Cine Cómico

Película estrenada entre Artículos



Si retrocedemos en el tiempo, buscando los orígenes de la comedia nos encontramos con que, ya en la primera sesión de la historia del cine, realizada por los hermanos Lumière en 1895, se encuentra el primer filme cómico: “El regador regado”, que provocó las primeras risas colectivas de la historia en una sala de proyección.
Desde el filme de los Lumière hasta nuestros días, el género de humor ha sufrido grandes cambios y uno de ellos, sin duda el más importante, fue la llegada del sonoro. La aplicación del sonido al cine supuso, aparte de un cambio radical de la industria cinematográfica, el declive de la mayoría de los cómicos, cuyo humor basado en la mímica, el gesto y la imagen, no podía resistir la implantación de la palabra.
El cine de humor sufrió un giro total. Las películas que en el mudo se realizaban sin guión (principalmente las de Chaplin, Keaton y Lloyd, de las cuales presentamos una muestra en nuestros programas), pasaron a ser un proceso automático de elaboración, buscando frases graciosas y juegos de palabras, dejando el “gag” visual prácticamente en el olvido.
El género cómico es sin duda alguna el más complicado de realizar de forma aceptable para el público. Keaton escribió en cierta ocasión: “es mucho más difícil poner en marcha una película cómica de dos bobinas que un drama de cinco”. Harry Langdon contestó algo parecido cuando le preguntaron qué opinión le merecía una película de humor: “en el mundo hay pocas cosas tan trágicas como realizar filmes divertidos”.
Los años 20 se han llegado a llamar, y con toda razón, “La edad de oro del cine cómico”. En esa década, una larga lista de nombres famosos entre las que destacan figuras como: CHARLES CHAPLIN, BUSTER KEATON, HAROLD LLOYD, MACK SENNETT, HARRY LANGDON, STAN LAUREL y OLIVER HARDY, contribuyeron de forma innegable a la grandeza de la comedia.

