Emmanuelle y Emanuelle

Película estrenada entre Artículos

La Emmanuelle blanca:

SYLVIA KRISTEL (Utrech, Holanda, 1952)

Sylvia Kristel nació en 1952 en Utrecht (Holanda) dentro de una familia de calvinistas. Consiguió ser profesora de inglés.

Sylvia se colocó trabajando como secretaria-mecanógrafa en una gasolinera, antes de que comenzara a trabajar comomodelo a principio de los años 70.

Su primer papel -muy secundario- en el cine fue en cinta una holandesa titulada Frank y Eva (1973, Pim de la Parra); después en una película criminalista -y también como secundaria-: Por los gatos
(1973, Fons Rademakers).

En el año 1972 y 1973 ganó el título de “Miss TV Europea“. Hizo un viaje alrededor del mundo, durante el cual, el director francés Just Jaeckin la contrató como protagonista para su película Emmanuelle. En esta película su “papel” era el de una muchacha joven, que se casa con un hombre mayor durante un viaje a Bangkok.

Este filme con escenas “sexy” engañó a los cinéfilos clásicos. La película sólo en París tuvo más de cuatro millones de espectadores. En algunos países, como España estaba prohibida, lo que indujo a algunas compañías que organizasen viajes para ver la película en París.

Sylvia Kristel desempeñó el papel del Emmanuelle en 4 cintas más y en los años 90 intervino en varias como “madre” de una joven Emmanuelle interpretada por la “miss Venezuela 1989″ Marcela Walerstein -en 7 títulos-.

Su película El amante de Lady Chatterley (1981), tuvo éxito en Francia y Sylvia Kristel marchó a América.

La actriz holandesa, habla cuatro idiomas: holandés, inglés, italiano y francés.

EMMANUELLE (1974, Just Jaeckin)

(Basada en las novelas Emmanuelle, de Emmanuelle Arsan, que fue también guionista en una decena de filmes del personaje)

Intérpretes: Sylvia Kristel (Emmanuelle), Alain Cuny (Mario), Marika Green (Bee), Daniel Sarky (Jean), Jeanne Colletin (Ariane), Christine Boisson (Marie-Ange)




La historia de la joven esposa de un diplomático francés destinado en Bangkok, poco afecta al sexo, que es introducida por una hermosa adolescente en un auténtico despertar erótico y sexual, tras lo cual entra en una jornada de excesos de todo tipo guiada por un hombre maduro.

El filme -opera prima del director Just Jaeckin, adaptando una novela de Emmanuelle Arsan originalmente prohibida por el gobierno de De Gaulle, pero finalmente autorizada- introdujo en Europa el sexo explícito y permaneció en cartelera durante trece años en un cine de París.

Emancipada de cuerpo y alma se entrega al amor y al placer, sin complejos. La historia de Emmanuelle es una entrega desinteresada al amor, al placer y al erotismo.

Emmanuelle no es abiertamente una película pornográfica, sino una sofá-porno donde las escenas de sexo existen, pero están sutilmente fotografiadas como para atenuar el impacto.

Era apenas la cuarta película de Sylvia Kristel, joven holandesa de entonces 22 años y cuya complexión física, al igual que sus dotes histriónicas, eran más bien escuálidas, pero que contaba con un rostro de aires levemente infantiles, grandes ojos verdes y una mueca mezcla de languidez, erotismo y despreocupación muy atractivas.

Es gracias a estas “cualidades” de la protagonista por las que la película logra sus mejores momentos, cuando verdaderamente enamorada de la bella antropóloga Bee, abandone temporalmente a su marido para lanzarse con ella a una aventura amorosa no ajena de momentos medio candentes merced a las obligadas escenas de lesbianismo rosa donde -tal vez de manera involuntaria- se juega con la imagen andrógina de la Kristel, con cabello corto y vestida por su nueva amante como niño -gorra beisbolera incluida-, lo que no deja de darle cierto saborcillo “perverso”, y que son los que influyeron sin lugar a dudas para el encumbramiento de Sylvia Kristel como mito erótico del “euro-porno soft”.

Luego tuvo más de veinte secuelas protagonizadas por quince actrices diferentes y una serie de Emanuelle negra -sólo una “m” -mucho más explícitas. La primera tiene como protagonista a Sylvia Kristel, lanzada a la fama como actriz erótica tras este papel.

UN CLÁSICO DENTRO DE SU G√âNERO

¿Una película de “culto”?



