La Censura en España

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LA CENSURA EN EL CINE ESPAÑOL

El cine en sí no era bien visto

Comentaré brevemente el tema de la censura por la significación que tuvo en su momento, desde el final de la Guerra Civil hasta la muerte del general Franco, así como por las repercusiones posteriores, que han llegado hasta el cine contemporáneo.

Muchos de los “tópicos” que se le achacan al cine español: precariedad, mala distribución, falta de una industria dedicada, etc., podrían tener su origen o gran parte de él en esta época de 1936 a 1975. Porque no se atacaron sólo las películas, sino que se atacó al cine en sí, pues vieron en él un medio de comunicación de masas de gran fuerza, y por ello peligroso, olvidando totalmente el lado artístico que tal medio podía contener.

El sistema fue dual: por medio de cortes y doblando siempre “adecuadamente” las películas excusa -triste, pero no poco real- de que había un gran porcentaje de analfabetos en el país

Leyendo el argumento de algunas de las películas cortadas y cómo lo habían mutilado, pienso que en el fondo la gente, los espectadores de ahora, en general (y como siempre se generaliza, salvando excepciones) está acostumbrada a las mutilaciones en el filme y por ello no le parecen tan graves.

Desde las mismas películas dobladas, que tienen, en gran medida, su origen en esta época, hasta los cortes por exigencias del espacio, duraciónparece algo normal, o desde luego no nos escandaliza.

Pero si consideramos el cine como un “arte” y desde luego creo que lo es(aunque como en todas las artes, hay distintas categorías). ¿Por qué no vemos el mismo grado de mutilación y cambio de sentido a un todo (la película) en suprimir unos fotogramas que en cortar, por ejemplo, un trozo de lienzo de “La Maja desnuda”?

La trasgresión a la obra, es en ambos casos la misma. La película tal y como la presenta el artista, el director, es, repetimos, un TODO, y nadie debe poder juzgar qué partes se pueden suprimir.

Pero la censura no es sólo la del “tijeretazo”, el cortar unos fotogramas más o menos atrevidos, también hay otra que creemos mucho más triste y reveladora del panorama de aquellos años, es la de la autocensura. Cuando alguien, al repasar su guión decide rechazar una escena o imagen que había plasmado por la seguridad de que será rechazada, o cuando el productor rechaza el guión por intuir problemas o escasa rentabilidad, o el proyeccionista escamotea algunos rollos de la película para reducir la duración y marcharse pronto a casa (práctica frecuente en las poblaciones pequeñas), etc., es, en cualquier modo, una forma de autocensura, una falta de respeto empezando por uno mismo y para todos los espectadores.

Es algo dramático, pero en cierto modo inevitable. Era “adaptarse o morir”, adaptarse, replegarse a las exigencias de la censura, morir significa tener, que dejarlo, o exiliarse, cosa nada fácil. Pero lo más frustrante era que tampoco tenían claro cómo adaptarse, no había unas normas claras; había muchos decretos, artículos y normas que se iban superponiendo, pero ofrecían un programa claro al cual adaptarse. Eran normas muy generales, y abiertas intencionadamente, para que así la autoridad pudiera jugar con ellas y tener siempre las de ganar.

Como dice el escritor Mateo Santos ” si la censura en España se rigiera por unas reglas determinadas, si estuviera sujeta a un articulado como el famoso “código moral de William Hays” en EE.UU., todos sabríamos a qué atenernos, pero como la censura en nuestro país es una cuestión de criterio personal no hay modo de entendernos y salen lesionados los intereses de la industria y de muchos ciudadanos “.

Por último, hay que señalar que no sólo se trataba de evitar escenas “peligrosas” según el régomen para la moral o la política. También bien se iba contra el cine en general. Primero, porque era un medio de comunicación de masas, algo ya de por sí, en principio, “peligroso”. Y segundo, porque veían al propio cine (como lenguaje) como algo “poco recomendable”. En cualquier caso incluyo aquí una declaración esclarecedora en este sentido. Fue realizada por el padre Peyró, censor dictaminador en materia de Religión y Moral: ” las películas que hemos censurado previamente son moralmente intachables ( ), salvo los reparos que el espectáculo como tal puede hacérsele por el predominio que en él ejercen las fuerzas bajas de los sentidos sobre la inteligencia, que adormecida por ellos, pierde el mando del individuo”.