Junto al documental, el cine cómico es el género más antiguo de toda la historia del cinematógrafo. Dado que el cine surgió a fines del siglo XIX en las barracas de feria, su primera intención fue sorprender al público con una oferta jocosa, festiva y atrayente. El modelo más conveniente para lograr ese fin era el teatro de variedades, y por ello la pantalla de aquel primer cine acogió los mismos estereotipos que ya funcionaban sobre el escenario, insistiendo en el carácter visual de aquellas humoradas propias del vodevil. Los ejemplos en este sentido no escasean y permiten una clara catalogación de las intenciones de aquel primer cine cómico: un jardinero que pierde el control de su manguera y acaba calado hasta los huesos, un conductor que hace lo que puede ante el descontrol de su vehículo, un pícaro que es vapuleado por las bañistas a quienes venía espiando, o un transeúnte que se ve comprometido en medio de una persecución policial. En todo caso, situaciones dinámicas, desbocadas, donde no escasean los equívocos y la violencia se sublima hasta perder todo matiz amenazante.
Obviamente, es aquí donde se advierte la sutil y poco firme diferencia que existe entre el cine cómico y el cine de comedia, más adelante entremezclados sin aparente contradicción. En líneas generales, el cine cómico propicia las situaciones hilarantes mediante acrobacias y convenciones visuales, y la comedia lo consigue por medio de efectos ling√ºísticos. En ambos casos, el cine practica el humorismo, provocando esa quiebra en las expectativas que, según los psicoanalistas, causa nuestra carcajada. Dicho de otro modo, lo que nos hace reír es comprobar que un personaje de quien se esperaba una determinada actuación, efectúa otra muy distinta, a veces disparatada. En el caso del cine cómico, esa actuación tendrá un carácter visual, y estará conducida por una línea dinámica. En cambio, la comedia cinematográfica hereda de sus antecedentes teatrales el juego de palabras, las réplicas y contrarréplicas que llegan a la risa mediante el ingenio de los diálogos y las situaciones.
Suele citarse El regador regado (1897) como el primer antecedente de este género que, en nuestros días, siguen practicando intérpretes como el británico Rowan Atkinson, cuyo personaje más popular, Mr. Bean, ha obtenido una merecida popularidad, sobre todo en TV. Pese a su continuidad, resulta inevitable identificar cine cómico y cine mudo, pues fue en el periodo anterior a la aparición del sonoro cuando el género alcanzó sus momentos de gloria. Entre las estrellas que triunfaron durante ese periodo figuran Buster Keaton, Harold Lloyd, Max Linder, Harry Langdon, Charles Chaplin “Charlot” y Laurel y Hardy, apodados en los países hispanohablantes “el Gordo y el Flaco”.
Elogiado por el movimiento surrealista, el cine cómico mantuvo cierta vigencia con la llegada del sonoro. De hecho, buena parte de la eficacia interpretativa de cómicos como Danny Kaye, Jacques Tati y Jerry Lewis proviene de sus “gags” visuales, desarrollados sin necesidad de diálogos explicativos.
En algunos casos, esta conjunción de las películas y el sonido dio como resultado el cine musical y en EE.UU., propició la aparición, con la suma de elementos cómicos, a la llamada “Comedia musical americana”. Tanto en los inicios de esta época, como en la anterior hay que señalar algunos elementos propios del “cómico”: vestuario más o menos ridiculo, maneras o formas de pensar curiosas y/o ingeniosas, pero siempre muy personales, actitud muchas veces provocativa, carencia/abundancia de miedo, agobio por las nuevas tecnologías, verg√ºenza, y en, algunos casos, visión y actitud poética ante la vida. Son subrayables, en estos momentos, los ya mencionados Laurel y Hardy, conocidos en España como “El gordo y el flaco”. Poco después, aterrizan en las pantallas los famosísimos “
Hermanos Marx“, que unen los modos característicos del cine cómico de la era muda, con los nuevos descubrimientos de la comedia sonora. Películas como Sopa de ganso (1923) incorporan el absurdo a la comedia, mostrando las huellas del surrealismo y dadaísmo ya muy conocidos en la época. Por entonces, aparecen también los nombres de Bob Hope, Jimmy Durante y Abbot y Costello, en EE.UU., “Cantinflas” en México y “Totó” en Italia.
Todo el cine de comedia pierde el sentido del ritmo del cine cómico anterior y se va reduciendo a una sucesión, más o menos acertada, de gags. El cine de Ernst Lubitsch, que se inicia, como el de muchos otros, en el cine mudo, abre la perspectiva de la llamadas “comedias elegantes o sofisticadas” que siguieron, entre otros, Jean Renoir, Howard Hawks, Frank Capra y George Cukor. Este tipo de comedia marcará todo el cine de humor del futuro y de todos los países. Con estos directores, llegan las innumerables grandes estrellas de la pantalla como Katharine Hepburn, Cary Grant, Barbara Stanwyck, Clark Gable, Ginger Roger o James Stewart.

GROSS-OUT
Gross-out es un subgénero de filmes cómicos basados fuertemente en humor escatológico, desarrollado durante la década de 1970. Entre sus precursores tenemos a Pink Flamingos de John Waters y Sillas de montar calientes de Mel Brooks. El filme que es considerado como el primero del género fue Desmadre a la americana de John Landis, que fue todo un éxito en la taquilla. Desde los años 80, las comedias del género “gross-out” se volvieron más populares y se volvieron en modelo para futuros filmes como Algo pasa con Mary, American Pie y otros.

