La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre)

Película estrenada entre Artículos


La matanza de Texas es una película estadounidense de terror de bajo presupuesto, rodada en 1974 por el director Tobe Hooper -era su primer filme- y protagonizada por Marilyn Burns, Allen Danziger, Paul A. Partain, William Vail, Teri McMinn, Edwin Neal, Jim Siedow, Gunnar Hansen, John Dugan, Robert Courtin, William Creamer, John Henry Faulk, Jerry Green, Ed Guinn y Joe Bill Hogan. El guión fue del propio Hooper y Kim Henkel.

A menudo es considerada un prototipo en su género. A pesar de su tema de horror, la película -al igual que la primera versión de Halloween
(1978), de un joven, 29 años, John Carpenter)- no depende tanto de imágenes explícitas y “gore” para provocar el terror en la audiencia, sino de suspense y tensión dramática. Las secuelas de la película y las imitaciones han sido mucho más sangrientas y explícitas. Hay un consenso casi general de que todas han sido inferiores, a pesar de tener mayores presupuestos económicos.

La película fue prohibida en el Reino Unido (hasta que fue publicada en vídeo y DVD), Francia (hasta 1984), Alemania, India y Rumania, entre otros países.

Cara de Cuero

“Cara de Cuero” (Leatherface) es el villano principal de las películas de La matanza de Texas. Es un hombre robusto y alto, pero sus características principales son la máscara que lleva y la motosierra que usa como arma. Su verdadero nombre es desconocido, aunque se ha dicho que es Robert Sawyer. Su hermano mayor lo llama “Bubba”.

Lleva una máscara hecha de piel humana debido a una desfiguración y problemas psicológicos. A diferencia de asesinos de otras películas, “Cara de cuero” no es de naturaleza sádica o maligna; al ser subnormal, es fácilmente manipulado por sus hermanos para cometer los crímenes.

La familia de “Cara de cuero” está compuesta por sus hermanos Drayton Sawyer, Nubbin (Edward) y Chop-Top (William), y sus dos abuelos. El Sheriff Hoyt también es Charles Hewitt, tío de “Cara de cuero”.

En el remake de La Matanza de Texas, el nombre de “Cara de cuero” es Thomas Hewitt, sufre una desfiguración facial por lo que lleva una máscara. La matanza de Texas: El origen es una precuela de la película donde se explican los inicios de “Cara de cuero”.

El personaje de “Cara de cuero” fue inspirado por el asesino en serie Ed Gein.

“Cara de cuero” ha sido interpretado por varios actores en las películas:

- La matanza de Texas (1974) – Gunnar Hansen

- La matanza de Texas 2 (1986) – Bill Johnson

- La matanza de Texas III: Leatherface (1990) – R.A. Mihailoff

- La matanza de Texas: La nueva generación (1994) – Robert Jacks

- La matanza de Texas (2003) – Andrew Bryniarski

- La matanza de Texas: El origen (2006) – Andrew Bryniarski

Prólogo


La matanza de Texas es algo más que una película de terror. En el momento de su estreno en el año 1974, la película de Tobe Hooper supuso un auténtico fenómeno, demostrando que con escasos medios y pocas pretensiones se podía jugar como nadie con una de las sensaciones que más disfrute dan en la sala de cine: el miedo.

La película supuso en su momento una gran revolución, que tal vez sólo haya sido comparable muchos años después con El proyecto de la bruja de Blair (1999), cinta de bajo presupuesto y de estética casera ínfima que ha inspirado algunas de las últimas películas del género como es el caso de la reciente Ellos (2002, Robert Harmon).

Una de las principales apuestas de este tipo de películas es sugerir el miedo, y no mostrarlo explícitamente abusando del “gore” y de las vísceras. La matanza de Texas y la primera versión de Halloween de John Carpenter tienen el honor de haber sido pioneras en esta tendencia que hasta ha llegado al mundo musical, ya que la canción “I wanna be your boy friend, Beat on the brat, Chainsaw” de Los Ramones la compusieron como homenaje a esta película.

La sinopsis de La matanza de Texas se centra en un grupo de jóvenes que se trasladan a un cementerio porque han recibido la noticia de que la tumba del abuelo de uno de ellos ha sido profanada. En el camino hacia el lugar, recogen en la carretera a un sujeto con apariencia muy extraña que se corta intencionadamente con una navaja. Poco después tienen que parar para reponer gasolina y cuando se acerca a una casa para intentar conseguirla, el espanto generalizado aumentará cuando se percaten que se encuentran en la casa familiar del autoestopista misterioso. El peor de la familia es su hermano, que sembrará el terror con una motosierra que querrá utilizar para dividir la carne humana en trocitos.

Pero lo que más nos importa es… ¿fueron estos hechos reales? En principio no; aunque sí que es verdad que tuvieron como inspiración las andanzas del asesino en serie Ed Gein, que usaba para actuar una máscara de piel humana. Hace unos años se estrenó una película -notable- sobre él titulada Ed Gein (2000, Chuck Parello).

Cabe señalar que muchos piensan que lo que cuenta la película es verídico debido al desarrollo de la primera secuencia de la película, pero podemos decir que eso no es más que una licencia del realizador para inquietar todavía más al espectador y nada más.

Debido a ello, la película ha tenido muchos problemas a la hora de proyectarse en países de medio mundo ya que en el Reino Unido estuvo prohibida hasta su lanzamiento en video y en DVD, en Francia hasta 1984 y además en Alemania, India y Rumania, a pesar de que en este último país después de todo lo que ha levantado Drácula a lo largo de los años ya están curados de espanto

Relación con hechos reales

A diferencia de lo que se cree, la película no es una representación de hechos reales, pero como algunas otras películas, como Psicosis (1960, Alfred Hitchocock) o El silencio de los corderos (1991, Jonathan Demme)
está inspirada en los crímenes cometidos por Ed Gein, quien usaba una máscara de piel humana, pero no utilizaba una motosierra y trabajaba solo. El comienzo de la película hace pensar que los crímenes de la película fueron hechos reales, pero sólo es una táctica para interesar y asustar al público.

LA MATANZA DE TEXAS (1974) (original)

(The Texas Chainsaw Massacre)

Director: Tobe Hooper. 1974. EE.UU. Color

Intérpretes: Marilyn Burns (Sally Hardesty), Allen Danziger (Jerry), Paul A. Partain (Franklin Hardesty), William Vail (Kirk), Terry McMinn (Pam), Edwin Neal (autoestopista), Jim Siedow (anciano), Gunnar Hanner (Cara de cuero), John Dugan (abuelo), John Larroquette (narrador)

Después de enterarse que la tumba de su abuelo fue profanada, Sally junto a su novio Jerry, su hermano paralitico Franklyn, y sus amigos Pam y Kirk van a investigar. En el desértico camino hacia la granja del abuelo de Sally, los viajeros recogen a un sujeto con una apariencia bastante extraña, quien se corta intencionadamente con una navaja y ataca al hermano de Sally. Al llegar a la granja, Pam y Kirk buscan un lugar donde poder nadar, Kirk oye un generador de energía y entra a una casa para conseguir algo de gasolina. Desafortunadamente la casa es del sujeto que había recogido, y del resto de su familia, su hermano “Cara de cuero” ataca uno a uno a los viajeros con una motosierra y otros artefactos. Todos mueren excepto Sally.

La localización de la película sitúa la acción en un paisaje rural, árido y seco, huyendo de la utilización de parajes preciosistas, y a su vez utilizando una imagen granulada (provocada por la conversión de 16 a 35 mm.), creando todo ello un ambiente incómodo, opresivo y asfixiante. Toda la ambientación de La matanza de Texas se debe a su director artístico, Robert Burns, quien también ha trabajado en otras películas como Re-Animator (1985, Stuart Gordon) o Aullidos (1980, Joe Dante). Para contribuir al resultado final del largometraje Burns utilizó restos de vacas muertas, acentuando más el tono pseudo-realista/documental del filme.