Una de las películas eróticas más conocidas de la historia. Es considerada un clásico dentro del género, algo incomprensible, teniendo en cuenta que se trata de una simple película con “porno light” que trata el amor desde el punto de vista sexual.

En Inglaterra estuvo censurada hasta 1999 (25 años) ya que levantó mucha polémica con sus atrevidas imágenes, algo que ya ocurrió con la infinitamente mejor El imperio de los sentidos (1976, Nagisa Oshima). Unas interpretaciones mediocres para esta sobrevalorada película en la que sólo destaca el erotismo sensual que tanta crítica levantó.

“culto” es un
calificativo harto difícil de aplicar dentro de los parámetros cinematográficos y, paradójicamente, achacado a un buen número de filmes, la mayoría de las veces endilgado sin conciencia ni razón. “culto”, en términos fílmicos es una palabra de doble filo. A saber: puede aplicarse como adjetivo a una película desde su significado equivalente a “exquisitez”, donde entraría en juego el llamado “cine de arte y ensayo”, aquél que va destinado a un público culterano que se extasía más en lo contemplativo que en lo visceral. “culto”, pues, como sinónimo -falaz en demasiadas ocasiones- de “refinado”.

Pero existe otra forma de utilización de la palabra “culto”, que aplicada también como adjetivo calificativo, pero ahora antecedida de la preposición “de”, cambia diametralmente su concepción, refiriéndonos ahora a “culto” más como una forma de reverencia pagana hacia filmes denostados por la alta cultura bien pensante que se empeña en salvaguardar las buenas costumbres y dictar las modas a seguir.

Haciendo una analogía eclesiástica -con el riesgo de ser condenado de herejía… aunque no será esta la primera vez- y trayendo a cuento la concepción de “culto”, como sinónimo de “rito”, podemos decir que en términos cinematográficos un “título culto” sería el equivalente a los santos clericalmente aceptados y oficializados por vía de su aparición en el santoral, en tanto que un “filme de culto” es como aquellos santos apócrifos cuya carta de naturalización llega por medio de la creencia y la fe popular, perpetuando – y aumentando- su influencia por vía de la recomendación oral. Gracias a esta analogía es fácil entender porque un “filme de culto” se perpetúa a través del tiempo sin la necesidad de estar incluido en los evangelios según Gubern, Sadoul u otros tantos apóstoles del santísimo misterio cinematográfico.

No cabe duda, que el calificativo “culto”, ya sea en su sentido políticamente correcto, como en su extensión pagana, ha sido utilizado con una ligereza que sorprende. Esta Emmanuelle es el mejor ejemplo de una sobrevaloración fortuita y cuyo único resultado es la “exploitation” más descarada de una fórmula ya de por sí grosera de tan rudimentaria -con la filmación “ad nauseaum” de Emanuelles apócrifas- para detrimento de otras muchas películas que en verdad merecen ser consideradas “de culto” y que en cambio, se encuentran olvidadas.

Otros comentarios



Hay películas que sólo pueden entenderse en el contexto que, o bien las propició o bien las catapultó al éxito aunque no tuviesen excesivos méritos artísticos. Entre las primeras podemos encontrar numerosas cintas propagandísticas, algunas verdaderas joyas del séptimo arte a pesar que propaguen ideas totalmente equivocadas. Entre las segundas podemos encontrar casos como esta cinta del género erótico.

A mitad de la década de los setenta España continuaba privada de libertad en todos los campos y el sexual evidentemente no era una excepción. El turismo había introducido nuevas costumbres y mitos y la gente estaba inquieta. Quería más pero la censura tijereteaba todo lo que no pasaba por su redil de moralidad. Y Europa, aunque más avanzada, también gustaba de mirar un nuevo tipo de cine que sugería pero también enseñaba.

Evidentemente Emmanuelle no iba a pasar por el embudo de la censura ni a base de tijeretazos. Pero la voz popular funcionó, así que se formaron verdaderas y mitificadas caravanas para acudir a los cines franceses, teóricamente más liberales (aunque por entonces continuaban censurando Senderos de Gloria (1957, Stanley Kubrik).

Emmanuelle no fue la primera del género erótico que después en España se degradaría con las cintas de destape, pero sí la que consiguió, con diferencia, más fama. El tiempo ha podido definitivamente con ella, pero para una generación tuvo una cierta repercusión. Las aventuras iniciáticas de la joven protagonista por los caminos del placer en parajes exóticos y lugares insospechados sedujeron entonces convirtiendo ciertas escenas en secretos e íntimos anhelos.

