Indiana Jones
INDIANA JONES Y SU ÉPOCA

El universo que crea la imaginación George Lucas y de Steven Spielberg unidas, en los años ochenta del siglo XX, en el que se desarrollan las aventuras de su héroe Indiana Jones lo sitúa entre mediados y finales de la década de los treinta, en el periodo que se extiende entre la subida del nazismo al poder en Alemania y el estallido de la II Guerra Mundial, centrándolo en un momento histórico que no sólo conlleva unos determinados decorados, vestuarios, peinados y coches, sino que es la base sobre la que se apoyan la primera y la tercera de las entregas de la serie
En la primera, En busca del Arca perdida, son nazis contra los que tiene que luchar Indiana para encontrar el símbolo de la Alianza de Dios con los hombres según el Antiguo Testamento, representándoles como la encarnación del Mal, que tratan de encontrarla por el poder, la encarnación divina que representa, como un paso más para la dominación total, relacionando la historia que se propone acerca de esta búsqueda con los esfuerzos realizados por el Partido Nacionalsocialista Alemán desde su llegada al poder, en 1933, de buscar a lo largo de los países que iban conquistando y de aquellos entre los que extendía su ámbito de influencia, emblemas de la antigüedad en los que apoyarse, como prueba de su supremacía y como apoyo al establecimiento de su poder, explotando con ello todo lo que con posterioridad a 1945 se ha escrito y divagado sobre las creencias de Hitler, sobre su fe en las adivinaciones, en profecías antiguas, tesoros y ocultismo, además de la tendencia que tenía el III Reich, como todos los ejércitos invasores, de despojar a los vencidos de sus tesoros y su arte
En la tercera entrega, Indiana Jones y la última Cruzada, al aparecer junto al protagonista su padre, el Doctor Henry Jones, un estudioso típico y despistado, un padre ausente y lejano, dedicado a sus investigaciones, que ha dedicado parte de su vida a rastrear el Santo Grial, el cáliz utilizado por Cristo en la última cena, también se produce un enfrentamiento con el III Reich, que en este caso envía a una irresistible agente que enreda a ambos hombres para que la conduzcan hasta su objetivo.
Porque el Santo Grial está unido a otro concepto que representa uno de los emblemas de la literatura de aventuras cuando aún no tenía ese nombre. Ya en la Edad Media la búsqueda del Santo Cáliz determina una serie de peregrinaciones y expediciones que enlaza con uno de los objetivos de las Cruzadas y así, en esta, hasta ahora última entrega, el hallazgo de la tumba de uno de los últimos cruzados que quedaron encargados de la custodia de la sagrada copa permitirá el acceso a otro de los mitos más viejos de nuestra cultura: la fuente de la eterna juventud, o de la vida eterna.
Todos estos elementos ensamblados dan una connotación mágica y religiosa al enfrentamiento político que se trasluce en los argumentos de ambas entregas, y en una imagen tan gráfica como Harrison Ford disfrazado con uniforme alemán para infiltrarse entre los enemigos
En la misma época se desarrolla Indiana Jones y el Templo maldito, pero en esta las bases místicas, que también existen, son distintas, responden a unas referencias orientales totalmente diferentes y un enfoque diferente
No es casualidad la época elegida para el desarrollo de las aventuras de Indiana Jones. El final del periodo de entreguerras, que se considera el momento del final de la inocencia, porque la sangrienta realidad de la II Guerra Mundial cambia la forma de enfrentamiento entre los pueblos, y las relaciones internacionales, es terreno abonado para las historias de peripecias y aventuras en búsqueda de tesoros. Aún a finales de los años treinta del siglo XX, son posibles las grandes fiestas y el glamur europeo en las más lejanas colonias, aún hay tesoros por descubrir en puntos geográficos lejanos, reales o imaginarios, donde dejar vagar la imaginación antes que las bombas pusieran fin a una época, y dividieran el mundo de una forma diferente.
ESTUDIO SOBRE LA TRILOGÍA

Si a estas alturas existe un ámbito cultural donde se forjen mitos de carácter universal, ese es el cine. Y si revisamos la larga lista de personajes míticos que nos ha dado la pantalla en sus cien años de historia nos encontramos en los puestos más recientes con la figura de un profesor universitario, aventurero en sus horas libres, y en las nuestras, cuyo nombre es conocido por media humanidad: Indiana Jones. El y sus creadores nos han devuelto un tipo de cine, que allá por 1979 creíamos muerto y enterrado.
Quizá no ha habido personaje más famoso en el cine de los años 80 que el creado por los dos terremotos de Hollywood: George Lucas y Steven Spielberg.
Indiana Jones y la última cruzada fue el final de la trilogía del héroe cinematográfico. Fue el final en la pantalla grande pero el principio para la pantalla pequeña, puesto que en esta entrega y forzado por el ansia del público de conocer antecedentes del doctor Jones, Spielberg nos mostraba su juventud en un magnífico prólogo.
Así, espoleado por el éxito de las tres películas, vuelve el héroe a las pantallas de todo el mundo y por supuesto a las españolas con Antena 3 TV.

La serie Las crónicas del joven Indiana Jones está producida por George Lucas y consta de 15 capítulos, cada uno de ellos dirigido por un director de prestigio. Especial interés para el público español tendrán los que fueron rodados en diversos puntos de nuestro país (España).
Mientras esperamos el estreno de las Crónicas… creemos conveniente dar un repaso al personaje y a las andanzas de Henry Jones, Junior.
Spielberg como director y Lucas como productor e impulsor de la empresa, son los creadores de Indiana Jones.
Son dos magos del cine actual que han entrado en la historia del séptimo arte por méritos propios. Entre otros por haber revalorizado los géneros de ciencia ficción.
