saga diabólica

Película estrenada entre Artículos

- Chucky, el muñeco diabólico (1988, Tom Holand)
- Chucky, el muñeco diabólico 2 (1990, John Lafia)
- Chucky, el muñeco diabólico 3
(1991, Jack Bender)
- La novia de Chucky (1998, Ronny Yu)
- La semilla de Chucky (2004, Don Mancini)

Fue en el año 1988 cuando un desconocido Don Mancini elaboró el guión de lo que sería Child’s Play (aquí conocida como Chucky, el muñeco diabólico). Dirigida por Tom Holland, la cinta -además de contener una interesante bajada de línea sobre la influencia de los medios en los niños- narraba la historia del feroz asesino Charles Lee Ray (interpretado por el bestial Brad Dourif) quien, herido de muerte y acorralado por la policía, decide traspasar su alma a la del juguete de moda: un Good Guy.

Los Good Guys suponían el paraíso para todos los niños, y el simpático Andy Barclay (Alex Vincent) no se iba a quedar afuera: Después de romperle soberanamente los ovarios a su mamá, la señora decide comprárselo como regalo de cumpleaños. Obviamente, el Good Guy que recibe Andy es el que contiene el almita atribulada de Lee Ray. Ergo, el muñeco -que se hace llamar Chucky- es asesino, tiene ganas de vengar su muerte y se apoya en la complicidad y confidencialidad de un feliz niño que no deja de idolatrarlo y acatar todos y cada uno de sus pedidos.
En resumen, un oscuro filme que se valía tanto de un bien dosificado suspense como del interesante choque terrorífico que supone un juguete infantil convertido en máquina de matar. Al final de esta cinta, Chucky pelea con uñas y dientes (y patadas, y cuchillos) intentando defenderse pero -calcinado por un voraz fuego iniciado por él mismo- cae preso de las balas de un oficial de policía.

En Chucky, el muñeco diabólico 2 (1990, John Lafia), suponemos que los directivos de Good Guys andaban flojos de presupuesto, ya que no tienen mejor idea que recuperar al chamuscado y maldito muñeco de la versión anterior para “restaurarlo” y volver a venderlo como regular producto de línea. Por supuesto, algo sale mal en la línea de montaje y una descarga eléctrica hace que Chucky vuelva a la vida más cínico que antes.
Esta vez, Chucky no sólo tiene ganas de volverse humano, sino también de vengarse de su viejo dueño Andy, que ahora vive separado de su madre y obligado a convivir con una detestable familia sustituta. En uno de los arrebatos más enfermizos de toda la saga, el bestial Chucky se carga no sólo a la mamá y al papá sustitutos de Andy, sino que también modifica los trabajos escolares del crío para que su profesora lo suponga más traumadito de lo que está. De todos modos, la profesora también es masacrada por el voraz muñequito. Ayudado por su hermanastra (Christine Elise, conocida por casi todos debido a la serie Beverly Hills (0210), Andy decide enfrentarse al muñeco en la mismísima Good Guys Factory.
El pobre Chucky recibe baldazos de ácido sulfúrico, desmembramientos, costuras en lugares inapropiados y un divertido remate: una sobredosis de oxígeno suministrada por un tubo de aire enchufado en su bocaza, provocando que la cabeza del muñeco se hinche de manera desproporcionada y termine explotando dando fin a esta digna segunda entrega.

En la continuación más floja de la saga, Chucky, el muñeco diabólico 3 (1991, Jack Bender), volvemos a contar con la ineficacia de los empleados de la fábrica Good Guys: recogiendo los sangrantes trozos de Chucky, notaremos que una gota de sangre de los mismos se derrama, por casualidad, en la mezcladora del caucho con el que se elaboran los muñecos. Un original y divertido sustituto del método tradicional de clonación que provoca que un pobre Good Guy que nada tenía que ver con el asunto, se convierta en un nuevo e insoportable Chucky.
El pescuezo de Andy Barclay se ha convertido ahora en una deliberada y maquiavélica obsesión para el muñequito, que todavía no tiene noción de que el tiempo pasó bastante y ahora Andy es un tontuelo púber enrolado en un centro del ejército yanqui. Hacia allí marchará Chucky, asesinando peluqueros neonazis y compañeritos de división del pobre Andy, que intenta pincharse a la chica ruda-linda del lugar sin mucha suerte.
El final, bastante increíble (como los demás, pero sin onda) transcurre en una feria de pueblo en la que el pobre muñequito es despedazado por las aspas de un ventilador gigante. Dato a tener en cuenta en esta cinta: en ciertos primeros planos del muñeco, se usaron efectitos CGI como para darle más veracidad su siempre simpática gestualidad.

