
(Sipley, Yorkshire, Inglaterra, 5 de junio, 1928 – California, 14 de noviembre de 1991)

De los directores que en los años 60/70 se distinguieron por realizar un cine político-social, posiblemente Tony Richardson sea el más castigado y olvidado por los críticos e historiadores actuales del mundo del cine.
Declarado militante de izquierdas junto con su esposa Vanesa Redgrave, tras el éxito mundial con Tom Jones (Oscars incluidos) fue machacado por la crítica “oficialista” película tras película. Cierto que en su etapa en USA su cine fue más irregular (difícil trabajar en Hollywood), pero siempre manteniendo un nivel alto y coherente con sus ideas.

Realizó un cine alternativo a los postulados de Hollywood y que en su etapa inglesa (Free Cinema) fue fundamental en la inicio de una evolución y renovación en el cine inglés que todavía hoy continua.

Director inglés, cuyo verdadero nombre era Cecil Antonio Richardson estuvo casado con Vanessa Redgrave (1962 a 1967) y padre de las actrices Natasha Richardson y Joely Richardson. Lector de literatura inglesa en la Universidad de Oxford, donde dirigió entre 1949 y 1952 un gran número de obras clásicas. Trabajó como productor de la BBC desde 1952 a 1955.
Fue, junto a Lindsay Anderson, Gavin Lambert y el checo Karel Reisz uno de los fundadores de la revista de cine “Sequense” y entre sus principales intenciones figuraba la puesta en práctica del manifiesto inaugural del grupo, publicado en 1957. Codirigió con Karel Reisz un corto documental sobre la juventud obrera, Momma Don’t Aallow (1955).
Desde 1958 dirige el Royal Court Theatre de Londres, donde dio a conocer dos obras de John Osborne que sacudieron la institución teatral británica criticando la cultura de posguerra y que posteriormente llevaría a la pantalla: Look Back in Anger y The Entertainer.
En 1958 funda con John Osborne, Woodfall Film Productions para llevar a la pantalla este nuevo punto de vista teatral. Entre los defensores de la nueva tendencia figuraban los críticos de las revistas “Sequense” y “Sight and Sound”, quienes propusieron como pauta el largometraje Un lugar en la cumbre (1959, Jack Clayton), y que sería el inicio del llamado “Free Cinema”, movimiento paralelo a la Nouvelle Vague francesa y significó la renovación del cine de la Gran Bretaña y el principio de su evolución a lo largo de los últimos 30 años.

Las dos primeras películas fueron Mirando hacia atrás con ira (1958) y El animador (1960), con notables interpretaciones de Richard Burton en la primera y de Laurence Olivier en la segunda, pero no lograron atraer mucho público. El primer éxito comercial de la compañía fue Sábado noche, domingo mañana (1960, Karel Reisz). Con Un sabor a miel adaptación para el cine de una obra teatral de Shelagh Delaney, en ella se explican las relaciones entre una adolescente embarazada y un homosexual. La acidez de esta historia, y la visión sombría de la sociedad británica que contiene la integra claramente en el “Free Cinema”.

Al año de casarse con la actriz y activista Vanessa Redgrave, y al llevar a la pantalla La soledad del corredor de fondo (1962, Tony Richardson), con guión de John Osborne e interpretada por uno de los comodines del “Free Cinema”, Tom Courtenay, será cuando pasará a tener un reconocimiento más allá de las fronteras británicas.
La soledad del corredor de fondo, revulsiva, agresiva y desencantada. Todo un derroche de rebeldía contra un sistema y una sociedad conformista, jerarquizada y puritana, anclada en el pasado y cuyo único objetivo es el enriquecimiento económico. Una historia de pequeños delincuentes asqueados, forzados por la sociedad a colaborar con ella. Magnífico Tom Courtenay, notable trama e increíble economía de medios para una de las películas imprescindibles de la historia del cine inglés.
La película muestra la realidad de los menores infractores de los años 60; la inadecuación de los métodos de educación y los sentimientos de inconformismo y rebeldía que anida en los muchachos internos. Pese a la ubicación temporal de los hechos en los primeros 60, la película conserva su interés y su frescura en relación al momento actual, en el que muchos menores viven en situaciones parecidas. La narración de la historia es sólida, está bien construida y su realización es magnífica. El mundo interior del protagonista se ve afectado por la pulsación de experiencias que han dejado en él huellas de dolor y desarrraigo, a causa de la pobreza y la desestructuración familiar, el desafecto de la madre, el egoísmo del padrastro, el maltrato psicológico y emocional del reformatorio, la arbitrariedad del director. La transgresión es para el chico una vía de obtención de lo que la sociedad le ha quitado, de compensación de la falta de comprensión y afecto que padece y de manifestación de su rebeldía contra la injusticia.
Explora con lucidez el interior del reformatorio, a los educadores, el conservadurismo del director, la utilización de los chicos en provecho de la vanidad personal del director, etc. El guión construye una narración tensa, dramática y conmovedora de la historia de un muchacho que se rebela contra la injusticia. La interpretación de Tom Courtenay es magnífica y convincente. La dirección impone a la obra un fuerte ritmo, una gran coherencia narrativa y una profundidad psicológica inusual.
La soledad del corredor de fondo y Tom Jones, Richardson se convierte en uno de los más destacados representantes del “Free Cinema”.
Con Tom Jones logró tres premios Oscar como Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión, el mayor éxito de público en su carrera y cuenta con una soberbia actuación de Albert Finney, Susannah York, David Warner y Hugh Griffith, novela picaresca, de iniciación y peripecias. Una sátira feroz a las costumbres británicas de la época, una desmitificación de la historia oficial inglesa -tan falsa como cualquier “historia oficial”. Un ritmo ágil, sostenido, el uso de cámaras rápidas incluso, hizo de este filme atrevido y encantador, las delicias de una generación de cinéfilos.
En la plenitud de sus medios expresivos, Richardson encara la adaptación de una obra del polémico Jean Gente, el presidiario-escritor, en su Fuegos de verano (1966), retrato sádico de una maestra incendiaria, encarnada por la francesa Jeanne Mórea en la cúspide de su carrera, pero obtiene un fracaso de público y de la crítica “oficialista” que masacró el filme.