Según declaraciones del propio director:
“En Busca del Arca Perdida nació un día en Hawái. Yo estaba con George y le dije que me apetecía dirigir una película a lo Bond. Él me contó la historia del arqueólogo que recorre medio mundo en plan aventurero y me pareció estupendo”.
Así George Lucas, con la ayuda de Philip Amufan (que luego dirigiría Elegidos para la gloria y La insoportable levedad del ser) escribió el argumento y Lawrence Kazan (que había escrito el guión de El Imperio Contraataca y que luego dirigiría Silverio, Reencuentro y Gran Cañón) sería el guionista definitivo de la película.
Desde el principio tanto Spielberg como Lucas tenían claro lo que pretendían: un filme de aventuras como los de antes, con buenos y malos, pero de los de verdad, cuyo objetivo principal era entretener al público. Las Aventuras de Indiana Jones son películas de escape, de entretenimiento, dijo Spielberg, con hippy en incluido. Querían volver al cine de Siodmak, Tornear, Ford, Lang o Curtiz, sin olvidar a James Bond, con los cuales los estos cineastas habían crecido.
Estaban un poco hartos del panorama del cine de los setenta, de películas con mensaje que a su juicio lo único que hacían era aburrir al público. Ellos querían volver a la época dorada de Hollywood renovando el género de aventuras, cosa que han conseguido por lo menos en parte (La joya del Nilo, Tras el corazón verde, La selva esmeralda, El secreto de la pirámide, Joe contra el volcán, Willow…)
La trilogía de Indiana Jones
Nace así En busca del Arca perdida, cuyo guión fue difícil colocar a la Paramount debido al fracaso estrepitoso de 1941, el anterior filme de Spielberg, una comedia basada ambientada en los días de la II Guerra Mundial.
Por miedo al fracaso económico durante el rodaje de El Arca Perdida se limitaron al máximo los gastos. Por ejemplo, tal y como nos lo cuenta Antonio Lara en su libro Spielberg, maestro del cine de hoy, el director se vio obligado a soluciones baratas pero ingeniosas durante el rodaje, como cuando Indiana Jones se enfrenta al árabe armado con un sable. Jones no utiliza el látigo, le dispara directamente una bala en la frente, con lo que se ahorraron horas y horas de ensayos suplementarios.
En esta primera entrega el gobierno norteamericano encarga al Dr. Jones que encuentre el Arca de la Alianza y evite que caiga en manos de los nazis, pues éstos, con el poder del Arca ¡pueden conquistar el mundo! Después de incontables aventuras en Asia y África, y ayudado por Marion y Sallah, Indiana no puede impedir que los nazis se apoderen del Arca. Pero al abrirla todos mueren castigados por la ira de Dios, salvo el héroe y la chica. Al final el Arca se deposite entre miles y miles de objetos en un almacén del Gobierno de los Estados Unidos.
En Indiana Jones y el tempo maldito (Indiana Jones and the Temple of Doom), un poblado hindú cree que Indiana es un enviado de los dioses cuya misión será encontrar la piedra sagrada que ha sido robada por el maharajá con el fin de dominar la Tierra. También es encargado de rescatar a los niños que han sido esclavizados para trabajar en las minas del palacio. Indiana Jones conseguirá todos sus objetivos, llevando la piedra, los niños, la luz y el color (literalmente) a la pequeña aldea.
En la última película de la serie Indiana Jones y la última cruzada un millonario norteamericano encarga a nuestro héroe la búsqueda del Santo Grial con el oculto fin de hallar la inmortalidad, aunque Indiana aceptará el encargo sólo para encontrar a su padre, que ha sido capturado por los nazis. Al final el Dr. Jones encuentra el Grial y a su padre, mientras Walter Donovan (el millonario), muere en el intento de alcanzar la inmortalidad.
Por tanto, la línea argumental básica se repite en las tres películas: a Indiana se encarga un trabajo para rescatar algo o alguien y después de pasar mil aventuras consigue todos sus objetivos
Las tres cintas tienen otras similitudes estructurales. A las tres las podemos dividir en un mismo número de partes similares en cuanto a función y duración. Los tres filmes (que duran aproximadamente 110 minutos) se abren con un prólogo de presentación en el que Indiana está resolviendo una aventura que no tendrá nada que ver con la trama posterior. La función de estos primeros minutos es muy clara: despertar la atención del público sobre la película. O mejor dicho será una especie de aperitivo de lo que luego vendrá, puesto que la acción en esos quince primeros minutos es trepidante.
Después viene la historia en sí, dividida en las tres partes básicas y clásicas de cualquier relato. Primero un planteamiento del problema que dura entre 6 y 9 minutos. Luego el desarrollo de la acción con una duración de 60 a 80 minutos aproximadamente (más en la primera y en la tercera película). El desenlace posterior es de corta duración en El Arca y en La última Cruzada y prolongado en El Templo maldito.
Por último tendremos un breve epílogo en el que el espectador puede disfrutar a sus anchas del final feliz que suele prolongarse entre 2 y 3 minutos.
El personaje de Indiana Jones
Evidentemente, el personaje de Indiana Jones es el eje conductor de la trilogía. Su nombre en realidad es Henry Jones Junior, pero él mismo prefiere llamarse Indiana, como el perro que tuvo de niño. Está interpretado por Harrison Ford y en su época adolescente por River Phoenix. Es evidente que Ford dotó de un carácter particular al heroico arqueólogo sobre todo por el bagaje de solitario, duro e intrépido, que traía de su encarnación de Han Solo en La Guerra de las Galaxias. Para Spielberg la elección de los actores es algo capital, pues sabe que de ello depende una gran parte del éxito de la película, tal y como se comprobó, por ejemplo, con el niño Elliot en E.T.
En un principio se pensó en Tom Selleck que en esos momentos estaba interpretando la serie televisiva Magnum, pero no se llegó a un acuerdo. A muy última hora Spielberg se acordó de Harrison Ford al que acababa de ver en El Imperio Contraataca y decidió que él encarnara al intrépido profesor.
