KING KONG el simio más fotogénico del mundo vuelve a las pantallas de cine más de 70 años después de que se encaramara por primera vez al Empire State Building. Pero los grandes monstruos y animales de todo tipo llevan años poblando las salas de cine de todo el planeta, primero en blanco y negro y con torpes movimientos, luego mucho más sofisticados y creíbles. Éstos son algunos de los ‘bichos’ más carismáticos de la gran pantalla.
GODZILLA. El primer ejemplar de esta especie prehistórica que lleva años haciendo temblar y reír a la vez a la gente nación en Japón en 1956. Allí vio la luz Godzilla, un ser mutante con sorprendentes poderes que había sobrevivido miles de años bajo el mar hasta que una explosión atómica le saca de su placentero letargo. Desde entonces no ha descansado ni un minuto. Sólo en el cine se ha podido ver a Godzilla en 45 películas, la mayoría de ellas japonesas de serie B, aunque algunos títulos han sido incluidos en la categoría de los clásicos de la ciencia-ficción, como la que en 1962 enfrentó al monstruo marino con nuestro protagonista de la semana, el gigantesco King
T-REX. Tuvo que ser Steven Spielberg, el Rey Midas de la industria del cine, quien se decidiera a llevar a la gran pantalla uno de los bichos más malvados de la historia del cine: el Tiranosaurius Rex. La tecnología digital permitió devolver a la vida a estas pavorosas criaturas -los dinosaurios- como nunca antes se habían visto en la pantalla. Nada de animaciones fotograma a fotograma, ni maquetas. A Spielberg le van los retos grandes, y para su bicho enorme nada mejor que un gigantesco animatronics, un robot capaz de poner los vellos de punta incluso durante el rodaje. Así resulta creíble que los malvados bichos corran, maten y hasta parezcan inteligentes y simpáticos en la pantalla. (Foto: Universal Pictures.
TIBURí“N. La vida de millones de balistas de todo el mundo no ha sido la misma desde 1975. Ese año, un jovencito Steven Spielberg decidió convertir a uno de los animales más bellos de los océanos en el más temible de los asesinos. El tiburón, al que costó esconder los tornillos que daban ‘vida’ al monstruo, dio para hasta tres secuelas y más de una treintena de películas sobre estos bichos, con mejores o peores resultados. Algunos de los escualos, como el de Deep Blue Sea, eran de un tamaño equivalente al de una ballena, en otros como en Open Water, los tiburones eran reales como la vida misma. Es lo que tiene contar con escaso presupuesto, que cuesta menos grabar bichos de verdad que construirlos o animarlos por ordenador
ALIEN. El más aterrador de todos los extraterrestres nació en 1979 de la mente de Ridley Scott y sobre todo de Moebius, que se encargó de ‘parir’ un bicho baboso y con unas entrañas similares a las de un pulpo que acaba maquiavélicamente con la vida de casi todos los tripulantes del Nostromo. La idea de que el alienígena fuera además capaz de incubarse en humanos y ‘nacer’ de la forma más truculenta y sangrienta imaginable siempre añade un plus al animalito en cuestión. Menos mal que siempre nos quedará la teniente Ripley
LA CRIATURA DE LA LAGUNA NEGRA. En lo más profundo del río Amazonas vivía esta extraña criatura prehistórica, mezcla entre anfibio y hombre con una garras poderosas y muy afiladas y que se sentía poderosamente atraído por las jovencitas en bañador. La tranquilidad del bicho en sus dominios acaba cuando una expedición se adentra en sus dominios. Con ellos viaja una joven que enamora al monstruo y le obliga a salir del anonimato. En 1954 los efectos especiales no daban para mucho, y el aspecto de la criatura eramucho más peculiar que terrorífico.
LA MOSCA. Lo de dejar los experimentos científicos en manos inexpertas puede tener graves consecuencias. Que se lo pregunten a Seth Brundle, ese tipo que, mientras investiga la transmigración de la materia, fusiona por error el ADN de una mosca con el suyo propio. Imaginen el resultado. Una de las metamorfosis más espectaculares del cine de la década de los ochenta para sacar a la luz una gigantesca mosca de ojos saltones y pelo en espalda.
MONSTRUOS VARIADOS. La carrera nuclear desatada en los cincuenta y sesenta en todo el planeta arrastró al celuloide bichos de lo más curioso. Abejas asesinas, pulpos gigantes, babosas infectas, hormigas anarquistas, tarántulas gigantes… Todos ellos forman parte de la serie Z más convencional, un género que en los últimos años se ha tratado de recuperar para convertir en superproducciones lo que no dejaron de ser proyectos personales con escaso presupuesto.







