

(Salt Lake City, Utah, 23 abril 1893 – Hollywood, 19 junio 1962)


Empieza a cursar estudios en Salt Lake City, pero los deja cuando empieza a trabajar en la mina de “Silver King”. Quiere obtener dinero para debutar en el teatro.
En 1907 trabaja en el teatro en Phoenix, Arizona, interpretando “El prisionero de Zenda”. En 1911, Thomas H. Ince lo contrata como actor, y en 1916 debuta como director. En 1928 consiguió ser el primer director que obtuvo el Oscar destinado al mejor director, gracias a su película El séptimo cielo. A lo largo de su carrera se especializó en el melodrama, del que fue uno de sus más consumados especialistas.
Borzage puso pinceladas de poesía y ternura en las películas que protagonizó la “pareja ideal” formada por Janet Gaynor y Charles Farrell (1927, El séptimo cielo), una de las grandes creaciones del cine mudo), así como en la que reveló a Loretta Young y Spencer Tracy (1933, Fueros humanos), su obra maestra.
En 1962 falleció en Hollywood debido a un cáncer, y está enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale, California.

Frank Borzage consiguió el primer Oscar que otorgaba la
Academia (1927-28) como “Mejor Director” por El séptimo cielo.
En la fotografía está junto a la actriz Janet Gaynor,
que consiguió el de “Mejor actriz” por
Amanecer, El ángel de la calle y El séptimo cielo.
9 de Mayo de 2005
El Festival de Cine de San Sebastián siempre presta gran atención a sus retrospectivas. Para el aficionado al cine, tienen igual valor que el que pueden tener las secciones más famosas del certamen internacional Donostiarra, como la Sección Oficial o el Zabaltegui. No pasan desapercibidas. Dan al festival el ingrediente verdadero que hace de él lo que es: una fiesta del cine. La presencia de actores, las idas y venidas de directores e intérpretes en los ‘Mercedes’ oficiales de la organización, el glamur o la firma de autógrafos en el ‘Maria Cristina’ son sólo la apariencia exterior del Festival de Cine de San Sebastián.
El corazón está en las películas y, para nosotros, tanto más en las retrospectivas y los ciclos temáticos como en las recientes obras que se presentan a concurso. La ‘Zona Cine’ de ‘Pop Thing’, especializada en cine clásico, acudió a la edición número 49 del festival (septiembre de 2001) con la mirada puesta en la excelente retrospectiva del gran director norteamericano Frank Borzage. Y aquí está el relato de todo lo visto por el enviado especial de la ‘ZonaCine’ de ‘Pop Thing, nuestro experto particular, Miguel Valpuesta, que, bolsa del festival en ristre y con la acreditación al cuello, recorrió todas las salas en un periplo que no admitía descanso. Que queden expresadas las gracias a Begoña Sanz Ochoa, colaboradora de esta web, sin cuya inapreciable ayuda hubiese sido imposible abarcar tanto talento, tanta magia, tanto cine.
Un poco de biografía
Frank Borzage nació el 23 de abril de 1893, en Salt Lake City (UTA), en el seno de una familia de origen italiano y de muy escasos recursos. Según los historiadores cinematográficos Hal Erickson y Bruce Eder, Borzage sólo estudió la enseñanza primaria, hasta los trece o los catorce años. Después se puso a trabajar en una mina de plata, para ayudar a incrementar los magros ingresos familiares. El trabajo duró poco, porque Frank se fugó de la mina para unirse a una compañía teatral itinerante, en la que ocupó el puesto de chico para todo y ayudante de escenario antes de que se le permitiera interpretar su primer papel como chico de reparto (una especie de corista masculino) y, posteriormente, como actor. Franz Borzage tenía entonces quince años.
