
(Viena, 5 diciembre 1906 – Nueva York, 23 abril 1986)
Otto Preminger fue uno de los integrantes del éxodo de directores europeos que, motivados por el inminente estallido de la II Guerra Mundial, encontraron en los EE.UU. la oportunidad para continuar su actividad artística.
Este cineasta estadounidense de origen austriaco es conocido por sus filmes polémicos que desafiaban la censura y las convenciones de la sociedad norteamericana, su calidad iba mucho más allá de la simple provocación (de no ser así, hoy sus películas no tendrían ningún interés, penitencia que están muy lejos de sufrir); en realidad se trata de una filmografía negrísima, motivada sin duda para cuestionar prejuicios y pensamientos cómodamente instalados, pero de una penetración que evita el maniqueísmo.
Nacido en la Viena de principios de siglo, caldo de cultivo inmejorable para toda una generación de artistas (por hablar sólo de cineastas, recordemos a Ophüls o Lang), pese a que Preminger estudió derecho (sin duda síntoma de su malignidad), pronto se interesó por el teatro y colaboró con el prestigioso Max Reinhardt en labores de actor y director. Ya en 1931 dirigió su primera película, Die Grosse Liebe, que apenas recuerdo como una simpática nadería, muy alejada de sus pretensiones posteriores.
Por motivos evidentes (se me olvidaba: Preminger era judío), nuestro director abandonó Europa y se instaló en Estados Unidos, donde alternó Broadway con Hollywood. Al principio de su carrera rodó algunas películas difíciles de encontrar (seguro que para su satisfacción, porque no tardaría en renegar de ellas). Tras estos intentos fallidos de consolidarse, Preminger filmaría la que él consideraba su primera película (y que para muchos es la mejor): Laura.
Esta película se merece por sí sola un monográfico, en esta página sólo puedo n apunte: se trata de una de esas películas en las que cine y sueño evidencian su parentesco un filme “noir” modélico que tiene todos los ingredientes de este tipo de cine y a la vez es totalmente original. A destacar las interpretaciones de Gene Tierney (que a pesar de tener un buen puñado de grandes películas será siempre Laura), Cliffton Webb (con uno de esos personajes de elegante cinismo que tan bien quedan en pantalla) y Dana Andrews (normalmente anodino, pero que con directores como Preminger o Lang demuestra las posibilidades que tenía).

La siguiente película de Preminger es incluso más negra que Laura:
Cara de Ángel
(desafortunadamente titulada en España ¿Ángel o diablo?). De nuevo el centro de la trama es un personaje femenino de una gran complejidad, en esta ocasión interpretada por Linda Darnell. Si en Laura el espectador veía trastocadas todas las convenciones cinematográficas a mitad del metraje, aquí vuelve a ser sorprendido con un giro totalmente inesperado.
Del cine negro Preminger pasará al cine histórico con una serie de producciones en las que no se mueve con la misma soltura y entre las que cabría destacar The Fan
(adaptación de “El abanico de Lady Windermere”, de Wilde), y The Lady in Ermine, de la que tuvo que hacerse cargo tras la muerte en la cama de su querido Lubitsch, al que ya había asistido en otras producciones.
Después de otras colaboraciones con Gene Tierney que pasaremos por alto para no ser reiterativos (o porque no las he visto), Preminger rodó una de sus mejores películas: Cara de ángel. Aquí la actriz que ejerce como eje de la película es la bellísima Jean Simmons, acompañada nada menos que de Robert Mitchum, uno de esos actores que hacen que cualquier película en la que sale merezca la pena de ser vista. Preminger, que ya domina todos los elementos del mejor cine negro, rueda una de las películas más oscuras que haya dado Hollywood, con un personaje protagonista totalmente negativo pero irresistible. Manipuladora y despiadada, Simmons llevará al abismo a todo aquel que se ponga por delante y al que le toca, encantado de sacrificarse.

Después del estreno de Cara de ángel, con Audreu Hepburn, se puede decir que Preminger inicia su nueva etapa como director polémico con The Moon is Blue. En este caso la “cuestión candente” era la virginidad. Hoy pueden parecer ridículas las reticencias de la época sobre este asunto, pero creo que en España la película ni se llegó a estrenar (En esta época, demostrando que además de atrevido y cruel, también tenía un gran sentido del humor, el judío Preminger aceptó interpretar al implacable jefe del campo de concentración de Traidor en el infierno: para muchos sólo tuvo que interpretarse a sí mismo, ya que en todo Hollywood era temido y usado como coco para asustar a los actores.)
Antes de iniciar su escalada provocativa, Preminger rodó Río sin retorno, película que Tavernier define a la perfección: un filme de vacaciones. Tras este descanso llega Carmen Jones, adaptación de la ópera de Bizet (que no del libro de Merimée), interpretada únicamente por actores negros. Cierto que no era la primera vez que esto se hacía (ver Aleluya de King Vidor o Una cabaña en el cielo de Vincente Minelli), pero la apuesta de nuestro director no dejaba de ser arriesgada. Y para que todo fuera completo, el austero austriaco tuvo un affaire con la protagonista, Dorothy Dandridge. Por menos de eso a alguno le colgaban con una cruz ardiente al lado. Pero para hablar algo de la película, diré que a mí me pareció aburridilla. Preminger está considerado uno de los primeros directores que quebrantaron la censura en EE.UU.
Otro tema poco tratado en el cine y que Preminger se atrevió a explorar fue el de la adicción a la droga en El hombre del brazo de oro. Aquí Otto supo aprovechar las cualidades de Sinatra y con un tratamiento audaz (si no recuerdo mal estaba rodada prácticamente en sólo dos escenarios) Preminger se acercaba al tema con una lucidez a la que propuestas posteriores ni se han aproximado.

Sus películas, que pertenecen al Tanto al registro negro e intimista, El rapto de Bunny Lake (1965), al político (Éxodo 1960), a la corrupción política y la homosexualidad enTempestad sobre Washington (1962), el celibato (El cardenal, 1963) o bélico (Primera victoria, 1965). Define una puesta en escena: tomas largas, aéreas, señaladas por múltiples y sutiles encuadres que aseguran la continuidad espacio-temporal de la escena. En 1955, dedica al tema de la justicia una primera película: El proceso de Billy Mitchell. Cuatro años más tarde, firma con Anatomía de un asesinato una de las mejores “películas de procesos”. La política, sus golpes teatrales, sus arcanos y sus complots le inspiran Éxodo (1960), su película más lírica, y Tempestad sobre Washington (1962), una de las más negras
El carácter singular de Preminger consistía imprimir una visión vanguardista. Los títulos de crédito creados por Saul Bass ayudan a resaltar el aspecto diferencial de sus filmes del cineasta en el que plantea la problemática del racismo en una obra musical de enorme popularidad (1955, Carmen Jones), íntegramente interpretada por negros.
A partir de El cardenal ((1963) Preminger fue rodando de manera más o menos continuada, La noche deseada (1967), Skidoo (1968), 1970, Dime que me amas Julie Moon), Extraña amistad (1975, Rosebud, desafío al mundo), terminando su carrera con la excelente (1974, El factor humano).

La perspectiva histórica lo sitúa como una pieza clave para entender el cine norteamericano de los años 50 y 60.