En un simpático cambio de temática, y siete años después, nos llegó La novia de Chucky (1998, Ronnie Yu), en la que el destrozado muñeco, que hasta ese momento dormía su sueño eterno en el pabellón de evidencias de una seccional policial, es vuelto a la vida con un par de ritos vudú perpetrados por su apetecible novia Tiffany (la estupenda Jenniffer Tilly).
La chica evidentemente lo ama: Le pone mucho esmero a la reparación del muñeco, dejándolo con unas hermosas costuras a la vista, y para encaogarlo a cometer el mejor crimen de la saga, asesinando a un simpático Alexis Arquette. El muñeco, completamente olvidado ya de su affaire con Andy Barclay, parece estar preocupado únicamente en recuperar identidad y cuerpo humano.
Tanto le preocupa a Chucky este menester que deja medio colgada a la pobre Tiffany, que se siente menospreciada y decide encerrarlo en un corralito con sonajeros. Terrible afrenta para un macho cabrío como él, que no tardará en vengarse asesinándola mediante electrocución y trasladando su sexy humanidad a una Good Girl de tamaño y facciones similares a los suyos. Y de ese modo, buscando el Corazón de Dumballa (artilugio al parecer vital para la transpolación muñeco-humano) con el que fue enterrado el original Lee Ray, esta parejita se esmera en divertirnos con sus peleítas y asesinatos bastante bien elaborados durante el resto del metraje.
En un momento de relax, Chucky y Tiffany consiguen mantener relaciones sexuales a dos o tres metros de una víctima sangrante. En ese idílico momento será engendrado el protagonista de la última de las entregas, La semilla de Chucky.


Apodo: Chucky
Nombre real: Charles Lee Ray
Número peliculas: 5
Número víctimas: 32
Arma favorita: Cuchillo
Armas secundarias: Tijeras, explosión, balines, clavos…
Origen: Charles Lee Ray, un ladrón de poca monta entra a robar a una tienda de juguetes, allí es acorralado por la policía y acribillado a balazos, pero antes de morir, y gracias a su conocimiento vudú, Charles consigue transferir su alma al de un muñeco por los poderes de Damballa y evita morir. Pero pronto intenta devolver su alma a un nuevo cuerpo, y aprovechando su nueva situación, la principal opción será un niño, el joven Andy.
Descripción: Chucky es un muñeco de plástico de medio metro de la línea de juguetes “Good Guy”, una marca popular y superventas, que causa furor por Navidades. Pelirrojo, con pecas y unos enormes ojos azules, viste un peto vaquero sobre un jersey de rayas, y está dotado de varias frases aleatorias, como su popular presentación: “Hola, soy Chucky y seré tu amigo hasta el finalayijouu”, aunque tras ser poseído por el alma de Charles, el repertorio de frases se vuelve notablemente menos cordial y educativo. Pasados los años, tras su última derrota, la antigua novia de Charles, Tiffany, roba los restos de Chucky para devolver la vida a su amado con los mismos rituales vudú, pero irónicamente es su propia alma la que queda encerrada en otro muñeco. La familia de plástico quedará al completo poco después, cuando Chucky y Tiffany tienen un hijo, Glen… o Glenda.
Asesinato favorito: En La novia de Chucky, cuando mata al “siniestro gótico”, y cuando rompen el espejo del techo, y los trozos que caen matan a la pareja.
Muerte:
- Chucky, el muñeco diabólico: Desmembrado, acribillado y quemado en un horno.
- Chucky, el muñeco diabólico 2: Desmembrado, quemado con ácido y con la cabeza reventada tras enchufarle un tubo de aire a la boca.
- Chucky, el muñeco diabólico 3: En una feria, despedazado por las aspas de un enorme ventilador.
- La novia de Chucky: Le mata su novia.
- La semilla de Chucky: Le mata su hijo.

