índice:
1. Los inicios
2. Cine sonoro
3. Géneros cinematográficos
4. Películas favoritas a través de las épocas
5. Estrellas de fama internacional
6. Ingmar Bergman
7. La reforma cinematográfica
8. Oscares suecos
9. Censura de cine
10. Compañías productoras
11. Festivales
12. El cine sueco
13. La obra de Victor Åström
14. Mauritz Stiller
15. Gustav Molander
16. Alf √Öberg
17. Igmar Bergman, fallece
1. Los inicios
El cine sueco recibió su primer impulso decisivo gracias a la gran exposición de arte e industria de Estocolmo, en 1897. Fue entonces cuando se rodaron también las primeras cintas suecas. Se filmó al rey Oscar II a su llegada a la exposición, y así el monarca se convirtió en la primera estrella de cine. Durante los años del cine mudo, alrededor de 1920, Suecia se contaba entre los países de vanguardia del séptimo arte. El cine sueco de los años 20 descansaba fuertemente en las destacables cualidades visuales del paisaje nórdico, mezclaron su imaginería natural de montañas, mar y hielo con el drama psicológico y cuentos de búsqueda sobrenatural.
Directores como Victor √Östr√∂m (1921, La carreta fantasma) y Mauritz Stiller (1921, El tesoro de Arne), hicieron varias películas consideradas por sus contemporáneos como obras maestras, y como clásicos por la posteridad. Varias de esas cintas estaban basadas en narraciones de la Nobel sueca Selma Lagerl√∂f. Pero esa época de grandeza fue efímera. √Östr√∂m y Stiller emigraron a Hollywood, acompañados de la estrella recién surgida Greta Garbo.
2. Cine sonoro
Al nacer el cine sonoro, a comienzos de los años 30, sus profesionales suecos abandonaron toda aspiración artística y ambición internacional para caer en el provincialismo y el popularismo. En los círculos artísticos y literarios el cine nacional se consideraba tan vulgar que lo calificaban de “verg√ºenza” para la cultura sueca. Alrededor de 1940 cuando casi todo el resto de Europa se encontraba en plena guerra se produjo un cambio debido a que el cine asumió una función importante en la defensa psicológica. La gravedad de ese período de alerta militar exigía nuevos temas e intenciones artísticas paralelamente al uso escapista que se daba al celuloide. Directores como Alf √Öberg y Hasse Ekman trajeron la esperanza de que Suecia volviera a ser un país respetado en la cinematografía. Después de la guerra, Suecia mantuvo su lugar cuando el moderno hábito de celebrar festivales generó una mayor demanda de películas de valor artístico. Algunos documentalistas, como Arne Sucksdorff, fueron elogiados repetidas veces en el ámbito internacional, y las películas argumentales suecas merecieron una atención cada día mayor. Alf √Öberg conquistó su mayor triunfo en 1951, año en que ganó el Grand Prix de Venecia con “Señorita Julia” (Fr√∂ken Julie). En 1952 Arne Mattsson sorprendió al público del festival de Berlín y de todo el mundo con “Un solo verano de felicidad” (Hon dansade en sommar). Cuatro años más tarde entró Ingmar Bergman en la escena internacional con “Sonrisas de una noche de verano” (Sommarnattens leende). Suecia volvía a ser foco del interés cinematográfico mundial. Posteriormente, Ingmar Bergman se mantuvo en un lugar central del cine mundial mientras produjo películas, y su fama no hizo más que crecer con los años. No ocurrió lo mismo con el cine sueco en general. Alrededor de 1960, la industria cinematográfica sueca sufrió una profunda crisis causada por el auge de la televisión. Gran parte del público abandonó las salas de cine; la producción sueca se comercializó y la mayor parte de los colegas y competidores de Bergman carecían de vena artística. Esa situación cambió en 1963 al celebrarse un convenio de política cultural entre los productores y el Estado: la denominada “reforma cinematográfica”. Mediante ella se liberaron importantes recursos económicos con la finalidad expresa de fomentar la realización de películas de calidad. Gracias a la reforma pudo surgir una nueva generación de cineastas originales que alcanzaron éxito: Jan Troell, Bo Widerberg, Vilgot √Öman, Kjell Grede y otros. Al mismo tiempo se politizó el cine sueco bajo el influjo de los vientos de izquierda de la época, con las consiguientes nuevas señales estéticas y de contenido. Pero seguía disminuyendo el público de cine, y en buena medida el de películas suecas. El cambio más positivo que se dio en los años 70 y 80 fue el avance de la mujer en el trabajo cinematográfico fuera de la actuación. La estrella Mai Zetterling había pasado a ser directora ya en los años 60. Le siguieron Gunnel Lindblom (también ex actriz), Marianne Ahrne, Marie-Louise De Geer Bergenstr√≠¬•hle, Christina Olofsson, Suzanne Osten, Maj Wechselmann y otras cineastas. Como escritora, Astrid Lindgren ha sido una de las mujeres de más fuerte presencia en el cine sueco, y gracias a ella las películas suecas para niños fueron una atracción mundial durante varios años.
La gran explosión de los medios de difusión en la segunda mitad de los años 80, cambió fundamentalmente las condiciones de la cinematografía. Hoy está integrada en los medios que la rodean, y la producción de películas se inscribe en el mercado de televisión, incluida la pagada, y del vídeo. Por la evolución de los costos en la industria cinematográfica, la mayor parte de las películas suecas actualmente se realiza en coproducción con un buen número de financieros. En tal situación, la cooperación entre los países nórdicos se ha convertido en un importante factor económico del cine sueco.
