Nicholas Ray

Película estrenada entre Directores


(Wisconsin, 7 agosto 1911 – Nueva York, 16 junio 1979)


Raymond Nicholas Kienzle (Nicholas Ray) fue el menor de cuatro hermanos. Su padre, que ya tení­a dos hijas de un matrimonio anterior, era alcohólico. Era un alemán
católico, pero se hizo luterano. Su madre trabajaba en el mundo del espectáculo.

Ray empieza a estudiar en la Universidad de Chicago, pero se ve obligado a dejarla en 1932. Se traslada a Nueva York y se cambia el nombre. Regresará a Wisconsin tras recibir una invitación de Frank Lloyd Wright, con el que habí­a estudiado en una escuela de arquitectura llamada Taliesin. Pero este dúo no tendrá continuidad y Ray deja otra vez su escuela y regresa a Nueva York.

Con apenas 100 dólares en el bolsillo, Ray se une a un grupo de Teatro de Improvisación de Nueva York. Allí­ conocerá a Elia Kazan. Era célebre por su manera poco corriente de empujar a los estudiantes hasta sus lí­mites, y esa forma de enseñar es la que marcará a Ray el resto de su vida. De hecho, cuando Kazan dirige Lazos humanos, su primera pelí­cula en Hollywood, contratará a Ray como ayudante. A continuación, Ray empezará a dirigir sus propias pelí­culas.

Es difí­cil reunir a lo largo de una carrera cinematográfica una visión tan fatalista como la que mostró Nicholas Ray. A tenor de declaraciones y testimonios recogidos en forma de libro por su segunda mujer (Jean Evans, 1930-19409 era una percepción que se correspondí­a con su propia existencia.

Pero, desde su primera pelí­cula (1949, Los amantes de la noche), ese sentimiento trágico se fusiona con un tono romántico que define el estilo de su cine.


Así­ pues, el relato “noir” sirvió a Ray de marco idóneo para delimitar unos personajes cuyo destino parece marcado por la tragedia

.

Así­, filmes como Llamad a cualquier puerta, En un lugar solitario y Nacida para el mal se significaron como la aportación de Ray a un género al que tratarí­a de redimensionar en Chicago, año 30.


Robert Taylor y Cyd Charisse en Chicago año 30 (1959)


Rueda En un lugar solitario (1950), pelí­cula protagonizada por Humphrey Bogart y Gloria Grahame (con quien estarí­a casado de 1948 a 1952), trataba de un guionista sospechoso de asesinato. Rueda luego Nacida para el mal, Infierno en las nubes (con John Wayne), La casa en la sombra, Hombres errantes y Johnny Guitar, protagonizada por Joan Crawford, que tuvo un gran éxito de taquilla.


Tras éste triunfo, Ray se une a la Warner Bros., que le encargará la dirección de la famosa Rebelde sin causa, que encumbrarí­a a su director. Esta pelí­cula era en principio una visión de los trabajos del Doctor Robert M. Lindner acerca de los adolescentes dí­scolos y violentos. La Warner se habí­a hecho con los derechos de esta obra y tení­a pensado que la protagonizara Marlon Brando y que la dirigiera Sidney Lumet. Sin embargo, ninguno de los dos pudo participar en ese proyecto.

El tema de la delincuencia juvenil ya estaba presente en todos los medios de comunicación norteamericanos desde mucho tiempo antes, lo que animó a Ray a aceptar este proyecto. De hecho, opinó a este respecto: “No me interesaban ni el psicópata ni el hijo de una familia desestructurada”. Sin embargo, poco después, Ray empieza a escribir su propia historia, titulada The Blind Run, una cruda historia de 17 páginas que contaba con una serie de escenas violentas y de actos criminales. A él se une el productor David Weisbart, con el que reescribe la historia para hacerla más aceptable. A continuación, Ray se da cuenta de lo absurdo de la tesis que pretende transmitir ese rebelde “sin causa”: los malos provienen de familias pobres, los ricos son los buenos. “Es totalmente falso, dijo Ray. Somos todos nosotros”.


James Sean y Natalie Wood en Rebelde sin causa (1955)

Para perfilar el guión, recurre al dinámico Stewart Stern, un escritor de 32 años. Para poner la guinda, Ray escoge a James Dean como protagonista del largometraje. Ambos tienen mucho en común, por ejemplo, ambos han tenido una infancia desgraciada (el padre de Dean lo abandonó a los nueve años) y ambos eran adultos introvertidos.