Pero, pese a la temática a tratar, y sobre todo por su título, que puede inducir a error, La matanza de Texas no es un espectáculo gratuito de sangre y casquería. Por curioso que parezca, no hay nada explícito, no fluyen ríos de sangre, todo está sugerido para que sea el propio espectador quien recree en su mente las atrocidades que no se muestran en pantalla. Y, por ello, en ocasiones la cámara centra su punto de atención, no en la mutilación cometida en ese preciso instante, sino en el rostro de otro personaje que observa horrorizado el suceso.

Sin duda, realizar una película así de opresiva e inquietante no resulta nada fácil, y menos sin recurrir a los trucos habituales de este tipo de producciones, como ocurre por ejemplo en los bodrios de Sean S. Cunningham,
que se resumen únicamente en la masacre indiscriminada de adolescentes. Así, mientras las mencionadas producciones son efectistas, La matanza de Texas es atmosférica, creando un halo de locura y demencia gracias a la anteriormente mencionada fotografía, su música minimalista compuesta de retorcidas y chirriantes notas musicales, o sus extravagantes y enfermizos personajes.

Pero son dos los elementos simbólicos más representativos y con más fuerza del largometraje. El primero es la residencia, que, según palabras del propio Tobe Hooper “quería que la casa oliera a muerte y supiera a muerte”, lo cual queda magníficamente plasmado en una escena: La cámara, situada a ras del suelo tomando un plano en contrapicado, sigue a una chica que se dirige hacia la casa, con lo que a medida que avanza la muchacha, la inmensidad del edificio invade todo el plano, envolviéndola por completo. O también otra secuencia en la que otra fémina se introduce en un cuarto, tropieza con algo, cae al suelo y observa detenidamente lo que hay ante sus ojos: restos de huesos humanos formando diabólicas esculturas y adornando el mobiliario.

El segundo elemento es “Leatherface” (Cara de cuero), un hombre alto, corpulento, que oculta su rostro tras una máscara confeccionada con piel humana, ataviado a su vez con un delantal hecho del mismo material, y portando una sierra mecánica. Su sola presencia transporta el miedo de los protagonistas al espectador, y ello sin emitir una sola palabra, ya que su aspecto colosal habla por sí solo. Sus movimientos bruscos, su constitución física y, sobre todo, esa máscara le dota de un aire sobrenatural o fantástico, personalizando el mal en estado puro.

La matanza de Texas es un mito del cine de terror, considerado como una de las obras maestras del género, lo cual lo ha ganado a pulso, y Leatherface ha entrado a engrosar la lista de los “psycho-killers” más aterradores del celuloide. Hoy en día La matanza de Texas es una película de culto difícil de superar… y olvidar.

Orígenes y afluentes

El origen de La matanza de Texas se remonta nada menos que al invierno de 1957. Ese año la policía local de Wisconsin descubrió una de las mayores atrocidades de las últimas décadas, algo que, de alguna manera, cambió la forma de vida en la sociedad americana. Así pues, cuando las fuerzas de seguridad entraron en la casa de Edward Gein, dieron testimonio al mundo del grado de locura al que puede llegar el hombre. El hogar del citado individuo incluía una decoración de lo más monstruosa y bizarra: sofás tapizados con piel humana, vajillas compuestas por cráneos y demás huesos…

Al instante el hecho cobró gran notoriedad y se difundió como una plaga por el resto del mundo, alimentando las mentes de aquellos que buscaban una historia que contar, o los que simplemente aprovecharon el suceso como excusa para editar libros o producir películas. Había nacido una leyenda que daría lugar a multitud de libros, películas y canciones.

Robert Bloch fue sin duda quien ayudó a construir todo un mito de la literatura fantástica con su libro Psicosis (1960, Alfred Hitchocock),
introduciendo variaciones respecto al suceso real, centrándose en la sumisión que sufría Gein a la figura de su madre. A su vez, el escrito de Bloch dio origen a una de las obras maestras del cine, de manos del genial Alfred Hitchcock, y cuyo trabajo, titulado como el libro de Bloch, y estrenado en 1960, refleja parte de la demencia que habitaba la casa.

A su vez hubo una réplica de EE.UU.-Canadá del fenómeno, con el filme Deranged
(1974, Jeff Gillen y Alan Ormsby), más sangrienta e irónica que la mencionada con anterioridad y la tratada en estas líneas..

Y así pasamos al año 1974 en el que Tobe Hooper dirigió la película en cuestión. Se contaba con un presupuesto bajo, lo que la catalogó como “clase B”, y por lo que se rodó en poco tiempo y contando con actores primerizos. Gunnar Hansen, quien representaba al colosal “Leatherface”, fue elegido por su altura y corpulencia, sin tener en cuenta otras características. Algunos actores, como el propio Hansen, sufrieron heridas y cortes a la hora de manejar la motosierra ya que no contaban con especialistas.

El rodaje fue muy duro; no se disponía de mucho tiempo y a algunos miembros que intervinieron en la producción les daba igual volver a trabajar en otra película (como fue el caso de Robert Burns). Fue tal la presión que se vivió en algunos momentos del rodaje que algunos no pudieron soportarla, y quien más la sufrió fue Gunnar Hansen, que debía llevar puesta la máscara de látex durante largas horas de rodaje, e incluso en los descansos de este, todo ello con temperaturas que alcanzaban los 40 grados del verano tejano, llegando a desaparecer un día del lugar de rodaje. Empezaba a afectarle el estar demasiado tiempo debajo de la máscara, y la relación con los otros actores no era la deseada. Si a esto se le añade que Hansen padecía claustrofobia podemos llegar a comprender la situación.

El esfuerzo se vio recompensado, ya que fue todo un éxito; el boca a boca funcionó a la perfección, generando un mito cinematográfico. Algunas personas afirmaban que era lo más espantoso que habían visto en su vida, desagradable y explícito, algo que prueba que la imaginación de algunas personas sobrepasa los límites de la realidad.

En su estreno mundial, mientras se proyectaba la película en la sala, entraba en ésta un hombre disfrazado de “Leatherface” y amenazando a los espectadores con una moto-sierra, lo que provocó infartos y las consecuentes denuncias.

Por tanto, la figura de Ed Gein ha generado todo un fenómeno creador de los más variopintos artículos; desde las películas y libros ya mencionados, pasando por canciones como “Dead Skin Mask” del polémico grupo Slayer, hasta un club de fans de Ed Gein. El mundo se está volviendo loco, y nosotros vivimos en él.

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Mucha agua ha pasado debajo del puente desde aquel 1¬∫ de octubre de 1974 cuando se estrenó en los EE.UU. La matanza de Texas (1974). Durante esos 35 años, docenas de películas han basado sus tramas en la idea de un asesino que va eliminando uno por uno a sus víctimas de formas explícitas y gráficas. No vamos a nombrar títulos, pero entre las películas de Michael Myers, las de Jason Voorhees y las de Freddie Krueger sumarían casi una treintena de filmes, ninguno de los cuales llega a superar los 83 minutos que Tobe Hooper, con ínfimo presupuesto, pocos medios, sin actores reconocidos y sin mucho cartel, logró estrenar ese día.

Como fuentes se acostumbra señalar que Hooper basó su guión en la historia real de Ed Gein, un psicópata que en 1957 mataba gente en su granja y forraba sus muebles con cuero humano. Tal vez podríamos agregar una fuente inédita (hasta donde sabemos) que sería la historia de Sawney Bean, líder de una familia de caníbales montaraces que vivió en Escocia durante fines del siglo XVIII. Bean y los suyos vivían en una cueva perdida en algún lugar del condado de Galloway, frente al mar, donde estuvo viviendo 25 años, primero con una mujer, luego con toda su descendencia (que llegó a ser un numeroso clan). Su medio de vida consistía en asaltar a los viajeros que se acercaban por sus dominios. Pero Sawney y los suyos no sólo despojaban de bienes a sus víctimas, también las mataban y se las llevaban a la cueva, donde se alimentaban de éstas.