Su siguiente película importante, hoy casi olvidada y de urgente revisión, fue la notable y nueva versión de La última carga (1968) que, lejos de la versión épica y colonialista clásica -con Errol Flynn-, está rodada en colores, con intercalación de dibujos animados a la acción de los actores. La última carga 1968), con Trevord Howard como el inútil Lord Cardigan, fue muy mal acogida por la crítica y el público, incómodos por el retrato desmitificador de los oficiales británicos y por su aparente falta de fiabilidad histórica. Es una parodia que ironiza sobre los móviles de la Guerra de Crimea, en que las grandes potencias, Francia e Inglaterra, dicen acudir en defensa de la débil Turquía -cuyo imperio ellas mismas habían desmembrado-, la bestia negra de pocos años atrás, agredida por el oso ruso. En realidad tratar de impedir que un imperio rival logre llegar al Mar Negro y adueñarse eventualmente de los estrechos (Bósforo y Dardanelos) y perfilarse como enemigo naval de la hegemonía anglofrancesa. El rey de Piamonte se une al grupo para lograr que lo apoyen luego, en su pretensión de unificar Italia bajo su monarquía. Se burla Richardson. igualmente, de la famosa carga de caballería -tan enfatizada en la hábil versión de Michael Curtiz-, una burrada táctica provocada por las rivalidades del comando aliado, que se transforma en una carnicería, en la que la artillería rusa destroza a la caballería colonial británica (carne de cañón india).
Pero el éxito no acompañará a sus posteriores obras teniendo que refugiarse en los platós de televisión para proseguir su carrera. Tras una versión de Hamlet (1969), intensa y emocionante, interpretada por Nicol Williamson se instala en Hollywood durante muchos años, donde prosigue con la línea crítica de sus filmes, que se van edulcorando estilísticamente, como siempre pasa en la fábrica de los “sueños”.
Delicado equilibrio (1973), con Katharine Hepburn y Paul Scofield es la obra con la que Edward Albee ganó su primer premio Pulitzer, y en ella reexamina la irritable clase media Americana, la cual exploró con gran efecto sarcástico en ¿Quién teme a Virginia Wolf? (1966, Mike Michols).
En ésta frágil historia representa a una pareja de mediana edad en el centro de una crisis familiar. Cuando sus mejores amigos Harry y Edna (Joseph Cotten y Betsy Blair), llegan buscando refugio por un temor desconocido, el pacífico equilibrio se rompe. Además, está la vuelta a casa de Julia (Lee Remick), la hija de Agnes y Tobias, que vuelve tras derrumbarse su cuarto matrimonio y de Claire (Kate Raid), la siempre presente y alcohólica hermana de Agnes. Es la versión cinematográfica definitiva de la obra de Edward Albee. Comedia oscura, una profunda exploración de amor y compasión, amistad y familia…
The Hotel New Hampshire (1984), una adaptación de la novela de John Irving con un gran reparto integrado por Jodie Foster, Beau Bridges, Nastassja Kinski y otros, que tuvo limitado éxito comercial.
Desde fines de los 70 trabajó para la TV norteamericana.
Su última obra , Blue Sky (1991), completada en 1994 fue estrenada al público tras su muerte. Se trata de un drama doméstico que logró el Oscar como Mejor Actriz para Jessica Lange.
En los años 80 Richardson declaró ser bisexual. Murió en 1991 por complicaciones a causa del SIDA.

“Me gustaría continuar tratando el tipo de temas con los que estoy trabajando ahora. Temas relacionados con el mundo en que vivimos, los problemas y asuntos que afectan a las personas en la sociedad actual. Creo que las películas deberían ser una fuerza inmensamente dinámica y poderosa dentro de la sociedad y tener, en este momento, un papel especialmente polémico” (Tony Richardson).