PELíCULAS
Chucky, el muñeco diabólico (Child’s Play)
Director: Tom Holland. 1988. EE.UU. Color
Intérpretes: Catherine Hicks, Chris Sarandon, Alex Vincent, Brad Dourif, Alan Wilder

La historia comienza el 9 de Noviembre de 1988. Mientras Charles Lee Ray es perseguido por Mike Norris, es mortalmente herido por el detective. Antes de morir, charles toma un muñeco “Chico Bueno”, y utiliza un ritual vudú para transferir su malvado espíritu al muñeco. Entonces la juguetería es quemada por un relámpago que la golpea (producto del conjuro vudú).
A la mañana siguiente, Andy Barclay está celebrando su cumpleaños número 6 y lo que él quiere es lo que todos los niños de su edad quieren: Un “Chico Bueno”. Andy los ha visto en los anuncios de televisión, pero su madre, Karen Barclay no puede comprar el muñeco a su hijo porque no ahorró a tiempo. Más tarde, en su trabajo, Maggie Peterson, su amiga, le dice que un vendedor ambulante está vendiendo al “Chico Bueno”. Pero para desgracia de Karen, el “Chico Bueno” que está a punto de comprar el es mismo muñeco donde se metió el alma de Charles Lee Ray.
Charles Lee Ray (que dice llamarse Chucky a Andy) más tarde le revelara a Andy su más grande secreto: de que él se llama Charles Lee Ray. Entonces es cuando comienzan los asesinatos. El primer asesinato lo realiza Chucky esa misma noche, cuando golpea en la frente con el martillo de Andy a Maggie (la amiga de Karen) que estaba cuidando a Andy, Maggie se va de espaldas y cae por la ventana de la cocina sobre una camioneta. Karen llega a su casa solo para encontrar que su amiga ha muerto y que el Detective Mike Norris (el mismo que mata a Charles) sospecha que Andy es el asesino. Al próximo día, Chucky le da instrucciones a Andy de que lo lleve a casa de Eddie Caputo (que lo traiciona al principio cuando lo abandona). Cuando Andy lo sienta en una silla para ir al baño, Chucky decide caminar hasta la casa de Eddie y abrir la llave del gas. Eddie dispara en la cocina creyendo que hay alguien en su casa y esta explota junto con él.
Nadie le cree a Andy de que Chucky, su nuevo muñeco está vivo. Karen le dice que si no dice la verdad lo separaran de él, a lo que Andy responde golpeando a Chucky y diciendo que siempre le miente. Incluso le dice a su madre que Chucky le dijo que si decía algo sobre él lo mataría. Andy es llevado a un Hospital Psiquiátrico y Karen se va sola a su casa con Chucky. Después de un rato, Karen decide tirar la caja en la que venía el muñeco, pero al levantarla salen las baterías. Ella revisa la caja, entonces ve unas letras rojas que dicen: BATERIAS INCLUIDAS. Acercándose cautelosamente toma a Chucky en sus manos y revisa el compartimiento de las baterías, este está vació y este voltea la cabeza, lo cual aterra a Karen, que lo suelta, Chucky cae al suelo yéndose debajo del sillón. Karen lo saca y en un arranque de furia, prende la chimenea y amenaza a Chucky con arrojarlo al fuego. Entonces, Chucky cobra vida en las manos de Karen, la golpea y la muerde, ella lo arroja al otro lado del sofá, entonces el muñeco sale corriendo de la casa.
Más tarde, Karen va a ver al detective Mike para decirle que Chucky está vivo, incluso le muestra la mordida este le hizo, pero debido a su indiferencia, ella misma decide ir al lugar donde compro al muñeco. El detective la sigue y la salva de ser violada por el vendedor ambulante. Este les dice que el muñeco que el vendió a ella lo saco de la juguetería de la calle Wabash (la calle donde murió Charles Lee Ray). Esa misma noche, Mike Norris es casi asesinado por Chucky, el cual es herido por el detective en un brazo por un balazo. Al día siguiente, Karen va a la casa de Charles, donde encuentra cosas muy raras. Mike la encuentra en este lugar y le dice que deben hallar a un tipo llamado John antes que Chucky.
Entretanto, Chucky se ha encontrado con John, su instructor de la brujería que lo informa que para escapar de su cuerpo de muñeco, el debe transferir su alma a la primera persona a quien él reveló su verdadero nombre: Andy. Chucky después hiere mortalmente a John con un muñeco de brujería. Karen y Mike llegan a la casa de John, Chucky ya se fue y John solo les alcanza a decir que a pesar de que Chucky es un muñeco, su corazón ya es humano, solo con eso lo pueden matar.
Mientras, Andy descubre que Chucky lo ha encontrado, entonces engaña al muñeco, que ha dejado las llaves en el suelo para salir de su habitación y huir del hospital. Antes, Chucky mata al Dr. Admore, que es quien estaba a cargo del cuidado de Andy en el hospital. Mike y Karen llegan al hospital y se enteran de que Andy ha huido. Karen le dice a Mike que Andy sabe llegar a casa, por lo que se apresuran a llegar. Mientras, Andy se esconde en su casa para escapar de Chucky, quien ya llego a esta. Después de desmayar a Andy con un batazo en la cabeza, Chucky comienza a decir el conjuro que lo transportara al cuerpo de Andy. Pero en este momento llegan Karen y Mike y salvan a Andy, pero Chucky hiere en una pierna a Mike. Después, este es golpeado con el bate de béisbol por Chucky, Karen le dispara en una pierna al muñeco, pero al no saber utilizar el arma, Chucky la ataca, ella lo lanza a la chimenea y lo encierra con la rejilla, después abre la llave del gas y Andy (que ya se recupero de su desmayo) enciende una cerilla y la lanza a la chimenea. Chucky es quemado vivo, sale de la chimenea, se revuelca por un sillón y cae al otro lado completamente quemado.
Creyendo que Chucky ha muerto, Karen y Andy van a socorrer a Mike, ella manda a Andy a buscar el equipo de primeros auxilios que está debajo del fregadero, pero entonces Andy se da cuenta de que Chucky ya no está. Regresa corriendo y en el camino, Chucky le pone el pie a Andy y lo tira. Andy se levanta y corre a la habitación de su madre. Karen cierra las puertas, pero al no poder mantenerlas cerradas las dos, decide huir corriendo hacia el vestíbulo. Aquí Karen le da varios disparos a Chucky, arrancándole primero la cabeza, después le arranca el brazo derecho y al final le arranca la pierna izquierda. Después de darle dos tiros más en la espalda, a su departamento llega el compañero de Mike. Este, recoge la cabeza de Chucky y la lleva a la habitación de la madre de Andy. Pero de pronto, el muñeco sale de uno de los ductos de ventilación y comienza a estrangular al compañero de Mike. Karen lo tira frente a la ventana, entonces Chucky comienza a levantarse, Mike apunta y le da en el corazón. Entonces al final, Chucky pronuncia sus últimas palabras:
“Hola, soy Chucky, ¿Quieres jugar?”
Cuando esto termina, Karen, Andy y el compañero de Mike lo acompañan al hospital y dejan los restos del muñeco en la habitación.