Gunnar Hansen tras una de las tres máscaras de piel
femenina que porta a lo largo de la película

La trama de La matanza de Texas muestra una familia similar a la de Sawney, con integrantes psicópatas, caníbales, fetichistas y sádicos por igual. Tal vez sean incluso necrofílicos (al principio de la película se nos informa que un cementerio ha sido profanado por desconocidos, y que han sido revueltos los cadáveres, dejándolos en posiciones ridículas o macabras; curiosamente en la casa esta familia tiene el cadáver putrefacto de una mujer). Ellos viven del asesinato de desprevenidos viajantes (en una escena, en la parte trasera de la casa en que viven, se avista un gran número de automóviles, pertenecientes previsiblemente a anteriores víctimas). Uno de ellos es llamado “Cara de cuero” (en ningún momento de la película se lo nombra así, no es hasta los títulos finales donde se puede leer el nombre “Leatherface”) y se dedica a matar y procesar a los jóvenes protagonistas de la película sin la menor dubitación. “Cara de cuero”, suponemos, debe ocuparse de conseguir alimento a sus familiares. Es una especie de monstruoso travestí, que lleva el cuero del rostro de una mujer como máscara (de ahí su nombre). A lo largo de toda la película, “Cara de uero” porta tres “máscaras” distintas (así como sus cueros cabelludos). Al menos “Cara de cuero” y el nefasto “Abuelo” (un anciano pasivo postrado en una silla) han sido “matarifes”. En la secuencia que “Cara de cuero” asesina a Pam, la novia de Kirk, vemos que ya había iniciado el “despiece” de Kirk con una motosierra. En la escena más fuerte de toda la película, cuando tienen a la protagonista Sally de rodillas y tratan de guiarle la mano al abuelo para que golpee la cabeza de ella con un martillo, salta a la vista que todos guardan una suerte de fascinación enfermiza por ese trabajo en el matadero y, tal vez, sientan placer en matar a un ser humano de la misma manera que a un vacuno.

El sumario de detalles macabros de esta enfermiza familia tiene un suave contrapunto con los perfiles de los cinco adolescentes protagonistas. El más notorio es Franklin (Paul A. Partain), que viaja con su hermana Sally (Marilyn Burns, una “scream queen” de la pantalla). Una pareja, Kirk y Pam (William Vail y Terry McMinn) completa el cuadro. Los jóvenes viajan en la camioneta de Jerry (Allen Danzinger). Ellos van rumbo a un cementerio para corroborar los daños realizados a la tumba de un pariente. El detalle más chocante es la presencia de Franklin, un chico paralítico que sufre por todos sus compañeros. En los minutos iniciales la camioneta en la que viajan frena y de unas rampas sale Franklin y es dejado a un costado del camino con una latita en la que debe orinar. Frank pierde el control, y su silla rueda por la banquina y queda tirado unos metros más abajo. Esta primer caída dará inicio a una larga serie de sufrimientos que el muchacho debe soportar, aunando resentimiento hacia sus amigos más autónomos. La película nos muestra estos detalles y los maneja con total nihilismo (de hecho, los primeros en morir son aquellos a quien consideramos protagonistas principales; el propio Franklin tampoco tiene un buen fin). Mención aparte merecen también los personajes con los que se encuentran en su camino a la casa macabra. Hay un lavador de vidrios que limpia el parabrisas de la camioneta de los chicos. Hay unos rurales algo embrutecidos. Todos tienen un aspecto al menos amenazador. El más amigable, el encargado de la gasolinera (Jim Siedow, un Milton Berle pero caníbal), es en realidad el hermano mayor de Cara de Cuero y la autoridad de la casa.

Marilyn Burns, en un momento de horror, cuando observa
la muerte de su atacante atropellado por un camión

No hay muchos aspectos cinematográficos para destacar, ni musicales ni fotográficos. Uno tiene la noción que hay algo de pesadilla y enfermizo en esa hora veinte de celuloide. El clima es suficientemente fuerte como para ocupar todo el espectro visual y sonoro, y cuando no nos impresionados de ver a “Cara de Cuero” colgar a su nueva víctima de un gancho para reses, nos perturban los aterradores (y más que aterradores, “reales”) gritos del personaje de Sally, huyendo durante eternos minutos de criminales caníbales, a través de la casa, por el bosque o por la carretera. No señor, La matanza de Texas no es una película que posea sutilezas o pequeños guiños. Todo es gráfico, mostrado de la manera más realista posible. Pero que sea gráfico no implica que sea improvisado. Hay mucho por ver en la cámara de Hooper, que parecería aprovechar cada milímetro de espacio, con detalles o bien para tratar de hacernos creer como “Cara de cuero” masacra a sus víctimas o como uno de los “freaks” obliga a Sally a que meta su dedo en la boca del hasta ese momento pasivo “Abuelo”. Cada toma está mostrada de la manera más provocativa posible. En ese sentido, todo aquello que destacamos al principio se convierten en virtudes:

- El presupuesto ínfimo: porque fuerza al director a resolver las situaciones con el – Medios escasos: porque antes que rodar en estudios, filma en escenarios naturales (Austin, Texas), al aire libre, dándole credibilidad al asunto.

- Sin la presencia de actores reconocidos: en realidad el único conocido era John Larroquette, cuya voz nos informa al principio de que los hechos que estamos por presenciar han sido reales… el resto del reparto, de ilustres desconocidos, un requisito ideal en los falsos documentales y filmes “mondo”.

De hecho, quince minutos de esta película son mucho más aterradores que toda la saga de El Proyecto de la Bruja de Blair (1999), otra película que aspira a estos mismos niveles de verosimilitud sin lograrlos -es insoportablemente mala-. Al ya conocido símbolo-logo de esta serie, podríamos anteponer el dúo de cadáveres sentados en un sepulcro que aparecen en los primeros fotogramas de La matanza de Texas. El terror actual, preocupado en dar trabajo a jóvenes estrellas televisivas o mostrar monstruos “a la moda”, ha olvidado su labor más importante: la de asustar.

“Cara de Cuero” cae al suelo

(por primera vez en toda la película)

Tras esta película, varios de sus responsables siguieron conectados al género fantástico. Tobe Hooper estaría en las primeras planas con algunas películas durante los años 80, como Poltergeist (1982) y la superproducción Fuerza vital (1985), que para mí, tal vez son superiores a su elogiada La casa de los horrores (1981). Realizó películas notables y otras pésimas, pero nunca regresó al nivel de La matanza de Texas. En 1979 aterrorizó las pantallas de TV con La noche de los vampiros (1979), sobre una novela de Stephen King. 20 años después había caído a niveles abismales con El Cocodrilo (2000) lanzada para el vídeo. Se suele decir que en la creación de las obras maestras no influye la preparación o la energía invertida, que hay un elemento misterioso que podría ser el “genio”, que puede habitar una persona al momento de crear. Tal vez esto ocurrió con Tobe Hooper en 1974, y luego lo ha ido perdiendo progresivamente.

El guionista Kim Henkel estuvo vinculado con Hooper en Trampa mortal (1977) con Neville Brand como un demente que tiene un cocodrilo en el patio de su motel. 20 años después de la original La matanza de Texas, Henkel acometió con una abominable secuela: La matanza de Texas: La nueva generación (1994), negativamente recibida por casi todos los aficionados a la serie. El director de fotografía, Daniel Pearl, es uno de los que ha mantenido un nivel aceptable de trabajo, y de hecho, su nombre se ha citado en el crédito técnico de la nueva versión que se avecina este año, producida por Jerry Bruckheimer, y dirigida por Marcus Nispel. Entre los actores es Gunnar Hansen quien ha tenido más trabajos en la pantalla, no interpretando a “Cara de cuero” (ya que en cada secuela, este personaje ha sido incorporado por un actor diferente), sino papeles honoríficos en películas de terror “clase B”.