Estamos ya en 1912 y es entonces cuando le llega a Frank la oportunidad de saltar al cine: el director Thomas Harper Ince, impresionado por su aspecto atractivo y su pelo rizado, le contrata para interpretar papeles secundarios en las películas mudas de vaqueros que rodaba para la Independent Motion Picture Company desde 1910. Ince estaba creando por entonces un nuevo sistema de trabajo para filmar películas, que pasaba por organizar el trabajo, escribir cuidadosamente las escenas y planificar la filmación, de forma que si varias escenas se podían filmar a un tiempo, se filmaban. Este método, común hoy en día, supuso una revolución entonces. Borzage pronto se graduó en la materia y comenzó a dirigir en el recién inaugurado Inceville, el primer gran estudio de Ince, lo cual resultaba muy conveniente a éste, ya que por un mismo salario, tenía un actor y un director. En 1915-1916, después de haber actuado y dirigido para Ince y después también de haber actuado para la Mutual Film Corporation, Frank se convierte definitivamente en director en los estudios Universal, pero desde ese año hasta 1920, también trabaja para la American Film Corporation, la Triangle Film Corporation y la ‘Cosmopolitan Productions’, casi siempre dirigiendo westerns (en los que incluso actúa en más de una ocasión) y melodramas. Desde 1916 a 1920, Borzage realizó 31 películas mudas (y lo seguiría haciendo hasta 1927, con la llegada del cine sonoro). La “etapa muda” de Borzage aportó un ingrediente esencial para su futuro como director: el descubrimiento del melodrama romántico. De ahí es de donde partió Frank Borzage para definirse posteriormente como un director de renombre, casi único en su género (Una curiosidad: aunque Seventh Heaven, de 1927 y ganadora de tres Oscars, fue su primera película sonora, como indica con acierto en la documentación entregada por la organización del Festival y el crítico Augusto Torres, los historiadores Erickson y Eder insisten en que el filme era mudo en su concepción y en su versión inicial).
En 1925, Borzage inicia su relación con los estudios Fox (los antecesores de la 20th Century Fox) con los que mantendría una cierta colaboración estable hasta 1937, excepción hecha de puntuales trabajos para la Warner, la Paramount (con la que hizo la primera versión de Adiós a las armas) la Columbia y para productoras independientes como la Pickford Company Productions. En estos años, Frank Borzage cimenta definitivamente su estilo como realizador de tiernas historias de amor, con el sello conservador y cotidiano de la Fox, en las que los sentimientos son capaces de sobreponerse a las circunstancias adversas de la vida. Su propuesta va más allá del melodrama, lo supera en estilo y en gusto. Y deja entrever el realismo del mundo exterior, que, para el amor como tal, resulta extraño y hostil. Borzage no es almibarado. Sus películas son, con frecuencia, chispeantes y llenas de vida. Borzage es un clásico, uno de los grandes directores del cine norteamericano. El mejor periodo de su filmografía abarca precisamente estos años, de 1927 a 1940, con otro Oscar al Mejor Director en 1931, con Bad Girl. La carrera de Borzage en esa época corrió paralela, en cierta manera, a la del realizador Mitchell Leisen, que también dirigía con frecuencia películas románticas, aunque más elaboradas y más tendentes a la comedia (Leisen, por cierto, fue objeto de otra retrospectiva en el Festival de Cine de San Sebastián hace pocos años).

Borzage, ya consagrado, fue contratado por la Metro Goldwyn Mayer en 1937. La MGM era otra cosa muy diferente a la vieja Fox (desaparecida en 1935 al crearse la 20th Century Fox). Era un gran estudio, tenía muchos más medios, las producciones resultaban más lujosas… pero también el ambiente de trabajo era distinto. Los ejecutivos de la Metro (en especial, Mayer) controlaban muy de cerca la filmación de cada película y el trabajo de los directores y actores. Frank Borzage notó el cambio. Aunque siguió con su particular impronta y dirigió películas que hoy se citan como clásicas de la MGM (Mannequin, de 1937, Three Comrades, de 1938 y Strange Cargo, de 1940) los estudios le obligaron a rodar filmes musicales que él no deseaba hacer. En torno al año 1943, Borzage se aleja de la MGM. Hasta 1948 deambula por varios estudios (Universal, RKO, United Artists…) y dirige otras 7 películas, pero su momento había pasado, aunque nunca dejó de ser un gran director, incluso cuando lo que dirigía en esos días no era en su conjunto una gran obra.

Borzage se retiró del cine, a efectos prácticos, en 1948, debido a problemas personales. En 1958 hizo China Doll, una película de guerra sin mayor interés, y en 1959 firmó The Big Fisherman, un deslustrado drama épico-religioso sobre la vida de San Pedro. En 1961, algunas fuentes indican que codirigió la producción franco-italiana Journey Beneath The Desert, una película de ciencia ficción en la que intervenían Jean Louis Trintignant y Gian Maria Volonté.