Chucky, el muñeco diabólico 2 (Child’s Play 2)
Director: John Lafia. 1990. EE.UU. Color
Intérpretes: Alex Vincent, Jenny Abutter, Gerri Graham, Christine Elise, Brad Dourif (Chucky, vow), Grace Zabriskie, Peter Haskell, Beth Grant, Greg Germann

Ha vuelto Chucky. El famoso muñeco asesino de sonrisa satánica resucita en este nuevo episodio, en el que somos testigos de la terrorífica lucha entre el joven Andy Barclay y el juguete demoníaco que pretende poseer su alma. A pesar de que en su última escapada quedó totalmente achicharrado, Chucky resurge de sus cenizas cuando una fábrica de juguetes decide reconstruirlo para acabar con la mala publicidad que la rodea. Chucky vuelve a estar entero y sigue la pista de su presa hasta una familia de acogida. Entonces se inicia una vez más la persecución en esta secuela diabólicamente inteligente del original, que tuvo un éxito espectacular.

Chucky, el muñeco diabólico 3 (Child’s Play 3)
Director: Jack Bender. 1991. EE.UU./G.B. Color
Intérpretes: Justin Whalin, Perrey Reeves, Jeremy Sylvers, Travis Fine, Dean Jacobson, Brad Dourif (Chucky, voz), Peter Haskell,
Dakin Matthews, Andrew Robinson, Burke Byrnes, Matthew Walker, Donna Eskra

Uno de los asesinos más conocidos del cine vuelve para sembrar el caos una vez más: Chucky sigue con su objetivo de poseer el cuerpo de un niño. Ocho años después del día en que creyó haber destruido al muñeco asesino, Andy Barclay cumple los dieciséis y entra en una academia militar. Mientras, el codicioso presidente de la empresa de juguetes Play Pals decide resucitar la popular línea de muñecos Good Guys, convencido de que ya se ha olvidado toda la mala publicidad. Cuando la cadena de montaje recrea el primer muñeco a partir de una masa de plástico derretido, el espíritu de Chucky regresa con renovadas intenciones de alcanzar su objetivo y vengarse de Andy. Una vez más está en manos de Andy detener

La novia de Chucky (Bride of Chucky)
Director: Ronny Yu. 1998. EE.UU. Color
Intérpretes: Jennifer Tilly, Katherine Heigl, Nick Stabile, John Ritter, Alexis Arquette, Gordon Woolvett, Brad Dourif