3. Géneros cinematográficos
El cine sueco se ha ganado una reputación de frío, escueto y grave. Desde √Östr√∂m y Stiller a la película para niños “Ronia, la hija del bandolero” (Ronja R√∂var-dotter), han sido motivos fílmicos prominentes la naturaleza, las dificultades de la vida en común y la muerte. Han sido tan frecuentes en las cintas populares como en las grandes producciones y las obras de arte más comentadas. Pero el cine sueco no sólo es ambiente severo y melancolía. En buena parte trata del amor. ¡Basta con echar una ojeada a la lista de “películas favoritas a través de las épocas”! La hilaridad las comedias y farsas casi siempre han tenido un fiel público y asegurado la base económica de la industria cinematográfica. En tiempos de crisis han sido ante todo los géneros jocosos los que han sustentado el ramo. En los años 40, el cine sueco contaba incluso con un cómico de renombre internacional: Nils Poppe. En tiempos más recientes, el discreto cómico Lasse √≠‚Ķberg ha cosechado éxitos en el país (por ejemplo, con “El golfista por accidente” (Den ofrivillige golfaren, 1992), y no menos aplaudido ha sido el ídolo pop Bj√∂rn Skifs (entre otras, con la comedia de “suspense” “Enredos” (Strul, 1988). Toda una lista de aclamaciones ha merecido el grupo autor de “La banda J√∂nsson” (J√∂nssonligan), desde 1981, y del colectivo cómico “Creadores de locuras y After Shave” (Galenskaparna och After Shave), por ejemplo, con Leif, 1987.
Los documentales han sido desde hace más de 80 años orgullo del cine sueco. Una larga tradición de documentar la naturaleza culminó en la década de los 50 en “La gran aventura” (Det stora √≠¬§ventyret), célebre cinta de Arne Sucksdorff. Esa tradición llegó a su perfección en los años 60 y 70 gracias a Jan Lindblad y sus películas sobre animales, de una exótica fascinación. A raíz del empeño político en los años 60 nacieron documentales más orienta-dos a las cuestiones sociales. En 1968, “Los inadaptados” (Dom kallar oss mods), un inaudito estudio de problemas juveniles hecho por Jan Lindqvist y Stefan Jarl, marcó un hito en la historia del cine documental sueco. Jarl continuó con la misma temática y los mismos personajes a lo largo de un proyecto sociológico de muchos años. La segunda película de la serie fue “Una vida respetable” (Ett an-st√≠¬§ndigt liv, 1979) y la tercera, “La herencia social” (Det sociala arvet, 1993). Además de Stefan Jarl hay toda una vigorosa generación de documentalistas de crítica social. Y sus sucesores más jóvenes en el género son muy prometedores.
El cine infantil ha sido especialmente favorecido por el apoyo de la comunidad desde los años 50. También se ha convertido en insignia de la cinematografía sueca, en un comienzo gracias a Astrid Lindgren y a las cintas “Pippa” (Pippi L√≠¬•ng-strump), “Miguel el Travieso” (Emil i L√∂nneberga) y algunas más que tratan de otros héroes de los párvulos. Casi todas las versiones cinematográficas de cuentos de Astrid Lindgren han tenido buena acogida en el extranjero. Suecia también se ha considerado como precursora de un tipo de cine para niños más poético y serio, que ha merecido atención internacional desde hace tres décadas. “Hugo y Josefina” (Hugo och Josefin), de Kjell Grede, salió a la cartelera en 1967 y marcó la pauta de esa vertiente. A la misma categoría pertenece la célebre “Los hermanos Corazón de León” (Br√∂derna Lejonhj√≠¬§rta, 1977), del director Olle Hellbom, sobre una narración de Astrid Lindgren, y “Mi vida como perro” (Mitt liv som hund, 1985) de Lasse Hallstr√∂m. “Bert, el último virgen” (Bert den siste oskulden), del director Thomas Alfredson, se cuenta entre las cintas infantiles destacadas de realización posterior (que incluyen también atracciones para adultos de buen humor). Como el cine para niños, también el de dibujos animados experimentó un auge en Suecia, donde desde los años 70 se ha venido formando un notable grupo de dibujantes hábiles y originales. El maestro Per √≠‚Ķhlin (a quien se debe, entre otras películas, “El viaje a Melonia” (Resan till Melonia, 1989) y Stig Lasseby, recientemente fallecido autor de “Pedrito Sin Cola” (Pelle Svansl√∂s, 1981), son dos de los que han hecho largometrajes, mientras que un buen número de duchos dibujantes de personalidad muy heterogénea y marcada se dedica al cortometraje. La brutalidad cada vez mayor, el desempleo, los conflictos de inmigrantes y la delincuencia juvenil han aportado en años recientes temas para películas sobre problemas sociales. Algunas de ellas aprovechan las posibilidades que ofrece el tema plasmando excesos de consumo de drogas, violencia, sangre y sexo, mientras que otros tratan de abordar el tema con matices psicológicos y claridad sociológica. En los años 70, se consideraba, sin mucha justicia, que Suecia estaba a la vanguardia del cine pornográfico. Esa reputación provenía del hecho innegable de que varios de los mayores éxitos cinematográficos en el ámbito internacional en las décadas inmediatamente anteriores, fueron de un er