Es muy interesante y oculto el mundo de la censura en el cine español.

Realizando búsquedas en Internet sobre la censura en España en todos los ámbitos en general y sobre la censura en el cine en particular, también sobre distintos directores -notables– que sabemos su obra fue sometida a censura, como Luis Buñuel, Carlos Saura y José Luis Garci, por poner ejemplos concretos.

En Internet no he hallado demasiada información (o no he sabido buscarla), ya que pese a existir mucha información ésta era en su mayoría breve, claramente muy superficial, exceptuando algunas páginas sobre Luis Buñuel, el resto tenía un carácter comercial o poco informativo.

El cine español está hoy bien considerado, y avanza para estarlo más todavía. Atrás queda ya esa larga etapa que se abrió tras la Guerra Civil y que impuso un estricto sistema de censura que limitó toda forma de expresión no encuadrada dentro del proceso ideológico imperante, es decir, prohibió la creatividad, algo innato y fundamental para el cine.

El productor J.L. Dibildos envió como respuesta a una encuesta que Ramón Gubern hizo a varios personajes para su libro “Un cine para el cadalso” de 1975:

“En cuanto que es un hecho cultural, el cine no puede tener censura. La cultura no acepta limitación, pues su caldo de cultivo es la libertad. Es una agresión y un corsé que limita la libertad de expresión”.

Ojalá que nunca se repita, por el bien de la cultura y, en particular, del cine.

La iglesia y la Censura

La iglesia, a lo largo de la historia, siempre se ha enfrentado al cine como uno de sus principales censores. Desde La edad de oro, de Luis Buñuel hace más de 75 años, hasta La última tentación de Cristo de Martin Scorsese, su hipersensibilidad es ostentosa con todas aquellas películas que abordan temas que pudieran cuestionar en alguna medida los dogmas de la fe o, simplemente, cuando juzga su tratamiento ofensivo y con riesgo.

A lo largo de todos estos años se ha asomado el rostro de la intolerancia, la hipocresía y la represión de quienes pretenden erigirse como impositores de la conciencia pública y se autoproclaman poseedores de la verdad absoluta.

Hace muchos años existía un “índice”, es decir, una lista con los títulos de las películas -también de los libros- que un buen cristiano, por ningún motivo, debería ver. La lista se colocaba en las iglesias en lugares visibles. Quien no la respetaba, era un pecador bajo riesgo de excomunión.

Así, la generación que iba al cine en los años cincuenta, tenía prohibido ver películas protagonizadas por Brigitte Bardot, quien era considerada algo así como la viva encarnación de Satanás para inducir a las almas de los cristianos al pecado (de la lujuria, por supuesto). Aunque, como contrapartida, también estaban los aficionados de la época para quienes el pecado era precisamente lo contrario: no verlas.

Luis Buñuel originó en España una de las mayores controversias para la censura franquista -incluso con ceses políticos- con Viridiana (1961) protagonizada por Silvia Pinal, Fernando Rey y Francisco Rabal, particularmente por la escena de los mendigos emulando a Jesucristo y sus apóstoles en la última cena y la aparición de una navaja con la forma de crucifijo.

En Nuevo Mundo (1978, Gabriel Retes), sobre un guión de Pedro F. Miret, se plantea la hipótesis de que a Juan Diego nunca se le apareció la virgen de Guadalupe, sino que el lienzo fue obra de un pintor indígena, por encargo de la alta jerarquía católica que de esa manera intentaba convertir al pueblo conquistado a la fe cristiana para así poder ejercer su autoridad moral sobre una sociedad creyente.