Sylvia Kristel iba perfecta para el papel. No era ni mucho menos espectacular, pero su físico de adolescente y su aparente inocencia daban un morbo incuestionable al personaje que la dejaron encasillada. Queda sentado que tampoco se precisaban grandes dotes interpretativas para ello.

Como se ha dicho, paisajes exóticos, primeros planos y cierta gracia en las escenas “conflictivas” suman puntos positivos, pero la película peca de cierta pretensión en sus planteamientos argumentales, frases pedantes con connotaciones filosóficas acerca del placer y unos silencios excesivos en situaciones sin tensión de ningún tipo, quizás sólo para darle el metraje adecuado.

Y finalmente el inexorable paso del tiempo. La gente ha cambiado su mentalidad y el cine la ha acostumbrado a escenas más explícitas incluso en películas que no pertenecen al género erótico, abandonado en gran medida desde que el gran público puede acceder a películas más subidas de tono. De todas formas Emmanuelle resiste mucho mejor que otras producciones más casposas. Pero su repercusión sólo puede entenderse dentro del contexto de la época.

* * * * * *

La sensualidad, el erotismo en su estado más lustroso y elegante, cuando se lleva al cine, toma el nombre de mujer, y en este caso es una francesa esposa de un diplomático en Asia llamada Emmanuelle.

Años tiene ya la película, pero no ha perdido ni un ápice de encanto, de dulzura y de provocación, y es que cuando las cosas se hacen bien son eternas, y el erotismo, como el cine, nunca pasan de moda.

Es curioso comprobar cómo ha evolucionado el mundo desde aquellos tiempos, la he revisado hace pocas semanas en un ciclo de cine erótico: Son más de 30 años desde que los españoles fueran en peregrinación hasta Perpignan para verla, porque claro, aquí estaba radicalmente prohibida.

Tanto la estética como el tipo de música, la manera de rodar las escenas, las escenas en sí, el tipo de erotismo, el detalle de solamente mostrar el cuerpo desnudo de las mujeres desde diversos ángulos y ningún desnudo masculino, ni aunque sea parcial, el continuo juego con el lado lésbico del sexo, el deseo prohibido, la idea de un matrimonio liberal, lo exótico de los decorados y gentes asiáticas… todo parece ahora un poco inocente si no se zambulle uno en la historia, si te pilla de sopetón los primeros minutos sin muchas ganas de pasar por alto tanta imagen “retro”, pero la historia es universal y atemporal y acaba por atraparte, más allá de los cuerpos desnudos contorneándose.

Las andanzas de esta mujer enamorada al principio, desencantada después y sexual siempre son toda una delicia y casi diría una obligación para el cinéfilo que se vanaglorie de serlo, aunque no le guste el género. La historia se desarrolla parsimoniosamente, sin excesos ni saltos argumentales, es un camino que comienza en la inocencia de lo prohibido para meternos de lleno y sin marcha atrás en los aspectos más peligrosos de la sexualidad humana, todo regado con una recopilación de canciones francesas de la época que pueden ser deliciosas para los más nostálgicos.

Sylvia Kristel era una total desconocida en el cine. Modelo de ropa interior, especializada en sujetadores, tiene unos pechos pequeños y delicados, como la fruta en su punto justo, y cuando se presentó al casting por complacer a una amiga, fue la musa que el director estaba buscando, era la Emmanuelle perfecta; una mujer con cara de ángel, la inocencia personificada, pero con un cuerpo y un descaro en los ojos que haría enloquecer a cualquier hombre. Ni qué decir tiene que este papel marcó por siempre la carrera de Sylvia Kristel y encumbró aún más a su director, además de regalarnos una película inolvidable para cada generación que tiene la oportunidad de verla.

Como película erótica me parece deliciosa, como película en general me parece fantástica, ideal para compartirla con la pareja, en la soledad, y dejarse empapar del ambiente erótico y sensual que desprende cada escena.

EMMANUELLE 2, LA ANTIVIRGEN

(1975, Francis Giacobetti y Francis Leroi)

Intérpretes:

Sylvia Kristel (Emmanuelle)

Umberto Orsini (Jean)

Fréderic Lagache (Christopher)

Catherine Rivet (Anna-Maria)

Tom Clark (Peter)

Laura Gemser (Una de las masajistas)

Sylvia Kristel desempeñó el papel del Emmanuelle otra vez en Emmanuelle 2, la antivirgen. La acción de la película, transcurre la mayoría del tiempo esta vez en Hong Kong. En Francia fue lanzada solamente para los cines especiales, también anunciando cierta prohibición.