No hay mucho que analizar de una película tan frontal. El miedo es el miedo, no hay segundos o dobles sentidos. Cada cual puede ver y tomar sus propias conclusiones, sobre los motivos del accionar de esta familia de caníbales, sobre la importancia del núcleo familiar como célula primigenia de todo (lo bueno y lo malo), sobre la marginación de los elementos rurales norteamericanos, sobre los aberrantes males que subyacen tras la aparente calma de su casa victoriana y sobre la trasposición de tomar al ser humano como ganado. Lo único que inspira a todos por igual es temor, no el horror que puede producir un espectro o un monstruo, algo que atañe al espíritu, sino el terror material de que los hechos que estamos viendo en la pantalla hayan realmente ocurrido (o quién sabe, estén ocurriendo…). En la historia del cine queda como una de las más influenciables películas de terror de los años 70, con detractores (todas las grandes películas, sin excepción, los tienen) e incondicionales.


Danza de Cara de cuero en el amanecer:
¿una parábola de la alienación rural?

Unos jóvenes de la Era de Acuario que marchan en una camioneta

y recogen a un extraño en la carretera


En un momento roba una navaja a uno de los chicos, y comienza

a tajearse la mano


Luego ataca a Franklin (Paul A Partain), uno de los muchachos que

es paralítico

En vista de esto, el autoestopista es expulsado del vehículo


Llegan a una casa vacía donde se instalan. Una de las parejas sale de paseo

Y caminan hasta encontrar una casa donde se escucha el ruido de un motor

Kirk (William Vail), se adentra en la casa y recibe un terrible

recibimiento de una figura nefasta, Cara de Cuero (Gunnar Hansen)

La chica (Teri McMinn), entra luego en búsqueda de su novio,

y cae en un cuarto utilizado como basurero

Intenta escapar, pero es atrapada por el mismo personaje siniestro,

y llevada nuevamente al interior de la casa

Más tarde, los otros encuentran un rastro de sangre en la camioneta


Uno de los amigos, Jerry (Allen Danzinger), comienza a buscar

a la pareja desaparecida, y llega a la casa en cuestión

Ingresa en la casa y se topa con el cuerpo agonizante de la

novia de Kirk…

… hasta que aparece el asesino y lo derriba de un mazazo

Ha caído la noche y tres de los jóvenes han desaparecido Sus amigos

creen que se han perdido y no quieren irse sin ellos

Sally (Marilyn Burns) quiere ir a buscarlos con la linterna, pero discute

con Franklin, que no quiere quedarse solo

Sally huye y llega a la casa, en busca de ayuda

Intenta pedir ayuda, pero se topa con seres espectrales

Sally logra escapar de la casa y regresa al bosque,

siendo perseguida por el asesino


Finalmente, llega a la gasolinería, donde es calmada por

el viejo encargado

Pero luego es atacada y reducida por el mismo, y subida

a su camioneta

En el camino se encuentra con el extraño

autoestopista que se tajeaba las manos y también

lo sube a su camioneta

Ambos llevan a la chica a la casa y el encargado de la

gasolinería reprende al gigante por asesinar a tantos jóvenes

Los hermanos bajan a uno de los “espectros” que resulta

ser el abuelo (John Dugan), que le devora un dedo

Al despertar de su desmayo, la chica es la principal

invitada de un banquete macabro

El momento culminante de esa cena es cuando intentan

hacer que el abuelo mate a Sally

Pero aprovecha una distracción y escapa, siendo perseguida

por el hermano menor

En la carretera, es atropellado por un camión con acoplado

El camionero (Ed Guinn) sale para ver lo ocurrido,

y debe huir con Sally dela furia homicida de “Cara de cuero”


Una camioneta recoge a Sally quien logra huir a salvo

Sally mira al asesino desde la parte de atrás de la

Camioneta y ríe compulsivamente…

LA MATANZA DE TEXAS 2 (1986) (Secuela)

(The Texas Chainsaw Massacre Part Two)

Director: Tope Hooper. 1986. EE.UU. Color

Intérpretes:
Dennis Hopper (Teniente “Lefty”),
Caroline Williams
(Vantia “Strech” Brock),
Bill Johnson
(Cara de cuero(Bubba),
Jim Siedow
(Cook),
Bill Moseley
(Chop Top),
Lou Perryman (L.G. McPeters),
Harlan Jordan
(Patrolman),
Kirk Sisco
(Detective),
Ken Evert
(Grandpa)


Stretch, la locutora de un programa de música en la emisora K-OKLA, de un pueblo de Dallas, Texas, recibe en medio de la emisión, la llamada de dos chicos que viajan por las cercanías, haciéndose los graciosos y colapsando la línea. Stretch, consigue que cuelguen pero al rato vuelven a llamar, pero esta vez, lo que oirá será diferente, no serán las bromas de dos adolescentes, sino que oirá los gritos de estos dos chicos y su sufrimiento al ser asesinados por alguien que maneja lo que parece ser una sierra mecánica. Al día siguiente, los jóvenes son encontrados muertos y el coche destrozado con marcas de motosierra. En el escenario se encuentra un vaquero ex – Ranger y además tío de Sally y Franklin, asesinados por unos caníbales con sierras mecánicas hace 14 años. Aquí comenzará y acabará la venganza del vaquero, con la ayuda de Stretch.


Secuela del mismo director Tobe Hooper, de su primera y obra maestra La matanza de Texas. En esta segunda parte encontramos a un Leatherface que se llama Buba y a sus dos hermanos, uno joven y bastante loco, que deja mucho que desear en su papel, y otro más mayor, que sólo se preocupa por ganar dinero. Ninguno de los tres personajes, para nada son creíbles, sino que parecen bastante patéticos y materialistas, perdiendo las costumbres, motivaciones y principios que los impulsaba, ya que no siguen la línea de la primera parte.

Decir también, que hay un par de muertes que si valen la pena donde el gore hace presencia, pero por lo demás es un filme bastante patético que para los que somos fans devotos de la primera parte, esta segunda es lo peor que podríamos ver.

Destacar nada más, los efectos de maquillaje siempre buenos de la mano de Tom Savini.

Uno de los momentos, no mejores pero si curiosos por ser algo nunca visto ni imaginado en el personaje, es cuando “Leatherface”, o “Bubba”, se excita sexualmente y en la culminación del orgasmo arranca la motosierra y arrasa con todo lo que pilla, como liberando toda la represión que ha tenido durante tantos años.

++++++

Que los remakes de La Matanza de Texas sean más o menos flojos entra dentro de lo aceptable (aunque en mi opinión el remake era notable, no así su secuela que era un auténtico bodrio). Ya se sabe, Hollywood es como es y no lo vamos a mejorar por mucho que queramos.

Lo que ya entra dentro de lo paranormal es ver esta secuela perpetrada por el director de la original. Porque es inconcebible que un tipo que realizó una de las obras maestras de terror de todos los tiempos realizara esto después.

No puedo entender donde está el propósito y la gracia de convertir a psicópatas mugrientos y verdaderas máquinas de matar en una pandilla de payasos ridículos que más que miedo dan lástima.

Supongo que este despropósito se fundamentó en darle un look más humorístico y recalcar la faceta de comedia negra que la de “descurtizamiento” gore. Si esa era la intención, felicidades; porque reír te ríes un rato pero de lo lamentable que llega a ser.

Es un auténtico atentado cinematográfico ver a “Leatherface” deambular cual paleto “salido” (aunque hay que decir que la tal Caroline Williams estaba de bastante buen ver) y cayendo presa de las fauces del amor. Aunque para triste y lamentable es ver a Dennis Hopper reducido a guiñapo de actor y estando más loco que la propia familia de carniceros caníbales.

Nos hallamos pues ante un espectáculo dantesco, un horror que pone los pelos de punta; no por el miedo que pueda dar, sino por el bochorno que uno siente al verla. El que avisa no es traidor.