Cuarta entrega de “el muñeco diabólico”. Diez años, después de una ardua persecución, el asesino psicópata Charles “Chucky” Lee Ray fue acorralado en una tienda de juguetes y tiroteado por la policía. En sus últimos suspiros barboteó un conjuro vudú para transferir su alma al cuerpo disponible más cercano y así desafiar para siempre la muerte. Pero el destino (o el guionista) tenía otros planes.
Como no había nadie cerca, Chucky se reencarnó en el juguete más popular del año: un muñeco “buen Chico”. ¿Su única salida? Buscar un cuerpo humano con quien intercambiar almas…
En La novia de Chucky el muñeco más famoso del mundo encuentra su pareja… en todos los sentidos. La exnovia de Chucky, Tiffany, que ha seguido enamorada de él desde que su alma pasó al muñeco, se propone rescatar la bolsa con sus restos mortales del almacén policial donde han sido guardados.

“Yo volveré. Yo siempre regreso”. Chucky
Parece que ni siquiera los monstruos pueden escapar al noviazgo. En 1935 ya lo demostró James Whale con la exitosa secuela La Novia de Frankenstein, y casi sesenta años después, en 1990 lo corroboraría La Novia de Re-Animator.
Normalmente, sobre todo en las sagas de terror el equipo artístico y técnico varía de una entrega a otra, pero hay casos en los que algunos se mantienen y no me refiero a los productores. Don Mancini, el guionista de la ya clásica Muñeco Diabólico (1988) ha escrito los guiones de las cuatro secuelas que hasta el momento se han rodado e incluso dirigió la más reciente, la floja La semilla de Chucky.
La novia de Chucky no era su primera película, pero Ronny Yu había pasado bastante desapercibido hasta 1998. Esta tercera secuela le proporcionaría la publicidad necesaria para que unos años después fuera elegido como realizador de Freddy contra Jason.
Por fin Andy se ha librado de los ataques de Chucky que ahora está más ocupado con su luna de miel. Pero este nuevo giro no le ha sentado nada bien a la saga. Las tres primeras películas compartían un estilo que ésta ha perdido, tal vez porque resultaban repetitivas y ya tenían sus propios tópicos. Y es que incluso algo tan ilógico como un muñeco asesino también tiene sus límites, y La novia de Chucky los sobrepasa.
Ni su inicio con guiños a los asesinos de Viernes 13, Pesadilla en El Streep y La noche de Hallasen, ni esas pretensiones de sus creadores de compararla con la película de James Whale (no ya solo con el título, sino incluso utilizando imágenes) dan el aprobado a este disparate.

La semilla de Chucky (Seed of Chucky)
Director: Don Mancini.
2004. EE.UU. Color
Intérpretes: Jennifer Tilly (Tiffany, voz), Brad Dourif (Chucky, voz), Billy Boyd (Glen, voz), Hannah Spearritt (Joan), John Waters (Pete Peters), Kein Lee Castle (Psychs), Redman (Redman)




La renovación que supuso La novia de Chucky (1998, Ronny Yu) para la franquicia del Chucky, el muñeco diabólico (1988, Tom Holland), Chucky, el muñeco diabólico 2 (1990, John Lafia), y Chucky, el muñeco diabólico 3 (1991, Jack Bender) abrió un camino interesante en la simpática saga, saliéndose de los parámetros convencionales y reiterativos de las tres primeras películas, las cuales repetían esquemas -niño ve como su muñeco cobra vida para asesinarle, mientras que los adultos no le creen- y fórmulas consabidas. Ruptura genérica, pues La novia de Chucky resultaba una lectura paródica/homenaje del “psychokiller” de plástico, llevándolo por unos derroteros cuasi surrealistas y granguiñolescos, el dotarle al propio muñeco de una “partenaire” también de plástico, con preferencias asesinas similares y con la que al final incluso mantiene relaciones sexuales.
La novia de Chucky no buscaba el grito, sino la carcajada; presentaba una situación tan descabellada que estaba lejos de tomarse en serio a sí misma, lo que aprovecharon sus creadores para realizar una “horror comedy” estupenda. A esto hay que añadir que Chucky adquiría mucha más presencia y su personalidad se vio reforzada y fortalecida; primero, por el propio guión -del guionista autor de la saga, Don Mancini-, y segundo, como consecuencia de una considerable mejora de las técnicas de animación del muñeco -de la mano del productor creador de la saga y de la marioneta, David Kirschner-. Por primera vez se podía afirmar que el protagonista indiscutible era Chucky -ya desde el título aparece su nombre, La novia de Chucky, mientras que las tres anteriores salieron bajo el más genérico de Child’s Play (algo así como “juego de niños”)-, llegándose a observar el film no como una cuarta parte sino como una especie de spin off juguetero.