Esa elección se mostró luego acertadísima puesto que uno de los factores fundamentales del éxito de En busca del arca perdida fue la interpretación del carpintero de Hollywood tal y como demuestra el hecho de que los títulos de las siguientes entregas comenzarán con el nombre del héroe. La personalidad de Indiana Jones se nos irá definiendo poco a poco a lo largo de los primeros minutos de El Arca. La película se abre con su figura vista de espaldas. Antes que su rostro vemos su látigo y su sombrero, los dos atributos más importantes, junto al zurrón y la cazadora de cuero.
Su cara no la conocemos hasta el tercer minuto, pero antes ya sabemos que el látigo no es un adorno, que sirve para algo: con él ha desarmado a un traidor que le iba a atacar por la espalda.
Durante el prólogo, cuya función es presentarnos a Indiana, vemos también que es el que manda en el grupo; que aparece como un ser superior frente a sus acompañantes, que es valiente (entra en la cueva de la que nadie ha salido con vida), precavido, inteligente, hábil, fuerte, tenaz y capaz de conseguir lo que se propone.
Sin embargo, también lo vemos fracasar cuando le arrebatan la pieza que encontró en la cueva. Aunque sus fracasos nunca serán completos, pues después de perder la pieza escapa con vida de sus enemigos. Además hay otro rasgo importante: tiene miedo de las serpientes. Es decir, no es totalmente invulnerable. Estos dos elementos le dan cierta humanidad al héroe semidivino lo cual le hace más creíble.
En un requiebro genial de los creadores del filme vemos a Indiana convertido en algo que no esperamos de un aventurero selvático, sucio y descuidado: en profesor de Universidad. Para completar el negativo, es un profesor despistado e inseguro que pisa un terreno que no es el suyo.
Estos son los rasgos básicos que van a funcionar en las dos primeras entregas de la serie. Un héroe típico de cine, pero con una personalidad propia que le distingue de los demás.
Sin embargo, la figura de Indiana alcanza su plena personalidad en la última película. Aquí el héroe se hace hombre, humano, con un pasado, con un padre, con problemas interiores, con sentimientos más definidos, dudas, miedos, etc. Aquí Indiana no tiene el mando absoluto (memorable es la escena en la que su padre le pega un bofetón), pierde los papeles ante el otro Dr. Jones. Desde el punto de vista de la creación de un personaje, La Última Cruzada es una obra excelente, destacando el magnífico prólogo que satisface muchas interrogantes.
Por ejemplo, se nos explica el origen del látigo, del sombrero y su miedo a las serpientes. Y lo que es más importante, se nos muestra la barrera que separa al padre y al hijo: aquél con sus libros delante de los ojos obliga a Indiana a contar hasta veinte en griego y es incapaz de escuchar sus andanzas, problemas y preocupaciones.
De esta forma han pasado veinte años padre e hijo. Lo único que recibe Indiana de su progenitor son reproches y hasta una bofetada. Por cierto, el pulso entre Sean Connery y Harrison Ford es de lo mejor de toda la trilogía y la batalla la gana con creces el viejo Bond sin menospreciar el talento de su compañero.
Al final el muro cae. Indiana aprende por fin un montón de cosas de su padre. El viejo profesor, a su vez se da cuenta del enorme error en el que cayó con su hijo al no prestarle más atención. Los dos Jones se reencuentran y se salvan (también literalmente).
Y lo que nació como un héroe semidivino, un Superman que no vuela (recuérdese la caída del avión en El templo maldito, desde varios metros de altura y saldada sin la más mínima variación de la raya del pelo del artista), se ha convertido en un ser de carne y hueso, eso sí un hombre extraordinario. Por eso quizá el hombre ha muerto y la serie de Indiana Jones en las grandes salas ha acabado definitivamente.
El Arca de la Alianza, el Santo Grial, las piedras sagradas. Tres objetos divinos que son causa y motor de las aventuras de Indiana Jones. ¿Por qué tres objetos sagrados? ¿Es mera coincidencia? ¿Por qué no otro tipo de elementos?
El Arca de la Alianza fue escogida por Lucas y Spielberg por ser el objeto cultural sobradamente conocido y contenido en el Antiguo Testamento, patrimonio de las tres grandes culturas monoteístas y de una gran parte de la humanidad. El Arca es un símbolo útil para estas sociedades y un gancho popular seguro.
Pero es posible que esa no sea la única razón. Puede ser que Spielberg quiera comunicarnos algo de sus inquietudes más íntimas. En el caso de las piedras sagradas no hay una referencia cultural clara, pero siguen siendo objetos divinos. El tema de lo misterioso, de algo que no es de este mundo pero nos ilumina aparece en otros filmes del director como Encuentros en la tercera fase cuyo guión además filmó el propio director. Spielberg en los últimos meses ha regresado a su religión de origen, la judía. Lo cual nos puede dar una pista sobre sus recientes inquietudes espirituales, artísticas y profesionales.
En este terreno no se pueden hacer afirmaciones contundentes, pero la obra y las preocupaciones no están tratadas con la profundidad que se merecen. También falta un estudio de la trilogía de Indiana Jones.
Para hablar de una forma general de los temas de lo sobrenatural, lo misterioso, la fe… me voy a centrar en Indiana Jones y la última cruzada, una de cuyas lecturas puede hacerse desde esta perspectiva.
En este filme uno de los temas centrales es el de la fe y cómo Indiana aprende de su padre a adquirirla, lo que salvará de la muerte a ambos. El problema de la fe- no sólo en su sentido religioso, aunque fundamentalmente así aparece en otras obras tanto de Lucas como de Spielberg. En La Guerra de las Galaxias el poder de la fuerza proviene en gran parte de creer en ella. En Hook, Peter Pan no recupera sus poderes perdidos hasta que no cree que él es Peter Pan.