Sea como fuese, en 1962, con 69 años, Frank Borzage murió, siendo uno de los mejores directores del cine norteamericano, pero sin haber obtenido tal reconocimiento. Gracias a que existen los festivales de cine, y gracias a retrospectivas como la que comentamos, el valor de Borzage debe ser revisado y colocado en su verdadera cota, por el bien de todos los aficionados al cine.
La filmografía de Borzage programada en la 49 edición del Festival de San Sebastián

Frank Borzage filmó entre 88 y 91 películas, según a diversas fuentes. De todas ellas, el Festival seleccionó 42, 9 de las cuales correspondían a la etapa muda de Borzage. La muestra fue excelente, tanto por la cantidad (casi la mitad de toda la obra del director) como por la calidad (no faltó ni un solo clásico de Borzage). La Filmoteca Nacional colaboró, como es costumbre, en la organización de la retrospectiva.
Hoy estamos poco acostumbrados a ver cine mudo, y no es sólo por la falta de sonido, sino por su factura: sus formas nos quedan muy lejanas. Aún así, es fascinante ver esta clase de películas en salas cinematográficas.
The Pitch O’Chance (1915) fue la primera de la retrospectiva, poco más de 26 minutos de western mudo, con Borzage como director, guionista y actor principal en una historia de vaqueros con casi todos los elementos del género: partidas de cartas, duelos a revolver y un toque sentimental intenso. Esta película no aparece en las filmografías de Frank Borzage, que dan como año de inicio 1916, por lo que fue para nosotros una verdadera sorpresa. Entre ésta y la siguiente que figuraba en programa, Borzage filmó otras once películas mudas, con lo que Nugget Jim’s Pardner a.k.a ‘The Calibre Of Men (1916) era la decimotercera en su carrera (!y sólo tenía 23 años!). Esta vez, los 26 minutos de duración (dos bobinas) también muestran el aspecto más polifacético de Borzage, porque otra vez dirige, escribe el guión e interpreta al protagonista de este melodrama en el que parecen mezclarse por vez primera el estilo del pasado y lo que sería el estilo futuro de Frank Borzage: aquí hay trazas de western (buscadores de oro), hay melodrama y hay un amor que es más fuerte que el dinero y la fortuna, porque Hal (el protagonista) encuentra una familia que le acoge, lejos de su verdadero padre, un acaudalado hombre de negocios que le ofrece prosperidad y fortuna, pero poco amor. Until They Get Me (1918) fue filmada en diciembre de 1917 y estrenada en 1918. En esta película, Borzage ya no actúa ni se ocupa del guión, aunque sigue centrándose en el ‘western’ (un miembro de la Policía Montada del Canadá persigue contra viento y marea a un criminal) y sigue añadiéndole las precisas gotas de la “Fórmula Sentimental Borzage” (el criminal ama a su hijo recién nacido y trata de estar en contacto con él, pese a las incontables dificultades). En Until They Get Me, el director contó con Jack Curtis (un actor multigénero con el que volvería a trabajar en 1946), Joe King (que haría unas pocas películas antes de triunfar dedicándose al vestuario varias décadas después, en películas como √âxodo, El juicio de Nuremberg y otras) y Pauline Starke (una joven actriz que mantuvo una carrera estable hasta 1930).
Frank Borzage rodó otras catorce películas mudas en el lapso que va desde Until They Get Me (1918) a Humoresque (1920), la cuarta producción que nos ofreció la retrospectiva del Festival. Con Humoresque, Borzage dirigió su película número 32, con lo cual había filmado ya más de un tercio de su obra. Ya no participaba como actor en sus realizaciones, centrándose en su labor como director. Humoresque (la historia de una familia judía en el Nueva York de finales del XIX) es destacada por los críticos y efectivamente destaca por su historia, adaptada de una novela de Fannie Hurst que volvería a ser utilizada en una segunda versión de Humoresque, filmada en 1946 por Jean Negulesco, con Joan Crawford y John Garfield. Curiosamente, Gardfield provenía, en la vida real, del Lower East Side de Nueva York, el lugar en el que la escritora Hurst situaba la acción de su novela).