Es, por lo tanto, La semilla de Chucky (2004, Don Mancini) una secuela de ésta en toda regla, continuando el argumento donde lo dejó la anterior -aumentando en este caso la familia de goma con un vástago- y siguiendo parámetros y planteamientos estilísticos similares: La semilla de Chucky se presenta como una película realizada por y para el aficionado al cine de terror y, por extensión, al de psychokillers, para su regocijo y disfrute, con una condición claramente metaling√ºística. Como ya ensayara Wes Craven en Scream 3 (2000), Don Mancini rinde un sincero homenaje a la saga -en el film, se está realizando una película sobre lo acontecido en La novia de Chucky y su actriz protagonista es la protagonista de ésta (!!), Jennifer Tilly, que hace de sí misma y de la muñeca Tiffany-. No obstante, sus creadores no se quedan ahí y, en una vasta compilación cinéfila, encontramos guiños a grandes clásicos, casi siempre llevados por un negro sentido del humor: ver la secuencia de apertura, donde uno de los muñequitos -trasunto de plástico de Norman Bates- entra con un cuchillo en la ducha donde se encuentra una atractiva rubia; o el hijo de Chucky y Tiffany, que tiene una disfunción sexual y responde a los nombres de Glen y de Glenda, clara referencia al primer film del director Ed Wood Jr., Glen or Glenda (1953); o aquella escena en la que Chucky persigue a su mujer e hijo hacha en mano y destrozando puertas como si de un Jack Nicholson de goma se tratase; o el eje vertebrador de la cinta, las disputas familiares, que apuntan a filmes como Kramer contra Kramer (1979, Robert Benton) o Gente corriente (1980, Robert Redford); o la banda sonora, cuyo autor, Pino Donaggio, ha sido colaborador de maestros como Dario Argento -en Los ojos del diablo (1990) y Trauma (1993)- o Brian De Palma -Carrie (1976), o Doble Cuerpo (1984)-.
En este episodio de cine dentro del cine no faltan las bromas privadas, los cameos y las autoparodias, como la de la propia Jennifer Tilly, haciendo de sí misma, componiendo un personaje de estrella extinguida, caprichosa y estomagante, dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de conseguir un papel -toda una declaración de principios de una actriz que siempre se ha considerado fuera del habitual star system-, la del rapero Redman, fan de la saga al que tampoco le importó reírse de sí mismo imaginando convertirse en director de cine, con un film sobre¡la Biblia!, que no duda en acceder a los favores sexuales (Jennifer Tilly) de la futura¡virgen María!, o el breve pero intenso papel de paparazzo del inclasificable e interesante provocador y rey del cine trash John Waters, también gran admirador del muñeco maldito.
Provocadora, perversa, grosera, ingeniosa, descaradamente gore y tremendamente divertida, La semilla de Chucky supone, junto con otras aportaciones al fantástico americano -tales como la malsana e inteligente La casa de los 1.000 cadáveres (2003, Rob Zombie)-, una revitalización del género grotesco y paródico, políticamente incorrecto, y crítico con lo que le rodea: en ambos casos, mostrando la imagen de una América deformada y consumida, donde los conservadores valores de la superficie se pierden en los profundos pozos de su sociedad, viciada y radical en su base, alimentando a criaturas como la familia de Chucky o el capitán Spaulding y los Firefly de La casa de los 1.000 cadáveres. A la vez (y precisamente por ello), La semilla de Chucky es un film cercano al espectador ávido de mensajes alternativos a los recibidos habitualmente -bien por parte de las majors de Hollywood, o bien de la mano de la “caja tonta”, que cada día que pasa supera este simplón adjetivo, acercándose más a una definición tipo “camión de la basura”-. En definitiva, un filme no apto para un público suspicaz y susceptible, reaccionario y ñoño, ajeno al mensaje de sátira y mala leche, pues Chucky y su familia no dejan, literalmente, títere con cabeza.