Más allá de la calidad en sí mismo de los filmes, la historia de la censura fílmica cinematográfica parte de las escandalosas y desproporcionadas reacciones de los grupos más retrógrados, lidereados por organizaciones de “Acción Católica”, “Pro-Vida” , y de los obispos de la jerarquía católica que en su intento por pisotear el derecho de cada persona a juzgar por sí misma, en su afrenta a la inteligencia, se han convertido de paso en los mejores promotores, en los más efectivos publicistas de la película. Por ello, como en las cintas de Brigitte Bardot, lo que en verdad será un crimen para todo espectador es no verla.

Y es que hay pocos temas hay tan atractivos como la censura. Es algo sobre lo cual todos tenemos opiniones. Y son opiniones definitivas, que nadie está dispuesto a cambiar.

Unperiodista como Cavallo, poco sospechoso de res “rojo” (o lo que sea) sostuvo: “No, no debe existir la censura en el cine, como no existe para la literatura o la plástica… No a la censura de Estado. Me bastan los padres para decidir lo que verán sus hijos. No veo razón para que entreguen esa delicada decisión a un puñado de burócratas…”

Y que la censura atenta, además, contra la libertad que impera en el sistema económico que nos rige, lo prueba el hecho de que algunas de sus determinaciones han creado graves problemas para la exhibición de determinadas cintas, alterando, en consecuencia, el mercado de la producción cinematográfica

La Censura en el Cine

Así pues, uno de los capítulos más interesantes de la historia del cine es el de la Censura (de alguna manera en todos los países). Su existencia es tan antigua como el cine mismo y su permanencia sigue hasta hoy en día, por más que muchos crean que es cosa del pasado. La explicación de su existencia y la defensa de su funcionamiento va más allá de una cuestión simplemente ética o moral.

El cine es un excelente elemento de propaganda, y la Censura es una de las principales herramientas que regula el pensamiento de las masas. En diversos países y épocas históricas, la Censura jugó un papel importantísimo, mucho más allá del de prohibir la exhibición de películas con temas tabú, sino el de adoctrinar a las masas.

Las preocupaciones de la Censura

Durante el segundo cuarto del siglo XX, la Junta de Censores Cinematográficos (establecida en 1912 por petición de los mismos empresarios del cine por motivos comerciales y de prestigio), tuvo como premisas las que nos detalla Roger Manvell en su interesante libro “Film” (1944):

“Las preocupaciones del equipo de censores, al observar centenares de películas anuales, podrían resumirse en las siguientes prohibiciones generales:

1 – Religiosas: La figura materializada de Cristo. El tratamiento irreverente de prácticas y ritos religiosos. El tratamiento no ortodoxo de la Biblia y las alusiones bíblicas.

2 – Políticas: Todo lo que pueda herir las susceptibilidades extranjeras. Todo lo que pueda fomentar la inquietud y el descontento sociales (la proyección general de películas rusas en Gran Bretaña tuvo lugar sólo a partir del momento en que Rusia entró en Guerra contra Alemania).

3 – Sociales: Desnudez (excepto en los negros africanos), blasfemar, orgía indecente, desprecio por el Estado y la Monarquía (si la hubiere), conducta lasciva (!qué dificultades!), vestimentas lascivas, ebriedad indecorosa,¡parto y sus dolores!, enfermedades venéreas, relaciones sexuales entre blancos y gente de color (no se incluye a mestizos), instigación al crimen, exhibición de hábitos por las drogas, escenas prolongadas de brutalidad, ahorcamientos y ejecuciones, crueldad con chicos y animales, escenas antagónicas entre el Capital y el Trabajo, seducción sin frenos, noches de bodas sin frenos, operaciones ilegales, prostitución, incesto, epilepsia realista “.

Los dos puntos de vista

Desde un punto de vista la censura es algo nocivo, ya que plantea la prohibición autoritaria sobre la visión de una película entera o bien de ciertas secuencias de la misma. Esta visión de la Censura tiende a considerarla como “la institucionalización del bloqueo de ideas”, así como tendente al adormecimiento cultural, patología que amputa las inquietudes artísticas y limita los intelectos de las personas, que se hacen incapaces de cualquier apreciación propia.