Sylvia Kristel vuelve en la continuación de la enormemente exitosa Emmanuelle, persiguiendo más fantasías sexuales en las exóticas localizaciones de Hong Kong y Bali.

EMMANUELLE 3 -Adiós, Emmanuelle-

(1977, François Leterrier)

Intérpretes:

Sylvia Kristel (Emmanuelle)

Umberto Orsini (Jean)

Jean-Pierre Bouvier (Gregory)

Alexandra Stewart (Dorothée)

Olga Georges-Picot (Florence)

Charlotte Alexandra (Chloe)

Sylvie Fennec (Clara)

Radiah Frye (Angélique)

Jacques Doniol-Valcroze (Michel Cordier)

Emmanuelle 4 (1984, Francis Leroi e Iris Letans)

En esta entrega, el personaje de Emmanuelle lo realiza la actriz sueca Mya Nigren -de efímera carrera, sólo se le conoce un filme más-, mientras que Sylvia Kristel hace un secundario doble papel de Sylvia/Emmanuelle.

Intérpretes:

Mya Nigren (Emmanuelle)

Patrick Bauchau (Marc)

Deborah Power (Donna)

Sophie Berger (Maria)

Sonja Martin (Susanna)

Marilyn Jess (Nadine)

Gérard Dimiglio (Rodrigo)

Fabrice Luchini (el Hipnotizador)

Sylvia Kristel (Sylvia/Emmanuelle)

LA EMANUELE NEGRA:

LAURA GEMSER (Java, Indonesia, 1950)

Belleza exótica, nacida en 1950 en Java (Indonesia), hija de madre indonesia y padre holandés, Laura Gemser se instaló en Italia hacia principios de los años 70 y en 1972 la revista masculina “Playmen” publicó un reportaje fotográfico erótico que provocó la admiración del realizador Pier Ludovico Pavoni, que le ofreció un pequeño papel en Amore libero (1974), un filme rodado en los maravillosos parajes naturales de las islas Seychelles, al lado de Enzo Bottesini.

Posteriormente viajó a Francia donde intervino en un papel muy secundario en Emmanuelle 2, la antivirgen (1975, Francis Giacobetti) como una de las expertas masajistas que atendían a la protagonista del filme Sylvia Kristel.

De vuelta a Italia, comenzó protagonizar una paralela Emanuelle negra -con una sola “m”- (1975, Albert Thomas) encarnando a la protagonista, una aventurera periodista liberada y dispuesta a todo en materia de sexo, e inaugurando una saga de películas dirigidas -cinco de ellas- por el prolífico Aristide Massacessi, alias “Joe D’Amato”, hasta totalizar nueve títulos de esta serie -entre 1974-1979-, acompañada generalmente en el reparto por el actor italiano Gabrielle Tinti, con el que se casaría en 1976 tras haber iniciado ambos un romance en Kenia durante el rodaje de aquella primera película de la serie “Emanuelle negra”.

Mucho más “porno” que la original, se entregó a las necesidades del guión con devoción, probando desde el sadomasoquismo al bestialismo o el canibalismo.


En Emanuelle y los últimos caníbales, Emanuelle es una enfermera que recibe en su hospital a una chica que asegura haber visto caníbales en una tribu del Amazonas. Lejos de toparse con un peligro de muerte, en un golpe de timón hacia el absurdo, viaja a buscarlos y se entrega a una fiesta sexual entre ella, los caníbales y un grupo de amigos. Otra secuela, Emanuelle en América (1977), la lleva de viaje en un relato policial que la enfrenta a una mafia que rapta chicas para filmar snuff movies: mientras lucha por la justicia, se deja llevar por la tentación de participar. Más extrema, considerada la musa de clásicos del erotismo “gore” local como Atrapadas o Las lobas,
Emanuelle, fuga del infierno (1975) la deposita en una cárcel de mujeres con consecuentes escenas de violación a cargo de otras mujeres. Pero la novedad, una pequeña revolución en la saga, llegó ese mismo año (llamado el año del boom de las “Emanuelle”) con Emanuelle Negra (1975), que asigna la heroína a una africana y tematiza la cuesti√≠%


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