Después de Humoresque, quedaban todavía 8 películas de la etapa muda de Borzage en la programación de la retrospectiva, probablemente las mejores, porque el talento del director alcanzó su máximo a caballo entre el cine mudo y el comienzo del sonoro, para mantenerse a ese nivel a lo largo de los años 30. De cualquier manera, la forma y el estilo del ‘Borzage mudo’ ya habían quedado bien definidos para esas alturas de la retrospectiva, y las películas de esa etapa que nos restaban por ver sólo iban a ser confirmaciones de esto. Así pues, proyectaron Secrets (1924, producida por el propio Frank Borzage), un drama muy apropiado para la atractiva protagonista y coproductora Norma Talmadge, que estaba encasillada en ese tipo de papeles (hasta que el cine sonoro destapó su barriobajero acento de Brooklyn y terminó con el glamur), The Lady (1924), en la que se repite el equipo Borzage/Talmadge y que da como resultado otro melodrama lacrimógeno, pero siempre con el amor triunfante (en este caso, amor materno-filial) como fondo del argumento, Daddy’s Gone A-Hunting (1925) otro drama, esta vez sirviendo de escaparate a la entonces popularísima Alice Joyce, a la que el público llamaba “la Madonna de la pantalla”, Lazybones (1925) la primera película de Borzage para la Fox, otro drama romántico que contó con un delicado guión de Frances Marion (futura guionista principal de la MGM durante la década de los 30 y habitual de Borzage desde Humoresque) en el que, por una vez, el amor del protagonista no puede hacer nada contra los convencionalismos sociales, The First Year (1926), una comedia, con la pareja estrella de la Fox (Janet Gaynor y Charles Farell) sobre los primeros meses de vida matrimonial de una pareja, con guión adaptado por Marion a partir de una exitosa obra teatral de Broadway del polifacético Frank Craven (la Fox hizo una segunda versión en 1932, esa vez con sonido y dirigida por el interesante William Howard), Seventh Heaven (1927), que vuelve a presentar a Gaynor y a Farrell, esta vez en un contenido drama ambientado en el París de la I Guerra Mundial, premiado con los primeros Oscars de la historia (Mejor Actriz para Janet Gaynor, Mejor Director para Borzage y Mejor Guión Adaptado para Benjamín Glazer) y que contiene una de las más famosas “tomas de grúa” hechas por Borzage (la Fox volvió a hacer otra versión de la película en 1937), Street Angel (1927), estéticamente muy diferente a lo habitual en Frank Borzage (Hervé Dumont dice que es por la influencia de la UFA alemana), pero con la misma historia de pareja (otra vez Gaynor y Farell, con Oscar para la primera) que mezcla con mesura drama y romanticismo (da lo mismo que el argumento se centre en París o en un circo, como es el caso aquí, porque el fondo es siempre el mismo: el amor supera toda desgracia). Para finalizar la etapa muda de Borzage, la retrospectiva ofreció Lucky Star (1929), que es en sí misma un resumen del estilo del director (la Gran Guerra y sus secuelas aportan el componente dramático y la relación entre un ex-combatiente inválido y una joven granjera, con un tercero en discordia, añaden el importantísimo ingrediente romántico). Charles Farrell y Janet Gaynor repiten como protagonistas en este drama rural, en el que también se encuentra casi en estado puro el estilo de la Fox, nada sofisticado, provinciano en la mejor acepción de la palabra.
Y llegó la hora del cine sonoro en la retrospectiva de Frank Borzage. En realidad, ya se había colado una película sonora entre las mudas que nos ofreció la retrospectiva. Se trató de The River (1928), un filme fantasma, casi desconocido (no figura en muchas filmografías de su director), prohibido en su día por su contenido erótico y escasamente difundido. La copia que el Festival pudo mostrar estaba incompleta (y por eso lo que más llamaba la atención era el uso del sonido, del primer sistema de sonido del cine sonoro, desarrollado en exclusiva para la Fox por la General Electric y recién estrenado en 1927). Por lo demás, la etapa sonora de Frank Borzage puede darse por iniciada en 1929. Entre este año y finales de los años 30, Borzage iba a firmar sus mejores filmes.
