Joseph Leo Mankiewicz

(Wilkes-Barre, Pensilvania, 11 febrero 1909 - Bedford, Nueva York, 5 febrero 1993)

Su padre se exilió de Alemania, llegando a los Estados Unidos como profesor en el New York City College.
El joven Joseph comenzó la carrera de medicina, en la rama de la psiquiatría, pero una baja puntuación en una asignatura le impidió terminar esos estudios. Sin embargo, en 1928 consiguió un diploma en la rama de Arte de la Universidad de Columbia. Una vez terminados los estudios, Joseph viajó a Berlín, donde trabajó como corresponsal del “Chicago Tribune” y donde empezó a aficionarse por el teatro y el cine (en aquellos momentos estaba en pleno apogeo la corriente expresionista del cine alemán). Su única aportación al cine alemán fue el de traductor de intertítulos para la productora UFA. En 1929, su hermano Herman le llama desde Hollywood, donde trabajaba como guionista, y dado que Joseph no se encontraba en su mejor momento económico, decidió aceptar la invitación de su hermano.
Los primeros pasos en el cine estadounidense los dio en los Estudios Paramount donde su labor fue secundaria y apenas sin relevancia profesional. Poco después y ya bajo contrato de la Metro-Goldwyn-Mayer, obtuvo su primer éxito profesional al colaborar en el guión del melodrama negro El enemigo público número uno (1934) dirigida por W.S. Van Dyke, película que consiguió el Oscar al mejor guión, aunque el premio fue concedido a Arthur Caesar, ya que fue quien firmó finalmente el guión. Pero aquel primer paso dio resultados positivos, que se consolidaron con otros dos guiones para el mismo director pensados como vehículos para el lucimiento de la actriz Joan Crawford, Cuando el diablo asoma (1934) y Vivo mi vida (1935).
Alentado por su ya exitoso despuntar, intentó que Louis B. Mayer le dejara dirigir sus propios guiones, pero Mayer sopesaba muy bien la valía de cada uno de sus empleados antes de embarcarlos en un proyecto diferente al que habitualmente desempeñaban. A pesar de que no cedió a sus intentos, sí que accedió no obstante a nombrarle productor, desempeñando muy notablemente este cargo entre 1935 y 1942, periodo durante el cual produce 19 filmes para MGM, entre los que destacan dos títulos: Furia (1936, Fritz Lang) un alegato contra la intolerancia y el racismo, en una lectura claramente política; e Historias de Filadelfia (1940, George Cukor), una comedia sobre la lucha de sexos.
Decepcionado por no poder dirigir sus propias películas, Mankiewicz dejó la MGM y se puso al servicio de la 20th Century Fox. En este estudio realizó su ópera prima como director, El castillo de Dragonwyck (1944), dirigiendo a la fascinante Gene Tierney con secundarios del calibre de Jessica Tandy o Vincent Price.

En 1947 logra otra obra maestra con la poética El fantasma y la señora Muir, con Gene Tierney, Rex Harrison y una Natalie Wood de ocho años, más una excelente fotografía de Charles Lang y una maravillosa música de Bernard Herrmann. En 1949 estrenó Carta a tres esposas, película con la que obtuvo dos premios Óscar, el de mejor guión adaptado y el de mejor dirección, y que cuenta con las interpretaciones de Kirk Douglas y Linda Darnell, en una historia tan innovadora como El crepúsculo de los dioses en cuanto a narrativa fílmica.
El éxito de esta película fue refrendado al año siguiente con su siguiente película, uno de los considerados clásicos del séptimo arte, Eva al desnudo (1950). Con esta película, Mankiewicz obtiene seis Oscar, entre ellos el de Mejor película, Mejor dirección y Mejor guión adaptado.

Hasta llegar a lo que Mankiewicz llamó su pesadilla, Cleopatra (1963), se sucedieron otras películas destacadas, como Operación Cicerón (1951), con James Mason y Dannielle Darrieux; Julio César (1952), con algunos de los mejores actores de la época en el reparto (Marlon Brando, James Mason, Deborah Kerr, Greer Carson o Louis Calhern); La condesa descalza (1954), con la mejor actuación de Ava Gardner hasta ese momento; Ellos y ellas (1955), el único musical que dirigió; o De repente, el último verano (1959), adaptación a la pantalla de una historia de Tennessee Williams.
Tras un desastroso prólogo en Londres, donde hubo que desechar todo el material filmado, en septiembre de 1961 se reinició en Roma el rodaje de la epopeya histórica basada en la vida de la reina egipcia Cleopatra, y cuyo rodaje se prolongó hasta 1963. Esta película supuso la primera vez que una actriz (Elizabeth Taylor) cobraba un millón de dólares por un trabajo cinematográfico, pero los desastres de toda índole que rodearon la preparación y el rodaje de este filme quebrantaron la salud de Mankiewicz, quien necesitó dos años para recuperarse. Pese a la espectacularidad de la película, la cinta decepcionó a crítica y público en su estreno, convirtiéndose en uno de los mayores desastres de taquilla de la historia.

En 1967 dirigió Mujeres en Venecia, película que fue recibida fríamente por la crítica y el público; en 1970 realizó su único western, El día de los tramposos; y en 1972 puso fin a su carrera cinematográfica filmando la adaptación de la obra teatral de Anthony Shaffer, La huella.

Licenciado en Historia del Arte y crítico teatral para el “New York Times” en Berlín, leyó hasta su muerte innumerables libros de psiquiatría, pero Mankiewicz es considerado sobre todo como un gran y culto guionista, experto en adaptaciones literarias (Graham Greene en El americano impasible, William Shakespeare en Julio César, Tennessee Williams en De repente, el último verano (1959) y Anthony Shaffner en La huella). Cuidaba la estructura de sus historias y la caracterización de sus personajes y era un gran director de actores, que llegaba al virtuosismo en los diálogos de sus filmes.

Centenario del director de “Eva al desnudo”
(11 febrero 1909/11 febrero 2009)
Pocos nombres dorados de la historia del cine pueden mantener su brillo después de: arruinar un estudio como la Fox con la faraónica Cleopatra (1963), recibir un escupitajo de los labios de Katharine Hepburn al acabar De repente, el último verano (1959), plantar cara a los paranoicos anticomunistas de la era McCarthy y enfrentarse a primeras plumas como Graham Greene o Francis Scott Fitzgerald. Pero hoy Josep Leo Mankiewicz cumpliría 100 años, y la prueba de que él lo ha logrado es que es recordado en la prensa y se han editado varios libros sobre su vida y obra.
Mankiewicz, el hombre de la industria que se encaró con dicha industria del cine, no jugó mal sus cartas. Aún hoy, nadie ha ganado dos Oscars al Mejor guión y a la Mejor dirección, como él hizo al inicio de los años 50 con Carta a tres esposas (1949) y Eva al desnudo (1950).
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