Pero centrándonos en la Última cruzada señalaré sólo algunos detalles que pueden confirmar esa lectura a la que antes me refería. El profesor Jones dice en una de sus clases:
DR. JONES
La arqueología busca el hecho y no la verdad. Si es la verdad lo que les interesa el profesor Daily da filosofía en la clase del fondo… Olvídense de ciudades perdidas y objetos exóticos. No hay mapas que lleven tesoros ocultos y nunca hay una equis que marque el lugar… No hay que seguir la mitología al pie de la letra…
A lo largo del filme veremos cómo todas estas afirmaciones se desmantelan. La mitología se cumplirá punto por punto. Habrá una “X” marcando un lugar. Habrá tesoros ocultos, mapas y ciudades perdidas. Y en lo que se refiere a la primera frase −hay que buscar el hecho, no la verdad− también se demostrará falsa. Indiana cree en los hechos, cree en lo que ve, en lo que perciben sus sentidos y nada más. Es un positivista puro y duro. Sin embargo aprenderá que hay algo más que los hechos positivos. Ese aprendizaje será el eje del filme.
Más tarde su amigo Marcus, más viejo y con más experiencia, le dice:
MARCUS
La búsqueda del cáliz de Cristo es la búsqueda de lo que hay de divino en nosotros. Pero si quieres hechos no puedo darte ninguno. A mi edad estoy dispuesto a aceptar algunas cosas basándome en la fe.
En estas frases se descubre el doble camino que recorrerá Indiana a lo largo de sus aventuras: por un lado buscará el Grial y por dentro de sí mismo. Y en ambas búsquedas contará con la ayuda de su padre.
Otro guiño que va en esa dirección. Cuando Indiana y Kazim están luchando mientras se acercan peligrosamente a la hélice de un barco, el héroe le amenaza con la muerte de los dos si es necesario. Pero Kazim no se asusta y le dice al profesor:
KAZIM: Yo he preparado mi alma. ¿Está su alma preparada, doctor?
Indiana al ver que no resulta su chantaje y que puede morir ceja en su intento. Su alma no está preparada.
Al final de la cinta, Jones tiene que pasar por una serie de pruebas para conseguir el cáliz y salvar a su padre. Donovan le increpa:
DONOVAN: …Es hora de que se pregunte, Dr. Jones, en qué cree usted.
Porque habrá de superar una dificultad en la que no podrá utilizar sus habituales recursos ni su inteligencia, ni su fortaleza, ni su ingenio. Es la prueba en la que se le pide que ande sobre el aire, sobre el vacío, para cruzar un foso que le separa del Santo Grial. Él ve y todos vemos, que bajo sus pies no hay nada. Si da un paso se precipitará al abismo: es un salto de fe, dice Indiana. Su padre le advierte: tienes que creer hijo, tienes que creer. Es decir sólo puede superar la prueba si tiene fe. Sólo puede caminar sobre el aire si cree en las palabras del Santo, de donde provienen las soluciones de las pruebas. O por lo menos creer en las palabras de su padre, tiene fe en él −¿O en algo más?− y queda suspendido en el vacío. Luego aparecerá bajo sus pies un camino flotante.
Nosotros sabemos que Indiana ha descubierto algo, pero no queda bien claro qué es exactamente, tal y como se refleja en el diálogo final:
INDIANA
Y tú qué has encontrado, ¿padre?
PADRE
(piensa un instante) Iluminación. Y tú Junior, ¿qué has encontrado?
Él no contesta.
INDIANA JONES EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA (Raiders of the Lost Ark)
Director: Steven Spielberg. 1981. EE.UU. Color
Intérpretes: Harrison Ford, Karen Allen, Paul Freeman, Ronald Lacey, John Rhys-Davies, Denholm Elliott, Alfred Molina
1936. Indiana Jones es un profesor universitario de arqueología, gustoso de aventurarse en pos de conseguir valiosas reliquias históricas. Tras regresar de una infructuosa misión en Sudamérica, el gobierno estadounidense le encargará un nuevo cometido; la búsqueda del Arca de la Alianza, lugar en donde se cree que los hebreos depositaron los mandamientos que Dios había otorgado a Moisés, y cuya leyenda atribuye un invencible poder a quien lo posea. Por tal motivo, los nazis también van detrás de ella.
Aquí está. La reinvención del cine de aventuras a cargo de Spielberg −el director más listo de Hollywood−, y el salto al megaestrellato del gran Harrison Ford, todo en un irresistible paquete. Ya un clásico del cine moderno, esta primera entrega de las peripecias del apuesto arqueólogo Indiana Jones es una muy entretenida y trepidante aventura, deudora del cómic y las historietas gráficas, donde la acción, la diversión y la intriga se combinan magistralmente para gozo de toda la familia.
INDIANA JONES EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA
25 aniversario
Se cumplen 25 años del estreno de Indiana Jones, en busca del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark) que fue dirigida por Steven Spielberg y producida por George Lucas ¿Se puede pedir más?
Lucas tuvo la idea de Indiana Jones antes de la de la Guerra de las Galaxias. La historia era la de un aventurero-arqueólogo que buscara tesoros antiguos. Lucas se la comentó a Philip Kaufman, al que le encantó, y estuvieron trabajando en ella cuatro semanas. Fue Kauffman el que sugirió que Indiana buscara el Arca de la Alianza en su primera aventura… Pero Kauffman se fue a hacer otra película con Clint Eastwood y Lucas hizo Star Wars. Para evitar el jaleo del estreno de Star Wars Lucas se fue de vacaciones con Spielberg a Hawai. Allí esperaron los resultados de taquilla de la que sería primera entrega de la trilogía galáctica, que como sabes fueron espectaculares. Así que Lucas se relajó y comenzó a pensar en otros proyectos. Spielberg se moría por dirigir una película de James Bond, pero Lucas le dijo que tenía algo mejor “se llama En busca del Arca perdida“. A Spielberg le encantó la idea y como se acababa casi de arruinar con el rodaje de 1941 acordaron que Lucas produjera y Spielberg dirigiera. La idea era loca y arriesgada pero consiguieron “engañar” a Paramount para que financiara el proyecto que a pesar de todo tenía un presupuesto muy ajustado (20 millones de dólares), sobre todo teniendo en cuenta la espectacularidad de algunas escenas.