En el último de los casos, la Censura provoca que un país entero se deba bajar a la altura intelectual del censor de turno, que es el que decide que se ve y que no se ve. Pero desde el punto de vista contrario, la Censura salva de la deformación a mentes no preparadas para ver tal o cual escena o película. Pero claro, esta función de la Censura sería real si prohibiera aquellos filmes de “mentalidad paupérrima”, que anualmente se cuentan por centenares y que son los que hacen mover -lamentablemente- las taquillas de los cines.

Es difícil lograr la solución que dicta el sentido común para el problema de la censura. Considerando los dos casos extremos de puntos de vista divergentes, es intolerable que la gente inteligente sea privada del derecho de ver películas sobre los aspectos sociológicos más importantes de la época, o que traten temas sobre el sexo o la religión con integridad crítica.

Por otra parte, las películas que se ocupan de dichas materias en forma tal que puede ser tolerada por las personas inteligentes y mundanas, pueden resultar dañosas si se exhiben ante un adolescente receptivo y sin facultades críticas o ante un niño muy sensible. Es intolerable que todas las películas exhibidas públicamente deban medirse con los patrones de los sub-privilegiados culturales, porque si se aplicaren tales patrones a la gran literatura, muchas obras maestras mundiales deberían ser expurgadas o abandonadas.

La quema de libros abarcaría gran parte de la literatura griega y latina, los “contes” de la Edad Media, algunos cuentos de Chaucer y algunas piezas de Shakespeare, el diálogo de Congreve y Wycherley, la rústica alegría de las novelas del siglo XVIII, la fuerza esencial de Balzac, Flaubert, Zola, Proust, Dostoievski, Tolstoi, Lawrence, Huxley, Joyce, Dos Passos, Steinbeck, Miller y muchos novelistas modernos de EE.UU., Francia, Gran Bretaña, Rusia y otros países.

Gran parte de esta literatura que perturba al adolescente todavía no equilibrado, es savia nutritiva para la cultura de la mente adulta, la cual puede aportar una perspectiva más amplia de comparaciones y patrones morales para tener presente en la lectura de estas contribuciones al propio descubrimiento del hombre.

Hasta aquí, en esta batalla de divergencias, los sub-privilegiados culturales han recibido la protección del censor, protección solo a medias, porque mucho material autorizado resulta dañoso por otros criterios que los que debe cuidar el censor.

Los privilegiados culturales han debido fundar asociaciones privadas para ver películas no autorizadas, ya sea tras las puertas cerradas de una administración estricta para asociados o mediante la proyección de películas en paso sub-estándard de 16 mm. (…) Sin embargo, el paso sub-estándard no es el mejor medio para ver la forma más compleja de técnica cinematográfica, y la única solución adecuada, hasta la fecha, ha sido que la sociedad privada en las comunidades más populosas use las máquinas sonoras comunes en los cines cuando estos no están abiertos al público, o en edificios particulares equipados para la proyección cinematográfica sonora.

O se tiene censura, o no se la tiene. No puede haber términos medios. Y como parece que en el futuro inmediato no habrá cine sin alguna forma de censura, lo más sensato es aceptar su existencia como algo temporal inevitable y mitigar, en lo posible, sus efectos dañinos,

Una discusión estéril

En el año 1982 la Revista “Esquiú” (semanario católico) publicó este increíble “informe especial” entre varias personalidades, todas las cuales, hablan en “defensa de la moral y la familia”. Era la época del llamado “destape” en el que, alentados por la promesa de la llegada de la democracia, el cine y las revistas comenzaban a mostrar más desnudos y escenas comprometidas.

Marco Denevi, escritor: “La gravedad del tema no está en la pornografía aislada, sino en el conjunto de la sociedad donde la pornografía se instala. La vida se ha ido desacralizando. Divorcios en cantidad, la legalización del aborto, la exaltación de la sexualidad,¡matrimonios homosexuales!: el resultado es la idea de que se nace por una mera correlación de órganos (…). Me gustaría que no hubiese censura para los espectadores adultos, pero también me gsutaría que los realizadores no aprovecharan la falta de censura para volverse irresponsables”.