LA MATANZA DE TEXAS III: LEATHERFACE (1991) (Secuela)

(Leatherface: The Texas Chainsaw Massacre III)

Director: Jeff Burr. 1991. EE.UU. Color

Intérpretes:
Jennifer Banko (Little girl), Ron Brooks (reportero de TV), William Butler (Ryan), Miriam Byrd-Nethery (Mama), David Cloud (Scott), Beth DePatie (Gina), Tom Everett (Alfredo), Ken Foree (Benny), Kate Hodge (Michelle), Toni Hudson (Sara),
R.A. Mihailoff
(Leatherface), Viggo Mortensen (Tex), Joe Hunger (Tinker), Duane Whitaker (Kim)

Unos jóvenes que viajan por el sur de Estados Unidos se internan en una zona dominada por una terrorífica familia de modernos canibales que, armados con una motosierra, intentan descuartizarles Está a medio camino entre una secuela y un remake, ya que menciona al principio los hechos de las anteriores, pero luego, en la película no aparecen los mismos personajes.


Con esta secuela intentaron volver a la estructura de la primera entrega, pero no lo consiguieron, quedando como resultado una película realmente mediocre y aburrida.
En esta secuela se olvidan por completo de la segunda parte dirigida por Hooper, en intentan volver al espíritu del original. Destacar la presencia de actores como Ken Foree (protagonista de Zombie de Romero) y también del mismísimo Viggo Mortensen (quién lo diría, ahora triunfando con el Señor de los Anillos y otras superproducciones). También aparece en una escena del cementerio la actriz Caroline Williams (protagonista de La matanza de Texas 2) aunque no aparece en los créditos. Como curiosidad decir que esta película es la única de la saga que no se rodó en Texas.

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Desde un principio aclaro: A mí no me entusiasman este tipo de películas, porque a mí el horror me gusta con mucho suspense, como en Casa en la colina embrujada o últimamente algo como Las Horas. Sí me gustó ver películas del tipo sanguinolento de sangre tales como Halloween o Scream, pero es que esas no se toman demasiado en serio a sí mismas, tienen referencias a detalles de la cultura pop y cosas por el estilo que me hacen disfrutarlas. Destino final, mientras que sí podría ser clasificada como de “hachazos y carniceros”, también fue interesante. Cosas como El exorcista o la primera de La Profecía (no la de Viggo, sino la de Gregory Peck) me mandaron a dormir al cuarto de mis hermanas por varios días, pero entonces estaba yo “chiquita”. Pasé un par de horas muy mal, sudando en la cama y sin poderme levantar al baño aunque ya me andaba, la noche que vi El aro (la versión japonesa, aunque con la versión de Hollywood me pasó lo mismo, ya me andaba). Me encanta eso. Asustarse, ir al cementerio a media noche a leer poesía de horror, cuando gustes. Pero películas donde los “sustos” están basados en ruidos súbitos o en gente apareciendo en un lugar cuando menos los esperas (con el hacha, claro), donde vuelan las extremidades y la sangre sale a chorros, bueno, esas no me gustan mucho.

Habiendo aclarado eso, es imaginable esta en particular no me gustó. Que además, como dice Viggo, la montaron tan mal que le quitaron toda la ironía que pudo haber tenido. Se nota. La historia es simple, considerando el género: Una pareja, en este caso hermano y hermana, llevan el coche de su padre de California a Florida, o al revés, no recuerdo. O eran novios e iban de ida o de regreso a la universidad. Como sea. Tienen que parar en una gasolinera en medio de la nada, por supuesto, en Texas. Ahí encuentran al obligatorio “Despachador Loco” y al “Engañosamente Amistoso Vaquero”, Tex. ¡Ah!, pero Tex no es solamente amistoso y comedido, sino que también está muy guapo: se trata de Viggo, por supuesto, quien sugiere que tomen un “atajo” por un camino que no está registrado en los mapas. Además, le toca recitar el slogan de la película: “Hay animales por atropellar en todo Texas”. El Despachador Loco √¢‚Äû¬¢ termina persiguiéndolos con una escopeta y mientras la pareja se aleja de ahí derrapando, parece ser que Tex cayó víctima de la orgía de balas. Claro que se van por el camino desierto y por supuesto que se hace de noche y es obvio que de ahí en adelante todo se va al carajo. Una pick-up misteriosa los saca del camino, se encuentran a un tipo que afortunadamente trae un rifle y cuando les persiguen en el bosque, se separan. Ella, Michelle (Kate Hodge) cree que ha encontrado refugio en una vieja y destartalada casa en medio de un claro, pero lo que hace es entrar en la guarida de la familia Leatherface, de la cual Tex es miembro, y agregando unos genes muy guapos a la sopa. Mientras tanto, en otra parte, la policía parece haber hecho el macabro descubrimiento de los cuerpos de las dos películas anteriores. Les ahorro la descripción.

En la casa, Michelle conoce al zoológico: al guapo Tex ya lo había conocido, luego está el “padre” feo con un garfio en vez de mano, la super macabra “hermanita”, la “madre” en silla de ruedas y habando por un micrófono en la tráquea, el “abuelo” momificado en una silla y el “Cara de cuero” del título, con su horrible máscara sobre la cara. Comienzan a suceder toda clase de cosas asquerosas y el diálogo no es tan ingenioso como aspira ser. Les confieso que me fui rapidito en las partes sangrientas (!benditas velocidades 4x, 8x y 10x!) y lo paraba cuando Tex aparecía de nuevo. Parte del personaje es verdaderamente delicioso, nada más ve algunas de las fotos abajo para que veas las expresiones de Viggo. Claro que, en lo que se refiere al arte de la actuación, el personaje no es ningún reto, como te has de imaginar, pero él hace muy bien lo sórdido, raro y amenazador y parece que se dio la gran divertida haciéndolo. ¡Nada más fíjate en las uñas y el mandil! ¡Oh, sí, tiene una muerte horrible al final!, pero a “Cara de cuero” no lo agarran ni lo matan. Así que

LA MATANZA DE TEXAS: LA NUEVA GENERACIóN (1994) (Secuela)

(Texas Chainsaw Massacre: The Next Generation)

Director: Kim Henkel. 1994. EE.UU. Color

Intérpretes:
Renée Zellweger (Jenny), Matthew McConaughey (Vilmer), Robert Jacks (Cara de Cuero), Lisa Marie Newmyer (Heather),
Tonie Perensky
(Darla), Joe Stevens (W.E.), John Harrison (Sean), Tyler Cone (Barry), James Gale (Rothman)

Un grupo de cuatro amigos emprenden un viaje. Al caer la noche se equivocan de camino y tienen un accidente en medio del bosque. Buscarán ayuda desesperadamente, pero lo único que encontrarán será el sonido de una sierra eléctrica…


Quizá el punto flaco de La Nueva Generación sea su enfoque. Esta nueva Matanza de Texas orquestada por Kim Henkel no es en absoluto tan cafre y carismática como la original o el remake de 2004, de hecho, podría decirse que es la más floja de todas. Y es que su enfoque es poco adecuado: Se nos muestra al típico grupo de jóvenes que tras una fiesta tienen un accidente. Sí, vale. Tópico número uno.

!Pero el asesino no es un desquiciado como cabría esperar! En su lugar tenemos a una familia amateur en esto de los secuestros, una galería de personajes que introduce un factor familiar en la matanza. Vamos, no es un sádico con sierra, sino un tío que busca fama a toda costa y que tiene que responder a sus familiares.

No sé si quedará claro, pero da igual, esta entrega carece de la “magia” de la original, los actores -bastante conocidos- son bastante discretos (aunque Renée Zellweger está muy guapa de jovencita, y McConaughey como psicótico es aceptable), las escenas violentas son tristes… Sólo tiene una cosa buena: No aburre. En todo momento sabemos que estamos viendo un despropósito, pero al menos se hace llevadero. Pero hay tantas infinitamente superiores

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Unos jóvenes salen precipitadamente de una fiesta en el colegio, y se pierden por las carreteras. Tras sufrir un accidente, van en busca de ayuda dejando a uno de ellos al cuidado del coche y de un herido en el accidente. Pero su suerte no ha podido ser peor. Una loca familia vive en la zona, y no duda en acabar con la vida de aquellos que osen deambular por las cercanías. Cuando un remolque llega para asistir a la víctima del accidente, no hace otra cosa que rematar al herido, y perseguir al otro joven que se había quedado allí, mientras el resto del grupo sigue todavía buscando ayuda.