El nombre del protagonista de la película, Indiana, era el del perro de George Lucas, así que Indiana Smith fue el primer nombre para el que iba convertirse en un gran héroe del celuloide. A Spielberg no le gustaba el nombre, hasta que Lucas sugirió Indiana Jones, que fue el definitivo.
Para elegir al actor que iba a interpretar a Indiana Jones también hubo discusión. Spielberg quería a Harrison Ford, pero Lucas lo rechazó ya que opinaba que lo iba a convertir en su actor fetiche al haber salido en sus dos últimas películas (American Graffiti y Star Wars). Así que el candidato era Tom Selleck. Sin embargo Selleck fue contratado para la serie de televisión “Magnum, P.I.”, así que el papel fue para Harrison Ford. El DVD especial con la Trilogía de Indiana Jones vienen imágenes de las pruebas de casting de Tom Selleck. Harrison Ford conoció a Steven Spielberg y a pesar de que al principio era reacio, firmó por tres películas.
Parte del rodaje se realizó en Túnez, en los mismos lugares donde se rodó Star Wars. De hecho el cañón donde Indiana descubre el Arca de la Alianza es el mismo donde R2D2 es capturado por los Jawas. Como homenaje a Star Wars hay unos grabados egipcios en el Pozo de las Almas en los que aparecen C3PO y R2D2.
Eran otros tiempos y no se usaban ordenadores, y la película estaba ambientada en los años 30, así que para rodar algunos planos de ciudades antiguas árabes en Túnez hubo que retirar centenares de antenas.
Para la escena de las serpientes se llegaron a usar unas 10.000. Al principio sólo tenían 3.000 pero vieron que el escenario quedaba bastante vacío así que trajeron más desde toda Europa. Al contrario que su personaje, a Harrison Ford no le dan miedo las serpientes. Aún así, para en la escena en la que Harrison Ford está enfrente de una cobra en actitud de ataque a pocos centímetros de su cara, se utilizó un cristal (se el refleja ligeramente si nos fijamos). El rodaje fue bastante duro para Ford: se lesionó una rodilla en la pelea del avión cuando en una caída una de sus ruedas le pasó por encima, sufrió disentería en Túnez, y se magulló las costillas en la escena de la persecución de camiones. De hecho en la famosa escena en la que un virtuoso espadachín se acerca a Jones y este le mata de un disparo… en realidad la escena era mucho más larga y Indiana luchaba con él con su látigo, pero el mal estado de Harrison Ford (disentería) hizo que le sugiriera a Spielberg: “¿y si me cargo a este cabronazo de un disparo?”. A Spielberg le encantó. Para En busca del Arca Perdida se utilizaron tres especialistas para suplantar a Harrison Ford.
Por cierto que esta película supuso el debut en la gran pantalla de Alfred Molina, en el papel de Satipo en la mítica escena de las tarántulas.
INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO (Indiana Jones and the Temple of Doom)
Director: Steven Spielberg. 1984. EE.UU. Color
Intérpretes: Harrison Ford, Kate Capshaw, Jonathan Ke Quan, Amrish Puri, Dan Aykroyd, Philip Stone, Roshan Seth, David Yip, Ric Young

Segunda de las aventuras cinematográficas protagonizadas por el héroe de acción y aventuras creado por Lucas y Spielberg, que veían como el personaje daba de sí lo suficiente como para convertir sus andanzas en una nueva saga que asegurase la continuidad de los éxitos logrados con la trilogía Star Wars. Al igual que sucedió con la segunda entrega galáctica (hoy conocida como Episodio V), este segundo capítulo de Indiana debía ser más oscuro que la película original, y para ello el genial tándem ideó una aventura con la India como escenario y con la secta de estranguladores tuggies como máximos enemigos del héroe.
Indiana Jones iría en esta ocasión acompañado de otra mujer, Willie Scott (una Kate Capshaw que celebró el rodaje casándose con Spielberg), que viene a ser el personaje cómico necesario en la película, y un niño oriental precoz y karateka, Tapón (el Ke Huy Quan que también protagonizó Los Goonies).
El éxito de la película fue innegable, pese a que económicamente no superó la recaudación de En busca del arca perdida, y lo único objetable fue la cantidad de duras críticas a causa del contenido sangriento y oscurantista de algunas escenas, especialmente aquella en la que el gurú de los tuggies, Mola-Ram (Amrish Puri) arranca el corazón a un hombre sin que la cámara se desvíe ni un centímetro del hecho. Fue a raíz del estreno de esta película que Hollywood decidió crear la calificación “13 años” (PG-13).
En la actualidad, pese a que Spielberg ha mostrado un cierto arrepentimiento por el contenido violento de la película, son muchos los admiradores de la saga y cinéfilos en general que la reconocen como, al menos, tan entretenida y poderosa como el filme original, e incluso yendo un paso más allá en su sentido de la aventura, que resulta maravillosamente frenética, vibrante y envolvente en cada minuto del metraje. En la tercera entrega, Indiana Jones y la última cruzada , se retornó de forma poco original, a los nazis, los desiertos y las reliquias bíblicas.
INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA (Indiana Jones and the Last Crusade)
Director: Steven Spielberg. 1989. EE.UU.
