Luigi Comencini

Película estrenada entre Directores


(Saló, Brescia, 8 junio 1916 – Roma, 6 abril 1907)


Queda en la memoria de todos los cinéfilos su gran dí­ptico, compuesto por Pan, amor y fantasí­a y Pan, amor y celos; coprotagonizado por Vittorio De Sica y Gina Lollobrigida, daban vida respectivamente a un brigadier de los carabinieri y una hermosa y rústica campesina. Y la sensación de que se trata de un cineasta no suficientemente conocido y valorado.


Pasó parte de su infancia en Francia, pero volvió a Italia para estudiar arquitectura en el Liceo Politécnico de Milán. Amante del cine desde muy joven, impulsó junto a Alberto Lattuada y Mario Ferrari la Cineteca Italiana, con el primer archivo de pelí­culas de Italia. Tras la II Guerra Mundial, fichó como crí­tico de cine, primero para el diario “L’Avanti!”, y más tarde para el semanario “Tempo”. No pasó mucho tiempo sin que el mismo probara suerte con la cámara, primero como documentalista en 1946 con Bambini in cittí , y dos años después en el campo de la ficción con Prohibido robar, donde contó con la colaboración de dos clásicos del cine italiano, el guionista Suso Cecchi d’Amico y el compositor Nino Rota. En su siguiente film, El emperador de Capri, dirigí­a a uno de los más destacados actores de comedia italiana: el inefable Totí². Pero fue desde luego el mencionado dí­ptico de comedia costumbrista, Pan, amor y fantasí­a (1953) y Pan, amor y celos (1954), el que le catapultó a la fama. Curiosa e inteligente mezcolanza de neorrealismo y comedia romántica, De Sica y Lollobrigida estaban sencillamente memorables, y la transición del humor al melodrama no chirriaba nunca. Con Alberto Sordi rodará La bella de Roma (1955), simpática comedia al igual que Mujeres peligrosas (1958) y Las sorpresas del amor (1959).


De la década de los 60 su tí­tulo más valorado fue Todos a casa (1960), una mirada divertida pero nada complaciente a la actitud de sus compatriotas tras la rendición en 1943. También fueron muy apreciados el tí­tulo carcelario A caballo del tigre (1961, y el policiaco El comisario (1962). Las tres pelí­culas estaban protagonizadas por el gran Sordi, y el segundo junto a Nino Manfredi. Con Claudia Cardinale rodarí­a La chica de Bube (1963). Además apuntarí­a en su filmografí­a uno de los tí­tulos de la saga basada en el dúo cura de pueblo-alcalde comunista creado por Giovanni Guareschi, El camarada don Camilo (1965).


Posteriormente, Comencini se decantó por una mirada al mundo de la infancia. No sólo por El incomprendido (1966), sino sobre todo por sus prestigiosas series televisivas Las aventuras de Pinocho (1972), basada en el relato del muñeco de madera que cobra vida imaginado por Carlo Collodi, y que fue guionizado por Cecchi d’Amico, y Cuore (1985), a partir de la novela de Edmundo De Amicis, y en cuyo libreto intervino la hija del cineasta, Cristina Comencini; también el filme que cierra la filmografí­a de del cineasta, Marcelino, pan y vino (1991), contaba la historia de un niño huérfano a partir de la célebre novela de José Marí­a Sánchez Silva. Aunque los tí­tulos de su última etapa no le muestran en su mejor momento, son destacables la divertida comedia coral El gran atasco (1978) y la curiosa historia apologética Cercasi Jesí¹ (1982), donde puede verse a Fernando Rey.


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