They Had To See Paris (1929) es una divertida historia de nuevos ricos y también la primera película sonora de Will Rogers, el célebre actor cómico que representaba al americano corriente del medio rural, ingenioso y llano. La Fox lo contrató y las ganancias que obtuvo con sus películas fueron fabulosas. No fue excepción They Had To See Paris, que se convirtió en un éxito de taquilla, demostrando que a Borzage se le daban muy bien las comedias. Por su parte, Song of My Heart (1930) supone la vuelta al terreno dramático, esta vez ligado al musical, porque la película es poco más que un vehículo de exhibición para John Mc.Cormack como tenor. Hasta doce canciones llegó a cantar en la versión original de este filme, rodado en 70 milímetros y ambientado en Irlanda, del que al menos seis minutos se han perdido para siempre. La sorpresa es el estreno como actriz de una bella Maureen O’Sullivan de 19 años, recién descubierta por el propio Borzage en Dublín. Con Liliom (1930), Borzage parecía querer volver a experimentar, después de los éxitos comerciales. Es como si volviese la vista atrás hasta Street Girl (1927) y se propusiese hacer algo distinto. La historia es hermosa: un joven ladrón, que roba para mantener a su familia, se suicida al verse acorralado por la policía. Una vez en el Cielo, se le da la oportunidad de volver a la vida terrena si deja pasar diez años. Así lo hace, pero, para su desgracia, comprueba que ya nada es como antes y que su sitio ya no está entre los vivos. Charles Farell y Rose Hobart, recién llegada de los escenarios teatrales, poco pueden hacer para hacer llegar al público un argumento poco adecuado a la época. La SAF junto a la Fox Europa hicieron un remake de Liliom en 1935, con Charles Boyer, dirigida por Fritz Lang durante su breve estancia parisina, antes de embarcarse camino de Estados Unidos.
Con Bad Girl (1931), Frank Borzage termina su casi exclusiva labor para la Fox. El ideal romántico propio del estilo de Borzage no puede obviar la situación social y económica provocada en los Estados Unidos por la Gran Depresión, de manera que aunque volvemos a tener otra vez un argumento de tierno amor entre una modelo y un futuro tendero, esta vez la escasez y la falta de dinero también aparecen reflejadas. La actriz Sally Eilers (la más guapa del Hollywood de los años 30, según dicen) y el agradable y oscarizado James Dunn (que se estrenaba aquí en películas sonoras) dieron empaque a esta película de Borzage, más pegada a la realidad que de costumbre y merecedora de un Oscar al Mejor Director. Sería el segundo y último que obtuvo el protagonista de esta retrospectiva.
Desde 1931 a 1937, Frank Borzage fue uno de los directores más respetados y solicitados de Hollywood. En cada uno de estos años rodó, por regla general, tres largometrajes (de los que la retrospectiva siempre se ha cuidado de ofrecer al menos uno o dos). Pese a la estabilidad y éxito que la vieja ‘Fox’ le había ofrecido, y tal vez porque los reducidos presupuestos del estudio se le empezaban a quedar pequeños, Borzage comenzó en 1932 un deambular artístico entre la Paramount, la Columbia, la Universal y la Warner, estudios más sofisticados, más modernos o simplemente más poderosos que pavimentaron el camino que llevó al director a firmar, ya en 1937, con el mejor estudio de la época, la MGM. Pero cada cosa en su momento.

De vuelta en 1932, y siguiendo el orden de la retrospectiva del Festival, Frank dirigió A Farewell To Arms, la primera adaptación cinematográfica del Adiós a las armas de Hemingway, con un Gary Cooper que para entonces llevaba casi diez años como actor de primera línea. Parece ser que al novelista no le gustó en absoluto que Borzage se tomase ciertas libertades con el argumento para hacer que el soldado Frederic (Cooper) desertase no por el horror de la guerra, sino por amor a Catherine, la enfermera que le había atendido en un hospital de campaña. Tratándose de Frank Borzage, el giro romántico es tan atinado como delicadamente planteado. Secrets (1933) era un remake de la versión de 1924. Esta vez fue un desastre de taquilla y ocasionó la retirada de Mary Pickford, que no había logrado hacer una transición adecuada del cine mudo al sonoro. Sin embargo, las mejores escenas de la película (que, por lo demás, sigue la línea de la de 1924) están a cargo de la Pickford, especialmente las que narran la muerte del hijo de la joven pareja protagonista de la película, al ser atacada su diligencia por bandidos. Con A Man’s Castle (1933), Frank vuelve a terreno conocido para crear otro de sus clásicos románticos, en el que el desempleo, la pobreza y la miseria en un poblado de chabolas que crece junto al puente de Brooklyn no afectan a un amor casi mágico que lo hace todo soportable para Bill (un Spencer Tracy todavía encasillado en papeles de tipo duro) y Trina (interpretada por Loretta Young en su etapa de agradable actriz decorativa). Y también existe controversia sobre la duración del largometraje: la versión presentada en San Sebastián era de 75 minutos, pero circulan copias de sólo 66.

Algo debía pasarle a Frank Borzage con la comercialidad de sus películas, porque como ya se está viendo, después de obtener algunos éxitos taquilleros solía dirigir alguna obra que se saliese de lo corriente y ése fue el caso de No Greater Glory (1934), adaptada del libro “The Paul Street Boys” de Ferenc Molnar y que es una denuncia del militarismo y la guerra contada a través de las andanzas de dos pandillas de chavales de Budapest que juegan a soldados en sus horas extra escolares. Aunque obtuvo varias nominaciones y un premio para Borzage en el Festival de Cine de Venecia de 1935, no puede decirse que Hombres de mañana (que fue su título en castellano) destaque especialmente en la filmografía del director. No fue así con What Now, Little Man (1934), en la que Frank Borzage volvió a su estilo romántico para relatar una historia tan real y cotidiana como es la de las estrecheces de un matrimonio en la Alemania posterior a la I Guerra Mundial. Borzage tenía tan trabajado su estilo que sus mejores clásicos (como esta película) le salían sin esfuerzo. Por cierto que Margaret Sullavan hacía aquí su segunda intervención en el cine (tenía un estupendo contrato desde 1933). La actriz volvería a ser dirigida por Frank en (al menos) otras tres ocasiones, a lo largo de sus diez años de carrera.
Living On Velvet (1935) no pasa del aprobado para la crítica establecida, aunque al enviado de la “Zona Cine” de Pop Thing le gustó el romance dramático entre un acomodado aviador trastornado por un accidente (George Brent, el galán “para todo uso” de la Warner) y la inevitable chica de clase alta a la que Kay Francis incorporaba con naturalidad. Por supuesto, todo acaba bien gracias a las desinteresadas gestiones de un amigo común (el elegante Warren William, un secundario de lujo) que salva los problemas y une a la pareja definitivamente. Otra puntuación muy diferente obtiene Desire (1936), producida por Ernst Lubitsch y que es en realidad una colaboración Borzage-Lubitsch, un sofisticado producto de lujo y romance europeo que involucra a una ladrona de joyas (Marlene Dietrich, que simboliza la vida de altos vuelos del continente) y un ingeniero – diseñador de coches de Detroit que está de vacaciones en Francia (Gary Cooper, el norteamericano poco sofisticado y práctico que no puede evitar enamorarse de la ladrona). Curiosamente, parte de la acción transcurre en un San Sebastián un tanto ficticio, eso sí. El toque Lubitsch para la comedia y el estilo Borzage para el romance dieron como resultado una película única, de manera que puede decirse que Frank Borzage alcanza su cenit creativo aquí.

Poco antes de firmar el lucrativo contrato con la MG al que ya nos hemos referido, Frank Borzage rodó Green Light (1937) para la Warner a través de la Cosmopolitan Productions/First National. El protagonista, Erroll Flynn, quería una película seria, que no tuviese que ver con los productos de capa y espada a los que el público le asociaba. Para ello, se adaptó una novela de Lloyd. C. Douglas que narraba el sacrificio profesional de un joven cirujano que asume el error de un colega en una operación y es despedido como culpable de un hecho que no había cometido. Dedicado a partir de ahí a probar en sí mismo los efectos de varias vacunas en desarrollo, el joven Newell Paige (Flynn) sólo es socorrido y apoyado por su enamorada, la enfermera Dexter (interpretada por Anita Louise). El tono moral y religioso de la novela de Douglas, en cierto sentido no muy lejanos de las ideas que sobre la vida y el romance mantenía Borzage, no sentaron demasiado bien a la imagen de Erroll Flynn: la película obtuvo una acogida sólo aceptable (no fue un gran éxito de taquilla) y Flynn decidió volver a coger su espada para su siguiente proyecto. En cuanto a Frank, su próxima obra fue la última antes de embarcarse en su carrera en la MGM. Rodada también en 1937, History Is Made At Night sí logró el acuerdo favorable de crítica y público. Contó con la presencia de dos grandes actores, cosa nada infrecuente en las películas de Borzage: Charles Boyer y la difícil Jean Arthur, con la que resultaba muy complicado filmar, debido a su temperamento nervioso y excitable. A pesar de eso, las interpretaciones de los dos son estupendas. El guión (un tanto endeble: algunos críticos dicen que fue hecho a base de remiendos y parches) fue salvado por el romanticismo de Borzage y la radiante fotografía de Gregg Toland. La historia de una rica esposa a la fuga que se enamora de un jefe de camareros mientras es perseguida por su ex-marido sólo podía evitar caer en el melodrama ridículo en manos de Borzage. Y así fue: la película es casi magnífica (con accidente marítimo incluido).
A finales de 1937 es cuando Frank Borzage se vincula contractualmente con la Metro Goldwyn Mayer. El estudio ofrecía aún más medios y presupuestos que los que Borzage había conocido en toda su carrera, pero también funcionaba de forma diferente, al ser controlado el producto final muy de cerca por supervisores y productores. La MGM de aquellos días trabajaba como una factoría y trataba a los directores como empleados que debían sujetarse a las decisiones de los mandos superiores. Frank nunca estuvo a su gusto en la Metro. Su estancia en el estudio sólo duró seis años y marcó el inicio del declive del director. Aunque hizo muy buenas películas para la MGM, también se le obligó a trabajar en otras que no le interesaban nada. Así, de la etapa “MGM” destaca Big City (1937), con Spencer Tracy en el papel de un honesto taxista neoyorkino que se enfrenta a las mafias que controlan las compañías de coches de alquiler y logra (con éxito) que una masa de ex-pugilistas se enfrente a los malos y, de paso, impidan la deportación de su mujer, inmigrante ilegal. Los melodramas ligeros ambientados en la ciudad se le daban bien a Borzage, no cabe duda. La ya entonces oscarizada Louise Rainer (coprotagonista del filme) aporta el glamur de ser la “nueva Greta Garbo” del momento.
Aunque el mejor momento de Borzage hubiese pasado ya, su obra del periodo 1938-1940 es muy recomendable. Mannequin (1938) reúne a Joan Crawford y a Spencer Tracy en un sentido melodrama de tinte social, en el que Jessy (Crawford) trata de escapar del Nueva York de barrio humilde en el que ha vivido siempre y lo logra gracias al naviero Hennessey (Tracy), después de un matrimonio fallido con el delincuente Eddie (Alan Curtis). Borzage volvió a utilizar aquí sus peculiares movimientos de cámara (con grúa incluida). Three Comrades (1938) fue todavía mejor. La película contó con Scott Fitzgerald para adaptar la novela de Erich Maria Remarque y obtuvo una nominación al Oscar a la Mejor Actriz para Margaret Sullavan y el premio a la mejor actriz del New York Film Critics Circle. Borzage tuvo una libertad casi absoluta para adecuar el filme a sus deseos y el resultado final es excelente. De nuevo estamos ante otra película con inquietudes sociales, que sitúa la acción en la inestable Alemania posterior a la Gran Guerra. Por supuesto, el amor y la penuria es lo que une a los tres camaradas: los tres son ex – combatientes, y los tres aman a una mujer enferma.

The Shining Hour (1938) es más rutinaria, aunque algunos críticos ven en ella más de lo que realmente parece ser. Repiten en el filme la Crawford (como Olivia, bailarina de club que decide abandonar esa vida y se casa con un rico hacendado), la Sullavan (como su cuñada) y hasta Robert “Three Comrades” Young (como David, marido de Judy). Por lo demás, aunque resultó bien en taquilla y fue un producto digno, la película no deja de ser un folletín que, con sus enfrentamientos familiares y las consiguientes alianzas y equilibrios, serviría de inspiración a una telenovela actual. Disputed Passage (1939) tampoco es especialmente destacable dentro del repertorio de Borzage. Con Dorothy Lamour como protagonista, en su año de más popularidad además, la película tuvo un gran éxito de público, pero Lamour no era entonces una gran actriz, sino una cantante con una imagen exótica que trataba de sacudirse de encima su encasillamiento. El enfrentamiento entre un joven científico y su mentor, que le desaconseja que siga a Audrey (Lamour) en su viaje a una China en guerra, no aporta mucho. Strange Cargo (1940) es extraña. Formalmente puede pasar por un melodrama que muestra la huida de un grupo de presos de un penal colonial francés. Pero entre ellos está alguien que se asemeja a un Jesucristo vuelto a la Tierra. Y por si esto no fuese bastante, Clark Gable y (de nuevo) Joan Crawford mantienen una tórrida relación en medio de todo lo mencionado. Una extraña mezcla de la que nos gustó Peter Lorre y poco más (ni siquiera la banda sonora del oscarizado Franz Waxman impresionó mucho).