Intérpretes: Harrison Ford, Sean Connery, Denholm Elliott, Alison Doody, Denholm Elliott, River Phoenix, John Rhys-Davies, Julian Glover, Bradley Gregg, Andre Gregory

indiana jones Y el reino de la calavera de crisTal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull )
Director: Steven Spielberg. 2008. EE.UU. Color
Intérpretes: Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Karen Allen, John Hurt, Ray Winstone, Jim Broadbent, Ian McDiarmid, Joel Stoffer
El comienzo es muy prometedor. Un Indiana reciclado por el inevitable paso de los años (su aparición no puede ser más nostálgica, esa silueta recortada sobre el vehículo militar coronada por su sempiterno sombrero) pero que aún conserva la chispa y la ironía de antaño, acompañado por su compañero de aventuras Mac, es sorprendido como siempre por los malos, en esta ocasión agentes soviéticos, en pleno desierto del suroeste de los EE.UU.
La acción comienza rápido, una de las características más positivas de la saga. El maduro arqueólogo consigue huir, como no podía ser de otro modo, y aparece en un pueblo prefabricado, cuya única función es ser pasto de las pruebas nucleares (uno no puede dejar de pensar en el magnífico remake de Las Colinas tienen ojos del excelente realizador galo Alexandre Aja y las pruebas nucleares en el desierto de Nuevo México) Justo antes de la explosión, Indiana, consigue meterse en una nevera que le salva de morir abrasado (Es que Indiana es mucho Indiana).
En la universidad, el veterano profesor ya no es acosado por sus alumnas como lo fuera en el pasado, el F.B.I es ahora el que no le da tregua, hasta tal punto que se ve obligado a dejar la docencia. Cuando se disponía a viajar hasta Londres en busca de un nuevo hogar donde poder retomar sus clases, se cruza en su camino el joven Mutt Williams (encarnado por la refrescante presencia de Shia LaBeouf, cuya aparición en pantalla, con chupa de cuero y gorra, a lomos de su deslumbrante Harley Davidson, homenajea a Marlon Brando en ¡Salvaje!
(1954, Laszlo Benedek). He aquí el “Mac Guffin”: La calavera antropomórfica echa de cristal de cuarzo de una sola pieza. La coartada perfecta para viajar a mundos olvidados, en esta ocasión el corazón del Perú, donde habitan peligrosas civilizaciones para el urbanita moderno.
Dieciséis años se lleva gestando el proyecto de la cuarta entrega de la saga de Indiana Jones, y durante todo este tiempo, no han sido pocos los que han señalado lo innecesario del proyecto. ¿Por qué ha desembarcado ahora Indiana en las pantallas de todo el mundo? ¿Está realmente el personaje acabado, como, supuestamente, lo estaban los Rocky y Rambo?
El caso de los filmes de Stallone quizá sea diferente, por un lado, Rocky Balboa viene a refrescarnos la memoria con una idea que siempre tuvo mucha fuerza en el pasado y que parece perdida en estos tiempos de fama rápida y tecnología multimedia, la idea del esfuerzo, de la superación humana, parece necesaria en nuestra sociedad actual. Por su parte, John Rambo, la película, sorprendió con su violencia hiperrealista, aunque eso no haya sido suficiente para tapar las deficiencias de un guión más que flojo. A través de estas películas, el viejo Stallone ha intentado (y a juzgar por las recaudaciones de ambas, logrado con éxito) recuperar parte del prestigio perdido, al menos entre sus seguidores.
¿Qué pretende el tándem Spielberg-Lucas con esta cuarta entrega de las aventuras del arqueólogo más famoso de la historia? En mi opinión es una manifestación más del miedo actual de EE.UU a todo país que no promulgue con su política exterior.
¿ La acción se sitúa en 1957, en plena era Eisenhower, (un presidente obsesionado con el anti-comunismo y con el poder atómico) los momentos más crudos de la guerra fría. ¿No existe en la sociedad post 11-S una desconfianza sobre el mundo islámico similar a la que había en la guerra fría sobre el comunismo? ¿Qué hay que se parezca más a la paranoia atómica posterior a la II Guerra Mundial, que el actual miedo a un nuevo atentado terrorista, ya sea este en forma de aviones kamikaze, bombas a civiles en capitales super-pobladas, ataques bacteriológicos, o como apuntaba la Jungla 4.0 (2007, Len Wiseman), claro ejemplos de la paranoia política norteamericana llevados a la ficción), un virus informático capaz de colapsar la economía occidental?
La película está cargada de ideología pro-americana, más cerca del propagandismo político que del cine de evasión. El patriotismo rancio y chusco de Indiana Jones llega a límites vergonzosos cuando, encañonado por el arma de la coronel Irina Spalko (interpretada magistralmente por una fría y sensual Cate Blanchett), no se le ocurre otra cosa que decir (¡como última voluntad antes de morir!): “Viva Eisenhower” (ex general famoso por dirigir el desembarco de Normandía y presidente republicano entre 1953 y 1961. Firmó pactos anti-soviéticos, entre otros países, con la España franquista).
Por lo demás la película responde al clásico guión de la cinta de aventuras: buenos en apuros con malos más numerosos que les pisan los talones y que están a punto de matarlos en numerosas ocasiones, pero por una razón u otra, todas igual de forzadas, nunca lo logran. El final es el consabido Deux ex Machina, en el que el héroe es salvado in-extremis por la providencia, en el caso de esta entrega casi de manera literal, en un final más propio de Expediente X (1998, Rob Bowman).
La resolución de las escenas de acción no pasa del aprobado, no deja de ser lo mismo que hemos visto a lo largo de la saga y en innumerables producciones de acción, sin introducir nada nuevo. A pesar del cacareado respeto del clasicismo (sólo un treinta por ciento de las escenas con fx han sido realizadas por ordenador) del espíritu de la película, las persecuciones ya no tienen la garra que poseían en los años ochenta. Precisamente por eso mismo; no se puede pretender mantener pegado a la butaca al espectador actual, acostumbrado a las últimas tecnologías, con los trucos que sorprendían hace dos décadas.