La semilla de Chucky presenta a Glen (cuya voz pertenece a Billy Boyd, uno de los protagonistas de El señor de los anillos), el hijo huérfano del irresistible Chucky (con la voz de Brad Dourif, como siempre) y de su retorcida esposa Tiffany (a la que Jennifer Tilly vuelve a prestar su voz después de La novia de Chucky). En Hollywood se prepara una película acerca de la leyenda urbana de sus sanguinarios padres y Glen aprovecha para resucitarlos. Pero las relaciones familiares son todo menos perfectas cuando Glen descubre que Chucky y su deliciosa Tiffany se han lanzado a una carrera tan infernal como criminal. Chucky no acaba de creerse que su retoño no quiera seguir sus sangrientos pasos. Tiffany, totalmente colgada de las estrellas de Hollywood, tampoco acaba de creerse que el director haya escogido a Jennifer Tilly (haciendo de sí misma) para protagonizar la película. La actriz no tarda en convertirse, muy a pesar suyo, en anfitriona de la temible familia.
Coprotagonizan la película la superestrella del hip-hop Redman (haciendo de sí mismo) en el papel de rapero convertido a director que busca el reparto para una epopeya bíblica que Jennifer quiere protagonizar a toda costa; la actriz y cantante británica Hannah Spearritt en el papel de Joan, la amable y estresada secretaria y confidente de Jennifer, que pronto descubre que la industria cinematográfica es una auténtica locura; y, por fin, el notorio cineasta John Waters en el papel de Pete Peters, un paparazzi de la prensa amarilla.


La semilla de Chucky presenta a Glen, el hijo huérfano del irresistible Chucky y de su retorcida esposa Tiffany. En Hollywood se prepara una película acerca de la leyenda urbana de sus sanguinarios padres y Glen aprovecha para resucitarlos. Pero las relaciones familiares son todo menos perfectas cuando Glen descubre que Chucky y su deliciosa Tiffany se han lanzado a una carrera tan infernal como criminal. Chucky no acaba de creerse que su retoño no quiera seguir sus sangrientos pasos. Tiffany, totalmente colgada de las estrellas de Hollywood, tampoco acaba de creerse que el director haya escogido a Jennifer Tilly (haciendo de sí misma) para protagonizar la película. La actriz no tarda en convertirse, muy a pesar suyo, en anfitriona de la temible familia.
Cabe recordar que en la película anterior, Bride of Chucky (La Novia de Chucky), el engendrito nacía coincidiendo con la muerte de sus padres, Charles Lee Ray, (Brad Dourif) asesino serial convertido en muñeco gracias al amuleto del Corazón de Dambala -muerto y resurrecto en los tres anteriores filmes- y de su también psicótica y desquiciada esposa secuaz, Tiffany Ray (Jennifer Tilly)
Posteriormente el film nos ofrece un verdadero baño de sangre en la mejor tradición de las películas “clase B,” combinando atroces muertes que van desde las decapitaciones, cuchillazos, y golpes de hacha, hasta las incineraciones y el derretimiento con ácido sulfúrico. No abundaremos en detalles argumentales puesto que La semilla de Chucky se disfruta mejor con una mente receptiva para encontrar y atar cada detalle, no sólo al pasado mismo de la saga sino con la realidad de las actuales celebridades de Hollywood.
Ficción dentro de la ficción
¿Cómo resucitar a un maniático Good Boy como Chucky que ya había muerto, en cuatro ocasiones anteriores, sin que la fórmula se siguiese resintiendo? Bueno, echando guante al ya casi clásico recurso de “la película dentro de la película” explotado hacia fines de los 90¬¥s por el director de género Wes Craven. Le resultó práctica a Freddy Krugger en su séptima película, Wes Craven¬¥s New Nightmare (La Nueva Pesadilla de Freddy) y para los nerviosos protagonistas de Scream 3 fue una ingeniosa forma de renovarse. En ambas películas el disparador y escenario de los nuevos asesinatos era siempre un set de filmación dónde se filmaban al estilo hollywoodense los hechos sangrientos ya acaecidos previamente.

