EL DIABLO SOBRE RUEDAS (Duel?

Director: Steven Spielberg. 1971. EE.UU. Color

Intérpretes: Dennis Weaver (David Mann), Jacqueline Scott (Mrs. Mann), Eddie Firestone (propietario del café), Lou Frizzell (conductor de autobús), Gene Dynarski (hombre en el café?


Antes de deslumbrar al mundo con tiburones, dinosaurios y aliens domésticos, un joven Steven Spielberg dirigió este thriller de alta velocidad sobre un inocente conductor aterrorizado por un perverso camión. El primer largometraje del famosísimo director, fue un auténtico trampolín para su carrera. Dennis Weaver es el viajero hombre de negocios que se ve sumergido en una batalla para sobrevivir cuando un camión comienza a perseguirle con ánimo de destruirlo. Repleta de tensión, Duelo a Muerte, presenta uno de los más singulares y aterradores personajes que se hayan visto nunca en la historia del cine: Un enorme, pesado y aterrador camión que constituye una amenaza mucho mayor que gran parte de los villanos de carne y hueso. Steven Spielberg estaba empezando, sólo unos años después obtuvo un éxito impresionante con “Tiburón” con una historia que recuerda en mucho a ésta: El hombre solo luchando frente a frente con un enemigo monstruoso e inhumano: Un enorme camión.

David Mann (Dennis Weaver) es un representante de comercio que inicia un viaje por una larga autopista californiana. En su camino se topa con un gran camión que circula a lenta velocidad, lo que provoca el adelantamiento por parte del vehículo de David.

Poco después el camión es el que adelanta al comercial, quien se verá envuelto en una constante persecución y acoso por parte del camionero.




Steven Spielberg era un joven director que trabajaba habitualmente en proyectos para la pequeña pantalla, realizando algunos capítulos de conocidas series televisivas y varios telefilms, consiguiendo revelarse internacionalmente con este “Duel”, largometraje producido por la Universal TV que se ha convertido con el paso de los años en una de sus obra más importantes, debido a la manifestación del enorme talento de su autor para la consecución e intensificación del suspense, con un excelente empleo del montaje y un soterrado y malsano sentido del humor, herencia de uno de sus principales mentores cinematográficos, Alfred Hitchcock.

La kafkiana y absorbente historia, escrita por el prestigioso Richard Matheson, mantiene una urgente tonalidad paranoica y un ritmo implacable. Del mismo modo que Hitchcock, Spielberg retoma el tema del ciudadano corriente e inocente que termina siendo involucrado en una acción ilógica que pone en peligro su existencia, pero…. ¿qué es lo que causa ese peligro?, ¿por qué ha llegado ese hombre hasta esa situación?, ¿cuáles son los motivos que tiene el camionero para esa diabólica persecución?, ¿se trata de una lucha contra su propia conciencia?… Spielberg no concede respuestas ni tanteos, jamás muestra el rostro del camionero psicópata, no importa, lo verdaderamente trascendental es el desasosiego aplastante al que se ve sometido el hombre corriente, personificado magistralmente por un confundido y turbado Dennis Weaver.


El hombre frente al terror

El 13 de noviembre de 1971 la cadena estadunidense ABC emitía un telefilme que significó “la puesta de largo” de su realizador ante el gran público. Su enorme aceptación supuso que al año siguiente, en Europa, se estrenase en pantalla grande una versión de mayor metraje, primera ocasión en la que se presentaba un montaje diferente de una película de Spielberg, suponiendo un éxito, sobre todo entre la crítica del momento. la película −con guión de Richard Matheson- que adapta un relato corto suyo del mismo título publicado en la revista “Playboy”−, cuenta la persecución que sufre un viajante por parte de un camión cisterna. La excusa argumental mantiene su actualidad a pesar de los años transcurridos, aunque el enfrentamiento entre viajante y camión deriva más en una pesadilla que en una noticia de la página de sucesos.


Duel es el primer largometraje de Steven Spielberg. Rodado para el canal CBS de televisión, su éxito crítico y de audiencia provocó un estreno en cines europeos. Universal Pictures tenía en mente un filme para cine, protagonizado por Gregory Peck, pero él rechazó el papel, así pues Universal decidió realizarla para televisión. Fue entonces cuando Spielberg se interesó por el guión, ofreciéndose a dirigirlo. Hoy, Duel es estudiada en escuelas de cine por ser un ejemplo modélico de opera prima.