Lo que si supone un acierto es el trabajo de Spielberg con el director de fotografía, el genial Janusz Kaminski (¿Quién no recuerda los dramáticos tonos sepia de La lista de Schindler
(1993, Steven Spielberg)? respetando el cromatismo y la textura clásicas que Scolombe había desarrollado en las tres anteriores entregas. Deliciosa la escena que abre el film, desde los títulos de crédito, que recogen con una deslumbrante panorámica el desierto, hasta la explosión de la bomba describiendo una gran nube de fuego y arena, justo después de desintegrar los maniquís que poblaban la zona de pruebas. La escena de la cafetería, en la que Mutt e Indiana comienzan a conocerse, tiene un gusto impecable en la elección de la paleta de colores. La trifulca que se provoca hacia el final de la escena, entre moteros y estudiantes, homenajea nuevamente a las pelis de bandas de los años cincuenta.
Una vez más la pareja Lucas-Spielberg juegan a convertir la caspa en lujo amparados en sus grandes presupuestos, escogiendo lo peor de cada mundo (la acción abrumadora, el ambiente familiar y el humor castrado de las grandes producciones y el argumento fantástico-folletinesco de la serie-b más delirante e incoherente). En esta ocasión su vena de adolescentes traviesos les ha llevado a colar hacia el final de la película una marabunta de hormigas gigantes y ultra-veloces, buscando no sé si la sorpresa, la risa, o la tensión del espectador; en lo que a mí respecta sólo consiguieron el bostezo.
El desarrollo de “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal” resume de forma perfecta la trayectoria profesional de sus creadores. Comenzaron revolucionando la industria con películas tan refrescantes e interesantes como American Graffiti (1973, George Lucas);
El diablo sobre ruedas (1971, Steven Spielberg) o Tiburón (1975, Steven Spielberg). Tras dar con la gallina de los huevos de oro; la saga Star Wars, y reventar las taquillas de todo el mundo con las trilogías de Indiana y de Parque Jurásico (además de inventar el merchandising, el sonido THX, la industria de efectos especiales Light and magic, crear la productora Dreamworks, etc…) han acabado anquilosándose con el paso de los años. A pesar de que el público sigue acudiendo a las salas para ver sus producciones, ya no son los reyes del “enterteinment” (aunque a juzgar por la última escena de la película ellos deben de creer que aún lo son, ¿o qué si no quiere decir, aparte de la vigencia de Harrison Ford como Indiana Jones, esa recuperación del sombrero que ya tenía entre sus manos el joven Mutt? ¿Los dinosaurios siguen dominando la tierra?) y sus propuestas carecen de la originalidad y frescura de la que gozaban. Los monarcas ahora están sentados cómodamente en sus tronos, mirando únicamente sus laureles y su ombligo (lo cual me parece de lo más lógico, pero, si han perdido el gusanillo de rodar que se dediquen a producir a nuevos talentos y dejen de colocarse detrás de las cámaras). Un mal que parece acuciar a gran parte de la sociedad norteamericana actual (me refiero a lo de estar sentado mirándose el ombligo, bueno, si hay petróleo… entonces sí que echan un vistazo en otros países) una sociedad que durante el siglo pasado siempre se caracterizó por su dinamismo. ¿La muerte de una cinematografía? A juzgar por la producción que nos vienen ofreciendo durante la presente década todo hace indicar que lleva muerta bastante tiempo.
INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL
Director: Steven Spielberg. 2008. EE.UU.
Intérpretes: Harrison Ford (Indiana Jones), Cate Blanchett (Irina Salk), Karen Allen (Marion Ravenswood), Ray Winstone (Mac), John Hurt (profesor Oxley), Jim Broadbent (Dean Charles Stan forth), Shia LaBeouf (Mutt Williams)

La última aventura de Indiana Jones empieza en el desierto del suroeste de Estados Unidos en 1957, en plena Guerra Fría. Indiana y su amigo Mac acaban de escapar por los pelos de las garras de unos infames agentes soviéticos en un remoto aeropuerto. El profesor Jones regresa a casa y se entera de que las cosas van de mal en peor. Su mejor amigo, el decano de la Universidad, le dice que muchos sospechan de las últimas actuaciones de Indiana y que el gobierno presiona a la Facultad para que le despidan. Indiana, a punto de irse, conoce a un joven rebelde llamado Mutt que le propone un trato. Así, si el arqueólogo le ayuda a resolver un problema personal, podría hacer uno de los descubrimientos más espectaculares de la Historia. Se trata de la Calavera de Cristal de Akator, un objeto legendario que despierta la fascinación, la superstición y el miedo. Indiana y Mutt viajan al rincón más perdido de Perú, tierra de antiguas tumbas, exploradores olvidados y rumores de una ciudad de oro. Pero no tardan en descubrir que no están solos; los agentes soviéticos también quieren apoderarse de la Calavera de Cristal. Los miembros de una unidad militar de élite, dirigidos por la fría, calculadora y letalmente bella Irina Spalko, quieren apoderarse del fantástico objeto, convencidos de que ayudará a los soviéticos a dominar el mundo… si consiguen descifrar su secreto. Indiana y Mutt deberán despistar a los soviéticos, seguir la pista de un misterio insondable, sortear a enemigos y amigos dudosos y, sobre todo, impedir que la Calavera de Cristal caiga en las manos equivocadas.