La cuarta entrega de la Matanza de Texas es un fracaso en el intento de crear una nueva “familia” que sustituya a los “malos” de anteriores entregas. Al final, acaba siendo un filme de terror más que flojo, y en el que un “Cara de Cuero” que da más risa que miedo, junto a otros personajes igualmente olvidables intentan (sin conseguirlo) asustar al espectador. Lo mejor son los intentos de autoparodia terrorífica, que por desgracia tampoco funcionan. Que una película que ha hecho historia como la Matanza de Texas acabe convertida en este ejemplo de “clase B” mediocre y sin imaginación es algo realmente lamentable.


LA MATANZA DE TEXAS (2003)

(Remake)

(The Texas Chainsaw Massacre)

Director: Marcus Nispel. 2003. EE.UU. Color

Intérpretes: Jessica Biel (Erin), Jonathan Tucker (Morgan), Erica Leerhsen (Pepper), Mike Vogel (Andy), Eric Balfour (Kemper), Andrew Bryniarski (Thomas Hewitt/Cara de Cuero), Lauren German (Chica adolescente), R. Lee Ermey (Sheriff Hoyt), David Dorfman (Jedidiah), Marietta Marich (Luda May)

El 20 de agosto de 1973 la policía se desplazó a una apartada granja cuyo propietario era Thomas Hewitt, un antiguo matarife del matadero del condado de Travis, Texas. Dentro de la casa encontraron los restos de 33 seres humanos. El país se quedó boquiabierto y horrorizado ante semejante descubrimiento y todavía hoy sigue siendo para muchos el caso de asesinato en masa más célebre de la historia. La policía local acabó matando a un hombre que llevaba una especie de máscara de cuero al que se acusó de ser el asesino y el caso se archivó. Sin embargo, durante varios años, muchas personas relacionadas con los espantosos crímenes acusaron a la policía de haber hecho una chapuza y de matar a sabiendas al hombre equivocado. Por primera vez, el único superviviente conocido de la matanza ha roto su silencio para contar la verdad acerca de lo que ocurrió en una carretera desierta de Texas cuando un grupo de cinco jóvenes tuvo que enfrentarse a un loco armado con una sierra mecánica, el mismo que dejó la oleada de sangre y terror que se convertiría en “La matanza de Texas”. Inspirada en el clásico del mismo título rodado en 1974, la película es un viaje aterrador hacia el corazón de la oscuridad más inimaginable.

El modernizado sonido de la motosierra

Michael Bay produce un remake de La matanza de Texas que aun respetando el espíritu de la original, actualiza en exceso al nuevo cine de terror sus mejores virtudes.

Lo primero que llama la atención, en esta nueva vuelta de tuerca de la carencia de ideas que impera en un Hollywood avocado a rescatar viejos clásicos y adaptarlos a las nuevas tendencias comerciales, es que el benefactor de esta nueva versión de La matanza de Texas es el director de “blockbusters” Michael Bay -Armageddon (1998) y Pearl Harbor (2001)-. Un indicio de que la nueva metamorfosis del gore es más un artificio comercial que un verdadero interés en recuperar un subgénero que, en el último año, ha dado varias muestras de resurrección con mayor o menor suerte. Menos asombra que otro de los nombres que se han lanzado a este remake sea el del propio Tobe Hooper, el director original de la obra maestra de 1974 que, lejos de haber consolidado una filmografía coherente, necesita de estas tretas para obtener algún suculento beneficio más allá de los conseguidos por sus “TV movies” y películas de “clase B”.

Al igual que Zack Snyder con Amanecer de los muertos
(2004) flamante y espectacular “remake” de Zombi (1978, George A. Romero), el debutante director de vídeo clips Marcus Nispel intenta actualizar y remedar un clásico imposible de superar. Y lo primero que asombra de este a priori indecente facsímil actualizado a los nuevos cánones hollywoodienses es la solidez con la que el joven cineasta ha pretendido ser fiel al espíritu de su original con un respeto que mantiene muchas de las señas de identidad de la película de Hooper aportando incluso algún elemento novedoso que, si bien no chirría, sí hace recordar los mejores momentos de obscenidad de la mítica obra de regusto insalubre que destilaba suciedad por todos sus planos. Una nueva versión que conduce sus hilos narrativos de forma hábil y siempre honestamente entre el homenaje y la recreación ajustada a los nuevos modelos de terror. La historia es básicamente la misma, pero con un nuevo prólogo y nuevos pulsos que hacen que las víctimas aparezcan renovadas todas ellas en su reajuste modernista para perecer de similar forma diferente a la que recordábamos. Si en la primera los protagonistas se dirigían a Texas a ver una tumba que había sido profanada, ahora se dirigen a un concierto de Lynird Skynird con una piñata llena de marihuana. Pero ni el autostopista que recogen es el mismo, ni los efectos de la locura desencadenada en la árida América profunda son similares. A este respecto la película no presenta grandes variaciones en relación a la original, salvo en la pequeña salvedad de cambiar y actualizar a sus jóvenes protagonistas y cambiar algunos personajes. Un ejercicio que impone un gran lastre a la hora de conformar la mejor virtud del filme de Tobe Hooper: la antipatía y enajenación que se respiraba en su modelo. Si en aquélla todos y cada uno de los protagonistas se parecían en su personalidad banal y estereotipada, casi tan evidente como la de la familia de matarifes, en La matanza de Texas (2004) se excede demasiado en darle profundidad a sus criaturas con pinceladas descriptivas que pueden llegar a ser insultantes para los adoradores de su primera versión. Así, el personaje de Marilyn Burns que iba enloqueciendo hasta llegar a un histerismo insoportable se permuta en la increíble Jessica Biel (lo mejor de la función), una heroína reflexiva y perspicaz digna de película de acción. Ya no hay un gordo paralítico que tiene una salchicha en la boca, ni una pareja de gilipollas y, lo que es peor, los pequeños retazos sobre la personalidad de un desaprovechado Leatherface, la nueva disposición familiar (con la excepción de R. Lee Ermey) y las muertes masculinas juegan un papel en contra de la intención de Nispel por acercarse a la enfermedad opresiva que poseían los anteriores maniáticos rurales. Excluyendo a un novedoso niño “freak” y semideforme, al abuelo postrado en una silla de ruedas y poco más, la estirpe de asesinos carecen de impacto, a pesar de su frenética presencia y de los sonoros ataques con la sierra mecánica por parte del inolvidable y gigantesco “Cara de cuero”.