La carrera cinematográfica del director no podía comenzar más satisfactoriamente. Tratándose de una “opera prima”, y dejando de lado ciertas limitaciones propias de las primeras obras, se reconoce ya un talento especial en Spielberg, pues en Duel no cae en muchos de los errores comunes de los primerizos, ya que el ritmo y tensión del filme es perfecto y modélico, sin dejar respiro al espectador. Además, otro error habitual en las “operas primas” es recargarlas de ideas, mensajes, homenajes y estilos diversos, a base de reunir en un solo filme todas las influencias adquiridas… Pues bien, Spielberg logra evitar con inusitada maestría ese otro escollo, por Duel no es, ni más ni menos, que un entretenido y por momentos agobiante relato de persecución con gotas de terror, psicológico y físico, sin interrupciones molestas de citas y homenajes y demás elementos que un director novel pudiera estar ansioso por mostrar.

Duel comienza ya en la carretera, por lo que el ritmo empieza fuerte, y ya no decae nunca. Eso otorga al filme un clima desasosegaste desde el inicio, se palpa la tensión desde el primer plano.

Como es lógico, para no cansar al espectador, el protagonista (un convincente y excelentemente crispado Dennis Weaver) efectúa varios altos en el camino, como si el espectador también necesitase un respiro, y el ritmo del filme se pausa un instante, para luego volver a cargar las tintas. Muy hábil, sin duda. Ya desde casi el inicio, el Mal, personificado en un fantasmagórico camión, atosiga al protagonista así como al público, en un crescendo de escenas a cuál más aterradora y aparatosa, hasta llegar a un final previsiblemente explosivo, como debía ser.

El guión, aparte de perfectamente estructurado, tal vez no sea un alarde de dobles lecturas (que las tiene), infinidad de personajes, historias paralelas y demás, pero es porque el filme no lo necesita; además, la falta de excesivos medios (esto es un filme para televisión, recuérdese) es suplida con gran talento, así toda la acción se centra en el protagonista (un ser mediocre agobiado por una vida mediocre) y el camión “sin conductor” (que bien podría ser la encarnación física de esa “vida mediocre”, sobrando cualquier otro adorno que pudiera entorpecer el ritmo y el mensaje principal de la cinta).

Spielberg consigue un muy notable filme, brillante en sus imperfecciones, no magistral, pero que sí revela ya desde el principio de su carrera las constantes del autor: Pasión y miedo por lo desconocido, personas corrientes alteradas por algo extraño, ya sea positivo o negativo, y una fusión equilibrada de espectáculo y reflexión.

El diablo sobre ruedas es el título que se dio en España, El duelo en América Latina, a la película Duel (1971) de Steven Spielberg.

Originalmente destinada a ser “la película de la semana” en la ABC, fue realizada como telefilme de 71 minutos de duración. Se basa en un relato corto de Richard Matheson, que narra la inexplicable persecución a la que se ve sometido un conductor de un automóvil por parte de un enorme camión cisterna. Steven Spielberg consiguió un pulso narrativo y un tono épico pocas veces visto en televisión hasta la fecha. Meses después de su estreno en televisión, los productores facilitaron el rodaje de más secuencias para ampliar su metraje, con el fin de exhibirla en salas cinematográficas. Con el nuevo metraje, consiguió un gran éxito de público, y al ser exhibida en algunos festivales de Europa, contribuyó a forjar la imagen de narrador y original cineasta que ha acompañado a Spielberg hasta la actualidad.

David Mann (Dennis Weaver) viaja con su coche por una zona desértica y aislada al sur de los Estados Unidos cerca de la frontera con México, cuando adelanta a un camión cisterna viejo y oxidado el conductor parece molestarse porque le persigue. Después de un rato la persecución se convierte en acoso. Lo que parece un juego malintencionado por el camionero se va convirtiendo en un enfrentamiento a vida o muerte, así, a lo largo de kilómetros y kilómetros de carreteras solitarias, el asedio se hace más y más asfixiante hasta alcanzar cotas de abstracción absurdas.

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