Ante una industria estancada, atrapada en secuelas, remakes y adaptaciones, los intérpretes veteranos se encuentran en una encrucijada profesional harto compleja. La mejor solución, al parecer, es retomar los roles que les convirtieron en iconos de la gran pantalla para generaciones anteriores, ajenas en buena medida al aluvión de clones adolescentes que preñan el actual panorama cinematográfico de la fábrica de los sueños. Y tras el retorno de McClane, Balboa y Rambo, vuelve el doctor Jones, el más famoso expoliador del séptimo arte, en un momento en el que la carrera de su álter ego, Harrison Ford, atraviesa un bache realmente alarmante. ¿Casualidad? Yo creo que no.

Temibles agentes soviéticos encabezados por la gélida Irina Spalko (Cate Blanchett) persiguen una antigua reliquia capaz de someter la mente de quien la contemple y aportar a su poseedor infinitos conocimientos. Para los obsesivos seguidores de la vena más dura de ese mal llamado comunismo regido por los dictámenes del temible Stalin, el instrumento en cuestión ayudará a acelerar el fin de la Guerra Fría del lado ruso, por lo que no dudan en recurrir a la ayuda —forzosa, por supuesto— de cierto profesor universitario peculiarmente capacitado para llevar la búsqueda a buen término. Básicamente, esta es la línea argumental central de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, cuarta y tardía entrega —han pasado dos décadas desde el último capítulo— de una de las sagas más fructíferas de la historia del cine moderno, una franquicia capaz de reinventar el concepto de entretenimiento en buena medida gracias a contar entre su equipo creativo con dos de los eternos niños prodigio de Hollywood, George Lucas y Steven Spielberg. Y, para ser sinceros, han salvado el trance con un éxito notorio, en buena medida porque, al igual que sucediera con la reciente Los Simpson: La película, los responsables han abandonado toda pretensión más allá de divertir a una audiencia de por sí rendida a esta propuesta desde el mismo momento en el que la proyección da comienzo.
Con un ritmo muy veloz marcado por la inconfundible, estruendosa y omnipresente banda sonora de John Williams, el filme cuenta con todos los ingredientes de lo que ha de ser una historia de Indiana Jones: sabor ineludiblemente familiar, enemigos malos con cara de palo, fragorosa naturaleza, paisajes embriagadores y montones de escenas de acción añeja, llenas de mamporros, puñetazos y piruetas toscamente circenses protagonizadas por esa silueta inconfundible que, sombrero y látigo en ristre, se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la cultura popular occidental; incluso hay lugar para una serpiente, la gran fobia del héroe… Concebida —erróneamente, visto el resultado final— para el disfrute de un público universal, es indudable que quienes hayan crecido con el personaje gozarán sobremanera con los guiños a los precedentes y con el sorprendentemente logrado sabor pulp y retro que lo empapa todo, desde el planteamiento del libreto firmado por David Koepp hasta la planificación de cada secuencia, de suerte que una cómplice sonrisa se acomoda en el rostro del espectador veterano en estas lides durante la práctica totalidad de las —excesivas— dos horas que ocupa el desarrollo de los acontecimientos. Se agradece y mucho el mimo puesto en la presentación del entorno que enmarca al elenco principal, que pasa del folletín aventurero de los años 30 y 40 a la paranoia alienígena y su infantil —en su planteamiento teórico— simbolismo anti-rojo de la complicada década de los 50 en la que se desarrolla el argumento; aunque, por otra parte, puede ser esta la principal traba de un guión absolutamente marciano, con un clímax ciertamente fallido en el que en determinados momentos existe la impresión de que han permitido a Chris Carter redactar ciertos pasajes del texto, especialmente en su tramo final. Y algunos diálogos sonrojan por lo tontamente pueril, no se puede negar.

En lo tocante al reparto, Harrison Ford, obviamente, es incapaz de sacudirse las limitaciones interpretativas que le han acompañado durante una carrera increíblemente nutrida de títulos notables, aunque no se le puede negar el esfuerzo realizado a nivel físico para dar verosimilitud a las proezas de este postrero Henry Jones Jr.; beneficiado enormemente por el regreso de Karen Allen como Marion Ravenwood —la química entre ambos no ha desaparecido—, responde con limitada convicción a lo que se le exige, que no es más que pertrecharse como el arqueólogo capaz de llenar la pantalla con su sola presencia en un proyecto ideado para su exclusivo y otoñal lucimiento.
Shia LaBeouf, guste o no, recoge el testigo que su mentor —¿qué le ha dado a Spielberg con este chico?— le deja en bandeja para convertirse en la más popular estrella norteamericana del futuro, mostrándose respetuoso con sus mayores y manteniendo la distancia suficiente como para que Ford no deje de ser el reclamo principal de la cinta. Por lo demás, Cate Blanchett está soberbia, como siempre, endulzada —es un decir— su actuación por una entonación ucraniana de lo más recomendable en versión original; Ray Winstone, John Hurt
y Jim Broadbent
aportan empaque profesional a un conjunto sólido, consciente de los arquetipos que han de respetar, lo que no les supone, es evidente, el más mínimo esfuerzo.
Esto, y no más, es lo que ofrece uno de los grandes bombazos comerciales de la temporada. Por supuesto, recomendamos fervorosamente acudir a las salas y no esperar a su llegada a formato doméstico, porque al margen de que el resultado final satisfaga en mayor o menor medida, estamos ante una de esas ocasiones difíciles de repetir. Aunque, tal y como está el panorama, a saber; lo mismo en un par de años volvemos a dedicar unas líneas a las nuevas andanzas del carismático docente…
La pregunta es: entre la primera entrega en 1981 y ésta última de 2008… Steven Spielberg ha aprendido mucho, poco o casi nada importante?
De las cuatro cintas que forman la saga, me quedo con el inicio de la primera; con la tercera; y con el inicio de la cuarta.
Quiero ser honesto. Deseo mencionar que nunca me he aburrido con esta serie de cuatro películas de Indiana Jones. Len Wiseman),
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