————-

El cine
cómico o cine de comedia, que se caracteriza por la inclusión de gags, chistes y/o bromas, tanto visuales como verbales, inicia su andadura practicamente con el comienzo de este arte. El regador regado (1896), película francesa de los hermanos Lumière, se considera la primera comedia de la Historia del Cine.
Desde un comienzo, se crearon películas en las que se mostraban imágenes que alegraban o hacían reír al espectador, aunque fuesen sin acompañamiento del sonido. En estas comedias, casi en su totalidad estadounidenses se utilizaban las persecuciones, los golpes, las caídas, las sorpresas de los personajes, para conseguir la hilaridad del público. Era un cine lleno de golpes de tartas, choques de automóviles y cientos de situaciones más o menos insólitas.
Mención merecen las innumerables cintas con locas y rapidísimas persecuciones policiales. Se observa así que se crean los prototipos de lo que luego sería todo el cine de comedia.
Entre los nombres importantes del cine cómico mudo, destacan Charles Chaplin, Mack Sennett, Buster Keaton, Max Linder, Harry Langdon o Harold Lloyd. Filmes de esta época son: Police (1916), El maquinista de la General (1926), El hombre cañón (1926) y El Tenorio tímido (1924). Dada la popularidad que adquirieron algunos personajes (Charlot), al cine de comedía de esta época se le ha llamado, por extensión, “cine cómico” y hoy en día se llega, erróneamente, ha confundir, en ocasiones, con “cine mudo“. En la actualidad, hay autores que aún hacen diferencias entre “cine cómico” y “cine de comedia”, pero esas sutilezas se disolvieron cuando se empezó a utilizar el llamado “sonido en conserva”.

Y llegó el sonido

Todo cambió cuando llegó el sonido. Cambió la técnica y la expresión. Los costes de la realización de las películas se dispararon. Se esperaba entonces que se incluyesen también frases, chistes o juegos de palabras ingeniosas, ruidos sorprendentes y músicas, que subrayasen los momentos más divertidos en todas las comedias cinematográficas. Creando un estilo más sutil, se perdió el entendimiento internacional de las situaciones. Algunos sobrevivieron a la transformación del medio (Chaplin, mucho tiempo después Keaton como actor, ya que no volvió a dirigir películas, Laurel y Hardy) y otros, en cambio, sucumbieron a la fascinación del público por las películas sonoras.
En algunos casos, esta conjunción de las películas y el sonido dio como resultado el cine musical y en Estados Unidos, propició la aparición, con la suma de elementos cómicos, a la llamada Comedia Musical Americana. Tanto en los inicios de esta época, como en la anterior hay que señalar algunos elementos propios del “cómico”: vestuario más o menos ridículo, maneras o formas de pensar curiosas y/o ingeniosas, pero siempre muy personales, actitud muchas veces provocativa, carencia/abundancia de miedo, agobio por las nuevas tecnologías, verg√ºenza, y en, algunos casos, visión y actitud poética ante la vida. Son subrayables, en estos momentos, los ya mencionados Laurel y Hardy, conocidos en España como “El Gordo y el Flaco”. Poco después, aterrizan en las pantallas los famosísimos “Hermanos Marx“, que unen los modos característicos del cine cómico de la era muda, con los nuevos descubrimientos de la comedia sonora. Películas como Sopa de ganso (1923) incorporan el absurdo a la comedia, mostrando las huellas del surrealismo y dadaísmo ya muy conocidos en la época. Por entonces, aparecen también los nombres de Bob Hope, Jimmy Durante y Abbot y Costello, en EE.UU., “Cantinflas” en México y “Totó” en Italia.
Todo el cine de comedia pierde el sentido del ritmo del cine cómico anterior y se va reduciendo a una sucesión, más o menos acertada, de gags. El cine de Ernst Lubitsch, que se inicia, como el de muchos otros, en el cine mudo, abre la perspectiva de la llamadas “comedias elegantes o sofisticadas” que siguieron, entre otros, Jean Renoir, Howard Hawks, Frank Capra y George Cukor. Este tipo de comedia marcará todo el cine de humor del futuro y de todos los países. Con estos directores, llegan las innumerables grandes estrellas de la pantalla como Katharine Hepburn, Cary Grant, Barbara Stanwyck, Clark Gable, Ginger Roger o James Stewart.