Héctor Simeoni, periodista: “Es ingenuo pensar que la corrupción moral, que se da no sólo en lo sexual, sino también en lo económico, político y social, no tenga repercusión en esta guerra sin tiempos ni fronteras que Occidente libra contra el comunismo. La infiltración marxista en los medios masivos de comunicación tiene una doble táctica. Por un lado cumple con una tarea de demolición de la sociedad, destruyendo la familia, corrompiendo a la juventud a través de la droga y el sexo; por el otro, siembra el derrotismo, acrecienta la angustia social, salpica sin discriminación la autoridad (…). Es hora de unirnos y actuar en defensa de nuestra familia y para no ver prostituido a nuestro país. El destape nativo aparece como una necesidad comercial. A poco que se profundiza, se advierte que también lo están fomentando los enemigos de nuestro estilo de vida (para decirlo claramente, el marxismo). Hacen coro los “idiotas útiles” de siempre. Aquellos que temen parecer sanos de alma, porque les van a decir “puritanos”. Esto es subversión pura. Lo deben entender las Fuerzas Armadas que ya ganaron otra batalla, la empeñada contra los subversivos del maxismo; en el cine se trata de elementos parecidos (o los mismos) que manejan armas tan terribles como las metralletas: las ideas deformantes.”

Néstor Paulino Tato, crítico de cine: “Uno de los sofismas habituales de quienes pretenden abolir la censura de películas consiste en alegar que nuestro público de cine es “adulto” y está maduro”, con capacidad para juzgar los valores de cualquier género de espectáculos, sin temor al influjo corruptor de su contenido. Un caso concreto para desvirtuar este falso alegado, está a la vista con el estreno de las películas El hombre de hierro y Tarzán, el hombre mono. La primera, como es público y notorio, nos llegó prestigiada por los éxitos de público y crítica logrados en el extranjero. Además de sus grandes méritos artísticos y técnicos, acentuaba el interés del tema, su semejanza con la lucha del pueblo polaco y su líder, Lech Walesa, por su libertad y religión. En tanto que “Tarzán y sus aventuras en la selva”, con la incitante “Mujer 10″, Bo Derek, motivaron una maliciosa y hábil campaña de publicidad erótica, acerca de las presuntas audacias del simio, prendado de la bella vampiresa. La “madurez” con que el público “adulto” respondió al estreno de ambos filmes, se puso de manifiesto en las respectivas cifras de taquillaje: mientras el “mono y su dama” captaron más de 10.000 espectadores en un solo día, por su parte El hombre de hierro no llegó a acumular un millón: apenas 937 espectadores. El gorila “seductor” venció ampliamente al adalid de la libertad. Los comentarios sobran.

Conclusión

Nada se puede agregar a los anteriores pensamientos extractados, ya que hablan por sí mismos. Hay que remarcar que el temido tribunal censor se disolvió -algo después de muerto el dictador- y supuestamente la Censura también, pero hay muchas clases de censura, una de ellas es poner problemas a su distribución normal. La Censura está aquí y ha llegó para quedarse. Así que si vamos a rebajarnos a la altura intelectual de una persona, será mejor que esta persona posea las cualidades que aconsejan en la misma Junta de Censores británica: “una educación de primera clase; conocimiento de la vida y experiencia del mundo; sentido común; sentido del humor; penetración imaginativa en las reacciones del público agregando a esas cualidades que deben ser subrayadas por dos elementos: gusto por el cine y un saludable disgusto por la censura.”