Lo más destacable de la esforzada labor de Nispel es su intencionalidad a la hora de recrear la sensación de verismo y la crudeza de la película de Hooper, atenuando su textura malsana y abandonando la estética feísta por una sofisticada estilización de formas que no implica una disminución de la brutalidad de fondo. El realizador recupera para ello la capacidad del delirio histérico original en su intento de aterrorizar al espectador con una nueva ola visual creada para la ocasión por Daniel C. Pearl, curiosamente, el mismo director de fotografía de La matanza de Texas de 1974. De esta manera, sustentado en un exceso estético y de puesta en escena luminosa que se hace casi insoportable en sus escenarios exteriores, la atmósfera sórdida y decadente que se respira en los fotogramas de este remake son relevantes en los fangos representados en las casas (matadero incluido) propiedad de la familia de asesinos. La destreza de esta nueva versión está en contraponer la belleza de su estética externa, personificada en los jóvenes cinco protagonistas (guapos y de cuerpos perfectos), con la monstruosidad “freak” del interior de los hogares de la familia de matarifes capitaneados por ese icono incorruptible que es Leatherface. Por eso esta cinta, lejos de ser un calco del clásico de Hooper, es una nueva relectura que da lugar a una película que se aleja del modelo lo suficiente como para ser disfrutable hasta por el nuevo espectador acostumbrado a saborear la sangre de la pantalla con un buen cubo de palomitas. De ahí que el ritmo de esta nueva matanza esté más cerca del cine de acción que del incómodo y sórdido realismo anexo al cine documental que desglosó Hooper hace tres décadas. Y como lo paradójico de la legendaria película era su impronta de espectáculo alejado de la hemoglobina explícita, Nispel procura inspirarse en aquella pauta psicológica, pero cayendo sin embargo en mínimas concesiones a la mutilación, la sangre o la náusea explícita. Eso sí, acogiéndose en todo momento a los nuevas criterios del cine de terror. Tal vez se eche de menos al escalofriante “Leatherface” y el sonido de su motosierra en un final que evita el desasosiego de una persecución en campo abierto para jugar al escondite y servir en frío un doble final que hace evocar la sensación de la locura física y mental que dejaba como regusto su antecesora. A pesar de ello, esta La matanza de Texas (2004) es una muy divertida y digna muestra de cine de terror inscrito en el “gore” y que procura crear un halo de locura y demencia gracias a la anteriormente mencionada fotografía, su música minimalista compuesta de retorcidas y chirriantes notas musicales y sus extravagantes y enfermizos personajes. Una probidad que pierde algo de sentido por el abuso de las licencias concedidas al nuevo público pero que sorprende por su respeto por el original sabiendo adecuar su efectividad homogeneizando lo mejor del pasado y del presente de un subgénero que parece estar encontrando el buen camino para su esperada restauración fílmica.

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Hollywood sigue en su línea de pocas ideas recurriendo ya no a novelas o comics sino a películas ya hechas, como es este caso. Ya he dicho en alguna ocasión que no soy contrario a los remakes siempre que se hagan mejorando el original, y no me refiero a lo técnico, sino en general, en lo que se refiere a historia, personajes, estilo visual, etc. La matanza de Texas no es este caso.

En esta ocasión la película comienza con un narrador contando la atroz historia de Leatherface, el mítico asesino de la motosierra, y su enferma y paleta familia tejana (así uno entiende lo de Bush) junto a imágenes que simulan viejas grabaciones, periódicos y demás, para luego dar paso a la recreación de la historia, la película como tal.

En la nueva versión hay varias novedades, como el comienzo. Si en la primera los protagonistas se dirigían a Texas a ver si la tumba de unos familiares había sido objeto de una serie de profanaciones, en ésta, el grupo de amigos (entre los que no hay ningún parapléjico como en la primera) se dirige a un concierto de Lynird Skynird. En ambas películas recogen a un inquietante personaje en la carretera, si en el primer caso era un chalado que se rajaba la mano en pleno viaje, aquí se trata de una joven en estado de shock. En este momento empiezan los problemas, la chica se vuela los sesos con una pistola que llevaba escondida y hace que los cinco amigos (la chica buena y sensata, su novio macarra de buen corazón, el amigo listillo, el amigo cachas simplón y la chica salidilla) deciden buscar ayuda y llaman al sheriff desde un mugriento bar de carretera. Quedan con el sheriff en un viejo (y de nuevo mugriento) molino. Como no llega, dos de los chicos deciden ir a su casa, indicados por el típico niño deforme que hay en todos los pueblos. Evidentemente en la casa del sheriff todo se tuerce definitivamente y comenzará el verdadero terror para los protagonistas.

En general la película no presenta grandes variaciones respecto a la original, salvo en actualizar un poco a los jóvenes protagonistas y cambiar algunos personajes, pero la historia, como es lógico, es la misma. Los personajes, que presentan más relevancia que en la original, no dejan de ser meros estereotipos y resulta algo complicado llegar a identificarnos con alguno, aunque tampoco importa mucho, la sucesión de muertes ya nos irá diciendo a quien tenemos que seguir. A pesar de que los protagonistas son estos chavales el actor que se lleva la palma es R. Lee Ermey, que da vida al sheriff tarado y al que muchos recordarán por su papel del cruel Sargento Hartman en La chaqueta metálica (1987, Stanley Kubrick) y al que invito a ver en Willard (2003, Glen Morgan), una película muy recomendable. A “Leatherface, el gigantón asesino de la motosierra, le da vida Andrew Bryniarski, cuyo mejor papel es el del defensa metalero de Un domingo cualquiera (1999, Oliver Stone) y al que muchos recordaran como Zangief en esa basura que es la serie y videojuegos de Street Fighter.

Marcus Nispel, el director, que debuta con esta película en el mundo del largometraje, consigue solventar su tarea sin problemas pero sin aportar nada nuevo. Al igual que en la primera película, se pretende dotar del máximo realismo posible a la película y para ello se da mayor importancia a unos macabros y sucios escenarios mientras se huye todo lo posible de efectismos baratos, aunque si que nos encontraremos con el inevitable “bicho escondido que da un susto”. La película entretiene, inquieta lo suficiente, da un par de sustos y no abusa de la sangre. Pero al compararla con su predecesora de 1974, que a pesar de ser una película de culto tampoco es nada del otro jueves, pierde en intensidad. La película de Tobe Hooper conseguía mayor realismo y su primera mitad era mucho más inquietante con el autoestopista chalado y la primera aparición de Leatherface.

La película merece comentar también el interés que se pone en que Jessica Biel aparezca bien mojada para que en el caso de que la película no interese, al menos entretenga al público masculino de la sala, que tal y como dicen los productores es el público potencial de la película.

LA MATANZA DE TEXAS: EL ORIGEN (2006) (Precuela)

(Texas Chainsaw Massacre: The Beginning)

Director: Jonathan Liebesman. 2006. EE.UU. Color

Intérpretes: Jordana Brewster (Chrissie), Taylor Handley (Dean), Diora Baird (Bailey), Matthew Bomer (Eric), Lee Tergesen (Holden), R. Lee Ermey (sheriff Hoyt), Andrew Bryniarski (Thomas Hewitt /Cara de cuero), Terrence Evans (Monty), John Larroquette (voz del narrador)

Estamos en 1969. Ha estallado el conflicto en Vietnam. El efecto en Estados Unidos es catastrófico. Las pérdidas son innumerables y no dejan de repetir la llamada a filas para alimentar la máquina de la guerra. Y ahora le toca a Dean Hill (Taylor Handley), que acaba de cumplir 18 años. Pero antes de que Dean pueda acudir al centro de reclutamiento local, su hermano Eric (Matt Bomer), que acaba de regresar de Vietnam, decide darle una sorpresa. A pesar de la preocupación de su novia Chrissie (Jordana Brewster), Eric planea volver a alistarse en la Marina con el fin de vigilar a su hermano. Desgraciadamente, los planes de Dean no coinciden con los de Eric. Su estrategia para evitar la guerra es huir a México y para ello tiene todo el apoyo de su novia Bailey (Diora Baird), una chica de fuerte carácter. Pero antes de poner en marcha ningún plan, las dos parejas deciden ir a Texas para pasar un último fin de semana de diversión. Poco después de emprender el viaje tienen un enfrentamiento con dos moteros, Holden (Lee Tergesen) y su novia Alex (Cyia Batten). Alex persigue el jeep de los cuatro chicos y provoca un accidente en el que Chrissie sale despedida del vehículo. Mientras Alex intenta robar a los heridos, el Sheriff Hoyt (R. Lee Ermey) llega a la escena del accidente y da la vuelta a la situación. Escondida detrás de un arbusto, Chrissie ve cómo el sheriff obliga a sus amigos a montar en el coche de policía. Aunque ella no lo sabe, Hoyt se dirige a la casa de los Hewitt donde espera su sobrino Thomas, que está siendo entrenado para convertirse en el monstruo conocido como Leatherface, y el resto del clan. Cuando Chrissie ve el sufrimiento que la familia Hewitt inflige a sus queridos amigos se da cuenta de que ella es su única esperanza

Luego de años de antisépticas y predecibles cintas de supuesto terror dirigidas al público adolescente, hemos visto recientemente un renacimiento del violento cine gore que brillaba por su ausencia desde los ochentas. El rango de este subgénero del terror siempre ha variado bastante, y esta nueva cosecha no es la excepción, pues nos ha llevado desde el “gore” humorístico de Slither: La plaga (2006, James Gunn) hasta el cruel pseudo-snuff de Hostel
(2005, Eli Roth) y Hostel II (2007, Eli Roth) sin olvidar el resurgimiento de los violentos antihéroes, como vimos en Los renegados del diablo
(2005, Rob Zombie) Y aunque las cintas de este corte usualmente no son muy exitosas, su mera existencia muestra que hay un nicho de aficionados deseosos de ver estos sanguinolentos espectáculos. Yo soy uno de ellos, y por eso me abstendré de hacer un análisis sociológico de tal fenómeno. Pero sí diré que, al igual que ocurrió en los ochentas, la calidad de las películas disminuye considerablemente cuando no tienen otra cosa que ofrecer además de sangre y vísceras. Lo cual me lleva a La matanza de Texas: El origen (2006, Jonathan Liebesman).
Es ciertamente brutal, violenta y sangrienta, con excelentes efectos especiales; pero su tedioso ritmo y sus genéricos personajes la hacen aburrida y en general una decepción.

Aunque pretende mostrar el “origen” de la demencial familia Hewitt (cuyas atrocidades se mostraron en la previa cinta, que fue también un remake de la clásica joya de 1974), apenas aporta datos adicionales, la mayor parte durante los créditos iniciales. Entonces, la hora y media restante, se dedica a revisitar el clásico argumento que ya conocemos de memoria: un grupo de cuatro jóvenes viaja por Texas para festejar por última vez antes de que dos de ellos sean enviados a Vietnam. Entonces, un horrible accidente automovilístico los pone en contacto con el maniático sheriff Hoyt, quien los lleva a la siniestra granja de la que probablemente no saldrán con vida. Pero Chrissie (Jordana Brewster) logra evadir al psicópata policía y, en vez de huir, trata de liberar a sus amigos… De ahí en adelante, todo se desarrolla como esperamos: tortura, sangre y muertes. Nada innovador y nada, salvo los efectos, que pueda sostener el interés del espectador digamos “normal”.

Bueno, sin duda está la guapa Jordana Brewster afrontando valientemente su papel de “chica final” con mediana convicción; pero su comportamiento es tan predecible y absurdo que rápidamente se vuelve aburrido. El resto del elenco es genérico e intrascendente, funcionando sólo como víctimas de las periódicas torturas que el director Jonathan Liebesman emplea en lugar de drama. No niego que la situación de los jóvenes sea dramática y desesperada… pero el modo tan arbitrario e incoherente como se presenta no logra que la propuesta sea interesante. La excepción, desde luego, es R. Lee Ermey como el demencial patriarca de la familia Hewitt. Su actuación es ciertamente exagerada y frenética, pero sólo en esos momentos la cinta presenta señales de vida. Por lo demás es un simple desfile de escenas intercambiables, ocasionalmente adornadas con sangrientos efectos especiales.

Dentro de todo, y a pesar de todas esas quejas, creo que La matanza de Texas: El origen es mejor que la cinta previa, La matanza de Texas (2004, Tobe Hooper) aunque sólo sea por el agregado “gore” y por la extendida presencia de R. Lee Ermey. Sin embargo, eso no la hace una buena película. Sólo puede serlo para los aficionados al cine “gore” .

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Asistimos imperturbables a la tendencia actual, por no llamarlo impúdicamente moda, de recurrir a la actualización de grandes películas de otros tiempos más felices para hacer así aflojar el bolsillo tanto a generaciones enteras de adolescentes como de otros que no lo son tanto, cuya memoria histórico cinematográfica (que no cinéfila) no existe en el primero de los casos o es directamente auto despreciada en el caso de los más talluditos. Repudiada la vertiente, explotada al máximo a partir del inicio de los años ochenta, de la producción de segundas, terceras y cuartas partes de grandes éxitos de taquilla, quemando así todas las posibilidades de aprovechar el nombre y la estela del hit originario, la industria, americana para más señas, opta ahora por una nueva vuelta de tuerca que ayude a mantener el negocio mediante la supuesta revisión de películas de contrastada valía.

Lo que se está haciendo con el nuevo clásico que sin duda es La matanza de Texas (1974, Tobe Hooper) es ya el colmo, dando vueltas una y otra vez a la misma idea con secuelas, postsecuelas y remakes, aportando como último tirabuzón esta pretendida precuela del “remake” que fue La Matanza de Texas (2003, Marcus Nispel). Este trabalenguas nos trae como conclusión lo que no es otra cosa que una actualización de la película originaria de Hooper, maquillada convenientemente como otro momento distinto de la misma historia, no obstante adaptada a los tiempos que corren y a lo que es capaz de asimilar la audiencia actual. Todo como un reflejo más de la incapacidad o desinterés de la industria y de sus industriosos artesanos para buscar nuevas fuentes de ideas con las que renovar el panorama de la imaginación y la fantasía en el cine, seguramente porque no es ese precisamente su principal interés. Así, un prólogo explicativo nos refiere a los orígenes de la familia de tarados, donde parece culparse de la degeneración que sufren sus mentes a motivos económicos y al maltrato social que “Leatherface” sufrió en su infancia por sus compañeros. Tras esto no hay nada más que la misma historia original con anecdóticas variantes argumentales.

Una vez dicho esto y descontextualizando la película del marco expuesto con anterioridad, es necesario decir que como objeto de consumo que es y considerándola como únicamente eso, cumple con creces sus objetivos. Promete asustar y lo consigue. Lo que la película de Hooper alcanzaba, donde dicho sea de paso no se ve ni una sola gota de sangre, era que el espectador imaginara lo que no era mostrado, no mediante la sugerencia sino mediante la directa ocultación de las imágenes. Sin embargo, aquí los detalles se muestran en todo su sanguinolento esplendor, no obstante con huidizos o sombreados planos que reflejan las heridas, cortes, amputaciones y demás truculencias, siempre sin que confundamos esto con la explicitud visual bajo luces fluorescentes del “gore” italiano a lo Lucio Fulci. La película mantiene la tensión, no se hace pesada pese a que nada aporta en novedades, a lo que ayuda mucho su prudente corta duración a la cual ya no estamos acostumbrados. Los personajes siguen siendo planos, a pesar de querérseles endosar conflictos pseudo patrióticos relacionados con la guerra de Vietnam. A diferencia de la película de Hooper, aquí si se hace uso del humor negro, siempre en la boca de R. Lee Ermey que, suplantando la figura de un sheriff, incluso se permite el lujo de hacer referencia a su sargento Hartman de La chaqueta metálica (1987, Stanley Kubrick) y sus duros métodos de entrenamiento de marines, como si de una extensión sádica de aquel se tratara.

Su director, Jonathan Liebesman, cuyo único largometraje anterior es la entretenida En la oscuridad (2003), demuestra, por segunda vez, buenas dotes para el género, siempre dentro de la más escrupulosa comercialidad bien entendida, siguiendo un camino que, aunque todavía corto, parece querer dar con firmes pasos, manteniendo la sordidez e incomodidad que ostentaba La matanza
de Texas de Hooper.

El cine puede ser entendido tanto como arte como el objeto de consumo que también es. Para el cinéfilo nada aporta esta película, pero no sólo de cinefilia vive el hombre y la existencia de millones de espectadores, para los que una película no es más que un entretenimiento sin más, justifican y merecen que se les trate honestamente, ofreciéndoles al menos lo que buscan, sin engaños. Decenas de películas pergeñadas por la industria americana en los últimos años sólo consiguen defraudar al espectador en su aspecto puramente lúdico, si se me permite en el peor sentido del término. Este no es el caso.


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