Italia y la comedia neorrealista

En Italia, con Vittorio De Sica a la cabeza, se crean películas de la llamada “comedia dialectal”: filmes costumbristas de patio de vecinos, trapicheos callejeros, comedia de la calle, en fin, de fuerte influencia en España, que dará lugar, en su vertiente más seria, al conocido como “cine neorrealista“. Tomando apuntes de la realidad inmediata, el cine italiano refleja todos los aspectos de la sociedad y los tipos de personas del momento en este país. En esta línea de comedia “neorrealista” italiana podremos encontrar después, entre muchos otros, a Federico Fellini (La dolce vita (1959), Amarcord (1972)) y en nuestros días a Roberto Benigni (La vida es bella (1997). Es un cine caracterizado por la base de la comedia dialectal y una visión más o menos poética de la vida, en la que nunca falta un sustrato de crítica social.

Comedia inglesa o la influencia del cine norteamericano

Sombras de este cine de costumbres podemos descubrirlas también en las cintas inglesas de principios de siglo. A pesar de la hegemonía de cine norteamericano, en la misma lengua y con un poder de realización netamente superior, surgía en Inglaterra, en los años veinte, un famoso realizador que luego sería mundialmente conocido: Alfred Hitchcock. Obviamente, como también sucede en los demás países, los mismos directores que realizan comedias, hacen filmes de otros géneros y esto contribuye a la mezcla y a las pinceladas de un género cinematográfico en otro. Pronto, la inicial frontera entre unas películas y otras se desdibujará significativamente. Hay que señalar en este país, dentro de la línea de comedia costumbrista, de Whisky a go go, (1949, Alexander Mackendrick), raíz junto con otras de lo que luego sería la productora Ealing, cuna de la comedia inglesa. Es necesario destacar las figuras de los actores Charles Laugthon y Alec Guinnes que están íntimamente ligadas a la brillantez de la comedia inglesa. Este periodo terminará con El quinteto de la muerte (1955, Mackendrick) y, por supuesto, con Alec Guinnes.

Risas francesas desde la primera cinta

Como ya cité con la creación del cine, practicamente se crea el cine de comedia francés. Con un paso obligado por el cine mudo (George Méliès, Max Linder), y, siguiendo las pautas que marcará el cine norteamericano sonoro, encontramos en Francia películas como las de Jacques Becker, René Clair y Jean Renoir con su destacada La regla de juego (1939). Es importante señalar que el cine francés, casi desde su origen, buscó, influido por la Comedia Francesa, un toque artístico en muchas de sus producciones. Así, además del puro cine cómico (de clara influencia norteamericana) y el cine costumbrista (predominante en Italia), en Francia hallamos un cine de comedia, fuertemente marcado por su teatro nacional, que busca un poso de arte en muchas de las cintas y que marcará para siempre el cine francés de cualquier género. Desde el Viaje a la Luna (1914, G. Méliès), con sus tramoyas y efectos visuales, influidos por la magia como espectáculo hasta Juana de Arco (1999, Luc Besson) vemos un intento de crear unas imágenes más preocupadas por la forma visual y la innovación artística en el cine, siempre con una sonrisa cómplice del espectador.

España y la comedia “a la italiana”

Como decíamos, pronto la comedia costumbrista italiana creo todo un género en España que tuvo, como no, sus influencias norteamericanas y francesas. Desde las primeras películas de Benito Perojo, cintas mudas entre las que, sorprendentemente, había hasta alguna zarzuela (al fin y al cabo, comedias musicales costumbristas) O Florián Rey vemos como las gentes de la calle y el folclore popular reinan en el cine de comedia español. Como se puede intuir, en cuanto llegó el cine sonoro la comedia musical española se destacó como un subgénero propio que marcaría el cine de este país durante muchas décadas.


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina