
(Viena, -Austria-Hungría-, (hoy Austria) 27 abril 1907 – Londres, 14 marzo 1997)

Se cuenta que una vez, ya con un Oscar en su haber, Fred Zinnemann acababa de sentarse frente a un joven ejecutivo de Hollywood con quien había concertado una reunión, y el muchacho lo convidó a iniciar la charla. “Es bueno conocer los antecedentes de cada uno”, propuso, con una gentileza que no disimulaba su soberbia. “De acuerdo -repuso el realizador de A la hora señalada-. Usted primero.”
Porque era un caballero de aire apacible y modos elegantes, y había cimentado su autoridad como director de algunos clásicos del cine, prefirió la réplica ingeniosa en lugar de salir dando un portazo. Habría tenido por qué hacerlo: a lo largo de su carrera, había afirmado su fama de profundo conocedor del oficio, admirable director de actores y dueño de una rara habilidad para filtrar en sus obras -no importaba el género al que pertenecieran- algún provocativo dilema ético o moral.
Por algo se hizo acreedor a todos los premios, entre ellos tres estatuillas de la Academia de Hollywood como mejor director -por su corto That Mothers Might Live (1938) y por sus largometrajes De aquí a la eternidad (1953) y El hombre de dos reinos (1966)-, además del galardón de la Sociedad de Críticos de Nueva York, el D. W. Griffith del Sindicato de Directores y un especial reconocimiento a su trayectoria en el Festival de Berlín de 1994. Por algo también, más allá de los reparos que a veces haya merecido parte de su obra, sus títulos más famosos son considerados clásicos de Hollywood y aún siguen atrayendo a nuevos espectadores.
De Viena a Hollywood

Sin duda, Fred Zinnemann, de cuyo nacimiento se cumple ahora un siglo, fue uno de los directores más exitosos entre los muchos que emigraron o huyeron de Viena antes y durante la nazificación de Austria en los años treinta y dejaron su marca en el cine norteamericano. Sólo Billy Wilder lo superó en ese sentido, si bien había entre los restantes vieneses otros creadores que ocupan un lugar más destacado que Zinnemann en la historia como Fritz Lang, Erich von Stroheim, Josef von Sternberg o Edgar G. Ulmer.
Zinnemann era el cineasta de la responsabilidad individual y social: sus personajes luchan contra las presiones, externas o internas, para afirmarse en sus convicciones y asumir el propio yo, ya se trate de enfrentar la propia cobardía (como en Act of Violence, 1948); la limitación física (1950, Hombres); el temor y la duda (1952, A la hora señalada); la presión grupal (1953, De aquí a la eternidad), o la adicción (1957, El ansia perversa), por sólo citar algunos de sus títulos. Y fue precisamente gracias a los filme A la hora señalada y De aquí a la eternidad, dos grandes éxitos de público, que Zinnemann, hasta entonces poco reconocido (más allá del valor de filmes como La búsqueda , el primero que Hollywood rodó en la Alemania de posguerra), se convirtió en un director estrella, a la altura de los entonces muy cotizados William Wyler y George Stevens.

Nacido el 29 de abril de 1907, en una familia de sólida posición económica y buen nivel cultural, se inclinó primero por la música (estudió violín en la infancia) y más tarde hacia la abogacía, carrera que completó en la Universidad de Viena. Pero poco después, atraído por los filmes de Von Stroheim y King Vidor, abandonó las leyes y se fue a Berlín, y luego a París, para iniciarse en la fotografía e ingresar como asistente de cámara en el cine. Participó allí de alguna experiencia de vanguardia, como el documental Menschen am Sonntag (Gente en domingo), famoso todavía hoy por sus innovaciones y por los nombres involucrados en la realización: Robert Siodmak, Ulmer y Wilder.
En 1929 viajó a Hollywood, para aprender cine como editor y más tarde como asistente. Después de codirigir en México con Paul Strand y Emilio Gómez Muriel el film Redes , obra de gran vigor plástico acerca de una huelga de pescadores, realizó una serie de cortometrajes para la Metro, con uno de los cuales ganó su primer Oscar. Pero sólo debutó como realizador de largometrajes en 1942 con dos filmes menores, Kid Glove Killer y Eyes in the Night, y ganó nombre gracias a La séptima cruz (1944), filme que le valió a Hume Cronyn una candidatura al Oscar como actor secundario.
Fue ese el primero de la extensa nómina de actores que cosecharon triunfos con la guía de Zinnemann. Hay que recordar que él fue quien dirigió en sus debuts a Marlon Brando (Vivirás tu vida) y Meryl Streep (1977, Julia); que a sus órdenes, Julie Harris, Burt Lancaster, Deborah Kerr, Anthony Franciosa, Audrey Hepburn, Glynis Johns, Robert Shaw, Wendy Hiller, Jason Robards, Jane Fonda y Maximilian Schell, además del citado Cronyn, crearon personajes por los que fueron nominados al Oscar, y que fue de su mano como Gary Cooper, Ivan Jandl, Vanessa Redgrave, Jason Robards, Frank Sinatra, Donna Reed y Paul Scofield llegaron a conseguir el Oscar.
No hace falta apuntar que era especialmente cuidadoso y exigente en la interpretación, terreno en el que no aceptaba la injerencia de los productores. Tampoco negociaba aspectos que él considerara fundamentales en los filmes que dirigía.
Duramente criticada por los que después serían fundadores de la nouvelle vague francesa, la obra de Zinnemann -que abarca también, entre otros títulos- Oklahoma (1955), Historia de una monja (1959) Tres vidas errantes (1960) y El día del chacal (1977)-, ha merecido una justa revalorización en los últimos tiempos.
Tras dirigir a Sean Connery en Cinco días, un verano (1982), se retiró del cine. Diez años después, dio a conocer su autobiografía -A Life in the Movies-, donde ratificaba: “Siempre traté de ofrecer algo positivo a la audiencia, además de entretenerla, claro.” Probablemente, A la hora señalada, un western narrado casi en tiempo real, construido con el ritmo exacto para sostener el suspense y también una reflexión sobre la violencia y una alegoría sobre el clima de conformismo y falta de compromiso de la época del macartismo, siga siendo el mejor ejemplo de ese propósito.

Marlon Brando, Fred Zinneman y Monty Clift
Zinnemann nació en el seno de una familia judía en Viena, Austria. Durante su infancia en Austria, quería convertirse en músico, aunque luego estudió Derecho. Mientras estudiaba en la Universidad de Viena, trabajó como operador de cámara. Trabajó después en Alemania junto a otros principiantes, Billy Wilder y Robert Siodmak trabajando los tres en Los hombres del domingo, (1929) antes de migrar a los Estados Unidos para estudiar cine.
Uno de sus primeros trabajos en Hollywood sería como extra en Sin novedad en el frente (1930), aunque sería despedido de la producción por criticar al director del film, Lewis Milestone. Zinnemann se basó en el realismo para realizar su primer corto de ficción The Wave (1935), localizado en México por actores no profesionales. √âste sería uno de los primeros ejemplos del realismo que triunfaría en Italia después de la guerra.
Después de un cierto éxito con diferentes cortometrajes, se graduaría en 1942, dirigiendo dos películas de terror de serie B Eyes in the Night y Kid Glove Killer antes de darse a conocer con su primer éxito La séptima cruz (1944), protagonizado por Spencer Tracy. La película mostraba un mensaje antinazi, desarrollando la historia de siete hombres intentado escapar de un campo de concentración alemán y siendo acosados por la Gestapo.
Tras ser despedido del rodaje de El Reloj (1945) por diferencias con la actriz Judy Garland, -la película la terminaría Vincente Minnelli- realizó el melodrama Little Mister Jim (1946) y la comedia My brother talk to horses (1947), que fueron el preludio del título que lo convirtió en director de primera fila, Los ángeles perdidos (1948), drama bélico con tono casi de documental que sirvió para descubrir a Montgomery Clift. El director volvió a escoger auténticas localizaciones y extras del Berlín de la inmediata posguerra, en lugar de decorados de Hollywood.
En Hombres (1950), el director coincidió por primera vez con el guionista Carl Foreman y el productor Stanley Kramer, siempre interesados en conceder a sus trabajos una perspectiva y reflexión social. El film dio a conocer a uno de los mejores actores de su generación, Marlon Brando, quien encarnaba a un héroe parapléjico de la Segunda Guerra Mundial. Con este título, por el cual Foreman fue nominado al Oscar, Zinnemann exhibía su excelente tacto para definir sentimientos y psicologías. Fiel a su costumbre, filmaría muchas escenas en un hospital de California, junto a pacientes reales como extras.
En 1951, rodó Teresa (1951), un drama con Pier Angeli y John Ericson, el director ganaría su primer Oscar con el documental Benjy (1951), un corto narrado por Henry Fonda sobre un niño con graves problemas físicos desde su nacimiento.
Pero en 1952, realizaría quizás su trabajo más conocido Solo ante el peligro (1952). Con un examen psicológico y moral de un hombre de la ley, protagonizado por Gary Cooper, la alegoría política recuerda a la caza de brujas del macartismo. También destaca su innovadora cronología en la que el filme dura 80 minutos, exactamente lo que dura la cuenta hacia atrás antes del duelo final.

Al año siguiente, Zinnemann volvería a estar en boca de todos con De aquí a la eternidad (1953), situada en los días anteriores al ataque de la aviación japonesa a Pearl Harbor. Sería uno de los primeros papeles principales del, hasta entonces, crooner
Frank Sinatra, además de contar con un excelente reparto con Montgomery Clift, Burt Lancaster, Ernest Borgnine y Deborah Kerr. De aquí a la eternidad sería un éxito de taquilla, de crítica y también en la ceremonia de los Oscar, siendo la película la gran triunfadora de la noche, logrando Fred Zinnemann su primera estatuilla como mejor director.

Después de éste, llegarían otros éxitos como el musicalOklahoma! (1955), con Gloria Grahame, Gordon MacRae y Shirley Jones en su debut en el cine, Un sombrero lleno de lluvia (1957), estupendo drama sobre un adicto a las drogas encarnado por Don Murray, e Historia de una monja (1959), adaptación de la novela de Kathryn C. Hulme protagonizada por Audrey Hepburn.
En 1966, tuvo un resonante éxito con Un hombre para la eternidad, película histórica escrita por Robert Bolt y protagonizada por Paul Scofield en el papel de Tomás Moro. El film consiguió alzarse con el Oscar a la mejor película del año y Zinnemann alcanzaría su segundo Oscar al mejor director.
En la década de 1960, se incorporó a la producción cinematográfica. Su primer largometraje como productor fue Tres vidas errantes un drama ambientado en Australia protagonizado por Deborah Kerr, Robert Mitchum y Peter Ustinov y, posteriormente, Y llegó el día de la venganza (1964), con Gregory Peck y Anthony Quinn, donde se narra la vida de los maquis exiliados en Francia tras la Guerra Civil Española.

En la década de 1970 estrenaría el thriller político Chacal (1973), basado en la novela de Frederick Forsyth y protagonizado por Edward Fox, que centraba su trama en un complot para acabar con la vida de Charles de Gaulle; y Julia (1977), en el contexto de la II Guerra Mundial, narraba las vivencias de la escritora Lillian Hellman con su amiga Julia, excelentemente interpretadas por Jane Fonda y Vanessa Redgrave, quien lograría el Oscar como mejor actriz secundaria, al igual que Jason Robards en la categoría masculina. El director austríaco sería nominado en la categoría de mejor director, aunque el galardón se lo llevaría Woody Allen por Annie Hall.

El director se despediría del cine con Cinco días, un verano (1982), una de sus películas menos destacadas, aposentada en un triángulo amoroso ambientado en los Alpes en la década de 1930. El filme estaba interpretado por Sean Connery, Betsy Brantley y Lambert Wilson. Alejado de la pantalla grande, fallecería a la edad de 90 años el 14 de marzo de 1997 de un ataque al corazón en Londres.