En la ficción de este filme los muñecos de Tiffany y Chucky han sido objeto de investigación y culto después de su descubrimiento en un viejo cementerio de New Jersey, (recuerden, el final de La novia de Chucky) parte de una serie de asesinatos irresolutos. Don Mancini, el director debutante tras la cámara, es además el creador de la franquicia del muñecote y fue el guionista de todas las películas incluyendo ésta. Mancini aplica con éxito este recurso -ficción dentro de ficción- dándole a nuestros pequeños asesinos seriales un marco ideal para el retorno. Entre bastidores, fuera de escena, asistimos a una pequeña galería o freak show, donde cabezas de látex, muñecos del monstruo de Frankenstein, el Hombre Lobo y otras macabras imágenes, amén de litros de sangre falsa en contenedores, recrean el perfecto ambiente para la vuelta de Chucky y su esposa a sus cuerpos de plástico, reconstruidos para la ficticia película Chucky Goes Psycho (Chucky se vuelve loco).
El reparto es más bien austero ya que los protagonistas absolutos son Chucky, Tiffany y el hijo de éstos. Brad Dourif presta su particular dicción para el engendro mayor. Dourif protagonizó en cuerpo y voz Child¬¥s Play 1, 2 y 3 -la saga del muñeco-, y Bride of Chucky, en su papel como Charles Lee Ray, y en otros papeles como el asesino Géminis en El Exorcista 3 y Lengua de Serpiente en El Señor de los Anillos 2.
Jennifer Tilly, actriz fetiche de los hermanos Wachowski (Matrix) por su participación en Bound, el debut fílmico de los hermanos, donde ella y la actriz Gina Gershon compartían ardientes escenas lésbicas, vuelve al papel de la deliciosa muñeca Tiffany. Habiéndola interpretado en La novia de Chucky ya, un excelente giro narrativo explica su vuelta. Además de interpretar a Tiffany Ray, la esposa trágicamente asesinada y resucitada en la muñecota a través del rito voodu de Dambala, con esa vocecita molesta, también se interpreta a sí misma, Jennifer Tilly, contratada para representar el papel de la Tiffany humana en el filme dentro del filme.
Billy Boyd, el hobbit Pippin en El Señor de los Anillos, es quien le pone la voz al primogénito de la pareja diabólica. Resulta que su personaje, Shitface (cara de caca) es encontrado en el cementerio de New Jersey y bautizado así por un inglés, quién, de paso, se lo lleva al Reino Unido para hacer carrera como -falso- ventrílocuo a expensas del muñequito. Cuando Chucky y Tiffany lo conocen deciden darle otro nombre menos escatológico. Chucky quiere un varón así que le pone Glenn, mientras que Tiffany prefiere una mujer y le poneGlenda.
Graciosísimo homenaje a una película del director yanqui Ed Wood, que antes de su famosa Plan 9 From Outer Space (Plan 9 del Espacio Sideral) incursionó en el autotravestismo en su filme Glenn or Glenda? de 1955 sobre un tipo con orientación bisexual.
También Glenn (o Glenda) protagoniza con cuchillo en mano una escena donde señorita desnuda se ducha en una bañera con cortina plástica. Referencia inagotable al señor Alfred Hitchcock y a su clásica Psicosis. Coincidentemente, tanto el espectáculo de ventriloquia, Psycho & Shitface, como la filmación en la ficción, Chucky Goes Psycho, comparten la palabrita en inglés en cuestión. Psycho, sicótico.

Los homenajes y referencias a celebridades no se detienen ahí. Jennifer Tilly se parodia a sí misma todo el tiempo. La actriz se interpreta como una cualquiera, dispuesta a todo para conseguir papeles en el cine, quisquillosa y mandona con su pobre asistente de quién se esconde para comer golosinas a escondidas violando su dieta. Tilly hace referencia varias veces sobre los papeles que le robó Julia Roberts (¿?), su ardiente encuentro con Gina Gershon y su comparación en bajeza moral con Anna Nicole Smith.
Chucky también le baja el pulgar a la cantante Britney Spears, cuando en determinado momento empuja el auto de la diva del pop, con ella adentro, por una barranca. Por supuesto, la diva no fue de la partida realmente y una doble idéntica la reemplazó. En otra situación, hacha en mano, Chucky abre un boquete en una puerta blanca y se asoma, sonriente y malévolo. Jack Nicholson hacía exactamente lo mismo en The Shinning (El Resplandor), una perlita de Stanley Kubrick.
Y por si todo ello fuera poco, La semilla de Chucky es una coproducción entre Inglaterra y Rumania, filmada en éste último país, con técnicos, ayudantes y vestuaristas rumanos. ¡Tiembla el mito de Drácula frente al renovado reguero de sangre de Chucky, Tiffany y su vástago asexuado!
Queda en cada cual, afrontar esta nueva etapa del muñeco maldito desde una sala cinematográfica, la comodidad de la televisión puertas adentro, o elegir la indiferencia ante un fenómeno que sigue su curso pero no deja de ser un mero entretenimiento, ráfaga de aire fresco en medio del insoportable verano, o una mancha más de tomate en el mantel de su mesa.


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