Seguramente porque el material de partida (una novela de la escritora Phyllis Bottome) era mucho más inspirador, The Mortal Storm (1940) es con diferencia una película mucho mejor, en su conjunto, que las tres anteriores, y casi alcanza el nivel del mejor Borzage de finales de los 30. Con un magnífico plantel estelar (Jimmy Stewart, Margaret Sullavan, Robert Young, Frank Morgan y hasta el novato Robert Stack) e interpretaciones de alto nivel, el argumento narra el efecto de la llegada al poder de los nazis en la Alemania de 1933, mostrando las desuniones y dramas que provocó en las familias y en la sociedad de un pueblo de Bavaria y muy especialmente, en los vecinos de origen judío. El profesor Roth, de ascendencia judía, ve como su carrera se esfuma y como sus propios hijos varones apoyan al nacionalsocialismo. Freya Roth (Sullavan) hija del doctor, y Martín, su prometido (Stewart) se comportan con clarividencia y tratan de huir del país.
Con Smiling Through (1941) y Seven Sweethearts (1942), Borzage entró en conflicto con su estudio. Aunque Frank ya había dirigido musicales en otras fases de su carrera, no estaba interesado en rodar ninguno de estos dos y sólo lo hizo bajo la presión de los dirigentes de la Metro Goldwyn Mayer. Smiling… era un ‘remake’ de una primera versión de 1932. La idea no funcionó en 1941, principalmente porque Jeannette McDonald (una famosa actriz-cantante) estaba ya en claro declive después de casi diez años de repetir papeles similares. En 1942, la MGM la despidió. En cuanto a Seven…, con la debutante Kathryn Grayson, otra actriz-cantante recién descubierta por la MGM, la historia es similar: un Borzage desinteresado y otro musical al servicio de la sustituta de la expulsada McDonald. El director tuvo suficiente y dejó la MGM.
El resto de la carrera de Frank Borzage, entrados ya en los años 40, no tiene el interés ni el relieve artístico de su mejor época. His Butler’s Sister (1943,) es, extrañamente, otro musical anodino con trazos de comedia, en la que Deanna Durbin aporta la chispa. Till We Meet Again (1944) es una correcta película bélica ambientada en las vísperas del desembarco de Normandía, con Ray Milland en el papel de piloto derribado que porta una información trascendental y Barbara Britton en el de monja que ayuda al joven militar a cruzar la Francia ocupada y llegar a Gran Bretaña. Spanish Main (1945) implicó otro bandazo de Borzage en términos de género, lo que confirma su pérdida de momento artístico: esta vez filmó una entretenida película de piratas que poco o nada tenía que ver con su estilo. Sin embargo, es un placer ver a Paul Henreid y a Maureen O’Hara interpretando a la pareja protagonista. I’ve Always Loved You (1946) vuelve al camino del drama romántico, ambientado en el mundo de los intérpretes de música clásica. Sin embargo, la Republic, aunque en ascenso, no era un gran estudio como la MGM o los demás y mostraba todavía una clara tendencia a producir películas baratas y hechas a toda prisa. La obra de Borzage ha perdido tanto peso específico que, a estas alturas de su carrera, parece que lo más destacable es su utilización del color, cuando puede permitirse el lujo de usarlo. Moonrise (1948), aparentemente filmada para la Republic y nominada a un Oscar al Mejor Sonido, es otro producto menor en clave dramática en el que sólo sobresalen la malograda Gail Russell y ciertas novedosas técnicas de filmado que, para ser sinceros, Borzage ya había utilizado antes.
Para cuando llegan China Doll (1958) y The Big Fisherman (1959), Frank Borzage era una vieja gloria semi-retirada del cine que había conseguido el respeto de críticos y de jóvenes generaciones de cineastas. China Doll, una historia de amor y guerra con Victor Mature como actor principal, es tan floja que lo único mencionable es que Borzage la dirigió. En cuanto a The Big Fisherman, un filme religioso sobre la vida de San Pedro, con aires de superproducción, se puede decir que es un digno final a una carrera tan extensa como plena de éxitos. La película logró tres nominaciones al Oscar (Vestuario, Cinematografía y Dirección Artística) y se sigue con interés.
En todo caso, el regreso de maestro fue breve: alejado otra vez del cine, murió en 1962, dejando tras de sí un asombroso legado. La 49 edición del Festival de Cine de San Sebastián ha permitido revisarlo en profundidad, gracias a esta retrospectiva extensa y rigurosa. Frank Borzage, el director sensible y delicado que creyó en el amor como fuerza superior a la vida misma, vuelve a estar entre todos los que queremos al cine.