Siempre se entiende como censura el acto de prohibir algo, desde la corrección o la reprobación. La censura cinematográfica siempre tuvo que ver con la acción gubernamental de cara a preservar la conducta moral del ciudadano o a garantizar la preponderancia de su discurso ideológico como único e incontestable. Pero también se definió, en sus orígenes, por la acción directa de grupos de presión social como los colectivos de amas de casa, grupos religiosos y personas que, a título individual, pretendían desde atajar los males que arrastra Hollywood desde sus primeros años hasta impedir la exhibición de títulos que corrompen a la sociedad de cada época. Sin embargo, lo que muchos ciudadanos desconocen es que también hay otro tipo de censura que es la que aplican cada uno de los sectores que intervienen en el negocio del cine: productores, distribuidores y exhibidores. Y, por último, la autocensura, que es la que ejerce el propio autor sobre la obra que elabora. Repito: la más triste y lamentable.

Cuando se estrena una película el espectador desconoce las fases por las que ha tenido que pasar para conseguir un hueco en la programación de dicha sala. Esas penurias afectan más a una películas que a otras y también son más palpables en unos países que en otros. Se censura tanto lo que se dice como lo que se ve. El visionado previo de películas que se realiza en muchos países por parte de una comisión da lugar a toda una serie de interpretaciones subjetivas que para nada se corresponden con el criterio mayoritario del espectador.

En la mayoría de los países existen mecanismos de control que ejemplifican modelos de represión. En muchos países europeos el Estado presiona a través de comisiones y juntas en las que todos los estamentos políticos y sociales están representados y que actúan sobre presupuestos -subvenciones, créditos, etc.-, guiones e imágenes -planos, escenas, etc.-, además de los premios a posteriori que se puedan conseguir. La industria por su parte es impulsora de diversas iniciativas que destacan su capacidad interventora. Tanta fuerza muestran los productores hacia los directores, que los enfrentamientos son numerosos y las consecuencias se proyectan sobre la distribución y exhibición de su trabajo. Hasta finales del siglo XX el director se ve obligado a ofrecer un montaje que no es el que esperaba hacer, lo que provoca que años después se comercialicen las películas que ellos siempre desearon: el montaje del director.

Uno de los capítulos notables sobre la censura hollywoodiense tiene que ver con los contenidos. Sobre éstos ejerce una gran influencia la Iglesia católica, con un primer paso importante en el código elaborado en 1930 por el sacerdote estadounidense Daniel Lord, que la industria asume pronto como propio a través del denominado “Código Hays”, por ser Will Hays el presidente de la asociación de productores y distribuidores norteamericanos. El texto de Lord hace hincapié en que hay que prohibir todo lo que tenga que ver con el sexo y la violencia, en aras de que se fortalezcan con ello los vínculos familiares y el respeto e integridad de las instituciones. Estas imposiciones son adoptadas en todo el mundo de diversa manera, atendiendo a una tabla calificadora que los espectadores también deben seguir con rigor al tiempo que el control queda en manos de los empresarios de salas. A finales de los años cincuenta la industria cinematográfica comienza a abordar temas sin ningún tipo de cortapisas atendiendo a la libertad de expresión y dejando que, si el caso lo exige, los problemas sean abordados por la justicia ordinaria.

A finales de 2001 el Consejo de Calificación Cinematográfica accedió a recalificar la cinta Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón (Pedro Almodóvar), que se encontraba prohibida en Chile desde 1992. Durante el régimen militar de Augusto Pinochet fueron prohibidas cientos de películas.

En EE.UU. colocaron a dicha película una calificación que la relegaba a las salas X y pornográficasQuien la haya visto, puede opinar si es “pornográfica”, término sobre el cual hay tantas opiniones como personas
Conclusión

Quiero hacer una breve reflexión, que surge de comparar las viejas películas de los años 30 de alcohol y otras drogas y fumadores empedernidos de opio, con las actuales Trainspotting (1996, Danny Boyle) o Réquiem por un sueño (2000, Darren Aronofsky) y demás. Si el camino siempre se vuelve a recorrer y lo posterior es como lo anterior, ¿será que hay una sola película que constantemente es rehecha y reinterpretada? No se si es de esa manera, pero confieso que me gustaría dejarme seducir por la idea de que lo fuera.


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