La banda sonora de la pelí­cula contará con el muy reconocido Leonard Rosenman, que habí­a hecho la música de Al este del Edén.

Sin embargo, la Warner Bros. no estaba muy de acuerdo en la elección del actor principal. La compañí­a preferí­a actores jóvenes, estrellas ascendentes como Robert Wagner, Tab Hunter o John Kerr. Como estrella femenina de la pelí­cula, acude a Natalie Wood, que sólo contaba entonces con 16 años.

Luego, como es sabido, muere James Dean una semana antes del estreno mundial. Se convierte entonces en un icono entre la juventud mundial, y Ray se ve muy afectado por esta muerte. En un desesperado intento de sustituirlo, dirige Rey de reyes y 55 dí­as en Pekí­n. Sin embargo, sufre una dolencia cardí­aca durante el rodaje de 55 dí­as en Pekí­n. Éste fue el principio del final de su carrera. Lo habí­a perdido todo. Enloquecí­a progresivamente en lo relacionado con James Dean, del que decí­a que le habí­a legado diversos objetos. Por ejemplo, exhibió un rifle ante los estudiantes de la Sorbona gritando que Dean se lo habí­a legado.

En los años 60 Ray repartió, a continuación, su tiempo entre los EE.UU. y Europa. La primera señal de despegue fue la apertura de un club propio en Madrid, el Nikka’s. Ray vivió aquí­ año y medio más, y empezó a frecuentar a los crí­ticos de cine europeos, especialmente a los de la revista Cahiers du Cinéma. En 1964 se traslada de Madrid a Paris, y monta la versión internacional de Cenizas, de Andrzej Wajda. También inicia una colección de pintura. En 1965 trabaja en el proyecto de The Doctor and the Devils, sobre el tema de los vendedores de cadáveres y asesinos Burke y Rare. El proyecto tampoco sale adelante. En 1967 Ray hace experimentos con pantalla múltiple en Checoslovaquia. Todos estos movimientos los hace mientras tiene como base la isla de Sylt, en el Mar del Norte. Su vida errante y sus proyectos frustrados tienen que minar, forzosamente, su moral. En 1968 deja inacabada la pelí­cula What, que interpreta junto a su hijo Timothy. What era una pelí­cula sobre la juventud, su complejidad, sus esperanzas y sus relaciones con la generación mayor.

En 1969 regresa a EE.UU. Va a Chicago y rueda con los encausados del Conspiracy Trial o (el proceso contra los lí­deres de las manifestaciones realizadas en Chicago en 1968). Seis lí­deres de los movimientos juveniles de izquierda estaban siendo juzgados por traición. Ray montó lo filmado bajo el tí­tulo Conspiracy. The Seditious Movie. Es entonces cuando conoce a Susan Schwartz (con la que se casarí­a en 1974). En 1970 Ray colabora en The Murder of Fred Hampton sobre el asesinato por la Policí­a el lí­der de los Panteras Negras. En 1971 es contratado por el Harpur College de Nueva York para dar clases de cine. Eso le mantiene en contacto con los jóvenes, que en la época adoptan una actitud aparentemente revolucionaria (lo que sitúa de nuevo a Ray en el espí­ritu de sus actividades de los años 30. La consecuencia es el filme We can’t go home again, cuya primera versión se rueda entre 1971 y 1973, y que el director retocarí­a hasta su muerte. Se somete a una cura antialcohólica en 1976, mientras intenta inútilmente rodar su proyecto City Blues. En 1978, descubre que tiene cáncer.

En el final de su vida, se convirtió en alcohólico y jugador compulsivo. Su fortuna se disipó en un abrir y cerrar de ojos. En 1969, en la Universidad de Chicago en la que conoce a su cuarta y última esposa, una estudiante de la facultad llamada Susan Schwartz, que contaba sólo con 18 años, por los 58 de Ray. Participó como actor en El amigo americano de Wim Wenders (1976).


Tras varios años sin rodar, el carácter experimental de su último trabajo, Relámpago sobre el agua (1979) permitirí­a para reivindicar si cabe aún más su figura como cineasta. Pero en pleno proceso de producción la muerte le sobrevino. Wim Wenders se encargarí­a de completar el rodaje de este documento cinematográfico elaborado sobre la base de entrevistas realizadas al propio Ray.

Así­ pues, se puso el cierre a una trayectoria que, como reza la traducción al castellano de uno de sus filmes menos difundidos, fue en muchos sentidos “más amarga que la vida”.

Y es que sus múltiples problemas con la justicia sólo terminaron con su muerte en 1979.


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